China y la parábola de una larga marcha
Por Ricardo Lobeto - Cristina Camusso
El camino que ha llevado a China del atraso y la miseria a ser una potencia con peso decisivo en la política mundial es corto. Está surcado por grandes paradojas, desde una movilización gigantesca de masas tras la socialización de la existencia material y social y la cuenta regresiva que culminara en las últimas décadas del siglo XX en la promoción de la economía individual (1992), la privatización de las empresas estatales 1995), con el despido de 25 millones de trabajadores/as en 1999, y el otorgamiento de tramos de la gran muralla para ser regentados por manos privadas.
El hecho histórico de dar alimento, abrigo, educación a millones de hambreados es la evidencia del poder y la fuerza de la apropiación colectiva de la riqueza frente a la lógica devastadora del lucro y la competencia individual. Encontrar en la transición las raíces que habilitaron a que el 11 de octubre de 1993, el Partido Comunista de China fijara en sus Resoluciones la conceptualización de socialismo de mercado como un avance en la teoría marxista es una labor trascendente para el pensamiento y la acción revolucionarias. La dirección china explicitaba entonces: “Al reformar el sistema de planificación, es necesario, ante todo, desechar el concepto tradicional que contrapone la economía planificada a la mercantil y adquirir una clara conciencia de que la economía planificada socialista presupone un consciente acatamiento y utilización de la ley del valor y es una economía mercantil planificada sobre la base de la propiedad social de los medios de producción. El pleno desarrollo de la economía mercantil representa una etapa ineludible en nuestro desarrollo socio-económico y un requisito indispensable para la modernización de nuestra economía ( ..) la nuestra es una economía planificada, o sea, una economía mercantil planificada, y no una economía de mercado totalmente a la merced de la acción reguladora del mercado ..” (1). En el itinerario recorrido por la Revolución China el vértice que avanzó fue el mercado.
Antecedentes que definieron rumbos
En la economía aldeana china regían rasgos colectivos con la vigencia de formas feudales. A este perfil se sumaría a lo largo del siglo XIX el sometimiento e injerencia de las potencias colonialistas y el yugo japonés acentuado en el siglo siguiente. La emergencia de las ciudades producto de la expansión del capitalismo europeo y francés proporcionó un desarrollo intelectual y de sectores obreros, en especial en la ciudad de Shanghai, no obstante lo cual la sociedad china no dejaba de ser la suma de aldeas rurales, donde primaban sólidos lazos personales con el agro (2).
En 1912 fue destronado el último emperador, lo que inicia otra fase de disputas de poder. En 1919 tuvieron lugar manifestaciones antiimperialistas de estudiantes en Pekín, contra los países ocupantes y los sectores feudales locales aliados. La burguesía china como cualquier otra, tenía como imperativo la conquista de mercados, que en este caso implicaba millones de hombres y mujeres, no podía por tanto conceder ante las peleas de caudillos locales, que a su vez comerciaban por la vía de los japoneses y colocaban en situación de riesgo la integridad territorial. El Kuomintang, partido de carácter nacionalista-populista burgués y su principal dirigente Chian Kai-shek (3) plantea el problema nacional como una válvula de escape a la confrontación de clase que se acelera en un clima de creciente movilización.
El 1º de julio de 1921 se realizó el Congreso inicial del Partido Comunista de China, su secretario general sería Chen Tu-siu, profesor universitario y creador de los círculos socialistas. Entre 1922 y 1925 se multiplican las huelgas, con conflictos obreros y manifestaciones en Shanghai, Hankow, Cantón. Acorde a los lineamientos de Stalin y la Internacional, los comunistas llevan adelante una política de insurrecciones armadas y movilizaciones proletarias en las ciudades. La línea de la IC no estará orientada al fortalecimiento de una fuerza comunista independiente -que crecía en el marco de la oleada de movilizaciones populares- sino que por el contrario impone al partido Comunista Chino soldar fuerzas con el ala izquierda del Kuonmitang.
En 1926 Chiang lanza una ofensiva militar contra el Norte y contrariamente a lo que preveía la IC dominada por Stalin, Bujarin y Zinoviev, su conducta no será la moderación. La invasión norteña producirá un proceso de revolución agraria, de insurrección de masas campesinas contra los opresores feudales, motorizará la sindicalización y la irrupción de los trabajadores urbanos, junto a una creciente influencia del Partido Comunista. Chiang ordena la prohibición de las huelgas, la supresión de los sindicatos y alienta la hostilidad contra los comunistas. En abril se realiza el V Congreso del PCCH. En el debate Mao Tse-tung y un grupo minoritario de delegados rechazan seguir colaborando con el ala izquierda del Kuomintang. La mayoría acuerda la continuidad, en sintonía con los mandatos soviéticos. Es la aplicación de la línea de soldar con el ala izquierda, idea reiterada y frustrada, que ha persistido hasta la actualidad de cambiar desde adentro.
En noviembre de ese año esa fracción se hace cargo del poder, los comunistas participan con dos ministros y acentúan su subordinación. El agravamiento de la crisis, la imposibilidad de lograr la unidad territorial se inscribe en un clima de alza revolucionaria. El gobierno se había trasladado a Pekín y el 14 de agosto de 1927 Chiang organiza un golpe de Estado contrarrevolucionario, arrasa con el movimiento de masas y las ligas campesinas; manda asesinar a decenas de millares de militantes revolucionarios.. La ciudad de Shanghai era un centro industrial y comercial, allí se desencadena en abril una huelga que culmina en una insurrección obrera aplastada por la represión militar, el resultado es una matanza generalizada; el 1º de agosto en Nanchang se forma el primer Ejército Rojo; en septiembre Mao dirige en Junán el “levantamiento de la cosecha de otoño”; en diciembre las fuerzas de derecha derrotan sangrientamente la Comuna de Cantón. Un ciclo se ha cerrado, se trata de un punto de inflexión y el inicio de otra historia en la Revolución China.
