Documentos para la Militancia
IIIer Congreso de la Unión de Militantes por el Socialismo (*)
Resolución sobre
la situación internacional (*)
Introducción
A comienzos de los
’90 los trabajadores y las juventudes de todo el mundo entendieron sin
dificultades que con el derrumbe de la URSS la historia ingresaba a una nueva
fase. Y comprendieron (no importa si esa comprensión era o no conciente y
explícita) que estaban a la defensiva frente al capital. Diez años después se
asiste a un nuevo viraje de la historia, de mayores consecuencias aún, pese a
que la línea divisoria no se presente tan claramente a los ojos de las masas.
Tomados como
símbolos, tres acontecimientos ocurridos en los últimos 18 meses dan la medida
de la profundidad y drasticidad de los cambios ocurridos en el escenario
internacional: la guerra contra Yugoslavia lanzada el 24 de marzo de 1999, la
reformulación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el 24
de abril de ese mismo año y el lanzamiento del Plan Colombia, el 31 de agosto
de 2000.
Esta fue la
respuesta estadounidense a una evolución política que desde todos los puntos
cardinales -y desde todos los ángulos ideológicos y políticos- avanzaba en detrimento
de su hegemonía y capacidad arbitral. Como lo explicáramos en su momento la
guerra contra Yugoslavia -particularmente devastadora y cobarde- fue el
reconocimiento fáctico de que, sin violencia máxima contra las masas y sin la
participación de ejércitos imperialistas para ejercer esa violencia, es
impensable la culminación y afianzamiento de la transición al capitalismo en
los países que antes integraron el llamado “mundo socialista”. Pero la guerra
no apuntó sólo ni principalmente a Yugoslavia; fue parte de un movimiento
estratégico de mayor alcance, destinado a formalizar la instalación de fuerzas
militares en el corazón geográfico, histórico y político de Europa. Por un lado
este movimiento apuntó a consecuencias de una realidad inocultable: la imposibilidad
no ya de mejorar sino siquiera de sostener las condiciones de vida de aquellos
pueblos mediante los mecanismos del mercado. Los efectos devastadores de la
introducción de estos mecanismos, provenientes del reemplazo de la
planificación por la ley del valor, aseguran la sublevación de masas crecientes
de la población y la consecuente reversión en todos los órdenes de los avances
logrados por el imperialismo en la ex URSS y los países del Este. Por otro
lado, la primera guerra de la OTAN en sus cincuenta años de existencia fue una
toma de posición de Estados Unidos respecto de sus propios aliados
imperialistas, tendiente a impedir la creación de un ejército europeo.
Esto y mucho más
se consumaría un mes más tarde, cuando por imposición de Washington la OTAN
cambió su doctrina (dejó de ser un instrumento militar defensivo para asumir la
condición de fuerza armada ofensiva) y su área de competencia (dejó de ser un
medio operativo en el ámbito exclusivo del Atlántico Norte, para atribuirse
jurisdicción en todo el planeta) (1). Este salto gigantesco le era necesario a
Estados Unidos tras los sucesivos fracasos por lograr, mediante acuerdo
político, el apoyo de la UE para atacar a Irak, mientras se perfilaba en el
horizonte el colapso de su política en todo Medio Oriente, se abría un nuevo
foco de inestabilidad y perspectiva revolucionaria en Indonesia (proyectada a
todo el sudeste asiático), resurgía el temor a una transformación
revolucionaria de la crisis en Irán, se agravaba la situación económica y
social en China y crecía el riesgo de ruptura del equilibrio en India.
El plan Colombia, por su parte, está
destinado no a un país sino a toda la región, caracterizada en el último
período por un agravamiento de la situación en cuatro planos perfectamente
diferenciados: fortalecimiento de las FARC y consecuente deterioro del control
político en Colombia; insurrecciones truncas pero de enormes proyecciones para
el futuro inmediato en Ecuador y Bolivia; revolución política en Venezuela, con
consecuencias fundamentales para la relación de fuerzas internas e
internacionales; reaparición de la Organización de Países Exportadores de
Petróleo; reunión de presidentes sudamericanos el 1° de septiembre en Brasilia,
donde se proyectó un área de mercado opuesto a la Asociación de Libre Comercio
de América (ALCA) diseñado por Washington.
Los
revolucionarios marxistas somos ajenos al tremendismo, a la extrapolación de
acontecimientos como método para reemplazar la dialéctica de la lucha de clases
por urgencias individuales o requerimientos circunstanciales de una
organización. Pero somos también irreconciliables enemigos de los eufemismos
destinados a no mirar de frente los acontecimientos en curso. Por eso afirmamos
que en estos pasos dados por el gobierno de Estados Unidos se resume una
determinación estratégica, exigida por lo que entiende será el devenir político
planetario de aquí en más. El contenido de estas tres decisiones no deja lugar
a dudas: Estados Unidos se apronta para enfrentar la resistencia de clases, pueblos
y países mediante la utilización de su última razón: la violencia. Por esto el
Plan Colombia puede ser caracterizado en términos estratégicos como una
declaración de guerra de Estados Unidos contra América Latina.
Importa subrayar
que esta crisis económica y su múltiple y complejísima expresión política no
resulta, como creyeron ciertas corrientes denominadas marxistas, de una
extraordinaria ofensiva proletaria mundial anticapitalista, sino como colofón
de una victoria imperialista sin atenuantes en todos los planos (económico,
político, militar, cultural, religioso, y ante todo ideológico); y que es en
esta victoria donde encuentra su punto de apoyo el ciclo de auge que ahora
culmina.
Para teóricos y
políticos de todo el arco ideológico, aquella victoria fue prueba de que las
causas que regularmente llevan al capitalismo a la crisis y el derrumbe habían
desaparecido definitivamente. La lógica formal, base para el pensamiento no
sólo de la derecha y el reformismo, combinada con el desconocimiento de las
leyes del sistema descubiertas por Marx y expuestas en El Capital, llevó a toda
una franja de militantes que habían creído en el advenimiento del socialismo
como continuación lineal del capitalismo, a renegar del fatalismo y concluir
que el derrumbe capitalista no era inexorable. Ocurre que ese colapso es,
efectivamente, inexorable, porque deviene del funcionamiento propio y normal
del sistema y es más perentorio y de mayores dimensiones cuanto más efectivo y
exitoso es su funcionamiento. No es fatal, sin embargo, la resolución
socialista del derrumbe capitalista. Pero en aquellos años de impar desbandada
ideológica afirmar que el capitalismo estaba en crisis y que se preparaban las
condiciones para una hecatombe planetaria era “catastrofismo”, o prueba de
“concepciones apocalípticas”, frente a serenas reflexiones de intelectuales y
políticos que mostraron los vertiginosos avances del capitalismo como argumento
para desistir de la idea de revolución y acomodarse en un resquicio del
sistema. Y en estos descubrimientos -que repetían los hallazgos del marxismo
reformista de principios de siglo- se afirmó una corriente muy amplia de
pensamiento según la cual el futuro previsible de la humanidad estaría dominado
por un capitalismo en expansión, dentro del cual sólo cabía conquistar mejoras
para las condiciones de vida y de trabajo de las masas. Una variante de esta
fuga de todos hacia ningún lugar adoptaron algunas corrientes del marxismo que
sostuvieron la posibilidad de recomposición del ciclo de crecimiento a largo
plazo mediante un simple cambio del ciclo comercial, empujado por la revolución
cibernética.
