Por los senderos de la integración latinoamericana

El Mercosur y El Alba

Por Héctor Fraginals de la Torre *

 

         Muy interesante resulta el actual escenario económico mundial: la tasa de crecimiento económico medio alcanzó el 5% en el 2004, considerado el mayor crecimiento de los últimos treinta años, pero ya se prevé su disminución en este y los próximos años, marcando así su carácter inestable y  convulso en medio de la tendencia decreciente de la media del PIB anual de los principales países capitalistas en las últimas décadas. En el caso particular de América Latina se espera un crecimiento económico de alrededor del 3,5% en el 2005, pero se pronostica también un año de estancamiento en materia de empleo y cobertura social con cifras de alrededor de 19 millones de personas sin empleo y 22 millones de niños realizando cualquier actividad que les permita sobrevivir (1)

         Expresión de esta crisis económica sistémica es la creciente depreciación del dólar norteamericano en relación al euro, yen y demás monedas, consecuencia del inmenso déficit externo e interno de Estados Unidos, la mayor economía capitalista mundial. Todos evalúan que un ajuste, ya sea gradual o negociado o brusco, será inevitable, lo que provoca incertidumbre en la economía mundial.

         Este panorama tiene repercusiones directas en las economías de los países latinoamericanos poniéndose de manifiesto el fracaso del llamado “Consenso de Washington” y de la aplicación de las políticas neoliberales. La situación demanda por tanto, hoy más que nunca antes, la elaboración y puesta en práctica de proyectos y alternativas de integración entre países de nuestra región.

         Tres premisas constituyen los pilares de la integración latinoamericana:

         En primer lugar, desde próceres independentistas como Francisco de Miranda, Bernardo O´Higgins, Simón Bolívar, Domingo Faustino Sarmiento, José Martí y el Barón de Río Branco hasta líderes actuales de la talla de Chávez y Fidel, los procesos de integración han sido parte del histórico ideario latinoamericanista y caribeño. Abundantes ejemplos dan fe de lo anterior.

         En segundo lugar, la integración se reafirma en el presente como el único camino para enfrentar, con la fuerza que da la unión, las pretensiones del gran capital en su actual fase de desarrollo.

         En tercer lugar, considerando que los acuerdos y procesos de integración forman parte de propuestas alternativas concretas, su carácter, contenido, eficacia y profundidad serán expresión de las características del proyecto alternativo que los generó.

         Profundizando en las premisas mencionadas y abordándolas en el mismo orden expuesto, resulta muy interesante la extraordinaria vigencia del pensamiento de los grandes libertadores latinoamericanos en lo que respecta a los temas de integración: José Martí, apóstol de la independencia cubana, por ejemplo, apuntó que “las verdaderas relaciones entre los pueblos latinoamericanos deben constituir relaciones de cooperación regional basadas en el respeto, la justeza, la igualdad y las posibilidades reales de cada uno de dar y recibir”(2).

         La cooperación de la que habló Martí resulta ser, sin duda, el primer paso hacia la nueva integración. Esa cooperación debe basarse en lo que cada cual pueda aportar para el bien común y constituirá el eslabón básico de las necesidades políticas de construcción de confianza que posibilitarán el paso posterior a proyectos más ambiciosos. El ejemplo de la solidaridad cubana con otros pueblos, materializada fundamentalmente en los importantes renglones de la salud, la educación y el deporte, se inscribe en los principios de cooperación martianos.

         El pensamiento integracionista latinoamericano ha estado presente, con marcado énfasis, en el contenido de los programas revolucionarios y transformadores que han tenido lugar en nuestro continente, el reciente ejemplo de la revolución venezolana es pródigo en este sentido al retomar el ideario bolivariano de la plena integración de los pueblos de América Latina y el Caribe y el fomento del multilateralismo y la pluripolaridad. Sobre estas bases, este proyecto incluye iniciativas tales como la constitución de un Fondo Monetario Latinoamericano donde el aporte de cada cual esté relacionado con sus posibilidades reales, sea en metálico o en alimentos por ejemplo; consultar a los pueblos latinoamericanos sobre el tema del pago de la deuda externa y posteriormente crear un frente contra el pago de la misma y la conformación de una especie de OPEP latinoamericana que pudiera llamarse Petroamérica. Por su connotación, volveremos posteriormente a las diversas iniciativas venezolanas en términos de integración, en especial a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).

         De ninguna manera concebimos la elaboración de políticas de integración como escalones o pasos posteriores a las grandes definiciones programáticas nacionales, apreciamos este proceso como un todo. Al mismo tiempo que las fuerzas populares y democráticas formulan sus estrategias económicas y sociales alternativas, deben establecer las bases para una cooperación internacional y sobre todo regional, sin perder de vista el elemento objetivo de que el proceso de transnacionalización neoliberal a escala global ha conllevado, durante más de una década, el afianzamiento de las condiciones de integración subordinada de las naciones a los centros del capitalismo mundial, y esta integración subordinada se manifiesta en la economía, las formas políticas, la calidad de vida, las políticas sociales y también en las ideológicas. Sin embargo, resulta también evidente un desgaste de estas políticas neoliberales ante el triste panorama de las consecuencias que han tenido que pagar los pueblos a partir de su implementación y cada vez más se reclaman renovaciones. Este cuestionamiento creciente implica que la política que sirva para encontrar alternativas eficaces tendrá que ser diferente y opuesta al sistema vigente; su estrategia, por tanto, deberá ser anticapitalista y promotora de cambios sociales.

         Las consecuencias del actual orden capitalista de dominación están bien claras, sus herramientas también, Latinoamérica se desgasta con el pago de la deuda y el “libre comercio”, la agobia. La situación exige de acuerdos políticos entre países en la perspectiva de una integración de las economías y las resistencias regionales, los proyectos alternativos tienen que contemplar claras definiciones en términos de integración. Un buen ejemplo nos lo brindó el proceso venezolano, cuando refrendó en el artículo 153 de su Constitución promulgada el 24 de marzo de 2000: “La República promoverá y favorecerá la integración latinoamericana y caribeña, en aras de avanzar hacia la creación de una comunidad de naciones defendiendo los intereses económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales de la región.

         La República podrá suscribir tratados internacionales que conjuguen y coordinen esfuerzos para promover el desarrollo común de nuestras naciones, y que garanticen el bienestar de los pueblos y la seguridad colectiva de sus habitantes (...)”.

         A partir de iniciativas y proyectos como el venezolano se aprecian nuevas perspectivas en términos de integración en nuestra región: La actual dinámica de las relaciones internacionales permite pensar en un probable eje Brasilia-Buenos Aires-Caracas-Montevideo que agruparía una población de unos 240 millones de habitantes y que adquiriría aún mayor importancia por tratarse de una región considerada como autosustentable en alimentos, energía y producción industrial.

         Dos de los proyectos integracionistas de más significación en América Latina en la actualidad son el ALBA y el MERCOSUR. Ambos constituyen alternativas al ALCA, sin embargo es importante destacar sus matices: el Mercosur ha ido transitando desde su concepción inicial de tratado de libre comercio funcional al proceso de penetración del capital transnacional, hasta lo que es hoy, un proyecto con pretensiones más precisas y abarcadoras no solo en lo económico sino también en lo social y político, mientras que el ALBA constituye un proyecto integral que busca la transformación de las sociedades latinoamericanas para hacerlas más cultas, participativas y solidarias y se concibe como un proceso que elimine las desigualdades sociales y fomente la calidad de vida y la participación efectiva de los pueblos en la conformación de su propio destino (3).

         Veamos, entonces, otros elementos centrales de estos dos proyectos de integración.

         El propósito de revitalizar el Mercosur fue presentado por Brasil en el “Programa de Trabajo del Mercosur 2004-2006” que definió una construcción económico-comercial, física y energética, científica y tecnológica, social e institucional del bloque, aprobada en la reunión de Montevideo en diciembre de 2003. En este contexto integrador han representado Brasil, Venezuela y Argentina, tríada a la que en la actualidad se suma Uruguay, con los pronunciamientos y compromisos en tal sentido realizados a partir de la llegada al gobierno del Frente Amplio en la figura del presidente Tabaré Vázquez.

         El 26 de marzo de 1992 nació el Mercosur con el llamado “Tratado de Asunción”, firmado en esa capital sudamericana por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Hoy, el accionar de esta organización transcurre en medio de reiterados intentos por convertirse en una Unión Aduanera, conserva el objetivo estratégico de evolucionar  hacia el estatus de “mercado común” y contempla el futuro establecimiento de una moneda única. Considerando los totales de territorio, población y PIB de Sudamérica, el Mercosur representa el 70; 64 y 60%, respectivamente.

         Una de las últimas reuniones del Mercosur tuvo lugar en la localidad de Ouro Preto, Minas Gerais, Brasil, en diciembre de 2004, con la  asistencia de nueve jefes de Estado, trece ministros de Relaciones Exteriores y nueve representantes de países y grupos regionales. Allí se reafirmó el compromiso con la Unión Aduanera al decidirse eliminar el doble cobro de la tarifa exterior común. En esta dirección fueron adoptadas una serie de decisiones tales como la creación del “Fondo para la Convergencia Estructural”; la “Reglamentación del Protocolo de Compras gubernamentales”, el “Forum Consultivo de Municipios, Estados Federados, Provincias y Departamentos de Mercosur”; un pasaporte único entre países miembros y acordadas las medidas preliminares para el Parlamento del Mercosur hasta diciembre de 2006.

         En la reunión escrita se acordó la incorporación, en la condición de Estados Asociados de Venezuela, Ecuador y Colombia; ya disfrutaban de este estatus Bolivia, Chile y Perú con lo que el Mercosur suma cuatro socios originales y seis asociados, importante paso en el camino de reforzar la concepción de la recién promulgada Comunidad Sudamericana de Naciones y convertirse en un destino y una opción estratégica en la búsqueda del desarrollo soberano de estos pueblos y naciones en contraposición a las pretensiones de dominación de las potencias hegemónicas, especialmente del imperialismo norteamericano.

         El otro referente de integración que queremos comentar es la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), propuesta basada en los principios de beneficio mutuo y complementariedad que surgió como una de las importantes iniciativas integradoras anunciadas por el presidente venezolano Hugo Chávez.

         En el más puro espíritu del ALBA los presidentes de Venezuela y Cuba, Hugo Chávez Frías y Fidel Castro Ruz, suscribieron el 14 de diciembre de 2004 en La Habana -a nombre de sus respectivos gobiernos y pueblos- un importante documento donde ambos países acordaban ejecutar inversiones de interés mutuo bajo formas de empresas mixtas, producciones cooperadas y otras modalidades de asociación; aplicar principios de reciprocidad en los acuerdos comerciales y financieros que se concreten entre las partes; eliminar los aranceles y barreras a las importaciones de uno u otro país; eximir de impuestos sobre utilidades a las inversiones de entidades cubanas en Venezuela y viceversa; facilidades preferenciales a barcos y aeronaves; intercambio de paquetes tecnológicos integrales y otros, pero quizás el contenido más ilustrativo del acuerdo como expresión de la esencia del ALBA, está en artículos como estos:

         En la parte de los acuerdos generales:

         Artículo 5: Ambas partes trabajarán de conjunto, en coordinación con otros países latinoamericanos, para eliminar el analfabetismo en terceros países, utilizando métodos de aplicación masiva de probada y rápida eficacia, puestos en práctica exitosamente en la República Bolivariana de Venezuela. Igualmente colaborarán en programas de salud para terceros países.

         Artículo 10: Ambos gobiernos impulsarán el desarrollo de planes culturales conjuntos que tengan en cuenta las características particulares de las distintas regiones y la identidad cultural de los dos pueblos.

         En la parte de las acciones propuestas por la parte cubana:

         7mo: Cuba ofrece 2000 becas anuales a jóvenes venezolanos para la realización de estudios superiores en cualquier área que pueda ser de interés para la República Bolivariana de Venezuela, incluidas las áreas de investigación científica.