León Trotsky había alertado sobre la situación asiática, acerca de la gravedad de colocar al Partido Comunista detrás de la burguesía del Kuomintang, desde una clara afirmación de la independencia de clase. En vísperas del VI Congreso de la IC reunido a mediados de 1928, el centro del debate pasa a ser el problema de la construcción del socialismo en un solo país. Si bien esta visión fue esbozada en 1925, la discusión real se da en los dos años siguientes. Un tema que nunca había estado en cuestión bajo la dirección de Lenin en los primeros cuatro Congresos de la IC. El problema era cómo resolver la sobrevivencia por un largo período en medio del capitalismo mundial. La IC ata su política a esta concepción.
La Revolución China toma un curso defensivo. Después de la masacre, cae la dirección de Chen Tu-shiu y toma protagonismo Mao, que nunca confronta con la IC, pero organiza la retirada de los comunistas por un largo período. Se ha producido un hecho histórico, un cambio social en la base del Partido Comunista Chino, que deja de apoyarse en el proletariado urbano y direcciona su centro a los millones de campesinos del campo. Esta fase del proceso revolucionario se da en el marco de la asunción por parte de la IC de una política de subordinación, la reinstalación en el movimiento comunista del ideario de conciliación de clases que había sido el punto de ruptura de la II Internacional en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Esta dinámica se introduce en la III y en cada uno de sus partidos.
El VI Congreso de la IC es el preludio de un período más oscuro, llamado III Período, signado por el ultraizquierdismo, que aún con alguna base material en la realidad, no tiene sustento en la posibilidad de la estrategia revolucionaria. El soporte objetivo lo daba el inicio de una profunda crisis capitalista; eran los síntomas de la debacle de 1930, pero el momento de crisis revolucionaria había pasado, las masas estaban confundidas, se observaba una recuperación de la socialdemocracia que siete años antes era una cáscara política. Las masas oscilaban nuevamente en ese péndulo. Perdida la perspectiva revolucionaria, los trabajadores y campesinos confiaban en que algunas medidas reformistas mejoraran su situación. La onda ultraizquierdista lanzada por la IC mentía al señalar que el principal enemigo de los explotados y oprimidos era la socialdemocracia. Porque lo que era verdad en sentido estratégico, en cuanto al papel histórico de la socialdemocracia de claudicación con el capitalismo, era políticamente falso en la medida en que el capital comenzaba a preparar una de sus peores herramientas para derrotar a las masas y salir de la crisis: el fascismo y la guerra.
La IC propugna la teoría del socialfascismo, quebraba así la línea definida por la IC en tiempos de Lenin sobre el Frente Único Proletario y el Frente Único Antiimperialista. Después de este III Período el nuevo bandazo sería el Frente Popular. Del ultraizquierdismo a la conciliación con la burguesía nacional. Estos virajes impactarían con dramatismo en la China sublevada.
Trotsky en su trabajo sobre La Tercera Internacional después de Lenin, también conocido como “Stalin, el gran organizador de derrotas”, manifestaba al analizar la política seguida en el caso de China:
“Lenin exigía la distinción entre la burguesía del país oprimido y la del país opresor. Pero en ninguna parte ha presentado este problema (y no habría podido hacerlo) afirmando que la burguesía de un país colonial o semicolonial en la época de la lucha por la liberación nacional era más progresista y más revolucionaria que la burguesía de un país colonial en período de revolución democrática. En el plano teórico nada lo exige; la historia no lo confirma”.
Y continuaba: “El marxismo ha dicho siempre que las consecuencias revolucionarias de determinados actos que la burguesía se ve obligada a realizar en virtud de su situación serán tanto más decisivos, innegables y duraderos a medida que la vanguardia proletaria sea más independiente con relación a la burguesía y esté menos inclinada a dejarse atrapar en el engranaje burgués, a ensalzar a la burguesía, a sobreestimar su espíritu revolucionario y su aptitud para establecer el frente único y a luchar contra el imperialismo”.
Con relación a la derrota de Cantón y al futuro del curso revolucionario chino previó que (..) “precisamente cuando la dialéctica de clase de la Revolución, después del agotamiento de todos los demás recursos puso al orden del día la dictadura del proletariado y levantó a millones de oprimidos y desheredados de las ciudades y los campos, el Comité Ejecutivo de la IC situó en primer plano la fórmula de la dictadura democrática (es decir, de la democracia burguesa) de los obreros y los campesinos. La respuesta a esta fórmula fue la insurrección de Cantón que, a pesar de su carácter prematuro y de su dirección aventurera, muestra que la etapa nueva, la tercera, será la futura Revolución China”.
Hacia la década del 30 otra etapa está en curso. En enero de 1935 Mao es elegido presidente del Partido Comunista Chino y su línea de guerrilla rural y de organización de bases revolucionarias rurales para a ser la línea oficial del partido. Mao se convierte en la más alta autoridad política y militar de la Revolución. En 1931 el imperio japonés inicia la invasión a China, comenzando por Manchuria. Chiang Kai-shek abandona todo atisbo de nacionalismo y eleva una tibia protesta ante la Sociedad de las Naciones y emplea la fuerza militar contra los comunistas. Mao lanza un llamamiento para la constitución de un Frente Unido Nacional Antijaponés. El 7 de junio de 1937 los japoneses atacan Pekín y comienza la guerra chino-japonesa. El ejército chino permanece independiente pero combate al lado del ejército nacional de Chiang Kai-shek. Las relaciones con el Kuonmitang se deterioran hacia 1941 cuando las tropas nacionalistas provocan enormes pérdidas a los comunistas. En diciembre de 1941 los japoneses atacan la base norteamericana de Pearl Harbor y comienza la Guerra del Pacífico.
Mao y los comunistas debieron enfrentar la política de tierra arrasada de los japoneses sobre las áreas de acción comunistas y el bloqueo económico, político y militar impuesto por el Kuonmitang a las zonas rojas. El Partido Comunista acentúa la política de cooperativización del trabajo en el campo y la participación del ejército en labores industriales y agrícolas, pero lanza a su vez la campaña de rectificación con el propósito de fortalecer su unidad y disciplina interna. El partido es llamado a estudiar los textos de Mao y por primera vez su pensamiento es presentado como la “única aplicación correcta del marxismo-leninismo a la realidad china”.
