Neoliberalismo, capitalismo cogestionario o Socialismo
Uno de los problemas esenciales del proceso
bolivariano es el de la revolución económica. Los esfuerzos que hasta la fecha
se realizan se orientan por los principios y valores universales de justicia y
de lucha contra la pobreza, pero con una alta dosis de espontaneidad. Los
avances fundamentales de la propuesta bolivariana descansan esencialmente en
una redistribución más justa de la renta petrolera. Pero, ya es conocido que
hay argumentos importantes para explicar que no se puede vivir definitivamente
y de manera sostenible de la renta petrolera.
La proyección económica de la revolución es
una mezcla híbrida, donde no siempre se dibuja con claridad la esencia, la
nueva propuesta económica. Pero el proyecto económico para la Revolución es
fundamental, un error en la economía puede convertirse en una falta irreparable
y sin regreso.
El rumbo económico debe ser discutido y
compartido por el pueblo. Los criterios y fundamentos de la revolución económica
bolivariana, tienen una naturaleza esencialmente política y humana. El problema
fundamental es la propiedad, que es el tema del poder económico y político
revolucionario. ¿En manos de quién estarán las formas esenciales de propiedad?,
¿Las nuevas formas de propiedad generan relaciones humanas socialistas, o nos
regresan a las viejas formas capitalistas con cubiertas socialdemócratas? ¿ Son
relaciones económicas que contribuyen a engendrar valores nuevos, una nueva
conciencia? No habrá revolución viable en el tiempo si no descansa sobre
relaciones de propiedad sostenibles, que generan bienestar con la condición de
reproducir una conciencia y una práctica social solidaria.
Si la sociedad que pretendemos construir es
humanocéntrica, si el mercado dejó de ser el centro articulador de las
relaciones humanas, el problema económico no es sólo un problema técnico, de
indicadores y datos estadísticos. Es imposible diagnosticar, explicar y
solucionar la pobreza material y espiritual con los instrumentos y los indicadores
de las economías de mercado. La pobreza es consustancial al mercado, que
necesita un alto tributo de pobreza para poder generar una riqueza miserable.
¿Cuál es el punto de partida para construir
las nuevas formas de propiedad privada?
Es importante en consideración las
características del capitalismo contemporáneo y las experiencias capitalistas
pasadas y presentes, que deben adecuarse a la situación actual de América
Latina y de Venezuela. El capitalismo tiene su forma fundamental de
reproducción en el capitalismo trasnacional. Difícilmente lo podremos
confrontar desde formas de propiedad pequeñas y medianas, e incluso nacionales.
De allí es que toma vigencia el ideal bolivariano, que plantea la construcción
de relaciones económicas, políticas y culturales latinoamericanas y caribeñas,
es preciso generar relaciones económicas y capitales de una calidad tal que
hagan sostenible el Socialismo en la región, y que puedan resistir el embate de
las trasnacionales del capitalismo. Esta calidad de capitales de ninguna manera
podrán nacer y consolidarse sin la participación de los estados
latinoamericanos y caribeños, pero son imprescindibles si es que queremos
construir el ideal bolivariano.
Por otra parte, todavía está por escribirse,
desde una perspectiva revolucionaria, el análisis equilibrado de las causas del
retroceso del Socialismo en Europa del Este. Al respecto se han escrito
materiales interesantes, pero la mayoría de ellos son a partir de las
explicaciones de marxólogos, sovietólogos, apologistas todos del capitalismo.
Nadie debiera espera encontrar allí una visión valiosa y mediante objetiva
sobre el Socialismo. La mayoría de los apologistas dicen que la causa de las
crisis es la propiedad estatal de los medios de producción, la estatización y
la burocratización de la economía lo que deja una puerta abierta a la economía
privada y la economía de mercado.
