Uruguay
Documento preparatorio del III Congreso
de la Corriente de Izquierda del Frente Amplio
Texto
presentado para el debate interno de la CI, con las siguientes firmas: Oscar
Andino, José Carpelino, Katty Cristóbal, Tito Da Silva, Juan Fernández, Ángel
Gómez, Ernesto Herrera, Bartolo Lara, Julio Louis, Jorge Maiky, Pocho Menoni,
Mario Pieri, Juan Quevedo, Hugo Ramírez, Walkiria Rocha, Ángel Rodríguez,
Milton Rodríguez, Helios Sarthou, Waltermar Torino, Juan Carlos Venturini.
El
descalabro del “modelo” asume los más variados y contundentes signos de una
completa catástrofe socio-económica: desocupación, pobreza, miseria,
expropiación de los más elementales derechos humanos, laborales, jurídicos y democráticos. Simultáneamente, indignación
y resistencia popular, que aún fragmentadas, expresan la voluntad de pelea y
oposición ante la barbarie capitalista.
Las
manifestaciones de rebeldía, desobediencia, y las acciones colectivas de lucha,
organizadas y espontáneas, debilitan, paso a paso, las pretensiones de
resucitar el enterrado “consenso social integrador” del “Uruguay batllista”. La
gravedad de la crisis capitalista, y la
sublevación de los hambrientos por el sistema, pueden más que cualquier ilusión
frenteamplista de jugar el papel de “colchón
amortiguador”.
La
combinación de estos factores explosivos, ha profundizado tanto la pérdida de
credibilidad política e ideológica de la coalición de gobierno, como la
reducción de su base social-electoral. Por lo tanto, el período estará marcado
por la inestabilidad política y la agudización de la lucha de clases. Estamos
en un período de final abierto, donde ninguna salida puede descartarse a
priori, y donde la resistencia popular -en el marco de la crisis
socio-económica- será la principal protagonista, aún con sus desigualdades y
ritmos diferentes.
2. Los tres componentes claves
que dieron sustento al discurso neoliberal (eficacia, estabilidad,
legitimidad), se han derrumbado. Ya no
se trata solamente de la crisis del paradigma presentado como el único “modelo
de crecimiento” posible, sino de la crisis del Estado, de los partidos tradicionales,
y del régimen político de dominación post-dictadura, instaurado por vía de la
“democracia representativa”. La crisis capitalista y la pérdida de legitimidad
del gobierno de coalición como agente político de las clases dominantes,
adquiere una nueva dimensión ante la gigantesca confiscación de ingresos,
empleos y ahorros para seguir pagando la deuda externa, el asalto programado
contra los bancos y los servicios públicos, y el salvataje de los especuladores
financieros privados y extranjeros.
El
gobierno de coalición ha remachado la dependencia al borrar (mediante ley
parlamentaria) todo vestigio de soberanía e independencia nacional. Traspasando
-tal cual un protectorado virreinal- laa toma de decisiones económicas y
políticas, al gobierno de Estados Unidos, el Departamento del Tesoro, y a sus
colaterales internacionales: FMI, Banco Mundial, BID.
El
Partido Colorado y el Partido Nacional (con la compañía grotesca del Nuevo
Espacio Independiente), finalmente firmaron el nuevo pacto colonial, que
incluye la subordinación completa al proyecto de recolonización imperialista
3. Para garantizar el “orden”
imperial hay que criminalizar el “desorden”. De allí, la operación de intoxicación
que el Ministerio del Interior, los servicios, y los “medios de
comunicación”: represión de la protesta “desestabilizadora” de los “estallidos
sociales” y los llamados “saqueos”; ataques contra el movimiento sindical y
cooperativo, de derechos humanos, radios comunitarias, y del conjunto de las
organizaciones sociales y la izquierda (no sólo contra la CI y los sectores más
radicalizados de la resistencia); preparación de un escenario autoritario, de recortes de libertades y Medidas Prontas
de Seguridad
El
clima “antiterrorista” que Bush ha
impuesto al mundo, adquiere una dimensión real, concreta e inmediata en el
país. Es campo propicio para que el Foro Batllista y las fracciones más
reaccionarias de la burguesía organicen un macartismo criollo contra la
izquierda, sus militantes y dirigentes, para asegurar el continuismo en
“orden”.
