Documentos para la Militancia

IIIer Congreso de la Unión de Militantes por el Socialismo

Resolución sobre

la situación nacional (*)

 

Introducción

I- Para comprender la realidad nacional en el período transcurrido desde el 2º Congreso de la UMS (setiembre 1999) hasta la fecha, hay dos elementos centrales a considerar: la evolución negativa de la economía en este período, y el persistente retraso de la lucha de clases. Elementos que condicionan a todos los demás aspectos de la vida política del país, entre ellos el proceso de construcción del partido revolucionario.

II- Para seguir el desarrollo de la economía - aún en grandes líneas- partimos de la caracterización que contenía, en su punto VI, el Documento Nacional de nuestro 2º Congreso. Se concluía que:   

«Este último intento de desarrollo burgués del país conduce nuevamente, como en los reiterados intentos del  último medio siglo, a una situación de deterioro de la estructura productiva argentina entre cuyos rasgos salientes podemos destacar:

1-   Descapitalización neta del país

2-   Crecimiento exponencial de la deuda externa, pública y privada.

3-   Predominio creciente del capital financiero sobre el industrial

4-   Creciente centralización del capital y ruina de los pequeños y medianos productores

5-   Encarecimiento del crédito disponible, aún existiendo masa de capital disponible.

6-   Aumento de la explotación absoluta y relativa y el ejército de reserva de desocupados.

7-   Fase recesiva del ciclo económico que tiende a prolongarse.

A esta situación la denominamos, en estricto alineamiento con la teoría marxista, de crisis. Una crisis capitalista de sobreproducción de valores de cambio».

Un año después esta caracterización puede suscribirse en todos sus términos. Pero un análisis cuantitativo demuestra que muchos de estos aspectos, se han agravado.

III- El primer aspecto - Descapitalización neta del país- fue más discutido durante el período peronista, generó controversias, porque hubo años en los cuales existió ingreso de capitales con saldo neto favorable, aunque globalmente el signo fue negativo para el período. El endeudamiento del sector privado y las formas tramposas de autopréstamos han sido los mecanismos utilizados para saquear al país. Esto se acentuó después de la crisis del 97. En cuanto al año 99 (últimos datos) nos remitiremos a fuentes gubernamentales. Hubo una salida de capitales argentinos al exterior, en ese sólo año, de 10.000 millones de dólares. Se estima que los capitales argentinos particulares, en el exterior, ascienden globalmente a 97.000 millones de dólares. En términos comparativos esto equivale a un tercio del PBI anual, o casi cuatro años de exportaciones argentinas.

Aún sin estudiar las cifras sobre entradas de capitales al país, la magnitud de la salida, da una idea acabada del proceso de descapitalización que sufre la economía argentina. Cuando se analiza, según la misma fuente, cómo está compuesto ese flujo de capitales argentinos al exterior queda al desnudo que no se trata de una salida hormiga de capital. Del total, el 15 % fue directamente remesado en divisas, nada menos que 14.500 millones de dólares. Sólo un sector capitalista tiene capacidad para atesorar semejante masa de divisas: el sector más poderoso de la burguesía argentina es el que descapitaliza al país. 

IV- El lastre que significa para el país la deuda externa ya no es negado por nadie, y ha pasado a formar parte de la conciencia política de amplios sectores de la población. Deuda externa, déficit fiscal y necesidades de financiamiento del país, son tres variables interrelacionadas en el marco del sistema de convertibilidad, donde cada una depende de la otra, en una especie de círculo vicioso.

Así, en este año se aumentó la presión impositiva a principios de la gestión del actual gobierno (impuestazo), se recortaron salarios a los estatales en mayo, se anunciaron medidas para que haya más inversión en octubre y no mejoraron las cuentas públicas, porque los intereses de la deuda crecieron a mayor velocidad que los ingresos fiscales, en una economía recesiva. Expresado de otra forma significa que cada vez se requiere una mayor parte del trabajo nacional para el pago de intereses de la deuda.

La deuda del estado (nacional y provincial) superará este año los 170.000 millones de dólares, el déficit del presupuesto ya superó lo acordado con el FMI (que aceptó flexibilizar el acuerdo previo) y nuevamente entre el déficit de la nación y las provincias se acercará a los 9.000 millones, después de los sucesivos ajustes. Esto exige un creciente financiamiento público que se cubre con nueva deuda. Para el 2001 esas necesidades de financiación se acercarán a los 30.000 millones de dólares

La deflación general que se observa es consecuencia directa de todos estos factores, pero a la vez potencia los mismos. La aridez de las cifras ponen al descubierto la dimensión del tembladeral sobre el cual se apoya la estructura del capitalismo argentino. Y también los macaneos ideológicos de los profetas del «mercado». 

V- Los comunistas no somos analistas económicos. Tratamos de entender las tendencias objetivas del movimiento del capitalismo, para orientar la acción política de clase. La UMS ha caracterizado desde el inicio de la gestión de Cavallo que con el camino impuesto por el capital financiero para superar los dos picos de  hiperinflación del 89-90, la economía del país entraba en un curso  regresivo, y que esa determinación preparaba  una crisis más amplia y profunda.

Pero también señalábamos que la lógica de acumulación de la burguesía, defendiendo su tasa de ganancia, implicaba la necesidad de ingresar a un mercado más amplio, adecuando la tecnología, las formas de comercialización y las fuentes de financiamiento, y eso la obligaba a asociarse al capital imperialista. No se trataba de una opción entre varias, ni de una desviación enfermiza del capitalismo («el modelo»), era la consecuencia normal y previsible de la existencia de un mercado mundial creciente. Por eso, en un primer momento, la casi totalidad de las fracciones burguesas adhirieron a esta perspectiva, que fue un programa que unificó temporalmente a la burguesía. En todo caso lo que se aprestaba a discutir eran las condiciones concretas de esa asociación con el imperialismo, punto por punto, como se hace en los contratos comerciales.

En términos marxistas, el quiebre de las antiguas estructuras productivas era también una consecuencia inevitable de la irrupción masiva del capital imperialista en el país. Los ideólogos del capital financiero lo llaman  engañosamente «efectos no deseados» del plan, y son estos «efectos» los que, dialécticamente, trastocaron el punto de unidad de la burguesía, en una mayor fragmentación, en nuevas confrontaciones interburguesas, y deja al capitalismo argentino sin estrategia.

