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América XXI
Mov. de Solidaridad Bolivariana
Solidaridad con Cuba
Cuba frente a la crisis del primer mundo
El PT-Brasil se apronta a gobernar
Presentación de Crítica de Nuestro Tiempo en Asunción
 

 

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ARGENTINA
Hacia un Congreso nacional del pueblo
Cristina Camusso

El país parece transitar por dos vías paralelas: la decadencia que expresa la desagregación de la sociedad, la apatía y la despolitización -el escenario electoral lo mostró en su imagen más descarnada-, y un accionar disperso y fragmentado de resistencias organizadas en algunos casos, de pensamientos y sentires individuales en otros. Ellos muestran, desde distintas inserciones, ya sea militantes cómo a partir del desempeño de la actividad profesional, laboral y cotidiana, la manera en que varones y mujeres ejercen la aspiración de una sociedad soberana, igualitaria, libre, emancipada. Un territorio de rebeldías, que al estar social y políticamente divididas, debilita su potencia y su visibilidad.

En el marco del cierre de un ciclo histórico en el cual el neoliberalismo -respuesta capitalista a la crisis de sobreproducción- devastó al continente, hoy pueden ponerse en cuestión los fundamentos que minaron conceptos y prácticas. La emergencia de un polo revolucionario en Venezuela y Bolivia, que junto a Cuba, inclaudicable en medio de la contrarrevolución, instala el debate en torno al futuro de los pueblos, tomando como punto de partida la superación del sistema capitalista y la construcción del Socialismo del siglo XXI, Argentina se coloca en el núcleo de una balanza. Allí se juega su posición entre el compromiso pleno con la unidad suramericana y el Programa del Alba o el alineamiento con Estados Unidos.

El terreno político ha estado en manos de las clases dominantes. La ausencia política de la clase obrera y sectores populares y la imposibilidad de afirmar algún cauce hacia la construcción de una fuerza de masas, permitió al gobierno de Néstor Kirchner mantener la iniciativa política aún en los momentos de mayor defensiva. Una nueva fase está planteada luego de las elecciones. El movimiento de ambigüedad mantenido hasta ahora no podrá ser sostenido por el nuevo equipo que presida el país.

Algunos datos definen la caracterización y las posibilidades del momento en curso:
# se cumplió un año, el 18 de septiembre, de la desaparición del compañero Jorge Julio López, testigo en el juicio en el que fue condenado por genocidio el ex comisario de la dictadura militar Miguel Etchecolatz. Ausente del eje de la política, bajo un manto de cinismo, impotencia y memoria del miedo.
# los peligros de reversión del ciclo económico mundial son serios y consistentes.
# las presiones imperialistas sobre Argentina arreciarán y la lucha interburguesa entre las fracciones del capital encontrarán un espacio distinto a la tregua y el oxígeno que tuviera NK luego de la crisis de 2001 (vale recordar la consumación de un nuevo bloque burgués Duhalde-Alfonsín-Techint, la iglesia y sectores sindicales con antelación a la debacle del gobierno de la Alianza).
# desarticulación de los aparatos partidarios convertidos en instrumentos de marketing electoral y contratación de mano de obra para actos y campañas rentadas. Dilución de las identidades de los partidos que rigieron la dominación en el siglo pasado. Este fenómeno no es exclusivo de Argentina sino que se hizo carne en toda América Latina. En Venezuela y Bolivia se gestaron situaciones de masas que superaron todo lo existente, a través de al figura del mandatario bolivariano Hugo Chávez en el primer caso, catalizador de un estado de ánimo popular latente y que se había expresado en el Caracazo y con un quiebre al interior de las Fuerzas Armadas. Desde la emergencia de movimientos populares indígenas y campesinos en la calle, la confrontación boliviana se sintetizó en la figura de Evo Morales. Argentina no está al margen de esa realidad, pero la ausencia de emergentes análogos en su dimensión política y social -no en la forma en que se manifestaron en esos países-, capaces de torcer la dinámica disgregadora, permite que la inercia impulse la repetición de fórmulas burguesas enmarcadas cada vez más en la impudicia y en intentos alternativos que reproducen esquemas fallidos con nula o escasa gravitación a nivel nacional y que no escapan a la degradación de la lucha por los cargos para armar y desactivar alianzas y acuerdos de trayectoria efímera. El espacio que puede preservar el kirchnerismo tiene entre sus aspectos principales, este cuadro general.
# como signos de nuevos escenarios, se ha configurado el estallido de sectores del reformismo con las conducciones burguesas que se impusieron en el período anterior, cuando la respuesta de oposición al gobierno peronista de Carlos Menem, timoneada por el posibilismo abrió camino a la secuencia Frente del Sur-Frente Grande-Frepaso-Alianza. La inestabilidad de los sectores de izquierda cooptados al asumir NK y arrinconados en el armado de listas y adjudicación de lugares de peso real en estas elecciones, es otro dato elocuente cuyas derivaciones se verificarán en el corto plazo. Se trata de una reedición farsesca de mecanismos ya utilizados por el peronismo, aunque no revistan la violencia explícita de los años 70 del siglo XX.
# agotamiento de las posiciones izquierdistas sectarias y replanteo de algún sector sobre el papel que deben cumplir las corrientes revolucionarias en el actual momento histórico.