Entre 1942 y 1945 en Jenán el VII Congreso del Partido Comunista Chino, Mao es reelegido presidente y propone en su informe “sobre el gobierno de coalición”, la creación de un gobierno democrático, expresión del Frente Unido Antijaponés. Mao discute personalmente con Chiang Kai-shek las condiciones para la formación de un gobierno de coalición mientras las tropas comunistas lanzan en todo el país una ofensiva general contra los japoneses. El 10 de agosto se firma el acuerdo. El 14 de agosto de 1945 Japón acepta la rendición incondicional luego de la masacre atómica de Hiroshima y Nagasaki.
Con la capitulación de Japón en 1945, los Tratados de Yalta habían dividido al mundo en áreas de influencia y Moscú estaba dispuesta a cumplimentar los acuerdos firmados con Chiang Kai-shek al margen de los comunistas. Volvía a reproducirse la situación de 1927. Por su parte Stalin presionó a los comunistas chinos para que siguieran la conducta de sus pares europeos, que luego de la victoria contra el fascismo (en la cual el Ejército rojo y la URSS habían sido decisivos con el costo de millones de muertos) desarmaron sus efectivos militares, entregaron los fusiles a la burguesía, renunciando así a la profundización y expansión del proceso revolucionario.
Mao logró imponer la visión de avanzar en la resistencia armada contra el Kuomintang. Los acuerdos entre nacionalistas y comunistas habían fracasado y se inicia la lucha armada.
Las tropas nacionalistas ocupan las ciudades evacuadas por los japoneses. La aviación militar norteamericana transporta a las tropas de Chiang a los centros ocupados por los japoneses para impedir que sean tomadas por los comunistas. Manchuria ocupada a su vez por la Unión Soviética, es devuelta a las tropas de Chiang. Para 1946 las relaciones con el Kuomintang están rotas y Mao impulsa “la Revolución hasta el fin”, aprovechando la coyuntura favorable para los comunistas con la derrota de Japón. El ejército de Chiang es ostensiblemente superior al de Mao, Stalin no creía en un triunfo comunista en China y por su parte Estados Unidos apoyaba con asesores militares y armas a Chiang Kai-shek. El Ejército Rojo en las zonas agrarias y montañosas de Shensi y en las zonas liberadas los comunistas realizan una reforma radical.
A fines de 1947 Mao anuncia que la guerra revolucionaria del pueblo chino llegó a un punto de viraje y que se está en condiciones de derrotar al Kuomintang a breve plazo y el régimen del Kuonmitang se derrumba. En abril de 1949 Mao teoriza sobre la necesidad de una nueva fase social de la Revolución China en la cual la fuerza motriz y guía del campo sería el sector moderno y urbano.
El 1º de
octubre de 1949 fue proclamada en una sala del palacio imperial de Pekín, la
República Popular China y Mao elegido presidente. El propósito volaba alto:
destruir de raíz la sociedad feudal y capitalista. Estaba enmarcado en un retroceso de las fuerzas
revolucionarias en el mundo y en medio de la presión atómica ejercida por
Estados Unidos.
Primera
etapa de la Revolución
Al quedar
formalmente establecida la República Popular de China y declarada la dictadura
democrática del pueblo, se constituye una amplia coalición de clases conformada
por los trabajadores, campesinos, pequeña burguesía y la burguesía nacional,
conducida por la organización de vanguardia del proletariado, el Partido
Comunista de China.
Durante los primeros años de gobierno la nueva dirección, altamente disciplinada y con una amplia experiencia administrativa adquirida durante la guerra, lanzó un plan de integración nacional y de reformas para enfrentar la abrumadora tarea de la reconstrucción económica del país.
En junio de 1950 se promulgó la ley de reforma agraria
que inicia el camino de los cambios en la posesión de la tierra y que se
acelera durante 1951/52 en el marco de una campaña contra los terratenientes y
los campesinos ricos. En esos años se desplegó una ofensiva contra los “tres
males”: la corrupción, el despilfarro y
el burocratismo, cuyo objetivo era aumentar la eficiencia, la disciplina y la
responsabilidad entre los funcionarios públicos, y contra “los cinco males”, el
soborno, la evasión de impuestos, el robo de los bienes del estado y el hurto
de informaciones económicas de organismos gubernamentales que apuntaba a los
hombres de negocios e industriales corruptos.
Segunda
etapa
En 1952 el Comité Central del Partido Comunista de China aprueba la línea general para lo que se denominó el periodo de transición al socialismo: “efectuar gradualmente y en un tiempo bastante largo la industrialización socialista del país considerada un prerrequisito lógico e indispensable para la independencia y la prosperidad del país y la transformación socialista por parte del estado de la agricultura, la artesanía y la industria y comercio capitalista”.
Los campesinos individuales pobres y medios fueron
impulsados a tomar el camino de la ayuda mutua y la cooperación, sobre la base
del principio de voluntariedad, provecho individual, demostración por ejemplos
y concesión de ayuda estatal.
Asimismo, fueron creadas una serie de formas
transitorias de capitalismo de Estado que, en el más alto nivel, significó la
transformación de las empresas industriales y comerciales capitalistas en
empresas mixtas estatal-privadas.
En 1953 se puso en marcha el Primer Plan Quinquenal basado en el modelo de los planes quinquenales soviéticos y dirigido a lograr el desarrollo de las industrias básicas. El plan contó con el apoyo de la URSS expresado por la firma de varios acuerdos de ayuda técnica durante los años 1953/54.
Durante el período de transición al socialismo, más precisamente en 1954, se reunió la Primera Asamblea Popular Nacional que promulgó la nueva constitución del Estado y eligió a las autoridades de la Republica Popular China: Mao Zedong fue elegido presidente de la Republica Popular China, Liu Shaoqui, jefe del Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo, y Zhou Enlai, primer ministro del Consejo de Estado.
A finales de 1956 se completó en casi su totalidad la
colectivización agraria y la transformación de la artesanía, el comercio
individual y la industria y el comercio capitalista. Pese a las resistencias
internas que surgieron por la velocidad impuesta a este proceso, a partir de
ese momento la empresa privada fue prácticamente abolida en China. Así, el VIII
Congreso del Partido Comunista de China celebrado
en septiembre de 1956, declaró que en el país “se ha establecido, en lo
fundamental, el sistema socialista”, que “la contradicción principal en el país
ya no es la existente entre la clase obrera y la burguesía, sino la
contradicción entre las demandas del pueblo por un rápido desarrollo económico
y cultural y el grado de desarrollo económico y cultural que no puede
satisfacer esas demandas” y por lo tanto “la tarea fundamental paso a ser la
protección y desarrollo de las fuerzas productivas en las nuevas relaciones de
producción”.