En primer lugar no todas las experiencias del
Socialismo europeo fueron similares. Se escamotea la verdad cuando no se señala
la existencia de importantes cuotas de propiedad privada y cooperativas que
existieron en Rumania, Alemania, otros países socialistas y hasta la propia
Unión Soviética. Es posible que en la Venezuela actual la propiedad estatal
genere, proporcionalmente, más renta que la producida por la propiedad estatal
en muchos países socialistas. En realidad, habría que preguntarse si no fue
bajo la forma de propiedad estatal que la URSS pasó de ser un país semifeudal y
atrasado a ser una de las mayores potencias de la historia mundial. Es evidente
que el Socialismo desapareció por errores económicos, políticos y sociales que
hay que analizar con profundidad, entre ellos el de la propiedad estatal. Pero
una cosa es perfeccionar la forma de propiedad socialista, donde sin lugar a
dudas hay que garantizar la mayor participación de la sociedad en el ejercicio
del poder económico y político, y otra es pretender construir el Socialismo con
formas de propiedad burguesa.
La forma privada de propiedad capitalista ha
sufrido trasformaciones a lo largo de la historia del sistema: transitó por la
pequeña y mediana propiedad mercantil, la propiedad nacional y la propiedad
trasnacional. El capitalismo se ha afanado en perfeccionar sus formas de
propiedad, pero nunca hemos escuchado a burgués alguno decir que va a
prescindir de la propiedad privada. Si somos socialistas tenemos que
perfeccionar la propiedad social sobre los medios de producción. Nadie nunca
dijo que Socialismo significaba acabar con todas las formas de propiedad
privada. Lo que sí está claro para todo socialismo, es que la forma
predominante esencial y fundamental, es la propiedad social sobre los medios de
producción.
En este punto se nos presentan retos en dos
perspectivas fundamentales que tiene que ver con las necesidades inmediatas y
mediatas de la revolución bolivariana. Primero, la urgencia de contribuir a
paliar sin demora la deuda social acumulada con una redistribución más justa de
la renta, que todavía no constituye una solución de fondo, pues la distribución
injusta de la renta y el capitalismo se pueden restaurar. Segundo, un problema
mediato, que es la inversión del capital generado por la renta y las
transformaciones económicas para hacer brotar relaciones económicas que
permitan relaciones humanas solidarias. En nuestros países se paga un doble
tributo: uno a las oligarquías nacionales y otro al capitalismo internacional.
En los países imperialistas o del primer mundo capitalista podría haber un
espejismo de distribución justa, como en Texas y Noruega, pero será siempre una
economía artificial, que sólo se sustenta depredando al resto del mundo.
Al arribar a este mundo se plantea con toda
nitidez el tema de la propiedad, donde se observa que en el intercambio
político hay mucha discusión. Muchos de los políticos bolivarianos hablan de
socialismo, y de inmediato dicen que respetarán la propiedad privada. En otros
pareciera que se quiere conjugar lo mejor del capitalismo con lo mejor del
socialismo, como si fuera posible conciliar el despilfarro insostenible de la
sociedad de consumo con el bienestar de la sociedad socialista. Para generar el
consumismo y el derroche de riqueza, el sistema capitalista tiene que engendrar
pobreza. Si se quiere una redistribución más justa de la riqueza y la
universalización de las conquistas sociales pata la humanidad, no es posible el
consumismo superfluo, que es insostenible ecológica y económicamente como
patrón universal. Es así que el problema planteado en última instancia es:
¿Cómo invertir la renta nacional para construir relaciones económicas socialistas?,
¿De qué relaciones de propiedad o de qué sistema de relaciones de propiedad
estamos hablando? ¿Cuáles serán las relaciones de propiedad que determinarán el
entramado social de las relaciones económicas de la revolución bolivariana?.
¿Qué hacer con la renta nacional?
Unos de los temas más relevantes es
comprender la naturaleza del sistema de propiedad y de la tradición de
relaciones económicas de la economía venezolana. Las relaciones económicas y de
propiedad de los distintos países y regiones también son un tema cultural y no
se pude pretender trasladar a nuestras realidades fórmulas y criterios
económicos exógenos que nada tiene que ver con nuestra cultura y posibilidades
actuales.
La economía venezolana tiene dos formas
fundamentales de relaciones económicas, la propiedad privada y la propiedad
social representada en las empresas del Estado. En los últimos cuarenta años
las relaciones económicas descansaron en la renta petrolera. Si de manera
formal las principales fuentes de ingreso se mantuvieron en manos del Estado,
los grupos económicos nacionales y extranjeros corrompieron, debilitaron y
controlaron el Estado, para apropiarse de la riqueza de todos los venezolanos.