4. Pese a todos los esfuerzos
dialoguistas, pese a todas las vocaciones acuerdistas para evitarlo, el tan
temido “escenario de caos” llegó para quedarse. Colocando al desnudo, el
fracaso de la estrategia de “gobernabilidad democrática” y de “oposición
constructiva” predominante en la dirección del Frente Amplio; de igual manera,
el fracaso de la estrategia de “concertación social” que hasta hoy, defendía la
mayoría de la dirección del PIT-CNT
El
giro al centro de la mayoría de la dirección del Frente Amplio, tanto como su
estrategia de alternancia institucional e izquierda gestionaria desde la
Intendencia Municipal de Montevideo, enfrenta hoy, ante la magnitud de la
crisis, el cuestionamiento de su
política de “lealtad” institucional y su adaptación al cronograma
electoral
La
famosa “cultura de gobierno” está siendo puesta a prueba por estos días.
Justamente, cuando sectores populares cada vez más amplios reclaman que este
gobierno proimperialista, inepto y corrupto se vaya, y que se comience a
transitar hacia otro “proyecto de país”: es decir, que el Frente Amplio asuma
efectivamente el compromiso histórico de presentarse como alternativa a la
derecha, dejando de jugar la carta del lejano e incierto 2004.
5. Este fracaso y la parálisis
de la mayoría de la dirección del Frente, tanto como la gravedad de la crisis
socio-económica, y la pérdida de legitimidad de la derecha burguesa, refuerzan
la legitimidad política y social de la propuesta de la CI: Fuera Batlle y el
FMI del gobierno. Elecciones Ahora.
Una
propuesta que se inscribe en una perspectiva de ruptura con el cronograma
electoral, de concepción democrático-radical del derecho de revocabilidad y
ejercicio de una democracia realmente participativa y directa. La misma
concepción democrático-radical, que cuando proponemos la Ley de Iniciativa
Popular para que el pueblo,
directamente, decida y haga efectivo su derecho a legislar sobre sus
necesidades económicas, sociales y políticas
En
el mismo sentido, apunta la propuesta de una Asamblea Constituyente Popular
y Soberana, integrada por los partidos políticos y las organizaciones
sociales y populares, que discuta y decida sobre qué proyecto de sociedad
queremos.
Esta
propuesta política democrática-radical, implica una ruptura con la idea de
elecciones como simple recambio del personal político, y de ruptura con las
iniciativas que empiezan a esbozarse en torno a “gobierno de reconstrucción
nacional” de conciliación de
clases.
En
el cuadro de la crisis capitalista y de su régimen político de dominación,
reivindicamos los sucesivos pronunciamientos de la CI , y en particular el
realizado el 31 de julio: “Es entonces que la continuidad de este gobierno de
Batlle y el FMI, no es solamente una bofetada a la dignidad de las personas y a
la soberanía nacional: es un atentado criminal contra el derecho a la vida de
las inmensas mayorías populares”.
En
todo caso, esta propuesta política ya había sido contemplada (y votada) por el
II Congreso de la CI en el marco de su Resolución Política: “En tal sentido, la
CI no descarta a priori, ninguna vía de lucha política (...) Como tampoco
descarta, opciones alternativas en el plano institucional, como por ejemplo, la
Ley de Iniciativa Popular o incluso, la convocatoria a elecciones
anticipadas”.
6. La crisis nacional se
inscribe en un cuadro de recesión económica internacional y regional, quiebras
de empresas, caída de las Bolsas (7.800 billones de dólares tirados en la
especulación financiera en menos de un año) y fraudes escandalosos en la “nueva
economía” norteamericana.
La
polarización mundial de ingresos, y la transferencia sistémica de los recursos
de los países del Tercer Mundo hacia el Norte rico, confirman la expoliación
imperialista. Cuando la fortuna de 3 multimillonarios supera el PIB de 48
naciones, cuando cada cuatro segundos una persona muere de hambre en el mundo
“subdesarrollado”, resulta difícil ocultar las relaciones de opresión.
