Los profesores cumplen una labor esencial en nuestra sociedad. En sus manos
está una parte importante de la educación de nuestros hijos. Sin embargo la
tarea educadora no siempre es grata y especialmente en estos tiempos en los que
los niños dejan de serlo mucho antes de acabar su formación básica
obligatoria.
Mostramos a continuación una carta, publicada en La Opinión
(22-06-00), sección cartas al director, y en La Verdad (23-06-00),
sección cartas al director, de una profesora amiga enfrentada a uno de estos
sinsabores que de vez en cuando da el ejercicio de su profesión.
“No
es agradable pasar por la situación por la que yo he tenido que pasar este
curso. No es agradable que la madre de un alumno te acuse de malos tratos a
“su niño”, dejándose llevar por el relato amañado de la inocente
criatura.
No es agradable sufrir amenazas de denuncia y mucho menos agradable
recibir un llamamiento del Juzgado por lesiones imprudentes. No es agradable
pasar cuatro meses esperando un juicio en el que se determinará si eres
culpable o bien queda demostrada tu inocencia. Y, cuando llega el momento del
juicio y te sientas en el banquillo de los acusados y ves que “la otra
parte” no se presenta y que la fiscal pide tu absolución por hechos
indemostrables, y ves que todos los malos sueños concluyen, sigue sin ser
agradable.
Por ello quiero agradecer a mis compañeros del colegio de Murcia donde
he vivido este incidente su apoyo moral. Me ha ayudado mucho sentir día a día
su mano sobre mi hombro, oír sus palabras diciendo “estamos contigo”.
Muchas gracias a la Comunidad Autónoma por denegarme ayuda jurídica;
para ellos mi caso no tenía importancia pero para mí sí, y tuvimos que
buscarnos un abogado (gracias Bernardo). Y ahí también estuvieron mis compañeros
conmigo.
Quiero que esta carta de agradecimiento sirva también de ánimo para
todos los que día a día intentamos educar a los niños que son el futuro del país,
sabemos que cada día es más difícil y que nos encontramos trabas de todos los
lados para imponer un poco de disciplina y hacer de nuestros alumnos personas
honestas, críticas y responsables. Ojalá no lleguemos a tener en nuestros
colegios noticias como las de EE.UU.
Por último, decirle a los padres de alumnos que los profesores no somos
enemigos, si trabajamos juntos en la misma dirección será más fácil que
hacerlo “contracorriente”