Historia
Reflexiones acerca de una posible
integración
de las colonias españolas en el siglo XIX
Por Mercedes Balech
Al analizar los procesos históricos, es imprescindible distinguir las diversas características de cada una de ellos y del mundo en general para poder comprender las tareas pasibles de ser desarrolladas en cada situación, ya que es muy común juzgar lo pasado con una mirada actual y distorsionar así los hechos.
En el Siglo XIX existieron para las colonias españolas en América dos tareas esenciales: La independencia de España y la constitución del Estado Nación. La primer tarea pudo ser realizada en unos quince años mientras que la segunda resultó sumamente ardua, por lo que es dable inquirir en los motivos de tales escollos. Como elementos favorables para una integración se citan la identidad idiomática, religiosa, y el hecho de ser colonias de un mismo país. Pero mucho más poderosas eran, a nuestro entender, en el Siglo XIX las fuerzas centrífugas la inmensidad territorial de un continente poco poblado, con grandes distancias y dificultades de comunicación, con insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas y regiones con escasa relación entre las mismas, excepto algunos polos de desarrollo. A ello se agrega un problema demográfico (notable en el Rió de la Plata, una buena parte de la población se hallaba fuera del mercado, indios, esclavos, sirvientes) y en general relaciones de producción pre - capitalistas. La unión que existía entre estas colonias era meramente la de la burocracia española.
Una de las ocasiones históricas que se señalan como oportunidades para establecer una unión americana lo constituyen los acontecimientos del año 1810 con los movimientos revolucionarios desencadenados por esa época y favorecidos por los acontecimientos en España. Este país se había convertido en un mero intermediario del cual se beneficiaban únicamente aquellos comerciantes ligados al monopolio español, mientras que en América los pueblos deseaban mayores posibilidades de comercio y colocación de sus mercaderías, las cuales eran requeridas por el creciente capitalismo. En la práctica surgieron naciones sin claras fronteras, pero que se reconocían con el nombre de “Americanos”. Que si bien nunca se encarna en naciones determinadas y constituidas (no existió nunca una Nación Latinoamericana), indica la singular condición de esa región del mundo y sus habitantes.
Aquí surgen dos tareas a realizar simultáneamente: la lucha militar por la independencia y la constitución de Estados.
Reiteramos la necesidad de ubicarse en los puntos de vista y principalmente en la dinámica en que debían moverse sus protagonistas. Las erróneas caracterizaciones de carácter simplista suelen desembocar en falsas antinomias que llegan a la actualidad (formas constitucionales, monarquías, centralismo, federación, confederaciones, etc). Una rigurosa observación de la realidad objetiva y el estudio de los procesos ocurridos nos confirma en nuestra opinión negativa en cuanto a la factibilidad de una concreción de Estados consolidados.
Simón Bolívar, José de San Martín y Bernardo de Monteagudo son posiblemente arquetipos de una lucha en pos de la consecución de integración de las ex colonias españolas en América.
Simón Bolívar
Fue el más imbuido de la posibilidad de la unidad de las colonias españolas de América. A partir de 1810 dirigió las actividades pro-independentistas y pro-unidad americana; fueron quince años de denodadas luchas que incluyeron triunfos y derrotas en el terreno militar y graves conflictos en el orden de lograr una organización institucional. En Venezuela se formó una Primera Junta de gobierno el 19 de Abril de 1810 y el 5 de mayo de 1811 el Congreso emite la declaración de Independencia. Una obra admirable de una grandeza épica y moral.
En los años 1814 y 1815 los movimientos independentistas sufrieron grandes derrotas Y peligró el triunfo. Solo quedaba en poder de los patriotas parte del Virreinato del Río de la Plata, envuelto en conflictos. En esas circunstancias acuciado por San Martín y Manuel Belgrano, el Congreso de las Provincias Unidas reunido en Tucumán declara el 9 de Julio de 1816 la Independencia.
Bolívar, quien permaneció en Jamaica a la espera de poder regresar a su país para continuar la lucha, medita sobre el futuro de las ex colonias españolas. Veamos el periplo que recorre su pensamiento.
En 1815 Bolívar escribía: “No puedo persuadirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una gran República. Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación, con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tienen un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse, más no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América”.