La realidad política está atravesada por la verdadera cara de la democracia representativa burguesa, en verdad, cáscara y caricatura de la genuina democracia: directa, protagónica y participativa. Un hecho extendido y perceptible, aunque no sea posible hoy hacer conciente en las mayorías de la población la comprensión del fenómeno y la necesidad de trascenderlo.

Estamos en la antesala de una transición política, donde los partidos del régimen, sostenedores del capitalismo, buscarán su manera de recomponerse bajo nuevas identidades que reciclen la putrefacción de los viejos aparatos. Una posibilidad para encontrar, desde la dispersión actual, las vías de reagrupamiento de las fuerzas que, plurales ideológicamente, se reconocen en un proyecto revolucionario, como capítulo argentino de un proceso que ha despuntado a escala continental.


Nueva oportunidad ante la encrucijada

Un conjunto de organizaciones, equipos, militantes, se convocaron el 4 de agosto del corriente año, para comenzar a debatir y trabajar por la convocatoria a un Congreso nacional del pueblo. Con la premisa de unificarse en un proyecto de país e impedir que las elecciones del 28 de octubre recientes y las candidaturas dividieran aún más las bases sociales dispersas, pero coincidentes en una plataforma programática: unión suramericana; soberanía energética, alimentaria, sobre la tierra y todos los recursos naturales; redistribución de la riqueza; salario mínimo igual a la canasta familiar; derogación de la ley antiterrorista; derogación de la ley de radiodifusión; apararición con vida de Jorge Julio López.

El llamamiento a un Congreso puede constituirse en una poderosa palanca en dos planos: una vía que fortalezca la perspectiva de unidad social y política de las masas en Argentina, por sobre la ubicación inmediata de los sectores militantes y activistas, que incluye sectores del equipo gobernante. Un puente hacia amplias capas de la población sin inserción orgánica social, sindical o política.


Temas que apuntan a cambiar desde las raíces la cultura y la política

La discusión en torno a un proyecto de país se coloca hoy en un nivel donde la confrontación histórica entre reforma y revolución encuentra bases materiales que desenmascaran la irracionalidad capitalista en grado mayor al conocido en otras etapas de la lucha de clases. La polarización ideológica y política del período 1960-1970, contaba con redes amortiguadoras funcionales al sostenimiento del sistema burgués. La contraposición entre países desarrollados y países subdesarrollados-dependientes abría líneas de acción donde el objetivo era alcanzar los niveles de crecimiento de las sociedades centrales imperialistas en cuanto a producción-industrialización y consumo. Por ese corredor se retroalimentaban las corrientes del reformismo en todas sus variantes burguesas, incluyendo en ellas las vertientes socialdemócratas y socialcristianas.

El mundo asiste hoy a una crisis del capitalismo que ha provocado niveles de decadencia inédita; el despliegue de la lógica del lucro y la penetración del concepto de mercancía en todos los resquicios de la existencia social, la voracidad consumista de los países imperiales, la depredación de la naturaleza y el cambio climático. El capitalismo es insostenible, lleva a la destrucción de la vida en el planeta, de toda su cadena evolutiva que incluye la especie humana. Tamaña previsión ha calado hondo en quienes, incluso desde la defensa capitalista, buscan paliativos, mediante apelaciones a las clases dominantes y a sus gobiernos en innumerables Foros, Cumbres y Congresos, afirmados teórica y políticamente en una perspectiva ambiental y ecologista. Es la petición por un capitalismo moral, que choca una y otra vez con el funcionamiento normal del capital, imposible de ser comprendido desde la adjetivación cualitativa de pares contrapuestos: capitalismo salvaje - capitalismo humano.

En julio de 1867, en uno de los Prólogos de El Capital (1) Carlos Marx señalaba:
"(..) En esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos de color de rosa. Pero, adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto personificaciones de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones de las que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas".

Sobre las discusiones relativas a la viabilidad de poner freno humanitario al capitalismo, la ponencia del Partido Comunista de Cuba al IX Foro de Sao Paulo (2) analizaba que:
"No puede descartarse que el sistema capitalista diseñe una política, bajo cualquier denominación posneoliberal, concebida para evitar el estallido de las contradicciones pero, en las actuales condiciones, a menos que se produzca una destrucción masiva de fuerzas productivas -ya sea a través de una nueva gran crisis económica o de una guerra lo suficientemente intensa, cualquier esquema que se implante funcionaría, a diferencia del elaborado por Keyness, en contra de los requerimientos del proceso de reproducción ampliada del capital. Con otras palabras, la búsqueda de un paradigma posneoliberal marcha a contrapelo de la evidencia teórica y empírica existente en el mundo de que es imposible mantener un esquema de redistribución social de la riqueza, que esté subordinado a un esquema de reproducción del capital cuyo fundamento es la concentración aguda y acelerada".

Y en polémica con las argumentaciones de todo el arco posibilista explicaba:
"En contraposición con la severidad con que se juzga la obra inacabada de los procesos de construcción socialista, el posibilismo pasa por alto que la democracia a la que aspira como objetivo supremo dentro de la sociedad capitalista, se encuentra en contradicción con el hecho de que -por la necesidad vital de concentrar riqueza y excluir población en una magnitud y a velocidad sin precedentes que padece- el modo de producción capitalista se ve en la actualidad obligado a adoptar el contenido más antidemocrático de su historia, no sólo desde el punto de vista económico social -hecho que resulta ampliamente reconocido- sino también mediante el vaciamiento de sistemas políticos nacionales, en virtud del cual su funcionamiento cada día depende menos de los mecanismos de participación y representación ciudadana -a los cuales se le rinde un culto crecientemente formal (pluripartidismo, candidatos, elecciones, libertad de prensa, etc)- mientras el poder político real se desplaza hacia los centros imperialistas, que lo ejercen directamente mediante la adquisición de funciones -legislativas, ejecutivas y judiciales- de Estado imperialista transnacional y a través de organismos supranacionales bajo su control, como el fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización del Atlántico Norte (Otan) y otros".

Socialismo o barbarie, la consigna de la dirigente comunista Rosa Luxemburgo ante la primera conflagración mundial, está en el vértice de la elección del rumbo a seguir; la Revolución, es decir la subversión de las relaciones económicas, sociales, políticas y culturales del capitalismo, a través del camino que cada país encuentre en las raíces de su historia de lucha y la experiencia de sus clases proletarias y populares, o contrarrevolución, es decir la marginación e inviabilidad creciente de regiones y continentes. La supervivencia histórica de la monopolización de la riqueza y los bienes de la naturaleza tiene como condición la imposibilidad de existencia de masas humanas que están ya en proceso de destrucción. La disputa por los recursos naturales tiene no sólo el patrimonio energético, sino un elemento vital para la vida, el agua. No es nueva la visión teórica de las tendencias del imperialismo, sí lo es su magnitud como fenómeno observable a gran escala.

Un nuevo flagelo instrumentan las clases dominantes: los biocombustibles. Nuevos espejitos de colores que los colonizadores actuales empuñan, para desatar la avaricia de las oligarquías terratenientes del Cono Sur y quebrar los movimientos de convergencia regionales.

Ante la propuesta de compra de enormes volúmenes de granos y otros cereales para producir el etanol que demandan las grandes empresas, el presidente cubano Fidel Castro alertó en marzo de 2007 sobre "la idea sinistra de convertir alimentos en combustibles", la condena a "muerte por hambre y sed de más de tres mil millones de personas en el mundo". Para marcar a fuego el itinerario seguido por el capitalismo recordó el pasado 31 de abril en un texto titulado: A los trabajadores del mundo que: "duele pensar que se consuman anualmente diez mil millones de toneladas de combustibles fósiles, lo cual significa que cada año se derrocha lo que la naturaleza tardó un millón de años en crear".

Las diversas imágenes de la barbarie precipitaron múltiples temáticas ambientales, cuestionadoras de la contaminación progresiva de las ciudades, los ríos, el aire, la vida. La naturaleza dio señales para quienes quisieran verlas, del punto alcanzado por la apropiación arrasadora de la organización capitalista de la producción, la competencia imperialista y la guerra.

La reacción organizada de la resistencia se ha precipitado en nuestra geografía y ha apuntado al papel de las petroquímicas, las pasteras, la minería a cielo abierto, entre una proliferación de cuestiones abordadas desde el rechazo a las consecuencias de daños, en general, ya consumados. Conectar la fuerza positiva de tales movimientos con las causas profundas que habilitan el desastre del medio natural, permitirá superar la superficie fragmentada del reclamo y la protesta. Al quedar encapsuladas, parceladas, las reivindicaciones no escapan en última instancia al paradigma del individualismo corporativo.

Cuestionar la manera en que el respeto a la autonomía de estas expresiones ha implicado, en no pocos casos, una cristalización que impide no solo la articulación con otros sectores, sino que llega a cerrar toda posibilidad de pensarse como parte de una totalidad que se proyecta en la pelea de otra sociedad. Se trata de recuperar en el debate y en la práctica el problema del poder y en términos políticos la lucha por el poder.


