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DOCUMENTOS PARA LA MILITANCIA
Cartas de Marx a Bolte (*) (1871)

La Internacional se fundó para reemplazar las sectas socialistas o semisocialistas por una verdadera organización de lucha de la clase obrera. Los primitivos Estatutos y el Mensaje Inaugural lo demuestran a primera vista. Por otra parte, la Internacional no podría haberse consolidado si el curso mismo de la historia no hubiera destruido ya el sistema de las sectas. El desarrollo del sistema de las sectas socialistas y el del verdadero movimiento obrero siempre están en relación inversa entre sí. Mientras se justifica (históricamente) la existencia de las sectas, la clase obrera no está aún madura para un movimiento histórico independiente. En cuanto alcanza su madurez, todas las sectas son esencialmente reaccionarias. Sin embargo, lo que la historia ha demostrado en todas partes se repitió dentro de la Internacional. Lo caduco intenta restablecerse y mantenerse dentro de la nueva forma adquirida.

La historia de la Internacional fue también una continua lucha del Consejo General contra las sectas y los experimentos improvisados que intentaron afirmarse dentro mismo de la Internacional en contra del movimiento auténtico de la clase obrera. Esta lucha se manifestó en los Congresos, pero mucho más en las actuaciones privadas del Consejo General con cada una de las secciones.

En París, dado que los proudhonistas (mutualistas) habían sido cofundadores de la Asociación, tuvieron naturalmente las riendas durante los primeros años. Después se formaron, desde luego, grupos colectivistas, positivistas, etc., opuestos a aquéllos.

En Alemania reinaba la camarilla de Lasalle. Yo mismo mantuve correspondencia durante dos años con Schweitzer y le demostré en forma irrefutable que la organización de Lassalle no es otra cosa que una organización sectaria, y, como tal, hostil a la organización del auténtico movimiento obrero por el que luchaba la Internacional. Pero él tenía sus "razones" para no entenderlo.

A fines de 1868 el ruso Bakunin se incorporó a la Internacional con el fin de formar dentro de ella una segunda Internacional, que se llamaría Alianza de la democracia socialista, con él mismo como jefe. Bakunin -hombre sin conocimientos teóricos- tenía el propósito de que esa organización separada representara la propaganda científica de la Internacional, pretendiendo que ésta fuera la función específica de esa segunda Internacional dentro de la Internacional.

Su programa era una mezcolanza, superficialmente reunida de todas partes: igualdad de clases (!), abolición del derecho de herencia como punto de partida del movimiento social (tontería saintsimonista), ateísmo como dogma que debe ser impuesto a los miembros, etc., y apoliticismo como dogma principal a la Proudhom.

Esta cartilla para niños encontró apoyo (y todavía tiene cierto predicamento) en Italia y en España, donde las condiciones reales del movimiento obrero están todavía poco desarrolladas, y entre unos pocos intelectuales vanidosos, ambiciosos y hueros de la Suiza francesa y de Bélgica.

Para el señor Bakunin su teoría (todos los desperdicios que ha recogido en Proudhon, Saint Simon, etc.) es un asunto secundario, simplemente un medio para darse importancia. Si es una nulidad como teórico, está en cambio en su elemento como intrigante.

Durante años el Consejo General tuvo que combatir esta conspiración (apoyada hasta cierto punto por los proudhonistas franceses, especialmente en el sur de Francia).Finalmente por medio de las resoluciones 1, 2 y 3, IX, XVI y XVII (1) de la Conferencia, asestó su golpe largamente preparado.

Es evidente que el Consejo General no apoya en América lo que combate en Europa. Las resoluciones 1, 2 y 3, IX le dan ahora al Comité de Nueva York armas legales para poner fin a todas las formaciones sectarias y grupos improvisados y, si es necesario, para expulsarlos.

El Comité de Nueva York hará bien en expresar su completo acuerdo con las decisiones de la Conferencia, en una comunicación oficial dirigida al Consejo General. Bakunin, personalmente amenazado además por la resolución XIV (sobre la publicación en ƒgalité del proceso Necháiev) que sacará a la luz su infame actuación en Rusia, está haciendo todos los esfuerzos posibles por conseguir que sus últimos partidarios lancen una protesta contra la Conferencia.