A esta conclusión ha llegado el Libertador de ideas nunca desmentidas de tipo republicano. Los contrastes sufridos lo llevaban incluso, a considerar que ”... las instituciones perfectamente representativas, no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales (....) Venezuela (...) ha sido el más claro ejemplo de la ineficacia de la forma democrática y federal para nuestros nacientes Estados”. Reflexiona sobre la falta de conocimientos públicos de los criollos para el desempeño de las tareas enormes por realizar. La situación era compleja y hace esta aguda observación: “no somos indios ni europeos sino una especie de media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles (...) siendo nosotros americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar estos a los del país y que mantenemos en él contra la posesión de los invasores”.
Lejos estuvo El Libertador de abandonar la lucha. En Mayo de 1816 desembarca en Venezuela, mantiene la idea de una necesaria unión pero teme a la anarquía, por lo cual rechaza también el sistema federal propiciando una presidencia vitalicia, un sistema fuertemente centralista y derecho a elegir su sucesor. También proponía un vice-presidente con muy importantes atribuciones y la necesidad de contar con el apoyo de algún país poderoso que sirviese como reaseguro para sostener esa independencia política.
Bolívar, propicia la celebración de un Congreso de Naciones Americanas para el año 1824, con el objeto de constituir algún tipo de unión americana, pero esta convocatoria resulta negativa.
Será finalmente en la región del Alto Perú (posteriormente Bolivia), de cuyo territorio formaban entonces parte importantes provincias argentinas, el lugar donde se verificará el fin de las guerras de independencia. Zona de mil encrucijadas donde vertieron su sangre criollos e indígenas y gentes de lejanos territorios; donde aún se conserva viva la gesta de Tupac Amaru y de Micaela Bastidas.
En cuanto a Bolívar prosigue su lucha en medio de conspiraciones y acechanzas y gravemente enfermo de tuberculosis concluye su vida con la amarga comprobación que la fragmentación de esos países era un hecho indetenible.
Ante el Congreso, Bolívar había declarado:...”¡Conciudadanos!. Me ruborizo al decirlo, la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos bajo vuestros soberanos auspicios”.
Bolivar muere el 17 de diciembre de 1830, tenia 47 años.
José de San Martín
Regresa a su patria en 1812 con el objetivo de combatir por la independencia de las colonias españolas. Su finalidad es clara y jamás desmentida.
A partir de su llegada a Buenos Aires comienza la preparación de lo que sería una gran empresa en lo referente a la independencia de las naciones americanas. El cruce de la cordillera constituye una hazaña notable: “Las dificultades que tuvieron que vencer para el paso de las cordilleras solo pueden ser calculadas por el que las haya pasado. Las principales eran la despoblación, la construcción de caminos, la falta de caza, y sobre todo de pastos. El ejército arrastraba diez mil mulas de silla y carga, mil seiscientos caballos y 700 reses; a pesar de un cuidado indecible solo llegaron a Chile cuatro mil trescientas mulas, quinientos once caballos en muy mal estado habiendo quedado el resto muerto o inutilizado en las cordilleras, dos obuses de a seis y diez piezas de batalla, que marchaban por el camino de Uspallata eran conducidos por mil quinientos milicianos con zorras y mucha parte del camino a brazo. Y con el auxilio de cuatro cabrestantes para las grandes eminencias. Los víveres para veinte días que debía durar la marcha eran conducidos a mula, pues desde Mendoza hasta Chile por el camino de Los Patos no se encuentra ninguna casa ni población y tienen que pasarse cinco cordilleras. La Puna o Soroche había atacado a la mayor parte del ejército, de cuyas resultas perecieron varios soldados, como igualmente por el intenso frío. En fin, todos estaban bien convencidos que los obstáculos que se habían vencido no dejaban la menor esperanza de retirada; pero en cambio reinaba en el ejército una gran confianza, sufrimiento heroico en los trabajos y unión y emulación en los cuerpos”.
