Primera conferencia
hacia la unidad de los y las socialistas
Compromiso
de los y las socialistas
ante
el pueblo bolivariano
Los días 15 y 16 de febrero, nos
convocamos en Caracas hombres y mujeres socialistas, con y sin partido,
militantes políticos, sindicales, comunitarios, estudiantiles e intelectuales,
para debatir la actual situación del país después del histórico triunfo de
nuestro pueblo al hacer fracasar un nuevo intento de la oligarquía local y el
imperialismo para derrocar al gobierno del Presidente Chávez y sepultar la
Revolución Bolivariana.
Nos convocamos para unificar
criterios sobre los avances y las dificultades del proceso revolucionario
bolivariano, acordar la tareas principales y el papel que los y las socialistas
debemos cumplir en las actuales circunstancias.
Este es sólo un primer paso para lograr un nivel de
acuerdo, que en un proceso de debates, deberá concluir en una plataforma
política común que contemple la compleja realidad internacional y nacional .
Nos convocamos con la intención de crear mecanismos
transitorios para debatir esas ideas, asumir el compromiso de difundir esos
debates, y crear una instancia de organización que permita a la vez incorporar
a nuevos compañeros y dar pasos concretos hacia la futura unidad de los y las
socialistas venezolanos.
Nos convocamos en un momento en
el cual la humanidad se debate en una contradicción flagrante: por un lado las
crecientes posibilidades que ofrece el desarrollo científico y tecnológico para
satisfacer las necesidades materiales y espirituales de millones de personas; y
por el otro, una dramática realidad que muestra un mundo con una extensión
constante de la pobreza, el desempleo y la desnutrición infantil; la
distribución cada vez mas desigual de la riqueza social y la brecha cada vez
mayor entre los países centrales del capitalismo y aquellos sometidos al saqueo
creciente de sus riquezas y su trabajo por el capital financiero transnacional.
La explicación de esta
irracional situación hay que buscarla en las necesidades inexorables del
sistema: el mercado mundial está imposibilitado de absorber la cantidad de
productos fabricados a los precios que necesitan los capitales para garantizar
tasas de rentabilidad que le permitan soportar la dura competencia
intercapitalista. La sobreproducción de mercancías condujo una vez más al
sistema económico imperante a una recesión, que ahora se manifiesta en forma
coincidente en los tres grandes centros del capitalismo mundial: EE.UU., La
Unión Europea y Japón.
El predominio desde hace más de
un cuarto de siglo del capital especulativo es sólo un mecanismo del capital
para amortiguar mediante el negocio bursátil y de bonos esa caída de la
rentabilidad en el circuito de la producción. Esta es la esencia del llamado
neoliberalismo.
Simultáneamente, esta necesidad
de los capitales transnacionales es la que permite comprender las presiones
políticas, el chantaje y las amenazas que soportaron en todo este período los países
dependientes para abrir sus mercados a la producción de los países centrales,
endeudarse y envilecer sus monedas. Sin embargo, ni el predominio mundial
absoluto en el plano de la economía, la política y la fuerza militar pudieron
evitar que la recesión se instalara en la superpotencia hegemónica, ni que las
disputas interimperialistas se agravaran.
La brutal guerra que el gobierno
de Bush prepara contra Irak en estos momentos, es un intento para superar esa
situación recesiva, evitar la próxima depresión y recuperarse en el terreno
militar de los fracasos políticos.
Los y las socialistas nos
sumamos a la condena que millones de personas hoy manifiestan en el mundo a esa
empresa bélica.
En ninguna región del mundo es
tan evidente la pérdida de la iniciativa política del imperialismo yanqui en
este último período, como en nuestro subcontinente.
Las políticas económicas
neoliberales impulsadas desde Washington han entrado en crisis en todos los
países de la región: Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Paraguay.
Esa crisis ha desmoronado a los
partidos tradicionales que fueron ejecutores de esas políticas impuestas desde
el norte y están abriendo el camino al surgimiento de nuevas fuerzas políticas
Estas fuerzas políticas están
expresando, algunas en forma contradictoria, la reaparición de una voluntad y
un sentimiento antiimperialista que durante más de una década parecía
extinguido. Una nueva oleada antiimperialista ya recorre América Latina. Ahora
no se expresa como una bandera sólo de las vanguardias revolucionarias, sino
que se está adueñando de las conciencias y los corazones de millones de
trabajadores, campesinos, indígenas, desocupados, sectores medios. Comienza a
ser un fenómeno de masas.