Esta
transferencia de riquezas creadas por el valor del trabajo en los países
dominados, se concreta por la vía del deterioro de los términos de intercambio
comercial, la succión de recursos financieros, la deuda externa, y la remisión
de ganancias hacia los centros imperialistas. En tal sentido, los efectos
perversos de una mundialización capitalista, jerarquizada y excluyente, no son
un fenómeno “pasajero”, ni serán corregidos por los supuestos beneficios de la
“globalización.
7. Los tres rasgos del
imperialismo contemporáneo se observan con nitidez en la realidad
latinoamericana: expropiación económica, recolonización política,
intervencionismo militar.
La regresión que soportan los países del
continente es una manifestación indiscutible de la dependencia. El PIB regional
cayó al 0,3% durante el año pasado y apenas llegará al 0,5% en el 2002; luego
de cuatro años de salida neta de capitales y aumento de la deuda externa, las
“inversiones” se mantienen estancadas; la pobreza alcanza al 48% de la
población, y 90 millones de personas intentan sobrevivir con menos de un dólar
diario. Estas condiciones de dependencia y desastre social se verán agravadas
si el ALCA consigue imponerse. El
lanzamiento del ALCA , como proyecto estratégico de dominación norteamericana
apunta a expandir las exportaciones estadounidenses para bloquear la competencia
del imperialismo europeo, y consolidar el control de la primera potencia de
todos los negocios lucrativos de la región (privatizaciones faltantes,
contratos privilegiados en el sector públicos, pagos de patentes). Es un
tratado neocolonial que impone la apertura comercial latinoamericana sin
ninguna contrapartida estadounidense.
El
ALCA desenmascara el doble discurso imperialista, que incentiva la apertura
comercial en el exterior y el proteccionismo en casa. La implementación del
acuerdo provocaría un colapso de países medianamente semi-industrializados como
Brasil y de las propias asociaciones regionales burguesas como el MERCOSUR,
mientras que sólo permitiría una débil adaptación al convenio de las economías
pequeñas o complementarias en rubros muy específicos con Estados Unidos
Al
cabo de una década de neoliberalismo, el mensaje imperialista de apertura
comercial y librecambista ya no engaña a nadie, porque es evidente que la
prosperidad de un país no depende de su “presencia en el mundo”, sino de la
modalidad de esta inserción. Africa desmiente a los propagandistas (de derecha
e incluso de izquierda) sobre el mito de los supuestas oportunidades de la
“globalización”: detenta una tasa de comercio extra-regional en proporción al
PBI (45,6%) muy elevada en comparación a Europa (13,8%) o Estados Unidos
(13,2%), sin embargo, es la región más empobrecida del planeta y el caso
extremo de subordinación desfavorable a la división internacional del trabajo.
8. El correlato político de la
dominación económica imperialista es una recolonización de la periferia, que se
apoya en la creciente asociación de las clases dominantes locales con sus
socios del norte. Este entrelazamiento es consecuencia de la dependencia
financiera, la entrega de los recursos naturales y la privatización de los
sectores estratégicos de la región. La pérdida de la soberanía económica le
otorgó al FMI un manejo directo de la gestión macroeconómica y al Departamento
de Estado una incidencia equivalente sobre las decisiones políticas.
Pero
esta generalizada recolonización también acentúa el descalabro del sistema
político de la región. La pérdida de legitimidad que soportan los gobiernos
servidores del FMI produjo en los últimos dos años el colapso de los regímenes
de cuatro países (Paraguay, Ecuador, Perú, Argentina). Al cabo de un largo
proceso de erosión de la autoridad de los partidos burgueses, los gobiernos se
tornan frágiles, los regímenes tienden a disgregarse y algunos Estados se
desmoronan. Esta secuencia corona el vaciamiento de la “democracia
representativa” que ya no contempla casi ningún reclamo popular y que
simplemente opera como agente de los empresarios locales y las multinacionales.
A
medida que la fachada constitucional pierde relevancia, también el Departamento
de Estado norteamericano alienta un retorno a las prácticas golpistas del
pasado aunque encubriendo ahora el viejo autoritarismo con nuevos artificios
constitucionalista, o “cartas democráticas” como las de la OEA que aseguran la
injerencia de la “comunidad internacional” en cada país. ¡Error! Marcador no
definido.
Esta
línea de acción ya fue visible en el reciente intento golpista de Venezuela.