De tal forma que la propiedad social devino también en propiedad privada.
En lo sucesivo la tarea fundamental de las
empresas privadas no fue obtener la ganancia por la vía de la eficiencia, la
competencia en le mercado, sino usurpar una cuota, una porción de la renta
nacional. Los criterios de eficiencia económica se fueron perdiendo y se avanzó
en una prostitución del Estado y de las relaciones económicas. Esto plantea un
problema esencial, cualquier intento de relanzar un proyecto económico viable
en Venezuela, de cualquier naturaleza posible, supone avanzar en el fortalecimiento
ético, económico y político del estado venezolano. Sobre las viejas ruinas
burocráticas del estado burgués, difícilmente se podrá erigir una nueva
economía socialista. Se puede discutir sobre la naturaleza, los alcances y el
papel económico, político y social del nuevo Estado socialista, pero lo que es
indiscutible es la necesidad de revolucionar el Estado. La revolución
socialista, la revolución económica, supone una revolución del Estado. Aquí
queda planteado el problema de la revolución y el nuevo Estado.
La economía venezolana se integra por cinco
formas fundamentales de propiedad que constituyen las bases de las relaciones
económicas fundamentales del país. Ellas son: el capital trasnacional público y
privado, el capital nacional, la pequeña y la mediana empresa, la economía
natural, que es de supervivencia principalmente en el campo, y la informal. En
las dos primeras se inscribe más del 80% del volumen de propiedad y de capital,
mientras que las últimas abarcan el 70 y 80% de la población sobre el país. Son
dos polos económicos que se suponen y se oponen, concentran la mayor riqueza y
la mayor pobreza, la inclusión frente a la exclusión. Sin una redistribución de
la riqueza y de la participación económica entre estas dos antípodas, no habrá
estabilidad, ni sostenibilidad sociopolítica, ni cambio social revolucionario.
Los representantes del capital trasnacional
privado en Venezuela quieren colocar al país, que perciben como un mercado, en
el tren de la globalización. Los Cisneros y los Mendoza son sus representantes
más visibles, también podemos incluir aquí a las trasnacionales petroleras, las
empresas de servicios, bufetes y representantes, quienes cubren con una hoja de
parra nacional, sus sentimientos trasnacionales y antipatrióticos. Sus sueños
con privatizar PDVSA, el Seguro Social, el resto de la economía y concluir el
debilitamiento del Estado. Si fuera necesario, para alcanzar sus objetivos
proponen una dictadura de transición como fórmula para aplastar la toma de
conciencia del pueblo e implantar el neoliberalismo.
Otra respuesta es la de la burguesía nacional
o “neocolonial”, pletórica de añoranzas hacia el pasado que pretende
reinstaurar. Acostumbrada a cubrirse con la apropiación fraudulenta de la renta
petrolera, se debate en posturas ambiguas. Algunos tratan de trabajar con el
proceso bolivariano, pero la mayoría se paraliza ante la amenaza de una
revolución que temen por instinto, y el destino de una globalización neoliberal
que, sin duda, los aplastará. Estos empresarios sueñan con una”involución
restauradora controlada”, que le devuelva sus días de importadores florecientes
o de hacendados coloniales prósperos. Es curioso que este sector económico
nacional, que frecuentemente se suma a la contrarrevolución, no tiene regreso
al pasado rentista, ni salida dentro del esquema neoliberal. Su única
viabilidad es en el marco de la revolución bolivariana, a la que suelen atacar,
para lo que necesitarían adecuarse a las nuevas condiciones económicas y de
redistribución de la riqueza pasa sobrevivir. Pero su carácter servil y
pronorteamericano, su naturaleza importadora y de servicios, pudiera llevar a
lo que queda de los sectores burgueses nacionales a la autodestrucción.
Los más avanzados para entender esta
contradicción son los sectores productivos nacionales, a los que es necesario
atender y estimular adecuadamente. Sus intereses pueden tener una salida dentro
de la nueva economía bolivariana, lo que en ningún caso significa entenderlos
como los protagonistas del proyecto económico bolivariano.