Por nuestra parte,
en el apogeo del supuesto éxito definitivo del sistema capitalista, afirmábamos
que “dentro del marco capitalista, no podrá haber salida del cuadro (de crisis)
descripto sin un saneamiento profundo, muy drástico, de la economía en los
países altamente desarrollados” (2).
Diez años después,
esta afirmación puede ser constatada por una mirada simple sobre el panorama
internacional. Nuestro pronóstico erró al suponer que en 1995 ya se reiniciaba
el ciclo recesivo de corto plazo, acelerando el paso hacia la depresión (3). De
hecho, la caída que se insinuó entonces en la economía estadounidense se
revirtió de inmediato y dio lugar a un auge que superó todas las expectativas.
Sin embargo, muy lejos de desmentir la dinámica de largo plazo -es decir, el
avance hacia una depresión profunda que exige el único tipo de saneamiento que
conoce el capitalismo en esa instancia, la destrucción de bienes- la
prolongación del lapso de crecimiento en Estados Unidos sólo postergó la hora
de la verdad, agravando a límites inusitados los datos de la crisis.
Esa hora ha
llegado. Volver sobre el debate entre las posiciones adoptadas cuando se inició
el período anterior es imprescindible para situarse frente a la nueva situación
internacional. Un cambio de situación, por drástico que sea, siempre mantiene factores
de continuidad en los que habrá que apoyarse para descubrir y comprender los
factores nuevos y, sobre todo, la nueva dinámica. Plantados frente a la nueva
situación, será diferente la óptica y el accionar de aquellos que abdicaron de
la idea de revolución y proclamaron la necesidad de ceñirse a la búsqueda de
reformas dentro del sistema; la de quienes imaginaban la salida del camino
hacia la depresión merced a la revolución cibernética; o la de quienes
interpretaron ese momento como instancia decisiva de sublevación victoriosa de
las masas obreras en todo el mundo.
Por nuestra parte,
en la certeza de que el mundo asistía a una contraofensiva global
estratégica del imperialismo, victoriosa en todos los terrenos, que las
masas obreras lejos de estar a la ofensiva estaban en un retroceso dominado por
una confusión ideológica y una apatía política sin precedentes, que la
iniciativa la tenían sin disputa los agentes del capital y que sería muy arduo
recomponer las fuerzas de los revolucionarios marxistas a escala nacional e
internacional, todo lo cual ocurría en un marco de profunda e irreversible
crisis del sistema capitalista, sosteníamos:
“Este cuadro va a
abrir cuatro grandes ejes de confrontación, que marcarán el curso político del
mundo de aquí en más:
# como resultado
de la crisis del capitalismo se va a agravar la competencia interimperialista,
la pugna de los grandes centros del capital por el control de los mercados y
por la succión de la plusvalía universal. Eventualmente, esta pugna puede
llevar a situaciones bélicas;
# otra área de
confrontación es la de las burguesías imperialistas con sus propios pueblos,
con sus trabajadores, con sus masas oprimidas, aplastadas, desocupadas,
marginalizadas. Esto es muy importante porque afecta el equilibrio de los
países del primer mundo, quiebra su homogeneidad, limita su capacidad de
movimiento y puede, eventualmente, llegar a paralizarlos;
# un tercer ámbito
de confrontación es el de las burguesías imperialistas aliadas con las
burguesías de los países del Tercer Mundo, contra los pueblos de ese Tercer
Mundo y contra sus trabajadores, que reaccionan contra esta crisis
multiplicada; [Cabe aclarar que en el mismo curso se afirmaba: “hasta ahora a
estos países (subdesarrollados) se los ha llamado también Tercer Mundo,
asumiendo que el primero era el de los centros imperialistas y el segundo el
así llamado ‘mundo socialista’. En nuestro análisis de la situación actual de
Europa del Este y la ex URSS concluimos que allí no hay retorno al capitalismo.
Y tampoco, por cierto, un avance hacia el socialismo. En otras palabras: aquel
ya no es el segundo mundo, pero tampoco -¡mucho menos!- el primero. De acuerdo
con la clasificación que se hizo antigua con el desmembramiento de la URSS,
todos aquellos países en realidad forman parte ahora del Tercer Mundo, más
precisamente, del mundo subdesarrollado”]
# y un cuarto eje
se presenta en el choque de las burguesías imperialistas contra los países del
Tercer Mundo como tales, es decir, incluidos sectores significativos de sus
clases dominantes.
“Descartamos de
plano, terminantemente –seguía diciendo ese documento- la hipótesis de una
recomposición del capitalismo mundial sin este choque múltiple. Pero también
rechazamos la idea de que de tal conflagración pudiera salir un capitalismo
airoso, democrático, humanista, adecuado a las necesidades del ser humano. En
realidad, si los trabajadores, los pueblos oprimidos, las capas sociales
afectadas por la crisis en todo el planeta no lograran salir al cruce de esta
situación y plantear en términos efectivos una solución socialista, el mundo
afrontaría una nueva catástrofe, sin duda mayor a las que el capitalismo ya
produjo por dos veces durante este siglo. En otras palabras, la alternativa es
nuevamente socialismo o barbarie” (4).
A la luz de los
diez años transcurridos reafirmamos esta caracterización, ahora en un nuevo
cuadro de situación y relaciones de fuerzas internacionales, con la iniciativa
política aún en manos del capital y la lucha interimperialista rigiendo el
curso fundamental de la política internacional, pero en con la muy potente
reaparición en el plano político de la confrontación imperialismo-nación y un
nuevo estadio en la sublevación de las masas explotadas y oprimidas del campo y
la ciudad en muchos puntos del globo, lo cual ha transformado por completo la
dinámica de la crisis.
Sin comprender la
génesis de la actual situación no será posible comprender y actuar
correctamente, desde el punto de vista del proletariado y la revolución
socialista, frente a fenómenos tales como la reaparición del Grupo de los 77,
el renacimiento de la OPEP -y su trascendental efecto inmediato (el aumento en
un 400% en el precio del petróleo crudo), la revolución en Indonesia, los
cambios en Irán, el fracaso de la política estadounidense frente al conflicto
palestino-israelí, la evolución de la situación en la ex URSS y los países del
Centro y Este europeos, o la revolución política en curso en Venezuela. Y
errando en relación con estos temas cruciales, sería imposible restablecer el
vínculo entre pensamiento marxista y masas explotadas, con lo cual quedaría
clausurado el propio intento de recomposición del pensamiento y la organización
marxista.