Desplazar al gobierno de Chávez es una prioridad del gobierno estadounidense
para reforzar el embargo y los ataques contra la Cuba revolucionaria, crear un
cerco en torno a Colombia, desarticular al zapatismo, condicionar o impedir una
victoria electoral del PT en Brasil, e imponer un gran escarmiento a la
rebelión popular argentina y sus experiencias asamblearias y piqueteras.
9. El Plan Colombia
(rebautizado Iniciativa Regional Andina) es el principal ensayo de esta intervención
militar directa de Estados Unidos en América Latina. Es la ampliación a una
escala regional del Plan Dignidad en Bolivia.
El asentamiento de bases militares, oficinas de la CIA, las operaciones
contrainsurgentes conjuntas de los ejércitos sudamericanos, y el Plan
Puebla-Panamá, demuestran claramente que el Pentágono ya dejó de lado el
pretexto del narcotráfico.
Luego
de forzar la ruptura de las negociaciones de paz en Colombia, y tras la
victoria de Uribe, ha iniciado una campaña de aniquilamiento contra la
insurgencia armada de las FARC y el ELN y, también, contra la izquierda
política, los sindicatos obreros, campesinos, indígenas, movimientos barriales,
y de derechos humanos, quienes han sido los principales blancos del ejército y
el paramilitarismo. El 85% de los asesinados, heridos y desaparecidos, son
militantes y afiliados de las organizaciones sociales de masas. La abierta
intervención de Estados Unidos en Colombia, pretende restaurar la autoridad de
un Estado desmembrado y, a la vez, recomponer el saqueo imperialista de los recursos
estratégicos de la zona, en especial el petróleo.
Este
relanzamiento militar de la principal potencia imperialista (40% de los gastos
militares totales del mundo) es la respuesta a la desintegración de Estados,
economías y sociedades periféricas, que provoca el creciente ejercicio de la
dominación sobre la periferia. Por eso, la actual “guerra total contra el
terrorismo” presenta tantas similitudes con las viejas campañas coloniales.
Nuevamente
se diaboliza al enemigo y se justifican masacres de la población civil en el
frente y restricciones de los derechos democráticos en la retaguardia. Pero
cuanto más se avanza en la destrucción del enemigo “terrorista”, mayor es la
desarticulación política y social en los escenarios de este atropello. El
Estado de Guerra perpetúa la inestabilidad, provocada por la depredación
económica, la balcanización política y la devastación social en los países de
la periferia
10. Los trabajadores,
explotados y oprimidos de todo el planeta son los antagonistas del imperialismo
del siglo XXI. Su acción ha modificado en los últimos años el clima de
triunfalismo neoliberal prevaleciente en la elite de la clase dominante desde
principios de los ‘90
Estos
cuestionamientos a la mundialización capitalista reflejan el avance de la
resistencia popular, los dueños del mundo ya no sesionan en paz. Sus encuentros
en puntos remotos y en reuniones atrincheradas siempre enfrentan las
manifestaciones del movimiento de protesta global. No pueden aislarse, rehuir
la escandalosa represión de Génova, ni ignorar los desafíos del Foro Social
Mundial de Porto Alegre.
Ya
no hay “discurso único”, ni “un sola alternativa” y con el avance de los
cuestionamientos populares decrece la imagen de omnipotencia imperialista.
11. Las sublevaciones populares
en los países dominados representan un reto al imperialismo y un cambio en el
rumbo del viento. Los ejemplos de esta resistencia en América del Sur son
contundentes, a partir de la significativa extensión de la rebelión argentina.
A medida que el contagio económico se irradia hacia los países vecinos (fugas
de capital, quiebras bancarias, mermas
de inversiones), también se expande el contagio político con grandes
movilizaciones indígenas en Ecuador, agrarias en Brasil, agrarias-populares en
Paraguay, masivos levantamientos contra las privatizaciones en Perú, avance de
una izquierda indígena y campesina en Bolivia, resistencia civil y armada en
Colombia, huelgas y manifestaciones estudiantiles en Chile.
Simultáneamente,
la intervención popular contra el golpe de Estado en Venezuela marcó el debut
de una reacción masiva contra la política pro-dictatorial que promueve el
imperialismo norteamericano. Este éxito de los oprimidos es provisional, porque
se trata de un enfrentamiento que atravesará por numerosos episodios, ya que
Estados Unidos ha puesto en marcha una escalada de provocaciones contra
cualquier gobierno, pueblo o política que no siga fielmente su libreto.