Hay un sector económico y político nacional
que se cubre con un discurso aparentemente progresista, nacionalista y
patriótico. Su tesis apunta hacia un “nacionalismo burgués patriótico”, que
supone la necesidad de crear una nueva burguesía nacional, “más honesta, menos
corrupta”, “más patriótica, aunque no antiimperialista”, que dé un uso más
eficiente la industria petrolera. Una
burguesía que busque una “convivencia con los Estado Unidos, para permitirles
usufructuar una parte de la renta petrolera nacional”. Una propuesta de
“burguesía tropical” de clase media, que pretende remozar y relanzar el
fracasado sueño nacionalista de Acción Democrática.
Su opción no tiene viabilidad económica, ni
política, representa la añoranza de sectores burgueses medios pequeños de convertirse en burguesía
nacional. Implica una redistribución de la renta petrolera a favor de una nueva
elite, que le permita enriquecerse para transitar a esa burguesía nacional. Ni
el imperialismo norteamericano y los grandes capitales extranjeros, ni la
burguesía trasnacional, ni la vieja burguesía nacional, ni la gran mayoría
excluida del pueblo aceptaría una opción de esta naturaleza. Enmascara un
discurso populista u aparentemente patriótico, y busca el regreso a un
“nacionalismo rentista burgués” pretérito e inviable en estos tiempos.
Cogestión obrera y Estado venezolano
Los voceros ideológicos de la pequeña y la
mediana economía avanzan varios proyectos, que van desde el apoyo de la
oligarquía trasnacional, el sustento a opciones de clara expresión fascista, la
defensa de nacionalismos burgueses desfasados, hasta la idea de convertir el
país en un asentamiento de pequeñas y medianas economías mercantiles.
Planeamientos armónicos con la actitud ambigua de los sectores medios, que
pretenden usar la renta para crear una suerte de capitalismo humano, que no
produzca la miseria a la que indefectiblemente el capitalismo condena a los
pueblos. Ilusión, que se expresa en lo político en una candidez que los lleva a
conciliaciones y concesiones, buscando una certificación democrática que el
imperio no otorga sino a los sumisos.
Pero lo que más nos interesa es el desafío
que enfrenta la Revolución Bolivariana por la naturaleza pequeñoburguesa y el
origen de clase media de muchos de sus actores fundamentales. Algunos tratan de
convertir sus anhelos en la sustancia misma de la Revolución. Pero esto es una
cosa, y otra es que pretendamos convertir el proceso en una revolución de las
clases medias y a Venezuela en una sociedad de pequeños y medianos empresarios.
Bajo la bandera de la democracia y la
participación, algunos proponen avanzar hacia la universalización de una
economía bolivariana que descanse en la mediana y la pequeña economía
mercantil. Se propone un socialismo que no sea estatista, un socialismo de
clases medias, que supere los “problemas estatistas, de democracia y de consumo
de viejos socialismos” lo cual parece una bandera muy atractiva. Bajo el
paraguas de la renta petrolera, se pretende erigir un asentamiento de pequeñas
y medianas economías que sólo tendrán viabilidad mientras se mantenga altos los
precios del petróleo. ¿Puede la pequeña y la mediana economía mercantil
convertirse en el principio rector de las relaciones económicas de la
Revolución Bolivariana?
En este punto ya es importante constatar que
en un mundo transnacionalizado, no se puede pretender hacer descansar la
economía de una nación en los actores de la pequeña y mediana empresa
mercantil, más propia de la época de Adán Smith y David Ricardo. No hay nada en
principio contra las economías medianas y pequeñas, nos parece muy bien su
proliferación en el país, sobre todo como forma de cooperativas, pero no pueden
convertirse en el motor del desarrollo nacional, ni son una opción sostenible
bajo los ciclos de la economía petrolera, no podrán competir con la economía
trasnacional, ni tendrán un mercado nacional viable en las actuales
condiciones, ni pueden tocarse en el principio económico rector de nuevas
relaciones económicas socialistas. Si nuestra economía no construye una sólida
base económica, más allá del petróleo, no habrá una “ruta del cacao”,
“ruta de la empanada”. Este
planeamiento logra el apoyo y concita la fe y simpatía de amplios sectores
excluidos, quienes de manera honesta impulsan esta propuesta.