Entender esta dinámica del movimiento del capital en la última década, es requisito esencial para separar la política de los comunistas de cualquier variante pequeñoburguesa.

VI-  Cuando aún el gobierno De la Rúa conservaba cierta iniciativa política, la UMS decía en una Declaración,

  «En un cuadro internacional de la economía capitalista crítico, del cual la expresión más notoria es la inestabilidad financiera, la presión imperialista no dejará de ejercerse sobre el país, y una y otra vez la burguesía volverá a intentar nuevos ajustes para tributar al capital financiero, al cual está cada vez más asociado, más dependiente y más imposibilitada de resistirse. (Mayo 30 - 2000)»

Es notorio el agravamiento de las últimas semanas y encuentra en esta relación de clases, su explicación más profunda.

El país entró en una espiral ascendente, en la que cada determinación adoptada- o su postergación- eleva esta crisis a un punto más alto, cualitativamente distinta. La embestida del capital financiero para retomar el control político del país, subordinando a las otras fracciones de la burguesía a sus intereses, le da un nuevo impulso a la crisis. Esta situación coloca el país al borde de la cesación de pagos («default»), y a la vez acentúa la fase recesiva por encarecimiento del crédito.

En términos de la relación entre los sectores burgueses locales y el imperialismo, se corrobora, en forma contundente, que no sólo la burguesía media y pequeña carece de relativa autonomía., sino que  hasta el gran capital está totalmente constreñido a un papel secundario frente al socio imperialista. Por ejemplo, en menos de dos semanas, el tan mentado plan de infraestructura, sobre el cual el llamado Grupo Productivo asentaba parte de su estrategia para enfrentar la recesión, ha quedado archivado de hecho. La otra vía para salir de la recesión que propugna este grupo - coincidente con la  Carta a los argentinos, el  programa aliancista redactado por Machinea-  es el aumento sustancial de las exportaciones y exige la devaluación, imposible de asumir por el conjunto de la burguesía.

VII- La decisión del FMI, el Banco Mundial, y el propio gobierno yanqui de realizar un salvataje, aportando a un fondo de emergencia, está relacionada directamente con la precaria situación internacional. El imperialismo no puede correr riesgos que la crisis argentina se extienda a la economía mundial, por la vía de Brasil. Pero si el gobierno logra  un respiro económico, éste es altamente precario, las decisiones básicas dependen cada vez más del capital financiero, y - no menor- exige cambios en la superestructura política, que trataremos en otro punto.    

Situación de la lucha de clases

VIII- El curso general de la lucha de clases no ha sufrido cambios sustanciales desde 1999. Es notorio el retraso de los trabajadores en cuanto a organización y programas propios. Debemos constatar que, en este largo año, no ha habido intentos significativos de reagrupamiento de masas que indiquen un cambio de dirección. Los conflictos fabriles, escasos con relación a la pérdida de empleos y horas de suspensión, han sido netamente defensivos y focalizados.

Sin duda se conjugan varias causas para que esto ocurra, pero el desempleo es el elemento estructural más grave que atenta contra un salto en la organización de los explotados. En segundo lugar debe incluirse el desprestigio de dirigentes y organizaciones sindicales, que por sus políticas, han sido devorados por la crisis.

Tampoco es menor, la incorporación al mercado de trabajo de nuevas generaciones, sin ninguna experiencia política y con la carga ideológica  individualista que cruza a toda la sociedad, y que en ciertos aspectos, está por detrás de la elemental tendencia solidaria que se prolongó desde el surgimiento del movimiento obrero hasta el sindicalismo peronista de los años 70. Potencialmente, esta nueva generación, - sometida a condiciones humillantes de empleo- ,y que está llamada a cerrar este largo ciclo de dispersión, confusión y desorganización, posee mayores elementos culturales y técnicos, lo que facilitará su contacto con las ideas de clase y revolucionarias.    

Para los comunistas la tarea de organizar política y sindicalmente a los trabajadores, en forma independiente de los partidos burgueses, es su tarea central.

IX- Pero la situación económica empuja hacia el estallido social a masas desesperadas, que carecen de salida inmediata. Los recientes cortes de ruta por piqueteros, en lo que tienen de espontáneos, expresan esa situación de miles de mujeres, hombres y jóvenes sin futuro.  Los recientes cortes en Tartagal - que cualitativamente no se diferencian de los del 97 en Cutral-Có, excepto por la expectativa de la gente con el Frepaso-, muestran que estas movilizaciones pueden derivar en puebladas, que alcancen incluso altos niveles de violencia, pero sin  orientación política definida.

Al respecto, para la UMS, no hay confusión posible. Sabiendo dónde está el centro de gravedad de la organización del proletariado, y sabiendo que si no se logra la organización de masas de los trabajadores las luchas de los sectores explotados más marginales serán capitalizadas por algún sector de la burguesía, que aparece ocasionalmente como opositor, o incluso por algunas organizaciones de izquierda que, en acuerdo con partidos burgueses, actúan frente a las masas igual que los punteros políticos o las manzaneras de Ruckauf-Duhalde.

Ya en una caracterización  sobre la situación en Corrientes, puede leerse en la Declaración del CEN (17-12-99), publicada en Eslabón N° 15:

«El gobierno trata de minimizar la situación de desesperación de las masas arrojadas al hambre y la desprotección con el fácil recurso de buscar un culpable en «activistas radicalizados e irresponsables». La UMS rechaza de plano esta hipócrita explicación. Reivindicamos el derecho irrestricto de los trabajadores y el pueblo a manifestar su protesta genuina en las calles, se corten las rutas que se corten. No admitimos la democracia únicamente en los domingos de elecciones»

Casi un año después conserva mayor significación.

Con mayores precisiones, por el agravamiento de un  proceso que empezaba a eclosionar, en el informe del Secretario General  al CC, del 28-05-00 se planteó ( y se tomaron resoluciones en consonancia): 

«¿Que quiere decir precisamente que hay una nueva situación política? Debemos evitar generalidades abstractas, tratando de precisar un poco más, porque de estas precisiones surgirán las tareas que debemos afrontar, las adecuaciones tácticas necesarias de la UMS para este período.