En 1958 el Partido Comunista de China lanzó el “Gran Salto Adelante”, campaña conducida bajo la nueva línea general de construcción de socialismo y dirigida a lograr grandes resultados en corto plazo en las tareas de la edificación socialista. Si bien la dirección del Partido Comunista de China estaba satisfecha en general por el cumplimiento del Primer Plan Quinquenal, los sectores encabezados por Mao opinaban que los objetivos del Segundo Plan Quinquenal, que comprendía desde 1958 hasta 1962, serían alcanzados en mejores condiciones si se elevaba el nivel político e ideológico del pueblo y se utilizaban más eficientemente los recursos destinados al desarrollo simultáneo de la agricultura y la industria. Esta comprensión llevó al partido a intensificar la movilización y el trabajo de educación política de las masas, esforzándose por conseguir un sistema político capaz de reconocer más rápida y profundamente sus necesidades. Esta empresa fue consumada mediante el movimiento “xiafang”, bajo el cual los cuadros de dentro y fuera del partido fueron enviados a las fábricas, comunas, minas y trabajos públicos a familiarizarse de primera mano con las condiciones de vida y necesidades populares.
La campaña del
“Gran Salto Adelante” se concentró en la creación en el campo y en algunas
zonas urbanas de las Comunas Populares. Hacia 1958, 750.000 cooperativas de
productores agrarios, ahora designadas como brigadas de producción, fueron
amalgamadas en 23.000 comunas promediando cada una 5.000 hogares o 22.000
personas. La comuna controlaba todos los medios de producción y operaba como
una única unidad contable. Estaba subdividida en brigadas de producción y
equipos de producción. Cada comuna fue planeada como una comunidad
autosuficiente en la agricultura, industria de pequeña escala, educación,
administración y cuidados infantiles. La implantación de las comunas era
asumida, además, como un medio para liberar mano de obra para proyectos mayores
como irrigación y construcción de presas, que eran parte imprescindibles del
plan de desarrollo de las fuerzas productivas. Un aspecto importante lo
constituía el hecho de que estas comunas significaban un ataque fundamental a
la familia tradicional donde el experimento de vida comunal se imponía.
Dormitorios comunes, por ejemplo,
reemplazaban el dormitorio individual del matrimonio nuclear y la
atención de los niños quedaba en manos de la comuna.
Probablemente
la desconfianza o, al menos, la falta de certeza sobre la continuidad de la
asistencia técnica, financiera y económica de la URSS, pesó en la decisión de
Mao de lanzar el “Gran Salto Adelante”. En esos momentos empezaba a perfilarse
lo que se llamó pocos años después
“Polémica Acerca de la Línea General del Movimiento Comunista
Internacional” y el Partido
Comunista de China hace públicas sus diferencias con el PCUS . En 1956 el órgano oficial del partido publica dos artículos cuestionando
afirmaciones del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética a
partir de una reafirmación de los principios del leninismo y del rescate de la
figura de Stalin en sus errores y aciertos, pero tratando de superar el solo
aspecto de la crítica al “culto a la personalidad” en el que se había centrado
el XX Congreso. Paralelamente, Jruschov calificaba al régimen chino de
“comunismo igualitario”, a las Comunas Populares como “reaccionarías” y a la
política exterior china de ”belicista y aventurera”.
La dirección
china rechaza las acusaciones de Jruschov sobre las arbitrariedades y
aplicación del terror por parte de Stalin, a
quien rescatan como línea de continuidad del marxismo-leninismo frente a
la Oposición de Izquierda. En 1963 reconocen que Stalin “cayó en el
subjetivismo y la metafísica y se apartó del materialismo dialéctico” y en
consecuencia “perdió a veces el contacto con la realidad objetiva de las
masas”. No explicitan crítica alguna sobre la colectivización forzada realizada
en el campo soviético de manera sangrienta y avalan el papel desempeñado por
Stalin en su “labor de liquidar a los contrarrevolucionarios” referido a
Trotsky y la Oposición de Izquierda. Es así como caracterizan los errores de
Stalin como “de carácter secundario”. Otro eje de enfrentamiento fue la Tesis
del PCUS de la “transición pacífica al socialismo por la llamada vía
parlamentaria”, a la que visualizan como la rendición de los objetivos de
Revolución y la conceptualización de la
lucha de clases.
En el 90
aniversario del nacimiento de Lenin el PCCH planteó como tareas centrales
“desarrollar la construcción socialista en nuestro país, a gran velocidad
convertir nuestro país en un período no muy largo en una gran potencia
socialista con una industria y una agricultura, una ciencia y una cultura
modernas, altamente desarrolladas”. Está perfilada la ausencia de una
perspectiva que enlace la posibilidad de edificar el socialismo sin la
extensión de la Revolución. La idea del
socialismo en un solo país, la defensa de Stalin permiten analizar qué bases se
afirmaban en distintos momentos de la transición: si el avance hacia el
socialismo o se minaba el movimiento con los gérmenes de las relaciones
capitalistas.
Era evidente entonces que los planes de desarrollo chinos no podían contar con la ayuda soviética indefinida e incondicionalmente y que el desarrollo de las fuerzas productivas debía apoyarse básicamente en la fuerza propia. Como era de esperar en medio de esa dinámica, entre 1959 y 1960 se dan por terminados los acuerdos entre la URSS a China de apoyo para la fabricación de armamentos, de ayuda económica y técnica y se retiran los técnicos soviéticos.
El “Gran
Salto Adelante” fue un fracaso económico que produjo una importante reducción
en la producción de alimentos (a la que también contribuyeron grandes desastres
naturales ocurridos en esos tiempos), falta de materia prima para la industria,
sobreproducción de productos de baja calidad, deterioro de las plantas
industriales, cansancio y desmoralización de los campesinos, intelectuales y
cuadros de todos los niveles del partido y el gobierno. En 1959, todavía bajo
la dirección de Mao, se iniciaron campañas para modificar la administración de
las comunas otorgándose algunos incentivos materiales a las brigadas y equipos
de producción, descentralizando el control y permitiéndose el retorno de las
familias a sus hogares individuales.