Una de las últimas propuestas de este sector
es el tema de la cogestión obrera, que tiene un nombre revolucionario, suena a
más socialismo, pero requiere una discusión económica, política y teórica
seria. Esta vieja fórmula socialdemócrata europea, no requeriría de una discusión
urgente en el seno de la Revolución, si no fuera porque se está cocinando una
Ley sobre Cogestión Obrera. Se intenta llevar la consigna a empresas
estratégicas del estado, se embeleza y se comprometen al movimiento obrero con
estas promesas, mientras la oposición se frota las manos.
¿Por qué los obreros deben entrar en cogestión
con los restos del estado burgués, cuando de lo que se trata es de construir un
nuevo Estado revolucionario, y que ellos, junto al resto de la mayoría de los
excluidos y marginados que componen nuestra sociedad, sean gestores del mismo?
¿Por qué transferir la propiedad social que
hoy administra el estado a una élite obrera?
¿Cómo planificar la economía para que la
riqueza sea distribuida con justicia y equidad, si el Estado revolucionario
pierde el control de las empresas estatales, fundamentales y estratégicas de la
economía?
En el mundo, esencialmente en Europa, se
entiende por cogestión el manejo compartido y la participación accionaría de
los trabajadores en su empresa. Esta modalidad va desde únicamente la
participación en la gerencia, hasta la apropiación accionaría de la totalidad
de la empresa, pasando por diferentes niveles de asociación y de gestión
gerencial. En Venezuela se ensayan formas
de cogestión, que se proponen como un camino hacia la nueva forma económica que
superará al capitalismo, conduciendo el proceso hacia el Socialismo.
Es importante discutir a fondo lo que se
propone como camino de la Revolución Bolivariana. De la correcta selección
dependerá que podamos concretar los sueños emancipadores del Libertador o que
nos convirtamos en una nueva frustración en este camino lleno de buenas
intenciones y de fracasos dolorosísimos. El meollo de la discusión es: ¿cómo la
cogestión modifica las relaciones de producción de la sociedad venezolana?
La idea de cogestión se desarrolla alrededor
de una fábula: se dice que transfieren propiedad de las empresas a los obreros,
modifica las relaciones de producción, y por lo tanto es un paso hacia la
superación del capitalismo y sendero al Socialismo. La realidad es que al
transferir propiedad a los obreros deja intactas las relacione de producción, y
aquí se produce un espejismo muy común, se piensa que la proliferación de los
capitalistas, es decir, de los dueños de las empresas, cambia las relaciones de
las relaciones de producción, cuando en realidad las deja íntegras. No es
relevante si el dueño del capital es uno, o son muchos, como el caso de las
accionistas de la Bolsa de Valores, siempre el capital que busca reproducirse y
acumularse, confiriendo de esta manera la marca a esa economía. Es el caso de
los Estados Unidos y de Europa. Con una economía llena de accionistas, que
eligen directiva y dictaminan las líneas principales de las empresas y, sin
embargo, esas economías son paradigmas del Capitalismo salvaje. Las fábulas en
economía y en política siempre son peligrosas, la de la cogestión lleva
implícita algunos riesgos:
Primer peligro: En las condiciones concretas de
Venezuela, donde se propone casi de forma exclusiva en las empresas del Estado,
la cogestión sería un camino expedito para anarquizar, corromper todavía más y
a la larga privatizar las empresas Estatales. Este proceso inevitablemente
terminaría con la privatización de PDVSA.
Segundo peligro: la cogestión estimula
la conciencia del capitalismo, los valores del egoísmo y nos aleja de la
conciencia del deber social, pilar fundamental del Socialismo, y garantía de
éxito de nuestra Revolución. La cogestión se afianza en valores anclados en lo
profundo de la psiquis capitalistas: la propiedad, el dinero, el lucro
individual, es decir, todo lo que se asocia a la riqueza que hasta ahora conoce
esta sociedad, la riqueza de las minorías privilegiadas. Es difícil entender
que hay otras formas de riqueza que son propias del bienestar de toda la
sociedad: trabajo, asistencia social, salud, educación, cultura, alimentación,
recreación, amor. He allí la esencia de las Misiones.