En primer lugar -aunque en este CC es una obviedad aclararlo- no estamos pensando en posibles argentinazos, esto es, acciones de masas que cuestionen mínimamente el poder de la burguesía. Pero sí es previsible un notable incremento de lo que llamamos luchas espontáneas, que pueden tomar diversa direccionalidad; luchas que en general tienen exigencias reivindicativas mínimas, que en un sentido no son tan espontáneas porque siempre hay en sus inicios algún nivel de militancia, social o política, y cuyo destino tiende a ser capitalizado por un sector u otro de fuerzas burguesas tras sus intereses, más o menos inmediatos. Es previsible que este tipo de luchas aumenten en cantidad y calidad, en medio de  una situación económica mucho más deteriorada que en el 97, de la toma de conciencia de millones de personas de esa situación, y sin la expectativa generada por una fuerza electoral opositora en crecimiento, como era entonces el Frepaso.  

La primera conclusión de esto es que estas luchas serán el primer paso en la educación y experiencia política de miles de personas: desocupados, jóvenes, trabajadores. Esto replantea en un nuevo nivel la necesidad y la posibilidad del surgimiento de una organización política de masas.

La segunda conclusión inmediata es que la única posibilidad para una organización revolucionaria de contactar con esa experiencia en curso consiste en estar en la calle, en la agitación política.»

X- La UMS debe afrontar el próximo período con la orientación general que viene desarrollando, contra toda forma de espontaneísmo, contra toda visión de « agitativismo y luchismo», pero con la clara decisión de intervenir políticamente en las luchas espontáneas, por las mismas razones que exponíamos en el CC de mayo, aunque todavía no se puede afirmar que el incremento de esas movilizaciones sea significativo. Pero fundamentalmente, porque el agravamiento del cuadro general, nacional y latinoamericano, puede traducirse en un cambio de signo en el movimiento de masas, y entrar en otra etapa de la lucha de clases.    

XI- En el movimiento estudiantil, particularmente universitario, después de las movilizaciones del 99 - anteriores a las elecciones nacionales- se acrecentó el reflujo. Esta situación era  previsible por las esperanzas que alentó el triunfo aliancista, en un sector social donde tiene una influencia mayoritaria y de larga data. Sin embargo esta situación puede revertirse en cualquier momento por la situación de ruptura y desencanto de los sectores medios con el gobierno, y particularmente porque el recorte al presupuesto de las Universidades y el arancelamiento de las mismas es una exigencia de la crisis. Sin duda que si se retoma la movilización, lo hará en un nivel de conciencia más alto que la última experiencia, que tuvo un claro sesgo antiimperialista y superó las anquilosadas estructuras de los centros estudiantiles. La UMS debe prestar máxima atención a este proceso, e invertir esfuerzos máximos en este sector. No es de descartar que una radicalización del movimiento estudiantil lo coloque a la cabeza de la lucha social por todo un período.

Crisis del gobierno y las fuerzas políticas burguesas

XII- En los documentos de la UMS del 2º Congreso se caracterizaba la potencial debilidad del gobierno de De la Rúa. Los hechos han permitido comprobar esa previsión rápidamente. La crítica situación económica impidió la convivencia pacífica, dentro de un mismo equipo de gobierno, de sectores que expresan directamente al capital financiero, la gran burguesía industrial y la pequeño burguesía progresista. La prolongada disputa se transformó en alta inestabilidad con la salida de Alvarez del gobierno. Período que aún no está cerrado. En rigor lo que está en discusión, es con que equipo gobernante el imperialismo yanqui garantiza su preeminencia para alinear al gobierno tras sus intereses inmediatos.    

XII bis- La debilidad del gobierno se expresa también en la relación ambivalente que mantiene con el imperialismo yanqui: por un lado la supeditación económica y política a Washington no reconoce antecedentes en nuestro pasado reciente; por el otro es parte del proyecto estratégico de la burguesía argentina mantener la asociación con la burguesía brasileña en el Mercosur, que a la vez proyecta ampliar éste como un bloque burgués de resistencia antiyanqui. Esta situación contradictoria e inestable exige una definición en el próximo período.   

XIII- Está claro que la jugada de Alvarez contó con la asistencia del capital financiero, porque de hecho apuntaba a limitar a las corruptas burguesías provinciales, esclerosadas y subsidiarias del estado, abroqueladas en esa institución semifeudal que es el Senado. El quiebre de estas estructuras políticas permitirá cumplir con más eficiencia el recorte de fondos provinciales, sin necesidad de negociar concesiones permanentes. 

La renuncia de Alvarez rompe de hecho la Alianza, arrincona al sector socialdemócrata, y facilita la mayor presión del capital financiero sobre el ya debilitado gobierno. La concordancia entre Alvarez y Cavallo no es fortuita.

XIV- Con la misma amenaza del 89-90, retirar fondos y hacer entrar al país en cesación de pago (golpe de mercado), el imperialismo se apresta a tomar el control del gobierno. Temporalmente se acordó una tregua, negociada entre el grupo Productivo y el poderoso CEA, se acordó sostener a Machinea, pero se cerró definitivamente todo atisbo de política keynesiana o proteccionismo, y habrá sucesivos ajustes. De hecho la banca internacional impuso su política. La asistencia financiera del FMI y el Banco Mundial, está por definirse en términos concretos, siempre supeditada al cumplimiento de las pautas impuestas por esos organismos del imperialismo. La presencia de Cavallo, como alternativa de última instancia, es un hecho admitido sin rodeos por hombres del gobierno.