En este proceso, la existencia
de nuestra Revolución Bolivariana no sólo ha sido un factor decisivo, sino que
está en la primera línea de combate, particularmente después del triunfo de la
insurrección cívico-militar del 13 de abril, que derrotó el golpe imperialista.
Esta nueva situación amenaza con
hacer fracasar el proyecto imperialista, de incorporar a nuestros países a un
mercado absolutamente al servicio de los intereses norteamericanos: el Area de
Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Imposibilitado el imperialismo
yanqui de imponer sus intereses por medios políticos necesita recurrir -una vez
más- a la militarización de toda la región. Ese es el fin último del llamado
Plan Colombia.
Para esos objetivos
imperialistas, la existencia y el desarrollo de la Revolución Bolivariana es un
serio obstáculo que necesita destruir. La conspiración de diciembre no será la
última.
Los y las socialistas asumimos
en plenitud y con entusiasmo el canto de nuestro pueblo en las calles: “Se
siente que camina la espada de Bolívar por América Latina”. Por eso creemos
absolutamente necesario y urgente impulsar la unidad antiimperialista
continental con nuestros pueblos hermanos.
Y en eso comprometemos nuestro
esfuerzo.
Todas las jornadas en las que se
han medido las fuerzas bolivarianas con la reacción, pacíficas y violentas, las
electorales, parlamentarias, internacionales, han sido hasta ahora victoriosas
para el pueblo.
La Revolución Bolivariana ha
recuperado el papel protagónico de las masas, ha fortalecido y renovado la idea
de ejercicio democrático del pueblo, mientras por otro lado ha ido derrotando
el poder de los privilegiados y descompuesto sus instituciones tradicionales y
sus partidos políticos.
Las Fuerzas Armadas han dejado
de ser un instrumento de represión contra las aspiraciones populares para
convertirse en un factor determinante en defensa de la Constitución, y que
trabaja día a día junto al pueblo construyendo la unidad cívico-militar, que
derrotando a los restos puntofijismo, esta construyendo una nueva noción de
seguridad nacional, de soberanía plena, de equidad en las relaciones
internacionales y de integración solidaria con los pueblos hermanos; es decir,
construyendo la República Bolivariana.
Más allá de los logros que
pudieran exhibirse o indicadores que se puedan mostrar, el significado
fundamental del proceso revolucionario es que el pueblo venezolano, desafía
abierta y decididamente la hegemonía del capital financiero y la globalización
neoliberal, construyendo un Estado de derecho y de justicia social, democrático
de libertades públicas, de protagonismo popular y amante de la paz.
La Revolución está a la
ofensiva. Así lo demuestra el pueblo en cada una sus acciones y lo afirma el
Presidente Chávez en sus últimos discursos.
El imperialismo comprende
perfectamente el potencial revolucionario que hoy se está desplegando en
Venezuela. Por eso no dejará ni un instante de atacar a la Revolución
Bolivariana, por más mesas de diálogos o treguas que se implementen.
Es conocido suficientemente el
intento fascista de avanzar hacia una guerra civil. Los y las socialistas,
asumimos el compromiso de oponernos a esa decisión de embarcar a nuestro pueblo
en una lucha fratricida.
Pero hay también otras amenazas
de distinto orden, algunas externas y otras que provienen desde el interior de
las fuerzas que apoyan al gobierno.
Hoy la amenaza mayor es el arma
letal que tiene el imperialismo: el mercado.
Uno de los combates mayores se
desplaza al terreno económico. Este problema estaba planteado antes de la
conspiración, pero ahora está agravado por las grandes pérdidas ocasionadas por
el golpe petrolero.
El control cambiario es sólo un
primer paso que seguramente exigirá avanzar en la línea de confrontación contra
el capital financiero, e incluso puede obligar al control bancario. Un motivo
más para concitar la agresión imperialista.
De ser exitosa para el
imperialismo la guerra de Irak, puede contribuir a agravar la situación
económica por la caída de los precios petroleros.
Simplemente se trata de señalar
hacia donde se desplaza ahora el combate y ser conscientes de dónde vienen los
peligros.
El desarrollo de tendencias
conciliadoras en el campo de la revolución no se agotó con la salida de grupos
que ahora militan en la contrarrevolución. Bajo la presión de la agudización de
la lucha de clases esas tendencias se reproducen, fundamentalmente porque este
proceso no tiene una dirección colectiva que unifique ideológica y
políticamente a sus cuadros y a funcionarios del Estado.