Asimismo en su determinación de afrontar todas las dificultades dio la orden general siguiente: “(...) La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos: si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos tiene que faltar; cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajan nuestras mujeres, y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres, y lo demás no importa nada”. Desde el punto de vista militar diseña una estrategia que lo llevará a cruzar la cordillera de los Andes para desembarcar en el Perú sede de las autoridades y de las fuerzas realistas con un ejército chileno-argentino bajo su mando. Las fuerzas consiguen entrar victoriosas en Lima procediendo a declarar la independencia del Perú. Pero la situación no deja de ser difícil para lograr consolidar la victoria. Ha llegado el momento de la entrevista entre los dos Libertadores en suelo ecuatoriano. No entraremos a analizar lo tratado en esta entrevista protagonizada sin testigos por los dos Libertadores. Sin embargo es posible vislumbrar que no hubo una coincidencia total, sin que ello disminuya la grandeza de ambos. San Martín decide su renunciamiento a los cargos que ocupaba y retirarse de la vida pública. Al embarcarse para su regreso, Bolívar se traslada hasta el barco para despedirlo dejándole entre otros recuerdos un retrato suyo. Este retrato, según comentan los viajeros que lo visitarían en su exilio en Francia, estaba expuesto en la casa del libertador indicando el aprecio que San Martín mantuvo a través del tiempo hacia Simón Bolívar.
San Martín retorna desde Perú vía Chile, a Mendoza, Argentina donde es recibido con cierta desconfianza por algunos sectores y con ofrecimientos de cargos por otros. Esto lo decide a abandonar el país cumpliendo su idea de no intervenir en luchas intestinas.
En el año 1829, San Martín intenta un regreso a su patria. Es visitado en el barco por Juan Lavalle, que estaba sumamente comprometido y enredado en las guerras civiles de esos años. Esto motiva el regreso de San Martín a Europa sin descender del barco. Existe una carta que San Martín le envía a Lavalle en estos términos: “Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame usted, general le haga una reflexión a saber: Que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según su verdadera justicia, y de lo presente, según sus intereses, en la situación en que usted se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país, le servirá de un consuelo inalterable, sean cuales fueren resultado de la contienda en la que se halla usted empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás sino de usted mismo”.
En una carta dirigida al capitán inglés Basill Holl, expresa: “En el período de diez años de mi carrera pública en diferentes mandos y Estados, la política que me propuse seguir fue invariable en dos solos puntos y que la suerte y circunstancias más que el cálculo favorecieron mis miras, especialmente en la primera a saber: la de no mezclarme en los partidos que alternativamente dominaron en aquella época en Buenos Aires, a lo que contribuyó mi ausencia de aquella capital por espacio de nueve años. El segundo punto fue el de mirar a todos los Estados americanos, en que las fuerzas de mi mando penetraron, como Estados hermanos interesados todos en un solo y santo fin. Consecuente con este justísimo principio, mi primer paso era hacer declarar su independencia y crearles una fuerza militar propia que la asegurase”.
Asimismo en 1822 en su proclama de despedida a los peruanos dice: “Presencié la declaración de la independencia de los estados de Chile y Perú; existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el imperio de los incas y he dejado de ser un hombre público: he aquí recompensados con usura diez años de revolución y guerra.
Mis promesas para con los pueblos están cumplidas: hacer
su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos (..)
La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento
que tenga) es temible a los Estados que de nueve se constituyen (..) Peruanos:
dejo establecida la Representación Nacional, si depositáis en ella una entera
confianza, cantad el triunfo, sino, la anarquía os va a devorar.
Que el acierto presida a vuestros destinos y que estos os colmen de felicidad y paz”. Firmado: José de San Martín, (Pueblo Libre” 20 de septiembre 1822. “El Argos de Buenos Aires” número 87 del 16 de noviembre de 1822).
En sus últimos años vive con la sencillez que lo caracterizó toda su vida, falleciendo el 17 de Agosto de 1850 rodeado de su hija y nietos a la edad de 72 años.