XV- Esta crisis termina de arrasar  con el escaso apoyo social que le restaba al gobierno. Alejados tempranamente los sectores más bajos de la burguesía, profesionales y clase media de cuello duro, por el «impuestazo»; inmediatamente el recorte de sueldos estatales le enajenó el apoyo de ese sector, y obligó a la dirigencia de la CTA (que fiel a su historia de conciliación de clase, estos años apostó a ser la columna vertebral del Frepaso) a pasar a la oposición, y colocarse a la cola de la Moyano; y la aprobación de la ley de flexibilización  lo malquistó con esa CGT 2 que también aportó a su caudal electoral el año pasado. Además las recientes movilizaciones del sector agropecuario mediano y chico representan un punto de ruptura con un sector traadicionalmente aliado del radicalismo. Si a eso se suma la previsible rebeldía del sector universitario por los anunciados recortes al presupuesto, la distancia histórica con los sectores más empobrecidos de la sociedad, se concluye que en término de apoyo social este gobierno flota en el aire.

XVI- El Frepaso es  un ejemplo patético de la impotencia de la  clase media para dirigir una sociedad en crisis. Tendencialmente es una fuerza en disolución. Sólo razones de aparato, ligadas a los cargos estatales (como ocurrió en su momento con el PI) le darán cierto tiempo de supervivencia. Es posible que cierta militancia nucleada en su entorno, proveniente de la izquierda, vuelva a desplazarse a la izquierda, pero con altísimo nivel de corrupción ideológico y político. A los efectos prácticos, es posible pensar que deben diferenciarse  sectores juveniles, para los cuales esta experiencia fue su entrada a la acción política y puedan tener una evolución positiva. 

Sin duda que la crisis de un partido histórico, como el radicalismo, es correlativa a la clase que representa. Alfonsín, en su persona, sintetiza la miseria de esa clase: en su lucidez intenta mantener cierta postura, o tono, antiimperialista, haciendo devaneos con el no pago de la deuda; dos días después ante la presión financiera debe desdecirse endilgándole al FMI una actitud más comprensiva hacia lo social. Es probable que este proceso acelere un grave cisma en el radicalismo. La salida del sector socialdemócrata del gobierno es casi inevitable. El problema es que ningún de estos sectores puede presentar una alternativa económica confiable para la burguesía, sino la fractura ya se hubiera concretado. La UMS debe prestar especial atención a la evolución política de algunos sectores juveniles de Franja.           

XVII- El peronismo no tiene ninguna posibilidad de superar la crisis interna que vive a partir del gobierno Menem. Esto no quiere decir que no sobreviva como aparato. Funciona por acuerdo de distintos señores feudales - los gobernadores- por necesidades inmediatas de supervivencia, para negociar con el gobierno central; está balcanizado y sin ninguna posibilidad seria de recomposición. El extendido aparato del duhaldismo es absolutamente dependiente del estado, y en tanto esto funcione seguirá actuando como un populismo conservador de derecha, un obstáculo para el desarrollo de una organización de masas de los trabajadores en la situación actual de esporádicas movilizaciones, pero que será superado rápidamente en otro contexto de lucha de clases. En rigor, es un sobreviviente de una larga agonía, que aún no pudo ser enterrado por el movimiento de masas.

XVIII- La reciente crisis ha demostrado que no es el Congreso el centro de negociación de los acuerdos entre las fracciones  burguesas. En todo caso es donde se legalizan los acuerdos cerrados por fuera.

El manejo de la crisis exige una  creciente centralización del poder. La debilidad de este equipo presidencial, el fraccionamiento de los partidos de la alianza y del peronismo, que controla catorce provincias, en medio de la constante presión imperialista,  y el propio fraccionamiento de los capitalistas, conspiran contra esa necesidad impuesta por la crisis. Aunque el gobierno amenaza con adoptar las medidas más conflictivas  por fuera del Congreso, como decretos, es de prever que la crisis se exprese como conflictos institucionales (entre el ejecutivo y el congreso, entre la nación y las provincias, interposición de recursos judiciales, etc). Producto de la crisis misma, este será un nuevo elemento que contribuirá a realimentar la crisis.

Esta situación abre la posibilidad de cambios en la superestructura del estado, bajo la presión del imperialismo, para adecuarla a la crisis estructural del capitalismo argentino.  

XIX- La fuerza más importante de la burguesía argentina es la Iglesia. Siendo plenamente consciente de la dimensión de la crisis, ha decidido dar un paso infrecuente en la reciente historia nacional: pasar de su papel de sostén ideológico del sistema capitalista, y elemento de presión constante en las estructuras políticas burguesas, a encabezar abiertamente una opción política, ante la crisis de los partidos y la imposibilidad de un gobierno militar. Ya ha dado pasos concretos en esa dirección: la intervención de un hombre del más alto nivel en una tribuna pública, junto a sindicalistas y lo más connotado del populismo de derecha y el fascismo; el reciente simulacro de autocrítica sobre el papel de la iglesia en la dictadura, y los últimos pronunciamientos públicos, abiertamente críticos a la política del gobierno y los grupos financieros. Por la vía de su histórico vínculo con la burocracia sindical y el peronismo intenta completar el entramado necesario para armar una fuerza de masas que sirva de contención social, e impida el surgimiento de una fuerza de masas anticapitalista. Hombres como Moyano y su CGT 2 son el mascarón de proa de este proyecto. Esta CGT 2 no tiene ninguna posibilidad (ni intención) de fortalecerse como organización sindical; su futuro está determinado por su capacidad de proveer  una sustentación de masas hambreadas, mayormente marginales, a una conjunción de grandes industriales, iglesia y elementos derechistas escindidos de los bloques burgueses actuales. 

El programa con el que se busca unificar a este bloque heterogéneo, y de intereses contrapuestos, es una reivindicación abstracta de lo « nacional «, que implica tanto protección arancelaria y compromiso del estado de priorizar el «compre nacional» exigido por un sector de la burguesía, como un difuso ataque al FMI, que entronca con el creciente sentimiento antiimperialista en amplios sectores del país. El límite de la maniobra - sin desconocer su posibilidad de éxito- está dado por la gravedad de la situación que exige medidas antiimperialistas reales.

XIX bis- Este paso de la iglesia católica es la respuesta efectiva a una caracterización precisa que formuló el presidente del Episcopado, el obispo Karlic, al señalar el «descreimiento grave en las instituciones» de la población. 

La reciente formación del «Polo Social», cuya cara visible es el cura Farinello, es la puesta en práctica de esa decisión eclesiástica. Contribuyen a este proyecto varias vertientes que la UMS debe desenmascarar ante la vanguardia, el proletariado y los sectores explotados.