A fines de 1991,
uno de los documentos sobre los cuales luego se fundaría la UMS sostenía:
“Incluso renombrados teóricos marxistas fueron confundidos por el largo ciclo
de auge, al punto de poner en duda, relativizar o directamente negar la validez
de la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia, concepto clave en Marx
para explicar el ineludible empantanamiento del proceso de reproducción y
acumulación de capital que desemboca en la crisis. El hecho es que la tasa de
ganancia volvió a caer y, como el viejo topo al que aludía Marx, corroyó los
cimientos del sistema mundial. Aun entre quienes reconocen este fenómeno y sus
consecuencias, se atribuye por lo general un efecto neutralizador de la crisis
a los nuevos descubrimientos científico-técnicos aplicados a la producción y
los nuevos métodos de organización laboral. La influencia de estos factores
como fuerza para torcer la curva descendente de la tasa de ganancia no podría
ser desconocida. Pero tampoco elevada al grado de panacea, como de hecho ha
ocurrido, a punto tal que a menudo el concepto de reconversión capitalista
encubre por completo la base de ese fenómeno, a saber, la propia crisis
estructural. Esta famosa reconversión, sin embargo, no tiene ni por
lejos la potencialidad recreadora de los factores que sostuvieron el prolongado
auge de posguerra y tampoco se basta a sí misma para neutralizar el efecto de
la fuerza que empuja a la crisis. De allí que los estrategas del capital
debieran recurrir, entre otras, a tres palancas para empujar la roca por la
colina de Sísifo: a) caída vertiginosa en el precio de las materias primas; b)
crecimiento del endeudamiento en general y de la deuda externa de los pases
dependientes en particular; c) abaratamiento de la mano de obra” (5).
El mundo asiste,
en suma, a una crisis sin precedentes del sistema capitalista. Pero ésta se da
en sincronía con la consumación histórica de la derrota de la revolución
mundial que en su momento significó la supremacía del stalinismo en el
movimiento comunista internacional. En esta debacle histórica, sólo la
Revolución Cubana supo mantener principios y banderas. Pero uno de esos
principios es que el socialismo no puede edificarse en un solo país. Para
sostener “las conquistas de la revolución”, como proclamó Fidel Castro a
comienzos de los ’90, era necesario reintroducir -acotado y controlado, pero
reintroducir- en la economía cubana el imperio de la ley del valor. Como cuando
Lenin impulsó la Nueva Política Económica (NEP) para salvar la revolución rusa
tras la derrota obrera en Alemania, la dirección del Partido Comunista de Cuba
alertó a las masas sobre los efectos ulteriores de ese viraje y acentuó el
papel de los trabajadores y los jóvenes en el manejo y control de la vida
económica y política. La permanencia de la Revolución Cubana en medio de un
marasmo que deglutió a prácticamente todos sus críticos de derecha e izquierda
es una extraordinaria victoria de los trabajadores y los jóvenes de todo el
mundo. Y es de todos ellos la responsabilidad de contribuir, en esta nueva fase
que se abre en la historia mundial, a sostener la continuidad de esa victoria
dentro y fuera de Cuba. Para ello es ineludible avanzar sin pausa hacia la
recomposición y reorganización de los revolucionarios marxistas en todo el
mundo. Este objetivo, impostergable, es lo contrario de la creación de centros
que se autoproclaman internacionales. La recomposición de fuerzas es una tarea
tan ardua como profunda y extensa es la crisis del pensamiento y la
organización revolucionaria marxista. Con la responsabilidad, la determinación
y la firmeza de que ha dado prueba desde su fundación, la Unión de Militantes
por el Socialismo afirma en su III Congreso que ha llegado la hora de dar pasos
efectivos que transpongan programas, proclamas y publicaciones, para comenzar a
afirmar cimientos de un accionar efectivo en la lucha de clases internacional.
Esto es imperativo en América Latina por la urgencia planteada por el Plan
Colombia. Pero debe plasmar también a escala mundial, afrontando las inmensas
dificultades que este objetivo plantea.
Fin de un ciclo económico
I.- El largo auge económico de Estados Unidos muestra su
agotamiento en el último trimestre de 2000. Ninguna corriente de pensamiento
económico duda que la primera potencia mundial ingresa a un período de
retracción. Hay diferentes pronósticos respecto de que ésta conduzca a un
simple estancamiento, una recesión, o desemboque en una depresión. En cambio
hay coincidencia en que suave, violento o violentísimo, el aterrizaje de
Estados Unidos repercutirá de manera negativa sobre los otros dos centros de la
economía mundial: la Unión Europea, cuyo débil crecimiento se sostuvo aferrado
al estadounidense y a la devaluación del euro; y Japón, que pese a los
innumerables intentos y los siderales recursos financieros empleados no logra
reaccionar de una caída que ya lleva una década.
II.- El auge estadounidense afirmado a partir de 1995, cuya
duración y magnitud mostró errónea nuestra previsión de entonces, tiene dos
fundamentos: la creación de capital ficticio en proporciones sin precedentes y
la completa omisión de la clase obrera en el escenario político planetario. El
primero, apoyado en y potenciado por la revolución cibernética; el segundo,
determinado por el desplome de la URSS y el tremendo impacto de este acontecimiento,
presentado como el fracaso del socialismo, sobre masas explotadas y oprimidas
de todo el mundo, con la consecuente confusión y degradación teórica,
ideológica y política en las filas real o presuntamente anticapitalistas.
III.- Sin subestimar el aliento a la inversión que significó
la entrada en escena de nuevas tecnologías con el consecuente aumento de la
productividad y la creación de nuevas áreas donde obtener ganancia, es posible
afirmar que en última instancia fue la parálisis del proletariado mundial el
factor determinante que permitió al capital utilizar estas formidables
conquistas científico-técnicas en su exclusivo beneficio y contrarrestar así,
por segunda vez desde comienzos de los 70, la caída de la tasa de ganancia, y
relanzar el crecimiento sin conflictos de envergadura -las escasas excepciones
confirman la regla- con el proletariado mundial en general y el de los países
imperialistas en particular.
IV.- Sería erróneo minimizar este aliento del imperialismo,
impresionante en términos de desarrollo de la capacidad productiva. Igualmente
erróneo y funesto sería interpretarlo como resultante del vigor y la lozanía
del sistema. Un cuadro análogo al actual se planteó a fines de los ’70. En ese
momento el factor subjetivo cumplió un papel diferente, aunque distante del que
requería la circunstancia histórica. Con la baja de la tasa de ganancia como
telón de fondo, una sucesión de resonantes acontecimientos políticos en todo el
mundo (derrota en Vietnam, caída del Sha en Irán, revolución colonial en
Africa, revoluciones en Granada y Nicaragua, agotamiento de las dictaduras del
Cono Sur, etc) había puesto al capitalismo en jaque a escala mundial ya a fines
de esa década.
V.- La respuesta imperialista fue lo que en su momento
denominamos contraofensiva global estratégica, cuyo resultado victorioso
redundó en una aceleración brutal de la superexplotación y la opresión de miles
de millones de seres humanos. La contraofensiva, victoriosa más allá de todo lo
esperado por sus propios gestores, culminó sin embargo con un cuadro distante
de la solidez económica y la afirmación de una capacidad política inapelable
por parte del imperialismo estadounidense, como lo sugirieron nociones tales
como “mundo unipolar” y “nuevo orden mundial”, que por ser
unilaterales impiden comprender la dinámica de la realidad internacional. De
hecho, al desaparecer la URSS y eclipsarse el proletariado a escala
internacional incluso en sus luchas reivindicativas, la crisis estructural del
sistema redundó en un nivel más elevado que nunca de la competencia y
confrontación entre los tres grandes centros del imperialismo.