Las consecuencias
políticas del fracaso fueron considerables. En abril de 1959 Mao como
responsable del fiasco cedió su posición como presidente de la Republica
Popular, siendo reemplazado por Lui Shaoqi, pero mantuvo su posición como jefe
del Partido Comunista de China.
Pero en la reunión del Buró Político del Comité
Central realizada en Lushan en julio de 1959 Mao contraataca denunciando al
Ministro de Defensa Peng Dehuai, quien había criticado la política del “Gran
Salto Adelante” y denunciado los efectos adversos ocasionados en la
modernización de las fuerzas armadas, como revisionista y de estar alentado por
Nikita Krushchev y lanzó, por extensión, una “lucha contra la desviación de
derecha” en todo el partido. Luego de la Conferencia, Peng fue destituido y reemplazado
con Lin Biao, quien inició una sostenida purga de los partidarios de su
antecesor en las fuerzas armadas.
En 1960 el Comité Central del Partido Comunista de China asume la tarea de corregir los errores
del periodo del “Gran Salto Adelante”
en el trabajo rural. Bajo la titularidad de Mao, pero ya bajo la
influencia dominante de Deng Xiaoping, Liu Shaoqi, Chen Yun, Peng Zhen, Bo Yibo
y otros dirigentes “moderados”, El Comité Central
decidió aplicar medidas tendientes a reorganizar el sistema de comunas,
concediéndole mayor incidencia a los equipos de trabajo y las brigadas en su
propia planificación y administración, se reorganizó el Partido Comunista de
China y se tomaron medidas tendientes a mejorar la disciplina y alentar a los
cuadros del partido y del gobierno a erradicar la arrogancia en el trabajo
partidario, se restauró la autoridad de los directivos de la industria y
se orientó la planificación por
criterios realistas y de eficiencia. Además, se reivindicó a aquellos
dirigentes que meses antes habían sido objeto de crítica en la campaña contra
la “desviación de derecha”.
La
Revolución Cultural
A principios
de 1961 Mao estaba políticamente apartado y en estado de semirreclusión luego
del fracaso del “Gran Salto Adelante”. Sin embargo en 1962 en la X sesión
plenaria del VIII Comité
Central del Partido Comunista de China inició una ofensiva
para erradicar la tendencia capitalista y antisocialista que, según él,
avanzaba en el partido. Sostenía que los incentivos materiales que habían sido
restaurados luego del “Gran Salto Adelante” eran una fuente de corrupción de
las masas y, por lo tanto, eran contrarrevolucionarios. Para contrarrestar la
tendencia capitalista Mao lanza el Movimiento de Educación Socialista basado en
la consideración de que “la contradicción entre el proletariado y la burguesía
seguía siendo la contradicción principal en la sociedad china y que a lo largo
de todo el período histórico del socialismo, la burguesía no dejará de existir
y pretender la restauración de su dominación, y en esto se hallaba el origen
del revisionismo dentro del partido”. Era necesario aplicar correctivos a los
dirigentes que siguieran el camino capitalista.
Los desacuerdos internos ante esta campaña versaban no
tanto sobre el movimiento en sí mismo como por los métodos para llevarla a
cabo, más allá de que haya permitido solucionar en alguna medida problemas
relativos al estilo de trabajo de los cuadros y de la administración económica.
La oposición venía de los sectores moderados encabezados por Deng Xiaoping y Liu Shaoqi, a la sazón,
presidente de la Republica Popular.
El
Movimiento de Educación Socialista, antecedente inmediato de la Gran Revolución
Cultural Proletaria, fue rápidamente ligado a otra campaña cuyo lema era
“aprender del Ejército Popular de Liberación”. La elevación de Lin Biao hacia el centro del poder fortaleció dentro
del Ejército Popular de Liberación y el Partido Comunista de China la línea
asumir el “pensamiento de Mao” como guía principal del Movimiento de Educación
Socialista y para toda acción revolucionaria en China.
En conexión
con el Movimiento de Educación Socialista tuvo lugar una completa reforma del
sistema de enseñanza implantando un programa de trabajo-estudio en el cual los
estudiantes articulaban el estudio con trabajos en comunas y fábricas. El
propósito era doble: por un lado proveer educación a amplios sectores de masas
con menores recursos que los destinados originalmente y, por otro, reeducar a
los intelectuales y estudiantes mediante su propia participación en el trabajo
manual. Esta participación de los intelectuales en los trabajos manuales fue
presentado como un esfuerzo para remover la influencia burguesa de los
trabajadores profesionales, particularmente por su tendencia a tener mayores
consideraciones para sus propios campos de actividad que para los objetivos
generales del partido y el Estado.
Primera
fase de la Revolución Cultural
La circular
del Comité Central del Partido Comunista de China del 16 de mayo de 1966 da
estado público al proceso conocido como la Gran Revolución Cultural
Proletaria. La circular pone en conocimiento del partido que el Comité Central
del partido Comunista de China destituyó al grupo del Comité Central que tenía a su cargo la Revolución Cultural y nombró a un nuevo equipo
para esas tareas. Este documento está considerado como el documento
programático de la Revolución Cultural y cuestiona el “Informe esquemático”
relacionado con la obra dramática “La destitución de Jai Yui”, de Wu Han,
vinculado a las destituciones ocurridas dentro del partido después de la
reunión de Lushan de 1959. Según la Circular, el Informe “(...) oscurece la
aguda lucha de clases que actualmente se desarrolla en los frentes cultural e
ideológico y en particular oscurece el objetivo de esta gran lucha que es
criticar y repudiar a los representantes de la burguesía anti-Partido y
antisocialistas (existente un numero de tales representantes en el Comité
Central del partido y en los organismos partidarios, gubernamentales y otros a
los niveles central, provincial, municipal y de región autónoma)”, “viola la
tesis marxista fundamental de que toda lucha de clases es una lucha política”,
denuncia que “la apertura amplia (que) significa dejar que todo el pueblo
exprese libremente su opinión en el Informe significa libre realización
burguesa”, y confirma el principio de “que no hay construcción sin
destrucción".