Por un lado, la rápida incorporación de la Democracia Cristiana - escindida del bloque oficialista del Frepaso- una fuerza sin peso numérico, pero con cuadros y poder económico aportados por el Vaticano. Recuérdese que un hombre de esta fuerza, Auyero, tuvo un papel central en la conformación del Frepaso. A esto se debe sumar la incorporación de sectores del Opus Dei: los principales operadores del País que armaron la candidatura presidencial de Bordón en el 95 y de Nueva Dirigencia de Béliz.

La reciente solicitada de la Unión Obrera Molinera, integrante de la CGT 2 de Moyano, llamando al Frente Nacional, expone sin artilugios tanto el proyecto político que se está gestando alrededor de este «Polo Social», como sus protagonistas.

También desde la izquierda se alienta este proyecto reaccionario: en particular Patria Libre y otros sectores nacional-populistas contribuyen con su grano de confusión. Como era previsible, en tiempos de crisis, las concepciones frentepopulistas conducen directamente atrás de un frente contrarre-volucionario de derecha. Otros «izquierdistas» también de raíz frentepopulista, que aún no han adherido, porque vacilan entre esta fuerza en gestación, y la perspectiva de sumarse a  un bloque ideológicamente menos reaccionario, cuya cabeza sería la actual Izquierda Unida, que ve ensancharse su panorama electoral por la crisis frepasista. 

XX- La acción de sustituir la denuncia política del imperialismo por la de los condicionamientos económicos que exige el FMI no es ingenua. En lo político abre puertas a todo tipo de transacciones aceptables para el capital imperialista, y  evita pronunciarse sobre los planes estratégicos de este, como por ejemplo la intervención militar yanqui en América Latina En lo ideológico, y por ende de más largo alcance, dificulta el desarrollo de la conciencia de clase porque sitúa el  FMI (y en general al capital financiero) por fuera de la cadena lógica de explotación del sistema capitalista.

Frente Unico Antimperialista

XXI- El agravamiento de la situación de sometimiento  del país al capital imperialista, está en el centro de la lucha política. La percepción política en amplios sectores, tanto de explotados como de explotadores, que esa subordinación es el epicentro de la crisis, aporta bases sociales para la aparición de un fuerte movimiento de rechazo al capital financiero y su política. Pero este movimiento aún no está estructurado, y no tiene signo político, ni direccionalidad. La fuerza social que pueda resolver el problema de estructurar este movimiento tendrá la llave maestra para la dirección del país en el próximo período.

XXII- Toda política revolucionaria que no parta de esta caracterización está condenada al fracaso. La novedad política no es la necesidad de la lucha antiimperialista, sino que esta necesidad, ahora aparece como absolutamente necesaria para amplias masas, por lo tanto están dadas las condiciones para que se concrete en acción política de masas.

En teoría, para los marxistas, la concepción de la necesidad del frente único antiimperialista en los países dependientes y atrasados es parte de su arsenal conceptual,  y no debería ser una dificultad. La práctica política enseña que ha sido el camino para todo tipo de desviaciones del marxismo, políticas e ideológicas.

El análisis de las condiciones concretas existentes para el desarrollo de esa lucha es la única prevención posible.

XXIII- En su mejor momento la III Internacional concibió las tácticas de frente único, entre ellos el antiimperialista, como un acuerdo entre organizaciones de masas. La primera dificultad que afrontamos en Argentina es que el proletariado no tiene organizaciones de masas (buenas o malas) que lo contengan. Por eso toda convocatoria a una acción antiimperialista amplia (que es inexcusable no hacer) , implica para los comunistas, a la vez, una permanente batalla al interior del proletariado contra el histórico policlasismo y un trabajo por la organización política independiente de los trabajadores.

La convocatoria que hizo en agosto la UMS a conformar un bloque antiimperialista sigue siendo absolutamente necesaria porque contempla tanto la realidad de la inexistencia de organizaciones reales de masas, como la urgencia de forjar acciones en común que puedan tener eco en un sector de la sociedad.    

La posibilidad de construcción del partido de los comunistas está férreamente ligada al éxito de estas dos tareas políticas enunciadas y en el interior de esas luchas - a todos los niveles: en la base del proletariado y en las superestructuras residuales de las organizaciones sindicales o sociales -, si realmente se pretende construir un partido revolucionario de clase y no una secta. Para los comunistas estas no son opciones. La compleja combinación de tareas deviene, ante todo, del notable retraso histórico del proletariado argentino: cuando la situación concreta exige para satisfacer las necesidades mínimas adoptar medidas anticapitalistas, aún no pudo constituirse como clase.

XXIV- La lucha antiimperialista no puede ir separada de la lucha anticapitalista. Esta afirmación genéricamente correcta es desvirtuada por algunas sectas. Cuando se subsume el antiimperialismo tras un genérico anticapitalismo se escapa al problema político central: cómo caminar junto a poderosas fuerzas sociales - obligadas en este momento, para sobrevivir, a confrontar con el capital financiero- que de ninguna manera son anticapitalistas, pero que de hecho están más organizadas que el propio proletariado. Dificultad particularmente significativa para un proletariado que no ha conformado su identidad de clase y aún está lejos de asumir su papel histórico. El proletariado sólo puede consolidar esa identidad de clase en la lucha política por un programa propio.

Aquí aparece la necesidad de un programa correcto levantado por los comunistas, que exprese y pueda ser entendido por sectores de masas. En un sentido, el programa es el partido, y este un producto histórico de la evolución de la conciencia.

Sin embargo, con el cómodo expediente de redactar un programa y propagandizarlo, no se puede soslayar la responsabilidad política de proponer un plan preciso de acciones comunes, que desnuden - educando- ante el conjunto de los trabajadores, la estrechez de mira de los ocasionales amigos antiimperialistas del proletariado. Los comunistas deben evitar presentar su lucha por un programa correcto, como un ultimátum para negarse a la acción común.

En cuanto a su contenido, el programa, no puede quedar limitado al no pago de la deuda externa. Intimamente  asociada a esta reivindicación hay  que imponer no sólo el control de cambio, sino la nacionalización de la banca - para frenar los mecanismos mediante los cuales la burguesía descapitaliza al país-, y la renacionalización de las empresas claves de la economía nacional, fundamentalmente de energía  y transporte. 