A
escala mundial, el caso más dramático de estas agresiones es la masacre de los
palestinos efectuada por el gobierno genocida de Sharon. El nivel de salvajismo
imperialista en Medio Oriente rememora las grandes barbaries de la historia
colonial y por eso la resistencia en esa región es emblemática y despierta la
solidaridad de todos los pueblos del planeta.
12. La “protesta global”, el
surgimiento de un nuevo internacionalismo, expresado entre otras
manifestaciones por el Foro Social Mundial, la recuperación de lucha de la
clase obrera en países como Italia, Francia, España, y las rebeliones en los
países dominados, las movilizaciones contra la guerra imperialista, las
campañas contra la OMC, el ALCA, y la deuda externa, la Marcha Mundial de las
Mujeres, demuestran los límites de la ofensiva del capital. Al cabo de una
década de atropellos sociales las relaciones de fuerza comienzan a cambiar.
Este giro abre un nuevo espacio ideológico y programático para un pensamiento
crítico que defiende las propuestas radicales, las ideas del socialismo, y las
cuestiones tácticas en una perspectiva estratégica de acumulación
revolucionaria y lucha por el poder.
13. Los últimos meses presentan
un paisaje de “beligerancia popular” que se extiende, a tono con las
consecuencias de la crisis
Multiplicación
de las ollas populares, asentamientos y merenderos, cortes de puente en Artigas
contra el “cero kilo”, marchas de trabajadores en Rocha, huelga de hambre de los
desocupados en Maldonado, movilización de los artesanos “informales”, vecinos
en pie de lucha contra la contaminación ambiental, contra el corte de los
servicios y contra los desalojos.
El
“tejazo” del 7 de diciembre, la marcha a Punta del Este organizada por el
PIT-CNT (central sindical) y FUCVAM (cooperativa de viviendas), varios paros
generales y sectoriales, ocupaciones de liceos y facultades.
Mujeres
marchando cientos de kilómetros, cooperativistas de FUCVAM en huelga de pagos
al Banco Hipotecario de Uruguay y movilizados, ocupaciones de fábrica. Carpas
rodeando el Parlamento.
Organización
de los clasificadores, y de los desempleados en la UTD (Unión de Trabajadores
Desocupados). Radios comunitarias, y organizaciones culturales juveniles.
Escraches contra la impunidad del terrorismo de Estado. Experiencias de
autogestión obrera, de proyectos productivos, y de (re) apropiación de bienes
materiales. Intersociales en Montevideo
y el Interior. Caceroleos (más o menos convocados, más o menos espontáneos) de
repudio a cualquier discurso oficial, incluido el presidente de la República.
Centenares
de miles de firmas por ANTEL (telefónica) y ANCAP, juntadas en jornadas de fin
de semana, en barrios, ferias, centros de trabajo y estudio.
Todo
este movimiento de protesta, organización y resistencia, se contrapone -también
en el terreno concreto de la lucha de clases- al mito ideológico propagado por
la burguesía sobre la “excepcionalidad uruguaya”, y la “paz social”.
14. En este contexto, los “colchones
amortiguadores” tienen el tiempo y el espacio limitados por la necesidad de
lucha, por la necesidad de recuperar derechos sociales básicos. Sin esperar a la llegada de los reyes magos
con el “país productivo” al hombro.
Estas
manifestaciones de acción colectiva son protagonizadas por la clase trabajadora
(empleada o desempleada), por una “masa de asalariados” públicos y privados, y
por miles de “sujetos” sociales que forman parte de un proceso tan amplio como
heterogéneo de reorganización popular.
En
tal sentido, podemos afirmar que el campo de la resistencias y la protestas es
amplio y diverso. Que no hay un solo y preferido punto de acumulación social y
de intervención de la militancia de izquierda. Que las tendencias hacia la
auto-organización se fortalecen. Que el repertorio de acciones colectivas de
lucha responde a las transformaciones socio-económicas y a los efectos
disgregantes que las contrarreformas liberales causaron sobre los lazos
sociales tradicionales
Un
campo de resistencias y de protestas que no se limita ni a las “estructuras”
del sindicalismo organizado, ni a la oposición “clasista y combativa”.