En la
resolución del 8 de agosto de 1966, el Comité Central del
Partido Comunista de China define a la Gran Revolución Cultural Proletaria como
“una nueva etapa de la revolución socialista” en la que “el proletariado debe
propinar golpes despiadados y frontales a todos los desafíos de la burguesía en
el dominio ideológico y cambiar la fisonomía espiritual de toda la sociedad
utilizando sus propias nuevas ideas, cultura, hábitos y costumbres”. “En la
Gran Revolución Cultural Proletaria sólo se pude adoptar el método de dejar que
las masas se liberen a sí mismas”, “que se eduquen a sí mismas en el gran
movimiento revolucionario”. Pero ¿quiénes son los enemigos? “El blanco
principal del movimiento actual son aquellos elementos en el seno del partido
que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino capitalista”. Y “las
instituciones culturales y educacionales y los organismos dirigentes del
partido en las ciudades grandes y medianas son los puntos focales de la actual
revolución cultural proletaria”.
Retomando un
principio ya planteado durante el Movimiento de Educación Socialista, el
documento plantea que “la tarea principal de los estudiantes es estudiar, pero
deben también aprender otras cosas. Es decir, no solo deben estudiar los
libros, sino aprender el trabajo industrial, la agricultura y los asuntos
militares...”
El Comité Central hace una convocatoria clara –algo que sucede por primera vez- a una
amplia acción de masas dirigida contra el propio aparato del Partido Comunista
de China. En esencia lo que Mao y los intelectuales que conformaban el Grupo
del Comité Central encargado de la Revolución Cultural pensaban y proclamaban era que esta
Revolución Cultural era la primera de una serie de revoluciones políticas
dirigidas al derrocamiento de una clase por otra en el curso de la Revolución
Socialista. El IX Congreso iniciado en abril de 1969, consagró a esta teoría
como la continuación de la Revolución
bajo la dictadura del proletariado.
La oposición
dentro del partido era evidente. Por un lado estaba el grupo de Mao apoyado por
el Ejército Popular de Liberación. Por otro, la fracción dirigida por Deng
Xiaoping y Liu Shaoqi que tenía un importante poderío dentro de la maquinaria
regular del partido. Zhou Enlai permanecía leal a Mao pero trataba de mediar y
conciliar a ambas partes. Convencido que no contaba con el partido, al que
consideraba infiltrado por los capitalistas y la burguesía obstruccionista, Mao
se apoyó en Lin Biao y el Ejercito Popular de Liberación para contrarrestar a
aquellos a los que caracterizaba como “izquierdistas en la forma pero
derechistas en esencia”. El Ejército Popular de Liberación era ampliamente
alabado como una “gran escuela” para el entrenamiento de la nueva generación de
luchadores y líderes revolucionarios. El maoísmo también se apoyó en los
estudiantes de las escuelas medias, quienes junto con algunos estudiantes
universitarios, pasaron a conocerse como los “guardias rojos”. Millones de
guardias rojos fueron alentados por el grupo de la Revolución Cultural a
transformar su movimiento en un gran choque de fuerzas y a bombardear con la
crítica el cuartel general del Partido Comunista de China en Beijing y a todos
los niveles regionales y provinciales.
Las actividades de los guardias rojos fueron promovidas como un reflejo de la política de Mao dirigida a encender nuevamente el entusiasmo revolucionario y destruir los símbolos y los valores superados y contrarrevolucionarios. Las ideas de Mao, sintetizadas en el “Libro Rojo” se convirtieron en el patrón de comparación con el cual debían ser juzgados los esfuerzos revolucionarios.
Los “cuatro grandes derechos” (hablar claro y libremente, mantener grandes debates, ventilar las opiniones completamente; escribir los grandes posters callejeros “dazibao”) se convirtieron en un importante factor para alentar a los jóvenes a criticar a los rivales al interior del partido y fueron institucionalizados en la constitución del Estado promulgada en 1975. El resultado de la descontrolada crítica desarrollada por los órganos de control establecidos por los jóvenes chinos fue el desorden civil, los enfrentamientos entre grupos rivales de los Guardias Rojos y entre éstos y las autoridades locales. La organización del partido fue destrozada desde la cúpula hasta la base (el secretariado del Comité Central dejó de funcionar en 1966). Los recursos de la seguridad pública fueron severamente limitados. Frente a la inminente anarquía, el Ejército Popular de Liberación, la única organización que no había sido contagiada con el estilo de los Guardias Rojos, emergió como el principal garante de la ley y el orden y se convirtió de hecho en la autoridad política. Y a pesar que Mao llama al EPL a apoyar a la izquierda en muchos casos los comandantes militares regionales ordenaron a sus fuerzas reprimir a los militantes de izquierda para restaurar el orden. El Ejército Popular de Liberación también fue responsable por la aparición de los “comités revolucionarios”, una nueva forma de control local conformado por activistas de la Revolución Cultural, cuadros confiables y comandantes militares, que reemplazó a los comités locales del partido y de la administración del Estado, manteniendo frecuentemente gran poder. La marea radical comenzó a retirarse a fines de 1967, pero no fue hasta mediados de 1968 que Mao reconoce la inutilidad de la violencia revolucionaria. Deng Xiaoping y Liu Shaoqi y otros seguidores del camino capitalistas que habían sido purgados de la vida pública a principios de 1967 por Mao, estaban nuevamente al frente del comando político del país.
La primera fase de la Revolución Cultural culminó en abril de 1969 y el
fin fue formalmente señalado por el Noveno Congreso del Partido Comunista de China bajo el dominio del grupo de Mao,
quien fue confirmado como el líder máximo y Lin Biao promovido como su segundo
y sucesor. El Congreso también encumbró en el Buró Político a muchos que habían
acompañado la Revolución Cultural
mientras que un gran número de comandantes de las fuerzas armadas fueron
nombrados en el Comité Central. El Congreso marcó la creciente influencia de
dos fuerzas opuestas: el grupo de Jiang Qing, esposa de Mao, y Zhou Enlai.
Los años siguientes al Noveno Congreso se
caracterizaron por el énfasis en la reconstrucción del partido, la
estabilización política y económica y, paralelamente, por los esfuerzos por
imponerse del grupo radical encabezado por Jiang Qing.