Tercer peligro: es un proceso que debilita la
necesidad de trasformación del viejo Estado cuidador de los intereses de una
minoría privilegiada y debilita la construcción de un Estado que represente a
la mayoría hasta ahora desposeída. Los obreros no se ponen en el papel de
constructores y transformadores de ese Estado, si en el lugar de contraparte
externas del estado y del Gobierno revolucionario.
Cuarto peligro: la cogestión se disfraza de
conquista obrera, confundiendo a muchos, cuando en realidad, al convertir a los
obreros en propietarios, impide que la clase obrera realice su papel histórico:
transferir la propiedad de los medios de producción a la sociedad, acabando de
esta manera con la explotación del hombre por el hombre. De allí que la
cogestión es una válvula de seguridad para el sistema Capitalista, ya que si la
clase obrera no cumple el papel histórico liberador, el capitalismo jamás será
superado.
Chávez y el Estado venezolano se han
planteado como meta la superación del capitalismo. Es por eso, para defenderse,
que ahora el capitalismo a través de la cogestión pretende mostrar un aspecto
remozado, novedoso, pero manteniendo su esencia intacta. Con el pretexto de avanzar hacia el
socialismo, la cogestión es un atajo disimulado hacia el capitalismo. Tiene en
su seno, bajo la bandera del control obrero y de la democratización de la
propiedad, la idea de la privatización de las industrias básicas. Contribuye a
crear condiciones burguesas, es decir de los valores del egoísmo, y nos aleja
de la conciencia del deber social, pilar fundamental del socialismo en
cualquiera de sus variantes.
¿Otra perspectiva del problema?
Las propuestas económicas hasta aquí
esbozadas no pueden convertirse en el principio rector de la Revolución
económica bolivariana. Ninguna de ellas conduce a una nueva sociedad. El gran
reto es integrar las ventajas de las grandes empresas públicas, generar una
base económica sólida, un paraguas que permita las sostenibilidad de los
distintos sectores nacionales, e incluya al 80% excluido e inmerso en la
economía de subsistencia y la informalidad, en una economía participativa y
protagónica. En las actuales circunstancias mundiales, una economía competitiva
debe descansar en empresas con capacidad de competir en el ámbito trasnacional.
Sólo bajo una sombrilla de esta envergadura, podrá sobrevivir la empresa
nacional, la pequeña y la mediana economía mercantil y el cooperativismo para
incluir a los desamparados de la economía natural y la informal. Hay que
avanzar hacia una alta conciencia revolucionaria y deberíamos dotarla de una
vigorosa base económica, soportada por el control estatal de los sectores
estratégicos. He allí el centro de la propuesta revolucionaria.
El núcleo duro y más eficiente de la economía
venezolana es la industria petrolera, que aporta la mayor cuota de riqueza y
beneficia de forma directa o indirecta al mayor volumen de ciudadanos. En las
actuales circunstancias el petróleo es indispensable para impulsar la base
económica de la revolución. La industria petrolera es la única con
potencialidad de generar la masa crítica de capital pata el cambio, el motor
fundamental en torno al cual pudiera generarse el desarrollo socioeconómico de
la nación. Es también la demostración de que una empresa trasnacional pública
puede ser eficiente y así contribuir de manera más justa a la distribución de
la riqueza nacional.
Cualquier evolución acerca del desarrollo de
la economía venezolana debe tomar en consideración el paradigma del la
petrolera. Pero la industria petrolera tiene sus ciclos u por sí sola no puede
ser un soporte sostenible del resto de los sectores de la economía. Si
cobijamos la empresa nacional y miles de pequeñas y medianas empresas no auto
sostenibles bajo la sombrea petrolera, estas desaparecerán, como una golosina
frente a un colegio de niños, ante los sinuosos y cíclicos movimientos de la
bonanza petrolera. He aquí un reto urgente de nuestra Revolución: superar la
economía petrolera. La posibilidad de industrializar supone una inversión
correcta de la renta petrolera y el control estatal de las ramas estratégicas
de la economía, como la CVG, la electricidad, la industria petroquímica. Estos
constituyen la masa crítica indispensable para los cambios estructurales que
requiere el país. No puede haber estrategia de apuntalamiento industrial sin el
acceso a la energía y el gas como servicios básicos.
