Textos clave para comprender la realidad contemporánea 
con respaldo en la historia del marxismo revolucionario

Estudiar: deber de la militancia

    En los 30 volúmenes que lleva publicados, Crítica de Nuestro Tiempo jamás apoyó una argumentación en la cita de un clásico. El análisis y la conclusión por petición de principio nos son ajenos. El dogmatismo, tanto como el pensamiento basado en la lógica formal y la traslación mecánica de circunstancias, son contrarios a toda búsqueda objetiva, sistemática. Es decir, contrarios a todo criterio científico. El autor endiosado y la cita esgrimida como tabla de Ley (no importa el nombre o el tema), cuando ocupa el lugar del estudio y el razonamiento, es mero fetichismo: expresión más atrasada aun que el pensamiento religioso.

    El lema que domina la página 2 de Crítica en cada edición habla por sí mismo: “Nosotros no anticipamos dogmáticamente el mundo, sino que queremos encontrar el mundo nuevo a partir de la crítica del viejo”. Es una cita -de Marx- que invalida toda cita como criterio de verdad. Y a esa crítica del viejo mundo -éste en el que vivimos- nos hemos abocado.

    Desde luego rechazamos de manera tajante la idea de que el pensamiento comienza con nosotros. Por eso la realidad que vivimos la estudiamos con herramientas forjadas en siglos de esfuerzo humano, manual e intelectual. O, para ser más precisos, tratamos de estudiarla así.

    Los textos que siguen son una contribución al estudio, al análisis objetivo, al ejercicio de la responsabilidad de quienquiera se anime a emitir una palabra enderezada a cambiar el mundo. Hay más voluntades revolucionarias que personas conscientes de que para vencer a las clases dominantes locales e imperiales, la voluntad es condición necesaria pero no suficiente. Pocos pondrán en entredicho la conocida sentencia: “no hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaria”. Otra cosa es trabajar lo suficiente para afirmarla.

    La militancia revolucionaria debe estudiar. Nada se repite, pero la secuencia histórica tiene una lógica que puede ser aprehendida y ofrece lecciones ineludibles, aunque siempre el escenario sea diferente y, por ello, diferentes la respuestas apropiadas.

    Sería impropio comparar la Argentina de 2002/2005 con la Alemania inmediatamente anterior a la ascensión de Hitler. Pero el mundo está ante una reiteración desmesurada del nazifascismo, con centro en la Casa Blanca. Por eso es instructivo observar el paralelismo entre el macrizquierdismo de hoy en Buenos Aires (a propósito de la tragedia ocurrida en un local de baile para jóvenesel 30 de diciembre pasado) y los criterios que movieron a los partidos Socialista y Comunista en el período prenazi. Como entonces, los desvíos teóricos y políticos de hoy se proyectan a escala nacional, latinoamericana e internacional.

    Hace algunos años, cuando el Movimiento al Socialismo era una organización de envergadura y junto con el Partido Comunista formaba la primera Izquierda Unida, comenzó a utilizar en las marchas, cada vez más rituales y asiduas, dos recursos nuevos en la tradición de las izquierdas: insultos del tono más soez contra los gobernantes y... explosiones de bengalas a la cabeza de sus columnas.

    Dos décadas después, remanentes de esa organización hoy desaparecida, no parecen tomar cuenta de que jóvenes despolitizados y -como se vería luego en el correr de las protestas por la muerte de casi dos centenares de ellos- furiosamente antipartidos, habían contribuido al desastre lanzando bengalas como forma de expresión exultante. Luego, al marchar contra el gobierno de la ciudad, proferían insultos contra un individuo pero no aludían ni por asomo al sistema que produjo el crimen, como si fuese posible lograr justicia derrocando a un funcionario.

    Las bengalas que incendiaron el siniestro local de comercio musical tienen antecedentes en la conductas que fuerzas políticas proclamadas revolucionarias presentaron como prácticas aceptables. El tenor de las consignas de los jóvenes que se rebelan contra la muerte de amigos y familiares se cimenta en consignas originarias de quienes, violando incluso sentimientos muy hondos, transformaron la bella y significativa palabra compadre en recurso de consonancia con un agravio más cobarde que grosero.

    Más aun que en el mundo físico, en la vida política nada se pierde, todo se transforma. Nuestra intención es que, a diferencia de los ejemplos aludidos, estos Documentos para la Militancia puedan contribuir a una práctica política revolucionaria capaz de rescatar a nuestra degradada sociedad de la ciénaga a la que ha conducido el capitalismo.

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