Hay
un cambio en la cultura de lucha popular, y en las estrategias individuales y
colectivas de sobrevivencia.
15. La crisis agudiza el
desarrollo de una inteligencia popular y una identidad de clase elemental, que
se confronta, en los hechos, con las fórmulas híbridas de “sociedad civil” y de
“multitud”; identidad de clase elemental que se confronta con la utilización
mañosa de la categoría “ciudadanía”
(donde el “ciudadano-obrero” es igual al “ciudadano-empresario”, donde ricos y
pobres son todos “ciudadanos-vecinos”).
Precisamente,
porque la conflictividad está insertada en el seno del sistema de explotación,
y está exacerbada por los rasgos actuales de la mundialización capitalista y la
“democracia de mercado”, es imposible
ahorrarse la lucha de clases.
16.
La
necesidad de reforzar la identidad política radical de la CI, tanto como sus
instancias orgánicas y su funcionamiento, responde a la aceleración de los
tiempos políticos que imponen la crisis socio-económica y la resistencia
popular. Por lo tanto, el III Congreso no puede escabullirle el bulto a dos
desafíos fundamentales.
Uno,
reorganizar una izquierda clasista, revolucionaria, y socialista con capacidad
de articular un conjunto de propuestas de emergencia (democráticas,
anticapitalistas, antiimperialistas) para evitar que el ajuste, el desempleo,
la pobreza y el hambre, derroten al movimiento obrero y popular. Es decir, un
“programa” que sintonice con las necesidades sociales básicas, urgentes, que
frenen el proceso de expropiación que hace la burguesía.
Dos,
articular en la acción y la experiencia política militante acumulada de esa
izquierda clasista, revolucionaria, y socialista tanto en el Frente Amplio,
como en los movimientos que sostienen la amplia y plural resistencia social.
17. El campo radical no se cierra en
la CI. Esto ya nadie se anima a
discutirlo, ni tampoco a decir que la CI es la “única izquierda radical
existente en el país”. Tanto en los
movimientos sociales como en el Frente Amplio, e incluso en sectores y grupos
que no integran el marco orgánico de la unidad de la izquierda, existe una
práctica radical, clasista y, en algunos casos, una reflexión que apunta hacia
una perspectiva de unidad revolucionaria.
Esta
perspectiva se instala y atraviesa a grupos e identidades distintas. Los
“cortes transversales” son mayores hoy que hace una década. Entonces, el paisaje de los espíritus y las
cabezas insurrectas es multicolor y bastante más amplio, lo que viene a
contradecir cualquier visión determinista. Esta militancia insurrecta, clasista
y combativa, se encuentra tanto en el MLN y el PC, como en el 26-M, el PVP, y
hasta en el PS
Los
“cortes transversales” no responden a “subjetividades”, sino a las condiciones
objetivas de un proceso político donde se expresan por un lado las
modificaciones en el “tejido social” (fragmentación-reorganización) y al
agotamiento de experiencias político-organizativas que obliga a replantearse
muchas cosas. En tal sentido, no tener una política de alianzas hacia “la
izquierda de la izquierda” es jugar al revolucionarismo mesiánico y de chacra.
18. En contraste con la tendencia a la
integración al sistema de la mayoría
del Frente Amplio, que privilegia la acción institucional, hay una
izquierda que propone otras: una radicalización
democrática de “reformas estructurales” como contrapartida a las
contrarreformas liberales; iniciativas que asocien la lucha cotidiana
“antineoliberal ” con una lucha anticapitalista, en el entendido que vinculamos
esas luchas a una estrategia de acumulación revolucionaria y a un programa socialista (aunque éste no sea el
logotipo de presentación); combatiendo la
ideología de los conceptos “útiles” que justifican las propuestas de
“humanizar el capitalismo” o que presentan a la “globalización” como una
fatalidad insuperable; desmistificando las fórmulas “sociológicas” (como lo de
“guerra de pobres contra pobres”) que pretenden borrar de la memoria y la
conciencia colectiva una visión clasista de la sociedad. Se trata, entonces, de
repensar una estrategia de acumulación de fuerzas en la lucha política y
social, que escape del sectarismo periférico, tanto como del oportunismo
institucional.