XXIV bis- La circunstancia que amplias masas perciban que la supeditación del país al imperialismo está en la raíz de la crisis que padecemos, obliga a los marxistas no sólo a redoblar los esfuerzos prácticos por impulsar la lucha antiimperialista , sino reforzar la lucha ideológica contra todas las corrientes de conciliación de clase que niegan o minimizan la necesidad de esa lucha, en particular en relación con el punto crucial del no pago de la deuda externa.

Expresado brutalmente como en reciente encuentro de la CTA por  el «progresista»  Verbitsky de Página 12, o en la forma más sutil que, ya desde hace años utilizan los mentores intelectuales del centro de estudios (IDEF) que mantiene esa central, la intención política es la misma: evitar la confrontación de las masas con el imperialismo y abrir cauces para la negociación con el capital imperialista.

Ya desde 1994 en la CTA se planteaba «En relación con los acreedores externos es indispensable mantener los pagos, recuperando progresivamente cuotas de autonomía en materia de política pública». Como antes desde la Lista Agustín Tosco, la UMS pone la batalla contra estas concepciones en el centro de su pensamiento y su acción.

Igualmente deben ser desnudados las posturas de conciliación que sustenta la iglesia y sus fuerzas que piden una «reconsideración» o «alivio sustancial» de la deuda externa, o la estéril propuesta de la CGT 2 de esclarecer la «parte ilegítima» de la deuda. 

XXV- La última experiencia de movilización estudiantil que tuvo un contenido claramente antiimperialista puede  repetirse, incorporando jóvenes sin partido o de izquierda reformista a la lucha política, y alentar procesos de ruptura en la juventud captada estos años para los proyectos aliancistas. La UMS debe prestar particular atención a este proceso en general y, en particular, a la aparición de una fractura en la juventud radical, aunque a la fecha no hay indicios de vitalidad en esas corrientes, pero no debe descartarse que ocurra a medida que aceleradamente se deterioran las ilusiones democratistas de los sectores medios. 

Sin la incorporación de una nueva generación a la lucha política, capaz de superar el espíritu de escepticismo y resignación, que la burguesía impuso socialmente, no habrá alternativa a la crisis.

Organización política de los trabajadores

XXVI- El último año no existió ningún intento significativo en dirección a superar el fraccionamiento del movimiento obrero, ni en lo sindical, ni mucho menos en lo político. En este sentido hubo un retroceso en relación con 1999, donde se llegó a hacer una convocatoria el 9 de julio con un número importante de militantes y activistas, que, por sus notorias debilidades - señaladas en su momento por la UMS-, no podía trascender el impulso inicial.

La burguesía siguió ganando tiempo con la llegada del gobierno aliancista. Sirvió para diluir, aunque fuera por unos meses, todo atisbo de nuevo nucleamiento. Pareció necesario transitar, aunque en breve lapso, una nueva experiencia de gobierno burgués, para que algunos cuadros sindicales comiencen a retomar la idea de la necesidad de una construcción política de los trabajadores, que por el momento no ha pasado de las intenciones.

XXVII- en relación con esta línea de construcción, estratégica para la UMS, se deben reafirmar las apreciaciones más generales de nuestro 2º Congreso, en cuanto no han variado las condiciones básicas que le dieron origen. Los militantes de la UMS deben atender particularmente cualquier circunstancia de agitación para plantear en las bases del movimiento obrero y social, la necesidad, la urgencia y el retraso en el surgimiento de esta organización, y muy claramente la orientación antiimperialista y anticapitalista que debe tener su lucha.

Especial atención debemos prestar al tema de la desocupación y a la respuesta de clase que se le debe dar. Es necesario seguir impulsando la lucha por las 8hs, por el reparto de las horas de trabajo, tal como se definió en el II Encuentro de los Comunistas. Debe estar encabezando cualquier programa que impulse la organización política de masas, y unirlo a la necesidad de esa construcción política, y buscar acuerdos prácticos, de acción, para realizar campañas políticas sobre este punto. Frente a la tendencia asistencialista a pedir planes trabajar, que desorganiza, fragmenta y corrompe al movimiento de masas, y en última instancia es capitalizado por punteros de los partidos burgueses, debemos transformar esta respuesta de clase en un eje organizativo.

XXVIII- Es del caso analizar brevemente algunas posiciones que se observan en relación a la necesidad de construir una organización política de masas, o como se la denomina HPT.

La primera, y más difundida entre organizaciones marxistas, es la que ni siquiera se lo plantea, porque se ven a sí mismos como el partido revolucionario, que sólo debe crecer (particularmente en las etapas de movilizaciones), y ganar influencia entre las masas en sindicatos, organizaciones barriales, etc, dirigiéndolos a través de sus cuadros, y transformando esas organizaciones en correa de transmisión de la política del partido. En el mejor de los casos - quienes se lo plantean- ven la organización política de las masas limitada a formas consejistas en momentos excepcionales de crecimiento de la lucha de clases. En general estas corrientes plantean como forma de accionar en los movimientos de masas, las denominadas agrupaciones clasistas.

XXIX- Pero la experiencia de las agrupaciones clasistas del 70, que representó un altísimo punto de unidad de clase, aunque de alcance limitado, no pudo resolver  (entre otras cosas por la pronta represión) la relación entre lo sindical y la unidad política de la clase. Que es justamente el punto en discusión, la dificultad a superar.  Haciendo una crítica, no a ese clasismo de los 70, sino a quienes actualmente centran su acción en el movimiento de masas en crear ese tipo de agrupaciones, decíamos en nuestro 2º Congreso : «- En esta ya prolongada lucha por el surgimiento de una HPT, en el plano de las ideas, el combate no es sólo contra  las arraigadas concepciones de conciliación de clases.

