Rumbo al socialismo

Por Toby Valderrama – Alejandro Mena *

 

En Bolívar no está la respuesta, está la pregunta

La historia es obstinada, las cuentas pendientes que dejan los tiempos regresan para ser saldadas. Parece como que los hilos sueltos que abandonamos en el camino son obstáculos que nos impide avanzar y no es hasta que los recogemos que dejamos de ser un carrusel histórico. Estamos viviendo tiempos de satisfacer reclamos. El Libertador, ese Quijote de América, ha regresado nuevamente convertido en pueblo para concretar los sueños que en 1830 con él se fueron al sepulcro.

En aquella época, el planeamiento internacionalista de Bolívar recogía la necesidad de un gran cuerpo político que sirviera de balance al mundo. Entendía que solo una América unida sería viable como nación capaz de proporcionar a los pueblos la mayor suma de felicidad posible; presagiaba en los Estados Unidos una amenaza de oprobio para nosotros; se enfrentó a los intereses de las neoligarquías que pretendían librarse del yugo español, pero sin cambiar la esencia de estas sociedades (solamente cambiarían las relaciones de poder, y todo se limitaría a una sustitución de la dominación española por una casta formada por ellos). Esta nueva casta que surgió dentro del campo independentista, toleró y usó al Libertador como conductor de la lucha contra la oligarquía española. Pero, desplazada ésta, no aceptaba al Libertador como constructor de la gran nación americana, compartían con el Bolívar guerrero intereses comunes en la lucha contra el enemigo externo, pero adversaza las ideas del Bolívar constructor de una patria grande que menoscababa sus mezquinos intereses provinciales.

En aquella época la contienda, ya lo sabemos, se decidió a favor de Páez y Santander, representantes de la oligarquía emergente. La nueva casta tenía coherencia en sus planeamientos: en lo político, un liberalismo controlado por ellos; en lo económico, mantener la misma estructura esclavista, latifundista y de dependencia económica de los centros de poder mundial, Europa y los Estados Unidos. En resumen, groseros privilegios para ellos, y miseria para el resto de la población.

Bolívar intuyó el fondo del problema: cambiar las relaciones económicas por nuevas relaciones que sirvieran de soporte al nuevo espíritu libertario. Sus palabras en la presentación de la Constitución de Bolivia son clarificadoras y nos dan idea del fondo del enfrentamiento con las oligarquías emergentes. Nos dice el Bolívar legislador:

“He conservado intacta la ley de las leyes -la igualdad- sin ella perecen todas las garantías, todos los derechos. A ella debemos hacer los sacrificios. A sus pies he puesto, cubierta de humillación, a la infame esclavitud (…) Legisladores, la infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley que la conservara, sería la más sacrílega. ¿Qué derechos se alegaría para su conservación? Mírense este delito por todos los aspectos, y no me persuado a que haya un solo boliviano tan depravado, que pretenda legitimar la más insigne violación de la dignidad humana. ¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad! Una imagen de Dios puesta al yugo como el bruto! Dígasenos ¿dónde están los títulos de los usurpadores del hombre? La Guinea nos lo ha mandado, pues el África desvastada por el fratricidio, nos ofrece más que crímenes. Transplantadas aquí las reliquias de aquellas tribus africanas ¿qué ley o potestad será capaz de sancionar el dominio sobre estas victimas? Trasmitir, prorrogar, eternizar este crimen mezclado de suplicios, es el ultraje más chocante. Fundar un principio de posesión sobre la más feroz delincuencia no podría concebirse sin el trastorno de los elementos del derecho, y sin la perversión más absoluta de las nociones de deber. Nadie puede romper el santo dogma de la igualdad. Y ¿habrá esclavitud donde reina la igualdad?”         

 Condenaba con estas palabras a la relación económica esclavista, entendía que no se podía avanzar en la forma de nueva república manteniendo la relación económica caduca que sustentaba a la dominación española.

Sin embargo, perdió aquella su más importante batalla, no supo, el vencedor de los españoles, librarse del cerco que le impuso la neoligarquía y, aún teniendo la fuerza de su prestigio y de su ejercito, a pesar de tener de su lado el ímpetu libertario de los pueblos, no consiguió establecer una nueva relación económica que le diera base al nuevo espíritu libertario y sucumbió frente a la coherencia teórica y practica de la nueva dominación propuesta por la neoligarquia representada en Páez y Santander. De esta manera el torrente histórico liberador de estos pueblos se postergo, no obstante, aparece protagonizando la pugna en los episodios más relevantes de nuestra historia republicana. Se puede decir que nuestra historia es la historia de la pugna entre los sueños libertarios de Bolívar y los embates de las oligarquías por ahogarlos.

Hoy aparece de nuevo la pugna histórica, Las palabras de Marti tienen vigencia cuando se pregunta por el destino del Bolívar, derrotado por sus antiguos compañeros convertidos en príncipes oligarcas:  “¿Adónde ira Bolívar? Y sentencia: ¡Al brazo de los hombres para que se defiendan de la nueva codicia y del terco espíritu viejo, la tierra donde será más dichosa y bella la humanidad!

Razón tenía Marti, Bolívar esta aquí en los brazos de los latinoamericanos, para defender su ideal. Esta vez, el proyecto Bolivariano esta maduro, ha acumulado la experiencia de siglos de lucha, se ha enriquecido con la teoría de los revolucionarios del mundo. El reto es el mismo. Así como en la época de la independencia fue derrotada la oligarquía española que representaba el enemigo externo, hoy ha sido derrotada la oligarquía de hoy, agente del enemigo externo de los sueños bolivarianos, Ahora tal como en aquella época, surgió una neoligarquia que derroto al Libertador, surgen hoy los mismos designios de Páez y Santanderes, y el peligro real de que los sueños sean nuevamente postergados.

El primer paso para no sucumbir en esta confrontación es reconocer los campos en pugna, establecer como se expresan hoy las ideas de la restauración (Páez y Santander) y las ideas de la liberación (Bolívar). De esta manera sabremos donde poner el énfasis de la lucha, reconoceremos el objetivo principal y no nos perderemos atacando objetivos subalternos, que distraen y facilitan el avance del enemigo.

El bolivarianismo entiende que la suma de felicidad y la mayor suma de seguridad no es posible sin la integración humana de los Pueblos. Esto significa que es necesario, en primer lugar, el desarrollo en la región de formas económicas que permitan esta integración, es preciso avanzar hacia formas políticas, éticas, sociales que armonicen con esa integración. Es decir, una economía social que sustente una ética de la solidaridad y del deber social, una sociedad organizada para la vida.

Por su parte, los restauradores neoligarcas de hoy, los neoPáez y neoSantanderes, se aferran al desarrollo de formas económicas antihumanas y mezquinas, anacrónicas, no sociales. A lo sumo proponen formas de egoísmo colectivo que disfrazan de social, que además conspiran contra la integración de los pueblos de la América del Sur. Este planeamiento básico, tiene una expresión política necesariamente contrarrevolucionaria, ya que no se compagina un desarrollo mezquino capitalista, en cualquiera de sus versiones, con una forma política de participación popular, porque la economía egoísta del capitalismo siempre será una forma solapada de dictadura, porque tiene necesidad de mantener al pueblo ignorante, reprimido.

Lo confrontación de 1830 se manifiesta nuevamente en la Venezuela de la Revolución bolivariana. Estamos seguros, que esta vez, los sueños de Bolívar serán concretados.

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