Bernardo de Monteagudo
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“Monteagudo tiene un gran tono diplomático y sabe en
esto más que otros. Tiene mucho carácter, es muy firme, constante y fiel a sus
compromisos. Esta aborrecido en el Perú por haber pretendido una monarquía
constitucional, por su adhesión a San Martín, por sus reformas precipitadas y
por su tono altanero cuando mandaba; esta circunstancia lo hacen muy temible
a los ojos de los actuales corifeos del Perú, los que me han rogado por dios
que lo aleje de sus playas porque le tienen un terror pánico. Añadiré
francamente que Monteagudo conmigo puede ser un hombre infinitamente útil
porque sabe, tiene una actividad sin límites en el gabinete y tiene además un
tono europeo y unos modales muy propios para una corte; es joven y tiene
representación en su persona”. Simón Bolívar Carta del Libertador a Santander del 4 de agosto de
1823. |
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La polémica figura de Bernardo de Monteagudo merece sin duda un lugar destacado cuando se trata de las luchas en pos de la unidad de las nuevas naciones, ex colonias de España en América Hispana. Su corta vida fue de una intensidad y una pasión inigualables.
De acuerdo a las fuentes que parecen más confiables Monteagudo nació en Tucumán de padre nacido en Castilla La Nueva, su madre probablemente haya sido mestiza. Con este término fue tratado despectivamente en muchas ocasiones. De todos modos al trasladarse la familia a Chuquisaca cambia la vida de este mozuelo que lee ávidamente lo que llega a sus manos. En esa Universidad se recibe de doctor en Leyes cuando ya están llegando nuevos aires en las aulas universitarias e incluso en la ciudadanía. En el año 1809 se producen dos movimientos precursores de revoluciones independentistas. Estos intentos de independencia son ahogados por las autoridades peninsulares de forma brutal decretando penas de muerte y tormentos que horrorizan a la población. Esta imagen no se borrara más de ese joven de 19 años quien en el futuro tampoco vacilará ante los acontecimientos que le deparará el futuro. Al producirse la Revolución de mayo de 1810, adhiere fervientemente y acompaña a Juan José Castelli, que junto con Mariano Moreno fueron posiblemente las personalidades más revolucionarias de la Primera Junta.
Estaba constituida en Buenos Aires la Sociedad Patriótica; en los primeros tiempos de su desarrollo Monteagudo experimenta la influencia del brillante Carlos María de Alvear (uno de los acompañantes de San Martín en el regreso al país). Por razones políticas Alvear es defenestrado de su cargo de Director Supremo y Monteagudo debe atenerse a las consecuencias de su accionar. Esto determina su prisión primero y la orden de destierro. Sin vacilar se dirige inmediatamente a Chile donde ya se encontraba San Martín. Un año antes había tenido lugar el triunfo de Chacabuco. Monteagudo presencia la jura de la independencia de Chile cuya redacción le pertenece. La unión Argentino – Chilena esta en orden con sus ideas americanistas. Desde los comienzos de su actuación bregó por la unión. Ya siendo ministro de San Martín su actividad se multiplica aún más. Como vemos desde el norte (Venezuela) hasta las provincias del sur se va formando una unión de hecho en la lucha por la independencia.
En Chile se encontraban en disputa dos sectores, uno liderado por O´Higgins, quien es el Director Supremo, y otro por los hermanos Carrera. Al producirse un complot de estos últimos contra el gobierno, dos de los hermanos Carrera son apresados y llevados a un campo de detención en San Luis. El trágico saldo consiste en la ejecución de los Carrera. Este tema es aún discutido por diferentes historiadores y produjo un sentimiento de odio hacia Monteagudo por parte de algunos sectores.
Entre tanto se lleva a cabo la gran empresa del desembarco de las tropas Argentino – Chilenas en Lima. Allí entra triunfante San Martín en lo que constituía el centro del poder español en América del Sur. Es declarada la independencia del Perú y se convoca a un Congreso Constituyente. Pero la situación en Lima y en el sur de Perú dista de ser sencilla. San Martín no desconoce las fuerzas contrarias de todo tipo que deberá enfrentar. Monteagudo, cuya colaboración es solicitada por San Martín, fue Ministro de Estado y Relaciones Exteriores desde julio de 1821 a julio de 1822 y de Guerra y Marina hasta enero de 1822.