También muestran incomprensión en relación con una construcción política de masas, militantes combativos para quienes la tarea necesaria consiste en estructurar corrientes sindicales clasistas (lo cual en sí no es equivocado), y remiten la acción política a quienes estén dispuestos a sumarse a  la  estructuración de un partido revolucionario y a los vínculos e influencia –mediante los militantes- de ese partido con esas agrupaciones clasistas. En esta línea de pensamiento, dejan sin resolver el hecho que la inmensa mayoría de los trabajadores no pueden sumarse a ese partido, y que la única posibilidad de estructurarse como clase  es  en el plano de la acción política, libremente decidida y de la cual se sientan parte, y no “influenciados”.

Cabría agregar que en los últimos meses la forma de «influenciar» que han adoptado algunos «clasistas», se asemeja mucho a la coerción que ejercen los punteros de los partidos burgueses sobre los habitantes de las villas.

XXX- Actualmente hay un creciente número de militantes de izquierda, sin organización, que adoptan la posición de impulsar la creación de una HPT. En algunos representa una real evolución de sus concepciones. En muchos una forma meramente oportunista de encontrar un espacio político después que han visto hacerse trizas a organizaciones a las cuales pertenecían. En muy pocos es una real comprensión del significado que tiene  para el proceso revolucionario la aparición de una organización política de masas. Desde el ángulo teórico, por detrás de estas posiciones está siempre una minusvalía o comprensión limitada de la concepción marxista del frente único proletario.

XXXI- El entendimiento de la necesaria unidad de clase, que es inmediato cuando se limita a luchas económicas, trátese de una empresa o una  rama de producción, genera resistencia o rechazo cuando se trata de  la lucha por la organización política de masas.

Tras esa descalificación - explícita o no - de la táctica del frente único, subyace la idea que el desarrollo de la conciencia de clase queda limitada a los sectores de vanguardia de la lucha social, que después, por su prestigio, van a «arrastrar» al conjunto. Esta postura se expresa políticamente como vanguardismo en relación a la construcción del partido revolucionario, y como espontaneísmo en relación con el proceso de la constitución del proletariado como clase.

En los últimos años, en forma caricaturesca, gran parte de la izquierda, transmutó la lucha por la unidad de clase, por la alquimia de acuerdos electorales entre pequeños grupos políticos  (frentismo) 

 XXXII- La experiencia histórica de la lucha de clases, particularmente del último siglo, enseña que sólo en circunstancias excepcionales el proletariado logra unificarse políticamente atrás de un partido revolucionario que la representa. La situación habitual es la existencia del fraccionamiento y la actuación de más de un partido en el seno del proletariado. El proceso hacia la unidad es esencialmente el proceso de desarrollo de la conciencia de clase. Y este proceso tiene que superar dos dificultades centrales: la primera es que la clase no es homogénea, por lo que cada sector avanza hacia esa conciencia conforme a su experiencia política; y la segunda proviene de la acción de la propia burguesía - ideológica, política y organizativamente-  en el seno del proletariado.

Sin embargo circunstancias de extrema gravedad le exigen al proletariado acción política unificada para garantizar la defensa de condiciones elementales de su supervivencia, aún antes que esté en condiciones históricas de superar el fraccionamiento. En épocas de crisis capitalista, la táctica del frente único proletario aparece como la única posibilidad que tienen los trabajadores para dar una contundente respuesta política de clase, frente al retraso en el proceso desarrollo de su conciencia. 

Esta situación, en  Argentina, lleva largamente más de una década, en el cual el proletariado se degradó como clase, tanto como se degradó el país.

La UMS entiende está táctica del frente único indisolublemente unida al proceso de construcción del Partido de los Comunistas. Aunque aparezcan formalmente como dos movimientos de construcción distintos, se trata de un mismo y único proceso de la estructuración del proletariado como clase revolucionaria.

No es posible precisar la forma que adoptará una organización política de masas - condicionada por el curso de la lucha de clases- , pero si se puede afirmar con certeza que es su ausencia lo que ha permitido el avance sin precedentes del capital. Y también es posible afirmar que para que esa organización se concrete, ahora, debe diferenciarse claramente de las  fracciones burguesas ocasionalmente opositoras, lo que implica un programa y una acción mucho más radicalizada que hace una década.

XXXIII- En falsas opciones, se desvía el debate político a la contraposición entre organización sindical y una organización política de masas. El problema es sencillo: el curso reaccionario no se puede revertir por  acción sindical, por más que adquiera un carácter generalizado. Se requiere la intervención de los trabajadores en la arena política, con organización propia y programa diferenciado de la burguesía para darle otra orientación a la economía del país, aún para satisfacer reivindicaciones mínimas como trabajo para todos. Y eso no se consigue sin unidad de los trabajadores sindicalizados con los no organizados (que son amplia mayoría), y requiere instancias de organización distintas a los cuerpos de delegados y comisiones de fábrica, amén de un programa que contemple también las exigencias de clases no proletarias. Y eso ya es una organización política de masas.  

Esto no niega en absoluto la importancia de la organización sindical, pero teniendo una clara apreciación que su menguado papel no se debe sólo a la traición de los burócratas y a la desocupación, sino a su condicionamiento por el aparato estatal burgués. Al respecto conservan validez las afirmaciones de nuestro 2º Congreso : «La fragmentación sindical no podrá superarse (antes bien tenderá a agravarse), si previamente el conjunto del movimiento obrero no cambia su orientación política y encuentra su punto de unidad en este terreno. La actual organización sindical está en crisis porque hace más de 25 años que entró en crisis la idea de acuerdos de clase, que la definió y condicionó».

Todo el andamiaje jurídico-institucional montado cuidadosamente por la alianza entre la burocracia y la burguesía no podrá ser trastocado, en primer lugar sin un salto en la conciencia de los propios trabajadores.   La circunstancia que, eventualmente, alguna tendencia clasista pueda acceder a una dirección sindical, no invalida lo anterior.

La táctica de intervención de los militantes de la UMS en las estructuras sindicales debe estar presidida por estas consideraciones, y por la necesidad de mantener vínculos con el conjunto de los trabajadores, aunque estos cada vez menos se expresan por esas estructuras. Pese a su extrema debilidad, en situaciones de movilización o conflicto, son estos aparatos los que utilizan – hasta ahora- los trabajadores para las confrontaciones.        