Una
estrategia, en la cual, la temática de la resistencia (o mejor dicho, de la
necesidad de la resistencia) resume y traduce las reflexiones y experiencias de
lucha de los movimientos sociales.
¿Cuáles tensiones enfrentamos? Las de ubicar en su verdadera dimensión
táctica (lo que no es equivalente a tacticismo) las reivindicaciones que
asocien en el imaginario colectivo social, las demandas concretas, cotidianas,
con la necesidad de transformar la sociedad.
19.
Estamos por
una movilización popular organizada ¿Pero con cuál sentido o propuesta? La de
una recreación-apropiación democrática de las conquistas robadas por la
ofensiva capitalista. Donde la conflictividad es entre los derechos de la
sociedad y el “derecho” de propiedad privada. Una izquierda que se autodefine
como anticapitalista, no puede saltearse –en nombre del próximo Plebiscito, la
siguiente huelga, o el escrache de mañana- la tarea de trabajar sobre la dimensión rupturista (revolucionaria) que habita, aún
confusamente, en la percepción de una franja muy amplia de “luchadores
sociales” y de un sector del movimiento de masas, que se sienten cada día más
expropiados de sus derechos “ciudadanos” más básicos y elementales.
La
cuestión de otra legitimidad política y de otro “modelo” de sociedad, están
completamente ausentes de la conciencia
popular? ¿la “gente”, solo piensa en reivindicaciones inmediatas o a lo sumo
pelea por reformas? ¿el “color rosa” de la cantilena frenteamplista terminó por
dormir todas las conciencias? ¿No se estará subestimando la inteligencia
popular?
El
sacrosanto respeto al “Estado de derecho” y a la propiedad privada, no es
cheque en blanco de por vida. El proceso es lento, molecular, pero existe. Aun
en el cuadro de percepciones y niveles de conciencia de clase entrecruzados y
muchas veces difusos. Desconocer este proceso solo conduce al sectarismo
discursivo que se arroga la potestad de el ser revolucionario.
20.
El desafío
de politizar las luchas, de articular resistencia social con organización y
perspectiva política, evita la producción de una absurda división del trabajo
entre “reforma o revolución”. La “acumulación revolucionaria” es impensable
fuera de un horizonte de lucha que integre reforma y revolución para la
“transformación del orden imperante” tal cual lo proponía Rosa Luxemburgo. El
componente militante de esa izquierda anticapitalista, de potencial de lucha
por el socialismo, está en los movimientos sociales y en el Frente Amplio. Por
eso, es que la construcción de una alternativa revolucionaria pasa por la
articulación entre izquierda política y social, que frene la
institucionalización, la dispersión, y
formule un horizonte común.
21.
La CI, como
un momento de acumulación en la perspectiva de reorganización de una izquierda
anticapitalista, continúa siendo débil, aunque la derecha y su prensa
reaccionaria (El País, Búsqueda, El Observador Económico) tanto como los
sectores mayoritarios de la dirección del Frente Amplio, aludan permanentemente
a “los radicales de la CI” como el principal factor de desestabilización de la
“gobernabilidad democrática” y en el desafine de la sintonía reformista
disfrazada de “realismo” y «actualización
ideológica
Esta
debilidad tiene múltiples razones políticas y el III Congreso, seguramente, las
discutirá colectivamente y en profundidad, en el cuadro de una instancia
integrada por militantes plenamente metidos y comprometidos en el movimiento
real de las luchas políticas y sociales, desde el más pequeño de los sindicatos
o pueblo fronterizo del país, hasta la actividad de ediles locales o concejales
vecinales.
Militantes
organizados que piensan y actúan, que comparten las experiencias políticas y
sociales con miles de compañeros en los diferentes escenarios de lucha.
De
la misma forma, el III Congreso discutirá sobre los aciertos y los errores,
bajo la perspectiva de fortalecer a la CI como una organización política
unitaria y plural, que lucha por “hacer la revolución”.
En
el sentido, claro está, de que no existe una revolución en el “momento justo”.
Sin riesgos y sin sorpresas, la revolución sería una caricatura de laboratorio. Precisamente, porque la revolución
es por esencia “prematura” o, como decía el Che, una imprudencia creadora.
4
de agosto de 2002