Con este fin se puso en contacto con la corrupta sección de los refugiados políticos franceses en Ginebra y en Londres (sección numéricamente débil, pese a todo). La conclusión que emana de esto es que el Consejo de Ginebra está dominado por el pangermanismo (y especialmente por el bismarkismo). Esto se vincula con el hecho imperdonable de que yo soy alemán por nacimiento y ejerzo efectivamente una influencia intelectual decisiva sobre el consejo alemán. (N.B. La proporción de alemanes en el Consejo es numéricamente más débil en dos tercios que la de los ingleses o franceses. El crimen consiste, por lo tanto, en que los ingleses y franceses son dominados por los alemanes en lo que concierne a la teoría (Á) y que consideran que esta dominación, es decir la ciencia alemana, es muy útil y por cierto indispensable).

En Ginebra, con el patrocinio de la burguesa Madame Andrée Léo (quien en el Congreso de Lausana tuvo la suficiente desvergüenza de denunciar a Ferré a sus verdugos versalleses), los bakuninistas publicaron un periódico La Révolution Sociale, que argumenta contra nosotros casi literalmente con las mismas palabras que el Jornal de Géneve, el periódico más reaccionario de Europa.

En Londres trataron de establecer una sección francesa de cuyas actividades usted encontrará un ejemplo en el número 42 de ¿Qui vive?, que acompaño. (También le envío el número en el que aparece la carta de nuestro secretario francés Seraillier). Esta sección, que integran veinte personas (entre ellas una cantidad de espías) no ha sido reconocida por el Consejo General, lo que no sucedió con otra mucho más numerosa.

En la actualidad, a pesar de las intrigas de este hato de sinvergüenzas, estamos haciendo una gran propaganda en Francia e incluso en Rusia, donde saben quien es Bakunin, y donde mi libro sobre el capital en traducción rusa está precisamente en prensa (..).

N.B. sobre el movimiento político: El movimiento político de la clase obrera tiene como objetivo, desde luego, la conquista del poder político por la clase obrera, y para esto es naturalmente necesario que previamente se haya desarrollado hasta cierto punto una organización de la clase obrera surgida a su vez de las luchas económicas de la misma.

Pero por otra parte, todo movimiento en el que la clase obrera se presente como clase en contra de las clases dominantes e intente vencerlas por medio de la presión exterior, es un movimiento político. Por ejemplo, la tentativa en una fábrica o aun en una industria particular, de obligar a los capitalistas a que acorten la jornada de trabajo mediante huelgas, etc. Es un movimiento puramente económico. En cambio el movimiento que tiene como objetivo hacer aprobar una ley que establezca la jornada de ocho horas, etc., es un movimiento político. Y de esta manera, a partir de los distintos movimientos económicos de los obreros surge en todas partes un movimiento político, es decir, un movimiento de clase, que tiene por objeto imponer una fuerza de compulsión para toda la sociedad. Si estos movimientos presuponen cierto grado de organización, son a su vez un medio para el desarrollo de esta organización.

Allí donde la clase obrera no está todavía suficientemente adelantada en su organización como para emprender una campaña decisiva contra el poder colectivo, es decir, el poder político de las clases dominantes, debe de todas maneras entrenarse para ello mediante una continua agitación y una actitud hostil hacia la política de las clases dominantes. De lo contrario seguirá siendo un juguete en sus manos, como lo demostró la revolución de septiembre en Francia y como lo demuestra también hasta cierto punto el juego de los señores Gladstone y Cía. inclusive en la actualidad.

23 de noviembre de 1871


(*).-Bolte, Friedrich, socialista alemán integrante del anterior Comité Central y en esa época del Consejo Federal provisorio de la Internacional, con asiento en Nueva Cork (N. de la edición inglesa).
(1).-Las resoluciones 1, 2 y 3 de la Conferencia de Londres prohibían que se designaran con nombres sectarios las secciones, ramas, etc., y establecían que debían designarse exclusivamente como ramas o secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores, con el agregado del nombre de la localidad. La resolución IX destacaba la necesidad de la acción política de la clase obrera y declaraba que su movimiento económico es inseparable de su actividad política. La resolución XVI declaraba terminada la cuestión de la Alianza bakuninista desde que su secretario Zhukovski, había anunciado que estaba disuelta. La resolución XVII permitía que las secciones suizas del Jura adoptasen el nombre de Federación del Jura y censuraba a su órgano, El Progreso.

 
 
 

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