Algunos alegarán sobre la necesidad de
generar empleos de inmediato a cualquier costo, acerca de los tiempos políticos
y electorales del proceso bolivariano.
Un error en la economía que nos lleve a dilapidar los recursos de la
renta nacional, sería un error imparable para los destinos de la Revolución
bolivariana. La táctica no puede ni debe poner en peligro los objetivos
estratégicos. Dejaría de ser un atajo para llegar al fin, para convertirse en
una celada que haría perder el rumbo. Es posible conciliar la idea de la
generación de empleo de los tiempos políticos electorales e ir en pos de los
objetivos estratégicos bolivarianos.
El proceso revolucionario debe avanzar hacia
una economía que siente las bases del desarrollo económico diversificado de
Venezuela y su preparación para una exitosa integración latinoamericana. Sin
integración y sin desarrollo de la economía trasnacional no hay viabilidad para
el país, ni para la región. La idea de la integración y de la nueva economía ni
puede ser un slogan, sino la sustancia misma de los planes bolivarianos.
Alrededor de este núcleo, y sólo desde su potencialidad se generará la
viabilidad real, no ficticia del resto de la economía nacional. Sólo en este
marco general tendrá solución el problema de la exclusión económica de la
población.
Proponemos usar la renta para fortalecer la
economía del Estado, que es fortalecer la economía social. Unas empresas
estatales poderosas e integracionistas, que miren al mercado regional y
mundial, que puede ser resultado de la inversión pública venezolana, de la
inversión mixta latinoamericana a los que debemos otorgar preferencia, o con
inversiones con capitales de otro origen según los intereses del país y de la
región. Una parte relevante de la “masa crítica del capital” que genera el
petróleo, en primer lugar, debe privilegiar el desarrollo del núcleo rector de
la economía venezolana. En esta alianza latinoamericana, integrando las
ventajas comparativas de los distintos países y capitales, hay que avanzar
hacía la consolidación de tecnologías y producciones de punta en el terreno de
las industrias básicas petroquímica y de la energía, la promoción de la
investigación y la producción biotecnológica, el desarrollo y producción de
tecnologías para la investigación, prospección y producción petrolera y de sus
derivados, entre otras ramas de la informática, de la industria metalmecánica y
del turismo, la agricultura y la ganadería, adecuadas a las potencialidades y
las realidades venezolanas.
Como parte de la estrategia general, habría
un segundo escalón económico al que también se orientaría una cuota de la renta
petrolera. Esa porción de capital, bajo la estrategia de desarrollo general, se
encaminaría al apoyo y promoción de la pequeña y mediana empresa, sobre todo a
auspiciar cooperativas de producción y servicios bajo la lógica de la
eficiencia y autosostenibilidad, que permita una masiva generación de empleos.
En esta dirección, habría que otorgar un lugar a la empresa nacional con la que
se pudiera avanzar en una negociación de empleo en condiciones de mayor
justicia económica y social.
Construyamos entonces la nueva economía
siguiendo el principio de construir industrias de propiedad estatal, eficaces y
competitivas a nivel mundial. Así contribuiremos una poderosa columna
vertebral, generadora de riqueza y empleo en gran volumen, capaz de sustentar
el resto de la economía social, que debe englobar la planificación del estado y
todo el ciclo económico: producción, consumo, distribución, exportación, etc.
Se trata de crear un poderoso territorio económico, donde la riqueza producida
socialmente sea para el bienestar social y no para el enriquecimiento
fraudulento de unos pocos individuos que se apropian del trabajo ajeno.
La discusión esta planteada. Es un intercambio de ideas fraternal, pero decisivo para el futuro de la Revolución.