VI.- Prueba de que aquella victoria había postergado la
crisis sin resolverla fueron la premonitoria caída bursátil de 1987 y la guerra
del Golfo en 1991, el inicio del retroceso japonés y el agravamiento de la
competencia interimperialista, la crisis de la deuda externa con epicentro en
América Latina y el fracaso rotundo de todos los planes de crecimiento
prometidos por las flamantes democracias burguesas (la denominada década
perdida, como si hubiese sido otro el saldo durante el resto del siglo XX).
Diez años después es posible repetir que la fuerza y capacidad de ataque por
parte del capital a las condiciones de vida del proletariado mundial, la brutal
centralización de capitales, el ahogo de las burguesías dependientes y el
saqueo de las riquezas de todo el mundo subdesarrollado, no finca en la salud
del sistema sino, por el contrario, en la enfermedad que lo corroe y le obliga
a avanzar de manera devastadora, multiplicando enemigos en todos los planos y
socavando sus propios cimientos en todo el planeta.
Realineamiento internacional de fuerzas
VII.- La omisión política del proletariado en este período de
oscurantismo ideológico y retroceso social, sincronizado con una extraordinaria
aceleración de descubrimientos científicos y avances tecnológicos, además del
costo humano que implicó (mensurable ahora en los 4000 millones de personas que
en todo el planeta están por debajo de la línea de pobreza, o en los 1000
millones que sufren cotidianamente el hambre, pero también en el aumento de la
explotación relativa y absoluta de la que es víctima la inmensa mayoría del
proletariado mundial), magnificó y aceleró la posibilidad de avance del gran
capital en su ciega procura del aumento de la tasa de ganancia, dando lugar a
un realineamiento de fuerzas en todos los planos.
VIII.- Libres de cualquier desafío inmediato, los tres
centros imperialistas intensificaron su confrontación por la ocupación y
control de áreas de mercado en todo el mundo. El FMI, la OMC y la OTAN fueron
escenarios diferentes de esa lucha, con los países subdesarrollados y dependientes
actuando como espectadores y víctimas. Estados Unidos utilizó esos instrumentos
sin tapujos ni limitaciones pero no en función de un “nuevo orden mundial”,
como recitaron irresponsablemente no sólo los propagandistas del capital, sino
en interés excluyente de sus grandes empresas industriales y financieras. A
poco andar quedaría demostrado que esa política, a la vez que cosechaba éxitos
inmediatos, debilitaba hasta consumir la capacidad de Estados Unidos de ejercer
frente a sus socios imperialistas un inapelable arbitraje mundial: la Unión
Europea aceleró su marcha hacia una moneda única, esbozó líneas de largo plazo
que en estos momentos comienzan a tomar cuerpo con la creación de un ejército
europeo, instancia inequívocamente confrontada con la nueva OTAN comandada por
Estados Unidos, mientras Japón resistió las presiones estadounidenses para que
adopte medidas de saneamiento drástico de su economía -especialmente su sistema
bancario, presa codiciada por Washington sobre la que de todos modos avanzó el
capital financiero estadounidense- y acentuó su política de control regional en
creciente contraposición con los intereses y las decisiones de Estados Unidos
en el área, que manipuló el colapso de los “tigres asiáticos” en 1997 con
absoluta prescindencia de los requerimientos de las burguesías locales y Japón.
IX.- En relación con este punto, cabe subrayar que también
erró la previsión de nuestros documentos respecto del ritmo y la forma en que
tendría lugar la adopción del euro. Si bien es un proceso todavía incompleto y
la creciente confrontación entre Francia y Alemania, así como la vertiginosa
caída del euro, revelan la gravitación de las causas que supusimos
dificultarían y eventualmente impedirían la adopción de la moneda única, es un
hecho que ésta existe y pesa ya en el escenario internacional. Persisten y
persistirán, presumiblemente con vigor creciente, las causas en las que
fundamos nuestra previsión respecto de las dificultades e incluso la
inviabilidad del euro. Pero la aceleración hacia la estructuración de la Unión
Europea durante los tres últimos años y la subordinación de las diferencias
entre sus quince componentes y en particular la admisión del papel rector de
Alemania puede ser entendida, a su vez, como resultante de la exigencia
planteada por la competencia interimperialista: es un hecho incontrastable que
la depreciación de esa moneda de cuenta que unifica al mercado europeo ha sido
una palanca decisiva para la disputa interimperialista y la prolongación de la
prosperidad de las grandes transnacionales de origen europeo.
X.- Mientras tanto, en los tres últimos años se acentuó
también y a velocidad sin precedentes (tanto que aún no existe un nuevo mapa
del cuadro resultante) la centralización de capitales, mediante la fusión de
empresas de un mismo bloque imperialista y la absorción entre competidores de
bloques diferentes. Si los detalles de este fenómeno requieren un estudio
particular, el fenómeno en sí no tiene incógnitas. Hay que diferenciar, como
explica Marx, la concentración (acumulación) de capitales, de su centralización.
En el primero hay creación de nueva riqueza; en el segundo, disminución de las
manos que la manejan. El primero resulta de un desarrollo de las fuerzas
productivas y la producción social; el segundo de la competencia entre los
capitalistas que detentan la propiedad de los medios de producción y cambio:
“la concurrencia actúa vertiginosamente, en razón directa al número y en razón
inversa al volumen de los capitales que reivalizan entre sí. Y termina siempre
con la derrota de los muchos capitalistas pequeños, cuyos capitales son
engullidos por el vencedor, o desaparecen” (La ley general de acumulación
capitalista; El Capital, T I, cap. XXIII). Esta ley relativa a la
centralización de capitales opera en cada país y a escala mundial. Quienes con
ligereza reemplazaron en sus papers los Estados por las transnacionales
y decretaron la defunción de aquéllos, no sólo mostraron desconocer la
naturaleza y función del Estado en el sistema capitalista, sino que se
autobloquearon la posibilidad de comprender hacia dónde evolucionaba la
realidad internacional durante la última década y cuál es el cuadro actual: la
centralización de capitales interimperialistas (y sus efectos políticos), así
como esta misma dinámica en la relación entre capitales imperialistas y
capitales -pequeños, medianos, grandes y muy grandes- es la clave para
comprender los cambios en las relaciones de fuerzas internacionales y
nacionales, los fenómenos políticos en curso y apoyar en esa realidad objetiva
una línea de acción proletaria independiente, revolucionaria y socialista.