Esos años son a la vez de culminación de las guerras, surgimiento de nuevas naciones, discusiones acerca de formas de gobierno, traiciones, problemas prácticos, e influencias de otros países en cuanto a defender sus intereses. No pudiendo realizar un intento de síntesis, solo nos dedicaremos a señalar en qué dirección fueron los esfuerzos de los hombres más esclarecidos. Monteagudo, cuyas ideas han ido evolucionando ante las dificultades de varios años de lucha, medita acerca de las cuestiones inherentes a lograr la Constitución de un país ya no es la misma prédica de las épocas en que escribían “La Gaceta de Buenos Aires” ni “Mártir o Libre”, pero su percepción política nos muestra la agudeza de quien comprueba en la práctica que las Naciones Americanas del Sur no repetirán en su desarrollo el mismo recorrido que las naciones europeas.
En una Memoria, escribió: “Sobre los principios políticos que seguí en la administración del Perú y acontecimientos posteriores a mi separación”.
“(...)Luego que tome posesión de él (funciones), conocí que se me abría un vasto campo de gloria y de peligros. Confieso que amo la gloria con pasión y que los peligros, después de catorce años que he vivido en ellos, han perdido para mí, el prestigio que los hacía formidables. Sin embargo, como esto no basta para llenar grandes deberes, desesperaba de todos mis recursos, menos de mi celo: este es infatigable, porque nada sé emprender a medias; mis enemigos no negarán que mientras he tenido carácter público, yo he trabajado más de lo que podía esperarse de un solo hombre: la constancia dependía de mí solo, el acierto era obra de las circunstancias.”
Con respecto a las ideas de gobierno que tantas discusiones provocaban dice: “Yo pienso que antes de decidir si las ideas democráticas son o no adaptables en el Perú, es preciso examinar la moral del pueblo, el estado de su civilización, la proporción en que está distribuida la masa de su riqueza, y las mutuas relaciones que existen entre las varias clases que forman aquella sociedad. He reducido a estos principios cuanto se ha dicho por los mejores maestros de la ciencia de gobierno y en su elección he seguido mis propias observaciones sin tomar ningún sistema por modelo. Mi plan es indicar hechos, que nadie ponga en duda, y que cada uno amplíe sus reflexiones hasta donde yo no pueda extenderlas, por miramientos que no será difícil penetrar.”
Estas cavilaciones nos hacen recordar a las que se planteaba Bolívar, en su carta de Jamaica. Qué lejos parecen las reflexiones llenas de optimismo de la primera época del joven Monteagudo, que volcaba en su “Ensayo sobre la necesidad de una Federación General entre los Estados hispanoamericanos y Plan de su Organización”. Este escrito de Monteagudo señala el punto máximo a que se llegó en cuanto a proyectos americanistas.
Hemos procurado mostrar, a través de algunos de sus protagonistas, cuestiones de vital interés para el nacimiento y organización de nuevas naciones. Por otro lado es esencial remarcar que el fracaso, en un determinado momento histórico no significa un fracaso absoluto. Los esfuerzos realizados por estos hombres no son una tarea vana, porque la historia continúa su curso y se aprende de nobles fracasos. Monteagudo fallece en Lima apuñalado en 1825.
En los procesos de integración que sin duda ocurrirán, América hispana y lusitana deberá afrontar un enorme desafió histórico.
En esta fase del capitalismo, transitando la más grave crisis de su historia, será imprescindible una concientización capaz de constituirse en una alternativa que no signifique una utopía.
BIBLIOGRAFÍA:
“Historia de Monteagudo”, Juan Pablo Echagüe, Ed. Espasa – Calpe. Buenos Aires 1949
“Mártir o Libre y Otras Páginas Políticas” Bernardo Monteagudo (Recopilación de Gregorio Weinberg) EUDEBA, Buenos Aires 1965.
“Simón Bolivar”, David Bushnell, Ed. Biblos, Buenos Aires 2002.
“Bolivar, Vida y Escritos del Libertador”, Felipe Larrazabal Tomos I, II, III, Ed. Presidencia de la República, Caracas, Venezuela 1999.
“José de San Martín, Textos de Ayer para la Argentina de Mañana...” Arte Gráfica y Editorial Argentina S.A., Buenos Aires, Abril 2002.
Historia de América Latina, Fascículos VIII XII y XIV, Colegio Nacional de Buenos Aires.