Disciplina y control

El lenguaje traduce relaciones sociales de producción, entre sujetos de clase. Una palabra ha fetichizado en los últimos tiempos la inversión de la realidad: la gestión. Imagen estática de algo que se quiere cosificar. La gravedad está en que diluye en la abstracción la producción de la sociedad, encubre los procesos sociales y políticos que dieron como resultante un momento particular de la dominación. Oculto el proceso, sólo queda gestionar el poder existente.

Anestesia y disciplinamiento, resignación y control operan para encorsetar en el "sentido común" la aprehensión del orden imperante, para que la mirada sólo llegue, cuanto mucho, al primer escalón del reformismo. El discurso de "la gestión" se ha introducido en todos los marcos institucionales del Estado, incluidos el terreno educativo y sanitario. Los grandes dilemas de las desigualdades: escolares, del acceso a la salud, la calidad ofrecida, se convierten en una cuestión de gestión, que los mismos protagonistas (trabajadores y trabajadoras de esos ámbitos) deberán contribuir a resolver a partir de la premisa de que "gestores somos todos". Por tanto, sobre todos recae la responsabilidad de los resultados y todos están involucrados (3). La equiparación en una abstracción: todos, de condiciones de clase y antagónicas y del lugar de cada uno en la determinación de las políticas institucionales, es una polea de transmisión de la ideología dominante. Suele aparecer bajo la fachada de la democratización, pero remite a una arquitectura de poder que se encadena con otros procesos de la fractura social actual y de la dificultad para reconocerse en el sistema de explotación.

La búsqueda de acuerdos y consensos como parte de una auténtica discusión democrática ha sido manipulada en la apología de la conciliación y concertación de clases, que busca desplazar al terreno del autoritarismo la idea de confrontación, la delimitación clara de las políticas sostenedoras del capitalismo y doblegadas ante el imperialismo. Amplios sectores de la academia, la intelectualidad y los medios de comunicación han conformado en las últimas décadas usinas de transmisión del miedo a la rebeldía, del conformismo como principio y la concesión como método.

La sociedad se ha articulado en torno a la noción de personas como clientes y consumidores en detrimento de su constitución como sujetos productores enmarcados en relaciones sociales, con la paradoja de que bolsones de población quedan al margen al ser expropiados no sólo de sus condiciones materiales de existencia sino de su existencia misma. La flexibilidad laboral y el desempleo configuraron trabajadores/as, destinados a transitar por identidades temporarias. Y la idea de lo efímero construyó las conductas, todo sirve para ser consumido en el momento y luego puede ser rápidamente desechado.

En otro plano de la alienación humana que identifica a esta fase del capitalismo, es notorio el aumento de la mercantilización de los cuerpos, con el tráfico de personas (en especial mujeres, niñas y niños) para compra de órganos o ser sometidas a la prostitución, es una pintura que devuelve las figuras del mercado de esclavos de la acumulación originaria del capital en el siglo XVI y muestra hasta qué punto la noción de mercancía está naturalizada en el accionar cotidiano y consolidada en este caso, como red internacional de negocios rentables, junto al armamento y el narcotráfico.
Venezuela primero, luego Bolivia (Ecuador y Nicargua aparecen sumadas en esa dirección), trazaron una frontera demarcatoria en esta trayectoria hacia la barbarie. Y discuten el Socialismo del siglo XXI. Con la certeza de que los tiempos no permiten esperar otro centenario. La confrontación en curso habrá de resolverse en este siglo.

No es pensable que estas fuerzas poderosas no incidan sobre Argentina. Es acuciante aquí poner en cuestión el país del futuro, las clases que lo llevarán adelante y las vías para lograrlo. Será precisa la confluencia en una gran deliberación nacional, amplia y democrática, con una definición antimperialista y genéricamente anticapitalista comprometida con los procesos de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, que conmueva las fuerzas aletargadas de millones. La idea de un Congreso nacional del pueblo permite soslayar la dispersión vigente. Los riesgos están presentes, por el mismo estado de disgregación que multiplica mezquindades individuales y la práctica tribal. La magnitud de lo que está en juego es estratégico, el alineamiento del país en el futuro de la región y este hecho habrá de gravitar sobre el conjunto de los/as revolucionarios/as, la clase obrera y el pueblo dispuestos a encontrar el camino a las masas y la Revolución.


(1).-Prólogos de El Capital, Tomo I, Fondo de Cultura Económica (FCE).
(2).-Crítica de Nuestro Tiempo N¼ 25, diciembre 2000-marzo 2001
(3).-Educación y gubernamentabilidad en las sociedades de gerenciamiento; Silvia Grinberg, Revista argentina de Sociología, año 4, N¼ 6, mayo-junio de 2006.

 
 
 

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