El proceso
de reconstrucción del partido no era fácil a causa de las discordias acumuladas
durante los primeros años de la Gran Revolución Cultural Proletaria y por la
persistencia de grandes diferencias entre los militares, el partido y las
organizaciones de masas conducidas por sectores de izquierda sobre un amplio
rango de cuestiones políticas. Y por encima de esto sobrevolaba la rivalidad
entre la izquierda y los sectores moderados. Así, por ejemplo, recién en 1970
serían restablecidos los comités del partido en el ámbito provincial. Como la
única organización de poder que la Revolución Cultural dejo ilesa, el
Ejército Popular de Liberación jugó un papel importante en la transición y
reconstrucción. El Ejército Popular de Liberación no era sin embargo
un cuerpo homogéneo y por ello en 1970 Zhou Enlai fue capaz de forjar una alianza
con un grupo de comandantes regionales que tenían diferencias con ciertas
políticas de Lin Biao. Según algunas interpretaciones esta alianza preparó el
camino de un más moderado liderazgo dentro del partido y el gobierno en los
años 70 y 80.
La lucha
interna dentro del Ejército Popular estaba polarizada
por un lado por Lin Biao y sus seguidores quienes continuaban exhortando a no
abandonar la lucha contra la URSS y los EEUU y, por otro lado, una mayoría de
comandantes militares preocupados por la incidencia que tendrían sobre la
modernización militar y el desarrollo económico las políticas implementadas por
Lin Biao y sus ambiciones. Específicamente, como los sectores civiles
moderados, los militares hablaban sobre la necesidad de dar más incentivos
materiales a los campesinos, hacer más eficiente la planificación económica y
terminar con la Revolución Cultural. También sostenían la necesidad de
establecer las relaciones con los países capitalistas y especialmente con EEUU
para contrarrestar el expansionismo de la URSS. En 1970 China toma la decisión
de aproximarse a EU, decisión que tuvo como respuesta el viaje del presidente
Nixon en 1972, y en ese mismo año, se reestablecen las relaciones diplomáticas
con Japón.
Pero sin
duda el punto de inflexión de la década de la Revolución Cultural tuvo lugar
con el abortado intento de golpe de estado de Lin Biao y su posterior muerte en
un accidente aéreo. La inmediata consecuencia fue la erosión de la influencia
de los sectores izquierdistas y la purga del ejército de los partidarios de Lin
Biao. A partir de ello se hicieron grandes esfuerzos por despolitizar al
Ejército Popular de Liberación y promover el profesionalismo en sus filas.
Asimismo, se rehabilitaron a aquellas personas que fueron perseguidas y cayeron
en desgracia entre 1966/68.
Entre los personajes rehabilitados más prominentes de
los estaba Deng Xiaoping, quien fue reinstalado como vicepremier en abril de
1973 bajo la égida de Zhou Enlai pero con el acuerdo de Mao. La línea moderada
fue confirmada en el Décimo Congreso Nacional del Partido Comunista de China que nombró a Deng como miembro del Comité Central del partido, aunque
todavía no en el Buró Político.
Los sectores
radicales volvieron a la pelea por la constitución de una milicia urbana
armada, pero la base de masas para este proyecto estuvo limitado a Shangai y
parte del noreste de China, fuerza muy escasa para detener el avance de los
sectores denunciados como “revisionistas” y “capitalistas”.
En enero de 1975 Zhou Enlai anunció en la 4ª Asamblea Popular Nacional el programa conocido como de las “cuatro modernizaciones” para los cuatro sectores de la agricultura, la industria la defensa nacional y la ciencia y tecnología. Este programa sería confirmado por el Undécimo Congreso Nacional del Partido Comunista de China reunido en agosto de 1977. También en 1975 Deng consolida su posición con su elección como Vicejefe del Partido Comunista de China y miembro del Buró Político y del Comité Permanente. Deng también fue el primer civil nombrado como jefe del Ejercito Popular de Liberación.
En 1976
mueren tres de los más importantes líderes chinos: Zhou Enlai en enero, Zhu De
(jefe del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional) en julio, y Mao
Zedong en setiembre.
Con la muerte de Zhou, Deng Xiaoping pierde apoyos y
los sectores radicales lanzaron una ofensiva contra él y en abril de 1976 es
separado de todos sus cargos y nombrado en lugar clave un miembro del Buró
político una persona casi desconocida, Hua Guofeng.
Aún cuando el rol de Mao en los últimos años no fuera
en los primeros cargos, su influencia fue crucial e hizo que sus órdenes para
destituir a Deng nombrar a Hua fueran rápidamente apoyadas por el Buró
Político.
La muerte de
Mao incrementó la lucha entre las fracciones de un sistema político ya
polarizado. Mientras Mao estaba vivo, y jugando a esas fracciones unas contra
otras, las mantuvo bajo cierto control. Su muerte resolvió solamente algunos de
los problemas inherentes a la lucha por su sucesión, al hacer tan vulnerables a
los sectores asociados con él y con la Revolución Cultural como lo estuvo Deng
después de la muerte de Zhou. En octubre de 1976, un mes después de la muerte
de Mao, Jiang Qing y sus tres principales colaboradores fueron denunciados y
estigmatizados desde ese momento como la “Banda de los Cuatro”, fueron
arrestados.
Pocos días después fue anunciado formalmente que Hua Guofeng había asumido la posición de jefe del partido, jefe de la Comisión Militar Central del partido, y premier.
Consideraciones Finales
El recorrido de la Revolución China deja abiertos problemas centrales de la transición. La relación entre el crecimiento de las fuerzas productivas y el establecimiento de nuevas relaciones de producción partiendo del atraso, el hambre y el analfabetismo generalizado, implica adoptar decisiones en torno a la forma de encarar el desarrollo, la expansión tecnológica y las formas de organización social que permitan la mayor productividad del trabajo para resolver las enormes necesidades populares. Establecer la vinculación entre la agricultura, la industria liviana y la industria pesada son decisiones fundamentales en la opción de líneas a seguir. La industria pesada es un sector vital del desarrollo económico, pero la base de la economía china era la agricultura. La división del trabajo, en tanto separación del campo y la ciudad colocó como un eje central para la Revolución, la superación de la vida rural postergada. La definición sobre qué sector priorizar tiene su correspondencia en la determinación de qué clase debe asumir el timón de la sociedad, el papel del proletariado en una alianza obrero-campesina. Las posturas asumidas por los revolucionarios chinos tanto en la etapa 1925/27, como en las décadas del 40/50 no estuvieron al margen de los debates en el movimiento comunista internacional.
Otra forma de división del trabajo que la Revolución debía erradicar era la fractura entre los portadores del saber escrito y la cruda situación de las masas trabajadoras y campesinas pobres. La separación entre trabajo manual e intelectual, equivalía en China a erudición y poder, de raigambre ancestral. La imagen de los mandarines con sus largas uñas (guardadas en lujosos uñeros de metales preciosos) traducía que sus manos no se habían contaminado nunca con las bajezas del trabajo físico.
La relación entre el partido y la participación política de las masas, tuvo situaciones de particular gravedad. Una de ellas fue la masacre del 4 de junio de 1989 en la plaza de Tiananmen, como respuesta a las demandas estudiantiles por derechos democráticos, libertad de prensa, realización de Asambleas, críticas a la corrupción, pedido de matrícula primaria universal (para esa fecha el acceso al nivel secundario había caído en un 27% y sólo el 1% de los graduados de escuelas medias continuaba en la Universidad). Las ejecuciones, presentadas como rebelión contrarrevolucionaria planteó una vez más el dilema de los métodos en una Revolución. El ejercicio de las libertades democráticas y el resguardo de la Revolución ante la penetración conspirativa del imperialismo que organiza y renta disidentes, para quebrar desde adentro y abatir cualquier experiencia no capitalista. Es la distancia, jamás asimilable, entre la represión interna y el derecho a defensa de la Revolución.
La gesta obrero-campesina de 1949 logró triunfos colosales como el derrocamiento del latifundio y la expropiación económica de los capitalistas, que dieron las bases para intentar una socialización profunda de la sociedad. El ciclo de involución acentuado en las postrimerías del siglo XX, con la incorporación del lucro como palanca para el crecimiento ubica a China, en los pronósticos económicos de la burguesía, superando a la economía británica para el 2005 y la alemana para el 2007. El revés del cálculo registra más del 50% de fuerza de trabajo excedente.
A comienzos de marzo de 2003 (4) China prohibió los abortos selectivos según el sexo, práctica impuesta desde fines de los años 70 como mecanismo de control de la natalidad y causante de un descenso de nacimiento de niñas, en particular en las zonas rurales. La postura de utilizar el aborto en la manipulación demográfica violentó posiciones históricas de la teoría marxista.
En la Unión Soviética el desarrollo de la cibernética, colisionó con la rigidez de una casta burocrática que debía controlar e impedir el uso generalizado de las computadoras. Avance de la ciencia y libertad de pensamiento, fueron nudos irresolubles para la nomenklatura en la competencia con Estados Unidos. En el caso de China, para agosto de 2004 (5) la informática conecta en la Red a más de 80 millones de usuarios. Un instrumento que comenzó a desafiar el férreo control informativo del poder oficial y permitió nuclear a sectores profesionales, periodistas y escritores en la denuncia de detenciones y apremios. Los mecanismos de censura se diluyen en la utilización amplia del ciberespacio.
Una representación china se sentará por primera vez en una mesa junto al Grupo de los 7 en una cena a realizarse en Washington, la prensa burguesa lo anuncia como el preludio de su incorporación a los países capitalistas dominantes. Uno de los costos sería la flexibilización de su moneda, el yuan.
Incertidumbres y desafíos, conflicto y oportunidad subyacen en el futuro chino. En las manos de la clase obrera y las masas populares de ese país y del mundo recae la tarea de superar dialécticamente el conocimiento acumulado en la larga marcha inconclusa de la Revolución y el Socialismo.
Notas
1.- a) China, Reforma y Apertura. Informes, Documentos y Discursos. Editora Política, La Habana, 1990. b) En ese mismo período el 7 de agosto de 1988 en la conmemoración del asalto al cuartel Moncada, el presidente cubano Fidel Castro afirmaba que “Cuba jamás adoptará métodos del capitalismo”. Allí puso de manifiesto los peligros inmensos que amenazan a un Estado Obrero cuando se recurre a instrumentos y métodos del capitalismo para desarrollar la economía. La “rectificación de errores y tendencias negativas” se fundamentó en la Vuelta al Che. Hacia 1993 en el marco del Período Especial, Fidel explicaría a su pueblo que la apertura al mercado no significaba un avance del socialismo, sino la defensa inclaudicable de sus conquistas.
2.- Transformaciones en el Tercer Mundo. Mao Tse-tung, José Aricó. Centro Editor de América Latina, septiembre de 1973.
3.- En julio de 1922 se realiza el II Congreso del PCCH al que no concurre Mao. De allí surgen los criterios de alianza del proletariado con otras fuerzas y la táctica de colaboración con el movimiento nacionalista Kuomintang encabezado entonces por Sun Yat-sen.
4.- Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA), 23 de marzo de 2003. Crítica de Nuestro tiempo nº 9 (julio-septiembre de 1994) y Crítica de Nuestro Tiempo nº 30 (abril-septiembre 2004).
5.- Economía y Política Internacionales: Internet amplía la libertad y crea la opinión pública en China, Xiao Qiang, 22/8/04. La Izquierda Latinoamericana frente a la crisis mundial, Luis Bilbao, Búsqueda Editora, 1990.
Bibiografía
# Los cuatro primeros Congresos de la Internacional Comunista, Primera y Segunda Parte, Cuadernos de Pasado y Presente, noviembre de 1973
# Transformaciones: China, la sociedad, la política, la Revolución Cultural, Fernando Iriarte, Centro Editor de América Latina, septiembre de 1971
# Obras Escogidas de Mao Tse-tung: La Rosa Blindada
# Historia de China contemporánea, Academia Político-Militar de Tung-Pei, Editorial Platina, Buenos Aires
# Las luchas campesinas del siglo XX, Eric R. Wolf, Siglo XXI Editores
# China: Antecedentes de la Revolución Cultural Proletaria. Tres Documentos Fundamentales, Ediciones de la Larga Marcha, 1973
# Polémica acerca de la línea general del Movimiento Comunista Internacional, junio 1963
# Documentos de la Revolución Cultural en China (1966-1969), Nativa Libros, 1973