XI.- Del mismo modo, la incomprensión respecto del fenómeno
en curso en los países antes componentes del llamado “mundo socialista”, la
noción metafísica de que sociedades no capitalistas se transformaban en
sistemas capitalistas de la noche a la mañana y por el sólo imperio de un
cambio de ideología y programa (ni siquiera de figuras) por parte de quienes
tienen en sus manos el comando del Estado, impidió ver la dinámica necesaria y
ahora impide comprender la realidad de aquellos países. El dato decisivo en
este sector, sobre todo a partir del default ruso en agosto de 1998, es
el freno en la carrera hacia el punto en que se da la transformación
cualitativa de una sociedad no capitalista en una sociedad capitalista
(consumación que, como sostuvo nuestro primer congreso, no puede ocurrir sin
violencia extrema contra el 99% de la población, para lo cual no hay
instrumentos capaces al interior de esos países, lo que supone una intervención
directa de ejércitos imperialistas). Aunque la situación de cada país del ex
Pacto de Varsovia es diferente, el curso general puede observarse en Rusia,
donde el reemplazo de Yeltsin por Putin en Rusia muestra un desplazamiento en
el control del Estado de los sectores procapitalistas de la antigua burocracia
(algunos de los cuales han acumulado grandes sumas de capital y actúan como
representantes de una protoburguesía) aliados con el capital imperialista, a
favor de figuras representativas del aparato del Estado, en especial de las
fuerzas armadas, cuya base de sustentación es el propio Estado y no la posesión
de capital. No hay duda que estos nuevos rostros de la antigua casta tienen las
mismas intenciones que sus predecesores (como por otra parte la tienen los
dirigentes del llamado Partido Comunista de la Federación Rusa); pero no son
las intenciones las que cuentan, sino la confrontación de fuerzas objetivas
entre estos dos sectores (uno que debe destruir el aparato económico-político
del Estado y otro que depende de él para sobrevivir), en el marco de un mundo
capitalista signado centralmente por la crisis. La firma de acuerdos
militar-estratégicos de Rusia con China, Irán y Georgia, en abierta línea de
colisión con todo el despliegue militar estratégico estadounidense es la
expresión más impresionante, en el plano de la política internacional, de aquel
viraje decisivo en el curso interno de Rusia y demás países del Centro y el
Este europeos.
XII.- En este marco, y en línea de continuidad con el informe
internacional aprobado por nuestro II° Congreso, reafirmamos que la devastadora
guerra contra Yugoslavia, comandada por Estados Unidos y de la que participó
sin escrúpulos la Unión Europea (incluso con el silencio de buena parte de las
izquierdas, que encubrió con la denuncia a Milosevic la capitulación ante sus
burguesías), es sólo un episodio en el replanteo estratégico de la
confrontación objetiva, a escala internacional e histórica, entre
capitalismo y socialismo, que en aquella región del mundo prepara el
dispositivo militar para afrontar el inexorable colapso en cadena de los
gobiernos y regímenes que timonean el intento de transición al capitalismo. Es
con estos parámetros que la UMS debe esforzarse por estudiar los detalles de la
situación de cada país de aquel sector y en especial de Rusia. A partir de un
análisis fundado en los hechos será posible prever en qué medida los regímenes
de la actual transición negativa pueden prolongar su existencia, qué fuerzas
obreras, campesinas y juveniles se están gestando, qué ocurre con el
pensamiento y la organización marxistas en aquellos países y, por lo tanto, qué
papel van a jugar en el próximo período la vanguardia y las masas de la ex URSS
y los restantes países del ex Pacto de Varsovia, conjunto al que debe sumarse
las partes de la ex Yugoslavia.
XII.- Sobre la base de reafirmar las caracterizaciones
globales de dos países claves como lo son China e India, el IIIer Congreso de
la UMS debe encomendar al próximo Comité Central el estudio y seguimiento
minucioso de ambos. Por lo pronto, es posible asegurar que China ha llegado a
un límite en la introducción de criterios de mercado a su economía, con
resultados gravísimos para el conjunto social, en el marco de un crecimiento
sistemático muy elevado durante dos décadas, que hasta donde puede medirse
desde el actual estado de las fuerzas revolucionarias marxistas, encontró su techo,
mientras las estadísticas muestran una verdadera catástrofe social. Su próxima
incorporación a la OMC acentuará todos los aspectos negativos de la reforma
pro-mercado, y sólo muy parcialmente podrá ofrecer a las autoridades chinas
demanda comercial externa suficiente y sostenida para su estrategia. Esto
agudizará las luchas sociales por un lado, pero también acentuará la necesidad
de la burocracia de disputar mercados como cuarto protagonista en la rebatiña
internacional, mientras al interior crece la oposición social y, eventualmente,
política.
XIII.- La finalización del proceso de pacificación en Oriente
Medio, impuesto por Estados Unidos luego de la guerra del Golfo para consolidar
un nuevo statu quo signado por el hecho de que, tras el desembarco de marines
en Arabia Saudita y el apoyo de países árabes para destruir a Irak, Israel
dejaba de ser el exclusivo portaaviones estadounidense en la región y pasaba a
ocupar un lugar eventualmente subordinado en los intereses estratégicos de
Washington, significa precisamente un doble fracaso de Estados Unidos: como
árbitro supuestamente inapelable, y como artífice de una estrategia en la cual
las piezas se acomodan en su exclusivo beneficio. Todo lo demás resulta
anecdótico frente a esa constatación, que se complementa con la siguiente: la
conducción de la OLP y el gobierno israelí se mostraron incapaces de cumplir su
papel dirigente frente a sus propios pueblos. Es decir, no fueron capaces de
imponer la “paz” exigida por Estados Unidos. La lógica reaccionaria del Estado
israelí se impuso en un caso y en el otro la resistencia popular encarnó el
sentimiento antimperialista que con diverso carácter e intensidad viene
creciendo de modo sistemático desde la revolución en Indonesia, enfrentando a
la vez la voluntad de Washington y la conducción de la OLP. Como quiera que
sea, hasta donde podemos ver en la heroica y desesperada resistencia de la
juventud y el pueblo palestinos no se observan signos de una estrategia
antimperialista basada en un frente único con los trabajadores y los pueblos
árabes que pudiera sumar a las víctimas israelíes de las direcciones sionistas
más o menos extremistas de ultraderecha. Por el contrario, desde nuestra óptica
-ciertamente muy limitada, como en otras áreas, por la inexistencia de una
organización revolucionaria internacional- se percibe un fortalecimiento del
fudamentalismo islámico, lo cual de verificarse sólo puede conducir a un
aplastamiento de esos jóvenes que hoy ofrendan su vida por la revolución.
XIV.- Un fenómeno análogo, aunque con particularidades que
pueden torcer rápidamente el rumbo que hoy se percibe, es el de la revolución
en Indonesia, que a comienzos de 1998 sacudió -y de manera definitiva- el equilibrio
en todo el sudeste asiático. Hasta el momento se ha impuesto allí la tendencia
pro-islámica, de carácter reaccionario y defensora del capitalismo, en
detrimento de una recomposición de fuerzas anticapitalistas que ciertamente
está en curso pero no muestra todavía signos de haber operado una superación
cualitativa. Este fenómeno, sin embargo, debe ser observado en conjunto con la
evolución de proletariados tales como los de Korea del Sur y Taiwán, así como
de los obreros de Filipinas, Singapur, Thailandia y Malasia, todos ellos
sacudidos hasta las raíces por la crisis de 1997, que como señaló nuestro Ier
Congreso, cerró definitivamente la puerta a ensueños de desarrollo capitalista
sostenido no sólo en aquellos supuestos “tigres asiáticos”, sino en todo el
Tercer Mundo. Dada la continuidad y profundización de la crisis en aquella
región, será necesario observar con el mayor detalle la evolución de los
proletariados de Korea del Sur y Taiwán, que por su desarrollo y experiencia
podrían dar un paso adelante en el próximo período, gravitando sobre los
obreros, campesinos y estudiantes de los ex “tigres asiáticos”.
XV.- También deberá nuestro IIIer Congreso encargar al Comité
Central entrante que se aboque a estudiar los cambios en el continente
africano. Por un lado, se observa una reactivación importante de instancias
“tercermundistas”. Por otro lado, el curso de la revolución en Sudáfrica ha
llegado a un punto de definición que previsiblemente deberá resolverse en el
próximo período, exigiendo una definición neta entre fuerzas revolucionarias y
contrarrevolucionarias. Dada la importancia trascendental que esto podrá tener
para la revolución africana y mundial, el IIIer Congreso de la UMS mandata al
Comité Central entrante para arbitrar los medios a fin de tomar contacto
directo con las organizaciones obreras y revolucionarias sudafricanas, a fin de
incorporar a su política internacional esta pieza fundamental de la realidad
mundial.
XVI.- Desde la inédita protesta realizada en Seattle,
(Estados Unidos), con motivo de la realización de una reunión de la OMC, se han
sucedido acontecimientos de pareja significación como los ocurridos en
Washington, Davos (Suiza) y Praga (República Checa). La UMS registra estos
hechos de masas como la irrupción del descontento en los países imperialistas,
con protagonismo predominante de capas medias y participación de diferente
grado de sectores burocráticos del sindicalismo y los partidos del sistema,
además de pequeñas fuerzas de izquierda. El signo distintivo es, por tanto,
comprobación adicional no sólo de la crisis del capitalismo sino de la
ineludible reacción de masas que esto genera. En ese sentido, este fenómeno
viene a sumar fuerzas al conjunto indefinido y desestructurado de fuerzas
antimperialistas. Pero a la vez, las demandas de proteccionismo y el carácter
antipartidario de sus principales figuras constituyen, en el mejor de los
casos, una cuña del pensamiento reformista pequeño burgués y burocrático en las
nuevas filas de oposición objetiva al capitalismo; y en el peor, una base de
sustentación para derivaciones reaccionarias (esa es la posición de la AFL-CIO,
cuyo peso fue sensible en las movilizaciones de Seattle y Washington), que
pretenden “defender el empleo” impidiendo el ingreso de inmigrantes,
estableciendo barreras aduaneras y alineándose con las burguesías “nacionales”.
En la certeza de que la aparición de este fenómeno tiene una enorme importancia
estratégica y confirma la crisis del capitalismo y sus efectos inexorables, la
UMS debe tratarlo con el máximo de cuidado, contrarrestando mediante una
discusión minuciosa de cada caso particular en sus núcleos e instancias de
dirección, la opción falsa de sumarse acríticamente o rechazarlo
indiscriminadamente. El punto de partida para la política a trazar frente a las
diferentes manifestaciones y articulaciones de este fenómeno (como es el caso
de ATTAC), reside en que se trata de una respuesta a la crisis que no proviene
ni de la clase obrera, ni del pensamiento revolucionario marxista.
La nueva coyuntura histórica en América Latina y el Caribe
XVII.- Luego de la “década perdida” (1980-1990), el resultado
a la vista en América Latina de la aplicación de la política económica impuesta
desde los centros imperialistas (privatización de las empresas públicas,
apertura total de los mercados, entrega de las riquezas naturales, distorsión
de precios relativos por la manipulación de las monedas y sideral fuga de
divisas por vía de pagos de intereses, remesas de ganancias, royalties y patentes,
además del desplazamiento de masas siderales de dinero de capitalistas locales
hacia Europa y Estados Unidos), tras derivar en aumento de la explotación
absoluta y relativa, explosión del desempleo y -pasado el período de ficción de
crecimiento basado en el crédito- caída sistemática de la demanda agregada,
deja como saldo un cuadro macroeconómico determinado por el déficit externo -a
su vez determinado por la deuda externa-
la descapitalización, una centralización brutal de capitales y una
recesión de la cual no se logra salir más que por brevísimos períodos y que
ahora se verá multiplicada por el impacto global de la retracción en Estados
Unidos.
XVIII.- En apenas diez años, durante los cuales fue aplicado
prácticamente sin resistencia política en todo el continente, ese conjunto de
medidas anticrisis del capitalismo central bautizado como neoliberalismo,
ha agotado su capacidad para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia,
pero sobre todo ha socavado muy hondo las bases del propio sistema.
Particularmente en los cinco últimos años, en todo el continente se invirtió la
tendencia establecida cuando las dictaduras dieron paso a gobiernos constitucionales,
imponiéndose en toda la región -aunque en diferente grado y por diferentes
mecanismos- formas de control político que en lugar de fortalecer los regímenes
democrático-burgueses los han debilitado de manera sistemática hasta vaciarlos
completamente de contenido y bloquear toda perspectiva consistente de
afianzamiento.
XIX.- En ese período, además, la expresión más avanzada del
más poderoso proletariado industrial de América Latina, el PT de Brasil, cambió
drásticamente su definición y accionar antimperialista y anticapitalista
definidos en su Congreso Fundacional y ratificados por su 8° Encuentro
Nacional, a comienzos de 1994, por prácticas de integración al sistema.
Mediante formulaciones y líneas de acción de filiación socialdemócrata y
socialcristiana, el PT se negó a sí mismo como alternativa política para las
masas explotadas y oprimidas de la región. No podrá exagerarse el impacto
múltiple y duradero de este giro regresivo, equivalente histórico del
alineamiento de la socialdemocracia europea con las burguesías que avanzaban
hacia la guerra a comienzos del siglo XX, pero sin la contrapartida de una
perspectiva comunista reivindicada en Zimmerwald, afirmada con la Revolución
Rusa en 1917 y plasmada en la Tercera Internacional durante 1919 y 1925. El
viaje de Luiz Inacio Da Silva a Buenos Aires durante la campaña electoral de
1999 para respaldar la candidatura de De la Rúa es la expresión patética del
curso contrario a las necesidades de los trabajadores de América Latina,
adoptado por el sector hegemónico del PT sin que ninguna de sus tendencias
internas asumiera la responsabilidad histórica de levantar la voz a escala
continental para contradecir esta conducta proburguesa y, por ello,
contrarrevolucionaria.
XX.- Como resultado directo de esta deserción histórica el
proletariado latinoamericano no sólo dejó de levantar una bandera política
frente a la crisis espasmódica del capitalismo, sino que incluso se replegó
hasta casi desaparecer en su lucha reivindicativa. La huelga de los petroleros
de Brasil, a mediados de 1995, fue el canto del cisne de aquella perspectiva
encarnada desde 1980 por el PT. En el mejor de los casos sectores proletarios
de cada país defendieron aislada y limitadamente sus conquistas económicas, y
fueron casi invariablemente derrotados. La lucha se desplazó hacia los
campesinos, que apareció así durante el último período como eslabón más débil
de la cadena de explotación y opresión del sistema capitalista latinoamericano.
El eclipse del PT y la aparición en primer plano del Movimento Sem Terra resume
ese curso, que tiene sin embargo expresiones análogas en las grandes luchas de
la Federación Nacional Campesina de Paraguay, las sublevaciones indígenas y
campesinas de Ecuador y Bolivia y el impacto de la sublevación de Chiapas.
XXI.- Mientras tanto las organizaciones autodenominadas
revolucionarias marxistas continuaron su camino de disgregación y negación en
los hechos de sus postulados verbales, hasta prácticamente desaparecer del
escenario político continental. Los pocos esfuerzos por revertir esta dinámica
desde bases ideológicas, programáticas y organizativas inequívocamente
identificadas con la continuidad histórica del pensamiento revolucionario
marxista, de los cuales fue promotora y partícipe la UMS, o fracasaron
redondamente (como la propuesta de la UMS a la tendencia Democracia Socialista
del PT de convocar en Brasil a un encuentro de organizaciones revolucionarias
marxistas, reiterada en varias oportunidades desde 1997), o expiraron tras el
primer aliento (como el Encuentro que, a instancia de la UMS, organizó el
Partido Popular Revolucionario Paraguay Pyahurá, en 1998), o tras un comienzo
auspicioso y potente perdieron impulso y quedaron muy por debajo de las
expectativas y las posibilidades (como el Primer y Segundo Encuentro de los
Comunistas, que plasmaron en diciembre de 1999 la línea de acción que la UMS
sostiene desde su fundación).
XXII.- No puede sorprender, por tanto, que ante la irrupción
arrolladora de la crisis, la burguesía tomara una vez más la iniciativa. En
representación del capital local más poderoso de la región, el gobierno de Brasil
convocó el 1° de septiembre pasado a una reunión de presidentes sudamericanos.
Poniéndose a la vanguardia en la defensa del capital frente a la irracional
embestida imperialista y dejando descolocado por completo al PT, la alianza
gobernante en Brasil, cuyo presidente pertenece al PSDB (Partido Social
Demócrata de Brasil), respaldado por la Unión Unión Europea, levantó como línea
de acción estratégica la creación de un mercado sudamericano en abierta
confrontación con la intención estadounidense de crear un “mercado común de
Alaska a la Patagonia”. Las articulaciones de esta línea proteccionista
falsamente antimperialista serán varias, pero en todos los casos significan
precisamente la imposición de una estrategia burguesa que no sólo ocupa el
lugar que debería haber cubierto una propuesta obrera, campesina, estudiantil y
popular a escala continental, sino que está enderezada frontalmente contra los
intereses inmediatos e históricos de los explotados y oprimidos.
XXIII.- Esto no obstante, el bloque en gestación bajo
hegemonía de Brasil supone un drástico y trascendental vuelco en la realidad
geopolítica continental, en detrimento y claramente confrontada en lo esencial
con la necesidad y la línea de acción estratégica de Estados Unidos. De hecho,
ante la omisión política de obreros y campesinos a escala continental, tiende a
conformarse una alianza burguesa que intentará aprovechar la lucha
interimperialista por los mercados del mundo, en la cual América Latina es una
joya preciada, pese a las tonterías poco inocentes que basadas en simples
números estadísticos del comercio mundial pretenden reducir la gravitación
geopolítica de América Latina a su participación porcentual en el giro
comercial de Estados Unidos.
XXIV.- El trasfondo histórico de este curso está dado por los
grandes movimientos nacional-populistas que, desde los intereses de la
burguesía, dominaron el panorama político latinoamericano entre los años ‘20 y
fines de los ´70 y cuya larga y penosa agonía puede ser simbolizada con la
suerte del peronismo en su último gobierno y la reciente derrota del PRI luego
de 70 años de reinado. Ese sedimento será un obstáculo mayor para la labor de
los revolucionarios marxistas entre las masas, dado que en lugar de haber
tomado la iniciativa cuando todavía la burguesía y el imperialismo no hallaban
una línea de acción en reemplazo de aquellas fuerzas procapitalista con
gravitación de masas, afrontan ahora la necesidad de actuar en un escenario
donde ya el centro ha sido ocupado por derivaciones varias de aquella
estrategia capitalista.
XXV.- A diferencia del carácter predominante que
históricamente adoptaron los fenecidos movimientos nacional-populistas, las
instancias con las que se los pretende reemplazar no podrán tener en ninguna
hipótesis rasgos populares y progresistas en ningún plano. Ideológica, política
y económicamente cualquier propuesta de este tipo tendrá un inequívoco signo
antiobrero y antipopular, definiciones de ultraderecha, aunque pueda ser
disfrazada durante un período con tintes socialdemócratas y/o nacionalistas de
izquierda. Ejemplo sobresaliente de esta realidad es el acto contra el FMI que
el 31 de Mayo realizó la CGT argentina llamada “disidente”, llevando al palco
ante más de 50 mil personas (con toda la izquierda incluida) a lo peor, más
reaccionario y represivo del panorama político argentino, con representantes de
la ultraderecha católica, torturadores y asesinos de las fuerzas armadas y la
burocracia sindical y testaferros del capital financiero internacional.
XXVI.- El desafío teórico y político que plantea esta nueva
situación es mayúsculo, no tiene precedentes en la historia latinoamericana y
reclama con extrema urgencia la recomposición de instancias revolucionarias
marxistas a escala como mínimo continental. Entre el riesgo del aislamiento sectario
y el seguidismo oportunista hay una estrechísima franja cuya delimitación
requiere de capacidades teóricas, fuerza organizativa y audacia política que no
puede esgrimir hoy ninguna fuerza revolucionaria marxista.
XXVII.- Este panorama tiene su contrapartida en un cúmulo de
acontecimientos que traducen la fuerza y la potencialidad extraordinarias de
una perspectiva revolucionaria continental. Deben ser destacados dos entre
ellos, por la poderosa proyección que están llamados a ejercer en el desarrollo
de las luchas sociales y políticas del futuro inmediato: la victoria en la
resistencia de la Revolución Cubana (o, visto desde otro ángulo: la derrota de
Estados Unidos y todos sus socios políticos e intelectuales que apostaron al
derrocamiento de Fidel Castro); y el curso positivo que adoptó en Venezuela la
desintegración de los partidos que durante medio siglo sostuvieron un régimen
democrático-burgués en aquel país, con la aparición de un nuevo fenómeno
político en la región, personificado en el presidente Hugo Chávez.
XXVIII.- En su II° Congreso la UMS debatió y aprobó una
caracterización y una línea de acción en relación con el Polo Patriótico y el
presidente Chávez. Este Congreso ratifica aquellas decisiones y muestra como
prueba del curso fundamental del proceso venezolano la reciente visita de una
semana de Fidel Castro a Venezuela y la conferencia de prensa que ambos
presidente hicieron como conclusión, la cual constituyó en los hechos una
presentación ante los trabajadores y los pueblos del mundo de una propuesta
antimperialista ante la crisis capitalista mundial, signada por las
características singulares de Chávez por un lado y por la definición socialista
de Castro por el otro. Este acontecimiento resume la confluencia de lo más
avanzado que ha producido la crisis capitalista continental en la última
década, con la Revolución Cubana luego de haber resistido la brutal crisis
subsiguiente al derrumbe de la Unión Soviética. El carácter explícitamente
antimperialista de esta presentación mundial, sumado al contenido simbólico de
Fidel, constituyen una bandera que los revolucionarios marxistas de todo el
mundo deberán levantar como punto de partida de un intenso proceso de
recomposición de fuerzas en todos los planos y a escala latinoamericana y
mundial.