11no: Cuba pone a disposición de la Universidad Bolivariana el apoyo de más de 15.000 profesionales de la medicina que participan en la Misión Barrio Adentro, para la formación de cuantos médicos integrales y especialistas de la salud -incluso candidatos a títulos científicos-, necesite Venezuela y a cuantos alumnos de la Misión Sucre deseen estudiar medicina y posteriormente graduarse como médicos generales integrales, los que en conjunto podrían llegar a ser decenas de miles en un período no mayor de diez años.

         En la parte de las acciones propuestas por la parte venezolana:

         1ro: Transferencia de tecnología propia en el sector energético.

         4to: Venezuela ofrece las becas que Cuba necesite para estudios en el sector energético u otros que sean de interés para la República de Cuba, incluidas las áreas de investigación y científica.

         5to: Financiamiento de proyectos productivos y de infraestructura, entre otros, sector energético, industria eléctrica, asfaltado de vías y otros proyectos de vialidad, desarrollo portuario, acueductos y alcantarillados, sector agroindustrial y de servicios.

         En el marco de la suscripción del ALBA, se firmaron en La Habana en los días finales de abril del presente año alrededor de medio centenar de acuerdos de colaboración que abarcaron sectores tales como la energía, el petróleo, el níquel y la agricultura. Venezuela abrió sendas representaciones en La Habana de la petrolera PDVSA y del Banco Industrial. Cuba, por su parte, adquirirá inicialmente 412 millones de dólares en productos venezolanos y se analizan 11 proyectos de empresas mixtas. Además, se anunció la ampliación del plan conjunto de cuidado a enfermos de la vista con bajos recursos, que en la actualidad abarcará la atención en La Habana, de forma gratuita, de 100.000 latinoamericanos (4)

         Hemos reflejado antecedentes, premisas y trayectoria de la integración latinoamericana, analizando dos de los proyectos más representativos de los actuales esfuerzos por unirnos en pro de detener y revertir los propósitos del actual sistema de dominación imperialista que en nuestra área se concretan en el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), acuerdo que no se limita a los ya de por sí desventajosos postulados del llamado “libre comercio”, sino que constituye un verdadero plan de neocolonización de las Américas mediante la absorción de nuestras economías. Simón Bolívar alertaba sobre los acuerdos con los poderosos cuando señalaba: “Cuando se hace el pacto con el fuerte, ya es grande la obligación del débil”(5)

         Resulta evidente que los proyectos de integración de América Latina y el Caribe requieren de una renovada atención y una actualizada reflexión acerca de sus alcances y posibilidades, así como de una decidida voluntad política, no solo en la dirección de sumarse a este proceso integrador, sino para poder compatibilizar alternativas de diferente alcance.

         Del análisis realizado podemos resumir:

*  Los proyectos de integración tienen carácter multidimensional e implican decisiones y acciones simultáneas en varios campos de la vida política, económica, social y cultural de los pueblos.

* La integración debe constituir un instrumento clave de las estrategias de desarrollo económico y social y de las políticas económicas y comerciales, con vistas a enfrentar el actual orden internacional impuesto por los centros de poder monopólico transnacional.

* La integración es una necesidad y un imperativo que debe concebirse de manera integral, con un alto contenido política ya que acelera y profundiza los vínculos económicos, sociales y culturales entre las sociedades que la conforman.

Publicado en Cuba Socialista N ° 34 (abril-junio 2005)

Notas:  

1.- Declaraciones del director Regional para América Latina de la Organización Internacional del Trabajo, Daniel Martínez. Cable de la Agencia AP fechado en La Habana, 29-3-05

2.- “Análisis de coyuntura”, publicación de la Asociación para la Unidad de Nuestra América, La Habana, Cuba, Nro. 4, julio 2000, p. 6

3.- Cable de Prensa Latina fechado en La Habana, 15 de diciembre de 2004

4.- Cable EFE fechado en La Habana, 29 de abril y cable ANSA fechado en La Habana, de igual fecha

5.- Ponencia Partido de los Trabajadores de México durante Seminario “Los Partidos en la Nueva Sociedad”, México D.F. 4-6 marzo 2005

 

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