Esta presión encuentra
receptores en cantidad de cuadros bolivarianos ligados al aparato del Estado,
que socialmente reflejan un sector de la pequeña burguesía democrática, que
influenciado por la campaña mediática se hace eco de posiciones conciliadoras,
planteando salidas fuera del marco de la Constitución y el sentimiento
nacional, y otras, que entre susurros, dejan ver la posibilidad de un chavismo
sin Chávez.
El triunfo de estas concepciones
llevaría a la revolución a una vía muerta, a un agotamiento, que la
distanciaría de las aspiraciones de cambio de las masas y terminaría por
facilitar la imposición de los planes del gran capital por una vía indirecta,
como ocurrió en otros procesos revolucionarios frustrados. Evitar esta situación
es tarea de todos los y las socialistas.
Y en esto comprometemos nuestro
esfuerzo.
La derecha utiliza como
argumentos para justificar sus ataques a la Revolución que el Presidente Chávez
no garantiza la gobernabilidad. Desde el lado bolivariano, muchos
revolucionarios pretenden contrarrestar esa campaña tratando de encontrar
cuáles serían las condiciones de gobernabilidad.
Por distintas razones, ambas
posiciones dejan oculto el problema central del país; coexisten dos estructuras
de Estado, el viejo Estado oligárquico que no termina de morir y la nueva
República Bolivariana que no termina de surgir.
En los organismos del Estado la
reacción se mueve entre la oposición, el boicot y la conspiración, convirtiendo
la gestión pública en un freno para el desarrollo del proceso revolucionario.
Los y las socialistas entendemos
que la construcción del nuevo Estado debe realizarse fundamentalmente en el
seno del pueblo.
Es necesario concretar los
elementos de democracia directa que establece la Constitución, desde los
Municipios Bolivarianos hasta el Consejo Federal del Gobierno.
Y en esto los y las socialistas
comprometemos nuestro esfuerzo.
La reciente intervención directa
de los trabajadores en los principales centros productivos del país ha sido
decisiva para desbaratar el sabotaje y la conspiración de diciembre.
Pero también es una clara señal
de fuerza política de la Revolución que se expande, desde el conjunto del
pueblo hacia el núcleo vital del país: los trabajadores en general y los de las
industrias más concentradas en particular.
En cualquier sociedad
capitalista la actitud política de los trabajadores es determinante para
gobernar. Esta situación que es nueva, plantea enormes problemas políticos por
resolver, que nos corresponde afrontar a quienes tenemos una perspectiva
socialista en primer lugar. También anuncia que están surgiendo las condiciones
para ingresar en una nueva fase del proceso revolucionario.
Desde el golpe de abril hasta el
presente el movimiento obrero ha seguido una línea ascendente, no sólo en su
adhesión al proceso bolivariano sino en su participación y en su organización.
La intervención de sectores de
los trabajadores en la recuperación de la actividad petrolera marca un punto de
inflexión en el desarrollo político de los trabajadores.
Es una nueva situación porque
ahí se manifestó una real vanguardia, que fue la que resistió la tradicional
obediencia y compromiso personal con los caudillos y mandos adueñados de la
empresa petrolera y de las centrales sindicales comprometidas con el lockout.
Además no lo hizo por una reivindicación de mejora personal, sino por un
objetivo político: nacionalizar efectivamente PDVSA.
Aún cuando en esa acción participaron dirigentes y cuadros sindicales, los acontecimientos superaron los límites de las organizaciones sindicales y se hizo por fuera de esas estructuras. El objetivo común de poner en marcha la industria unificó a los trabajadores, los sectores del pueblo que se movilizaron y los militares que estuvieron en las plantas.
En esta tríada está en germen un
potencial de transformación revolucionaria de la sociedad que no puede pasar
desapercibido para los y las socialistas, y que debemos lograr que se
transforme en el verdadero motor y rector del período que se inicia.
Y en esto los y las socialistas
comprometemos nuestro esfuerzo.
Los militantes socialistas somos
parte sustancial de la lucha de nuestro pueblo contra el régimen del
puntofijismo, luchas que se remontan a más de medio siglo.
El camino hacia el socialismo
está indisolublemente ligado al triunfo de la Revolución Bolivariana.
Los y las socialistas no somos
nada distintos al pueblo bolivariano. Solo pretendemos tener claridad
estratégica, consecuencia en los principios y ocupar los primeros puestos en la
batalla, en la defensa de esta Revolución.
Junto a nuestro pueblo, los y
las socialistas le decimos a la oligarquía y la conciliación: