Papel de Trabajo y Resoluciones
Encuentro para la unidad política de los trabajadores venezolanos
(27 Y 28 de marzo de 2004)
Introducción
Los trabajadores venezolanos enfrentan hoy un desafío: consolidar su presencia como clase, es decir su presencia política, en el marco de la Revolución Bolivariana, que se definió a sí misma como un proceso democrático en lo político, cultural y social, y nacional en lo económico, vale decir confrontado con los intereses de las multinacionales monopólicas y el capital financiero internacional.
Este desafío y esta necesidad no surge de un afán de protagonismo ni de caudillismo de un grupo de dirigentes sino de una exigencia histórica: Dentro del amplio espectro social que sostiene y protagoniza el proceso revolucionario es la clase productiva la que potencialmente puede desarrollar en plenitud el proceso de democratización política y soberanía nacional, llevarlo a su más alta expresión, por la sencilla razón que es quien más lo necesita.
Por ejemplo, si el ejercicio de la democracia se limita solamente a la esfera de las instituciones del Estado y no penetra en las unidades productivas los frutos del trabajo no servirán a las necesidades del pueblo sino que servirán sólo a los empresarios para asegurarse los estándares de rentabilidad a sus capitales , que es su brújula y su meta.
Grandes grupos empresarios no vacilaron en atentar contra la soberanía nacional contribuyendo al bloqueo de ingreso de divisas petroleras al sumarse al paro golpista hace poco más de un año, y colaborando en destruir una industria de la cual obtuvieron enormes ganancias. Otra hubiera sido la situación si los trabajadores de esas empresas hubiesen estado en condiciones políticas de violentar la arbitraria decisión patronal, que además los perjudicó directamente por pérdida de puestos de trabajo o por salarios caídos.
En definitiva el desafío de la hora es avanzar hacia la unidad política de los trabajadores cualquiera sea la forma bajo la cual esa unidad pudiera concretarse en las actuales circunstancias.
El presente papel de trabajo se propone contribuir a ese objetivo mediante dos elementos básicos: primero definir una caracterización del momento actual de la vida política nacional; y en segundo término, en función de esa caracterización determinar las tareas políticas que le corresponde a los trabajadores en los límites de la presente coyuntura histórica que vive el país, bajo la perspectiva estratégica general antes señalada, el rol de vanguardia que deben y pueden tener los trabajadores en la Revolución Bolivariana.
Para ese análisis y esas definiciones se debe partir no sólo de
caracterizaciones generales, imprescindibles pero insuficientes (crisis del
capitalismo, política militarista del imperialismo, etc) sino también de la
rica experiencia acumulada en el último período por distintos sectores del
movimiento de trabajadores, que ya se tradujo no sólo en acciones prácticas,
sino en un nivel de elaboraciones más o menos explícitas, y que es la base
material que permite llegar a este encuentro, impensable hace apenas unos meses
atrás.
Un punto de inflexión
El discurso del Presidente del 29 de febrero pasado marca una instancia decisiva y un nuevo rumbo en el proceso revolucionario.
Si hasta ese momento el elemento decisivo para la participación y la movilización de las grandes masas fue el carácter democrático (p. Ej en abril del 2002 la defensa del gobierno legítimo), de ahora en más ha tomado el centro de la escena política el elemento nacional, expresado como rechazo a la agresión externa, o para decirlo de otra forma más clásica la lucha antiimperialista.
Este cambio no es una fuga subjetiva hacia delante, un salto al vacío, sino que expresa y se apoya en el fortalecimiento interno de las fuerzas bolivarianas – más allá de sus muchas debilidades y errores – fruto directo de los dos grandes triunfos contra las fuerzas reaccionarias (el de abril del 2002 y el del paro golpista), pero también en una situación internacional que muestra una tendencia cada día más visible de la pérdida de iniciativa del imperialismo norteamericano, y un aumento de su confrontación con el capitalismo europeo en particular.
Las conclusiones políticas que se desprenden de esta nueva situación que se abre en el proceso revolucionario son varias.
En primer lugar se afirma el papel de avanzada que ocupa el proceso bolivariano en el renacer de las luchas de masas en AL de los tres últimos años, cuyo carácter aún no tiene una definida direccionalidad en sus programas ni una consolidación en su base social, pero que expresan un rechazo general a las políticas del capital financiero internacional, los organismos que las expresan (FMI, BM) y a los grupos de poder locales asociados a esas políticas.
Directamente vinculado a lo anterior está la necesidad del imperialismo – no sólo del gobierno de Bush – de terminar con el proceso bolivariano antes que los procesos de masas de otros países del continente puedan afirmar su estrategia y afianzar su base social. Esto es así porque de lo contrario el imperialismo podría verse nuevamente frente a un curso general revolucionario, pero en un nivel muy superior al de los años 70, dado que en la mayoría de los países los grandes partidos populistas o burgueses que sirvieron en aquel momento como elemento para contener aquel ascenso fueron demolidos por su complicidad con las políticas neoliberales, tal como ocurrió con Acción Democrática en nuestro país.
Carente de elementos políticos internos de significación a los cuales recurrir para enfrentar al proceso bolivariano, la vía de la intervención externa diplomática y militar es la única disponible para la estrategia del departamento de Estado.
Para el imperialismo no se trata de una alternativa sino de un problema de prevención para la subsistencia del sistema, y este camino está alineado con el creciente proceso de militarización que impulsa en esta parte del continente, cuyo epicentro hoy es Colombia y Ecuador.
Del lado de la Revolución, el paso dado el 29 de denunciar la agresión extranjera en preparación, aunque formalmente aparezca como un llamado a la defensa del proceso está en realidad expresando una clara línea de ofensiva revolucionaria.
Ofensiva significa que la defensa es a la vez una línea de profundización del curso democrático y antiimperialista del proceso bolivariano.
La unidad bolivariana
El contenido de esta batalla es la condición que determina toda la escena política, y por supuesto la acción del movimiento de trabajadores. Sólo una enorme fuerza de masas como la que viene acumulando la Revolución podrá enfrentarla con éxito. Consolidar la unidad bolivariana debe estar en primer lugar de la acción de cualquiera sector social y político.
Sin entrar a profundizar en las razones – por no ser tema del presente debate – las fuerzas bolivarianas han mostrado hasta el momento evidentes dificultades para estructurar orgánicamente la unidad que el pueblo demuestra en la lucha, pero una causa decisiva ha sido la ausencia de reales organizaciones de masas que se pongan al frente de esa tarea. Una debilidad imputable al atraso político heredado del período del puntofijismo, atraso que también se refleja al interior de las fuerzas políticas estructuradas.
Es en este punto en el cual los trabajadores pueden y deben jugar un papel trascendente en este momento. La clase obrera debe unificarse a si misma para ser un factor de unidad nacional revolucionaria, y actuar como el verdadero articulador entre las diferentes fuerzas sociales del bloque revolucionario. Esta es la gran tarea del momento. El debate que nos convoca debería centrarse principalmente en el contenido, la forma, y si fuera posible los pasos inmediatos a recorrer en ese camino.
El proceso que llevó a la fundación de la UNT es un paso importante en esa dirección unitaria. Sin embargo la naturaleza de la propia organización sindical es también una dificultad para dar un salto a lo político, aún cuando el programa aprobado en su ler Congreso contiene elementos valiosos, pero contradictorios. A eso se suma que en su seno tiene poco peso el sector que ha protagonizado la lucha política más importante del último período desde la clase obrera: el proceso de recuperación de la industria petrolera. Este sector -al menos una parte de ella- ha comenzado a dar pasos en dirección a una unidad de otro tipo, distinta pero no contrapuesta a la sindical: asumir la gestión de la industria por los trabajadores.
Estas dos grandes experiencias del último período, son como dos caños de un mismo río que deben encontrar un cauce final común, en dirección al triunfo de la Revolución. Unificar conceptos y aclarar ideas es un requisito para marchar en esta dirección. Las propuestas de acciones concretas que pudieran surgir deben ser fruto del colectivo y del debate por eso no las formulamos en el presente documento.
Resoluciones
Realizado el Encuentro los días 27 y 28 de Marzo donde participaron diferentes organizaciones de trabajadores convocadas por los Comités Guías de trabajadores petroleros, Sinutrapetrol miembros de la Coordinación Nacional de UNT (Unión Nacional de Trabajadores), además de trabajadores independientes del Metro de Caracas, Sintralcasa, Sutralum, Fenates, miembros de la dirección de la FBT, Sutrasur, Sindicato de Comedores de Puerto La Cruz, miembros de UNT regionales, Movimiento La Jornadora, Sestrasalud Bolívar, entre otros asistentes, se acordó:
1- Trabajar por la incorporación de organizaciones, sectores o individualidades de la clase trabajadora que por diversas razones no asistieron a este primer Encuentro
2- Crear un equipo promotor y coordinador que trabaje por la unidad política de los trabajadores
3- Se acordó en realizar el
proceso de unificación política de la clase en base a los siguientes ejes:
Defensa de la Revolución Bolivariana
Profundización de la Revolución que debe contemplar la unidad antiimperialista de todo el pueblo, construir la institucionalidad de la República Bolivariana plasmada en la Constitución, concretar la gestión de los trabajadores en las industrias básicas y la organización del pueblo para la acción política.
Autonomía de clase contra el modelo
económico dominante del neoliberalismo
4- Se acordó que para el desarrollo de la unidad es necesario mantener un método democrático de debate y resoluciones.
En base a estos acuerdos se resolvió el siguiente Plan de Acción:
1- Enviar el Documento de Trabajo a las diferentes regiones para su debate en las bases de los trabajadores
2- La presencia activa del movimiento de trabajadores en el II Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana a realizarse en Caracas entre el 13 y 15 de abril
3- Participar en carácter unitario en el acto aniversario de la UNT del próximo 17 de abril
4- Realizar Asambleas Regionales masivas de trabajadores en Oriente el miércoles 21 de abril en el Estado Bolívar, en el Centro del país el sábado 24 de abril en Valencia y para los Estados del Occidente del país el martes 27 de abril en el Estado Zulia
5- Se acordó que por ser el 1° de Mayo el día histórico de la clase obrera, la participación de los trabajadores junto al pueblo revolucionario en el acto de ese día no sólo debe ser protagónica y masiva sino que debe reflejar el nivel de conciencia y organización alcanzado por el movimiento de los trabajadores en el último período.
6- Se acordó que todas estas actividades deben culminar en una gran Asamblea Nacional de Trabajadores a realizarse en fecha posterior al 1° de mayo a fijarse.
7- Se acordó también en la necesidad de estudiar un proyecto para editar un periódico nacional de los trabajadores