XXIX.- En relación con la evolución de la situación interna
de Venezuela, el dato principal en este momento es el llamado a un referéndum
para decidir si se hacen o no elecciones sindicales con padrón único para
renovar todas las autoridades de la estructura sindical, en la que largamente y
desde hace décadas predomina una burocracia idéntica a la de la CGT de
Argentina, aunque con marbete socialdemócrata. La UMS observa con el mayor
detalle este proceso, en el que están en juego no sólo la aniquilación de la
burocracia –objetivo con el cual se alinea sin cortapisas- sino la
independencia política de los trabajadores. Este Congreso mandata al Comité
Central entrante para que tome contacto directo con este proceso y produzca
materiales informativos y conceptuales para seguirlo paso a paso.
XXX.- El avance de las organizaciones guerrilleras en
Colombia; la insurrección indígena, campesina y popular con apoyo de sectores
militares que en Ecuador tomó el poder por pocas horas; la insurrección
principalmente indígena y campesina, pero con significativa participación de
obreros, empleados y estudiantes que en Bolivia paralizaron el poder y
bloquearon La Paz, Cochabamba y Santa Cruz durante tres semanas; las grandes
luchas campesinas en Brasil y, aunque menos difundidas, las conquistas del
campesinado paraguayo; son otras tantas expresiones indicativas de la respuesta
de las masas a los efectos devastadores de la crisis y la comprobación de que,
aun superadas por la ausencia de una perspectiva revolucionaria capaz de
traducir esa potencia en alternativa política en cada país, existe la base
objetiva para plantearse una lucha antimperialista y anticapitalista victoriosa
que a escala continental resuelva con sentido históricamente positivo la crisis
sin precedentes que sufre el mundo y nuestra región.
XXXI.- Este cuadro general tiene un punto candente en
Colombia. Las conversaciones de paz apenas disimulan una línea de creciente
confrontación que incluso si sus protagonistas quisieran torcer no podrían
hacerlo de manera duradera. El fortalecimiento de las organizaciones
guerrilleras, en particular de las FARC, es un hecho que alarma a la burguesía
de todo el continente y al imperialismo, porque además de poner en cuestión el
equilibrio y la continuidad del sistema en ese país muestra a toda la región
que las fuerzas conjuntas del capital local e imperialista no son invencibles.
Hasta donde la UMS puede saber, el extraordinario fortalecimiento de las FARC
en el 40% del territorio que controla no tiene un desarrollo análogo en los
centros urbanos. Pero es claro que la extrema represión que sufren los
trabajadores y la juventud colombianas encubren y distorsionan la realidad. En
cualquier caso, es evidente que una eventual conjunción del movimiento obrero
urbano y la guerrilla, plantean la posibilidad cierta de derrocamiento del
régimen actual y la asunción de un gobierno revolucionario de los obreros, los
campesinos y el pueblo colombiano, lo cual detonaría una explosión social y
política de alcance continental. La UMS se alinea incondicionalmente tras esta
perspectiva, se reconoce como parte inseparable de este eslabón de la revolución
continental y se solidariza con las organizaciones revolucionarias colombianas,
con las cuales se propone fortalecer lazos de acción común y de elaboración y
debate en la perspectiva de recomposición de fuerzas revolucionarias marxistas
a escala continental.
XXXII.- El Plan Colombia es la respuesta estadounidense a
este conjunto de vertientes revolucionarias que tienden al fortalecimiento y la
confluencia, más allá de las enormes dificultades y asechanzas que afrontan. El
Plan Colombia, pese a su denominación, no está destinado a aquél país
únicamente y tampoco centralmente. Para Estados Unidos el desafío mayor hoy
tiene epicentro en Venezuela. No sólo porque el accionar internacional de
Chávez fue la clave que en un año reorganizó la OPEP, llevó el barril de
petróleo de 7 a un promedio de 30 dólares y clavó una daga mortal en el corazón
del recurso imperialista para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia,
sino porque fue también el factor clave para el giro geopolítico que tuvo su
expresión hasta ahora principal en la reunión de presidentes sudamericanos en
Brasilia. Es obvio además que la existencia y consolidación de la línea de
acción que actualmente gobierno Venezuela potencia estraordinariamente las
perspectivas de la revolución en Colombia. Con un poder político poco menos que
total, legitimado en seis elecciones sucesivas, Chávez está en condiciones de
transformar a Venezuela en una plataforma internacional de lucha
antimperialista que gravitaría de manera decisiva sobre el curso no ya de
América Latina, sino de todo el mundo subdesarrollado y dependiente, incluyendo
la región no capitalista integrada por la ex URSS, los países del ex Pacto de Varsovia
y China.
XXXIII.- Es esta magnitud la que permite sopesar el contenido
real del Plan Colombia, al cual caracterizamos en términos estratégicos como
formal declaración de guerra de Estados Unidos contra los pueblos de América
Latina y el Caribe.
XXXIV.- Bastaría con esta afirmación para sostener que
nuestra región ha ingresado de lleno en una nueva etapa histórica. Pero ésta
debe insertarse en el contexto mundial de crisis estructural y reaparición
coyuntural de la recesión en Estados Unidos y su inexorable impacto sobre el
resto del mundo, con el resultado de una agudización de la confrontación
interimperialista y de la lucha antimperialista en la cual jugará un papel
central la disputa por la hegemonía contra el intento burgués de encaminarla en
función de sus intereses y de la defensa del sistema.
XXXV.- El IIIer Congreso de la UMS ratifica la línea
estratégica del Congreso Fundacional consistente en combinar la propuesta de
Bloque Antimperialista Continental con el llamado a dar con la mayor energía
los pasos necesarios para afirmar una instancia latinoamericana de los
revolucionarios marxistas.
En 1997, junto con otras tres organizaciones del Cono Sur
presentamos al VII° Encuentro del Foro de São Paulo la propuesta de bloque
antimperialista y propusimos consignas tales como No a la guerra; No a la
intervención de fuerzas militares imperialistas en ninguna parte del mundo;
Contra el racismo y la xenofobia, Contra la represión y la impunidad; Contra el
saqueo mediante la deuda externa... Ajustado a la nueva situación creada
por el Plan Colombia y luego de la guerra contra Yugoslavia, la reformulación
de la OTAN y la proliferación de ejercicios militares, incluso y
particularmente en territorio argentino, este criterio de acción cobra ahora
actualidad y urgencia indiscutibles y constituye una plataforma sobre la cual
podrá llevarse a cabo la acción conjunta con innumerables corrientes
antimperialistas y, en ese marco, acelerar la recomposición de las fuerzas revolucionarias
marxistas.
Notas:
1.- Europa en guerra: causas y perspectivas. Crítica N° 21, Mayo-Junio-Julio de 1999.
2.- Curso de Formación política para trabajadores, Introducción a la realidad contemporánea tras la desaparición de la URSS. Buenos Aires, agosto de 1992; Ediciones del Centro de Estudios Marxistas Pedro Milesi.
3.- Entre otros materiales y exposiciones que trataron el punto, citamos la ponencia de la UMS al V° Encuentro del Foro de São Paulo, en mayo de 1995: “Luego de un breve cambio en la tendencia recesiva en Estados Unidos, nuevamente se observan ahora los signos de una tendencia de largo plazo que apunta a una depresión global” (Crítica N° 11, pág. 35);
4.- Ibid. Curso de Formación política para trabajadores
5.- El mundo después de la guerra del Golfo y sin la URSS, Crítica N 1; octubre de 1991; página 11 y ss.
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