De ninguna manera deberemos sumarnos a los intentos de crear sindicatos paralelos, si estos no parten de una real situación de movilización de los trabajadores (caso de la Fiat Córdoba) y de superación del marco político que los estimula, oponiéndonos a todo intento de sindicalismo amarillo».

Recomposición de fuerzas marxistas

XXXIV- Desde sus orígenes la UMS planteó como línea estratégica de construcción del Partido de los Comunistas la RFM. Una primera experiencia en 1995, con el proceso de formación de la Mesa de Enlace, tuvo un alcance limitado, por varias razones, entre otras porque los compañeros que participaron de esa experiencia, aunque provenían de un tronco común, no conformaban un equipo político en actividad con una línea política definida, sino que intentaban reinsertarse en la militancia con el ingreso a la UMS. El sector estructuralmente más ligado al proletariado, sin tendencia a la concepción de aparato, pasó a ser parte vital de la UMS, pese a dificultades coyunturales significativas (desocupación de compañeros, etc). Sin embargo el proceso quedó limitado y no pudo extenderse, por razones generales del cuadro de la lucha de clases, pero también porque en muchos compañeros seguía primando la natural tendencia a reconstituir las fuerzas políticas de la cual provenían.

La reciente experiencia, no concluida, del I y II Encuentro de los Comunistas representan una experiencia cualitativamente superior por varias razones: participaron  compañeros que provenían de distintas vertientes marxistas; parte importante de los participantes provenían de una práctica militante en común de varios años, con líneas más definidas; hubo convocatoria a un significativo número de cros independientes y de varias zonas del país; se comprobó la posibilidad de funcionamiento de las mesas, un mecanismo apto para asegurar el debate democrático y permitir la incorporación de cros, tanto individuales como en representación de equipos militantes, sobre la base de las resoluciones en plenario de acuerdo al criterio que cada cro interviene por sí. Se pudo llegar así a definiciones de principios que conforman una base sólida para la unidad de los comunistas.

La primera conclusión es que en un sentido, concluida la diáspora de los grandes troncos de la izquierda, se ha liberado energía militante que están buscando un cauce, y que la tendencia a la recomposición tiene mayor base de sustentación humana, y esa tendencia se acelerará con el curso de desarrollo de la crisis. En ese sentido la experiencia acumulada es invalorable para que en el próximo período se pueda dar un salto hacia la fundación de un Partido de los Comunistas.

XXXV- Sin embargo a partir del IIº Encuentro no se pudo avanzar, al menos de conjunto, ni poner en práctica las resoluciones de ese encuentro,  y el proceso de recomposición permanece detenido. Dentro de la misma valoración positiva que en su momento hizo la UMS, se alertaba sobre posibles visiones distintas, que era necesario definir, para poder desarrollar este proceso.

Estimamos que las dificultades centrales - más allá de ocasionales problemas secundarios inherentes a la confluencia de compañeros con distintas prácticas- radican en el problema de las relaciones de los comunistas con el movimiento de masas y las tareas que de ahí derivan. No es un problema menor, y en verdad esclarecer la relación entre la vanguardia y la clase, y actuar en consonancia, será un desafío para los comunistas en las próximas movilizaciones de masas. Así como el debate debe despejar el camino para la acción, confiamos que las próximas luchas contribuyan a saldar estos debates.

La excepcional gravedad de la situación nacional que caracterizamos en puntos anteriores, exige la presencia de los comunistas en el escenario nacional. La UMS, que aún desarrollándose como organización, se asume como un destacamento -  debe comprometer toda su energía militante para avanzar hacia un IIIer Encuentro que de un paso decisivo en la concreción de un Partido de los Comunistas.

XXXVI- La UMS debe seguir oponiéndose tenazmente a cualquier intento de frentismo de izquierda. Pero la gravedad de la crisis exige a la vez tener la capacidad de concertar acuerdos prácticos concretos, para iniciativas específicas, con fuerzas del arco de la izquierda, sin comprometer nuestra identidad política ni desviarnos de nuestros ejes estratégicos de construcción, sin concesiones políticas o ideológicas, pero sin ceder a tentaciones de denuncias altisonantes (salvo cuando se trate de una clara traición al proletariado). 

Tareas de la UMS

XXXVII- De los anteriores elementos de análisis surgen los ejes estratégicos sobre los cuales la UMS debe centrar su esfuerzo militante: Bloque antiimperialista, Organización política de los trabajadores, Recomposición de fuerzas marxistas, son la tríada sobre la que se asienta el proceso de construcción del partido revolucionario. La UMS debe invertir sus fuerzas en esta dirección, en una combinación de tareas e inversión de capital humano, que no puede ser esquemático y cuyo contenido concreto será función del próximo CC determinar en cada momento de la lucha de clases.

  XXXVIII- Si estos son ejes definidos de construcción, el material para darle concreción son los trabajadores y los jóvenes. La UMS debe apuntar decididamente no sólo a incorporar a estos sectores a su seno, sino a convocarlos a trabajar en forma conjunta, aún cuando no ingresen a la UMS, para estos tres grandes objetivos.

Aunque sea reiterativo, la UMS reafirma como orientación de su accionar no sólo los trabajadores en general, sino el proletariado industrial en particular.  

La UMS debe plantearse como objetivo prioritario crear una fracción estudiantil, en los secundarios y en la universidad. 

XXXIX- En el nivel de la propaganda debe conformarse un equipo estable de redacción para el Eslabón, a los efectos de garantizar su salida mensual.  

Superar la limitada capacidad de agitación de la UMS, está en directa relación con la incorporación de juventud militante.

En el plano de la educación la UMS ha hecho notorios esfuerzos, dentro de sus limitaciones, en particular colaborando con la UT, invirtiendo tiempo militante de sus cuadros. Es importante sistematizar estos esfuerzos para que fructifiquen, no sólo en influencia, sino en mayor capacidad de militancia de la UMS. Otra tarea prioritaria es educar a cada militante, en especial jóvenes, para intervenir en la lucha política, no sólo a través de la propaganda, porque es la única forma de elevar el nivel político y acceder a las preocupaciones teóricas. La superación organizativa es un requisito fundamental para garantizar el éxito de estas tareas.

Programa

XL- El agravamiento de la situación nacional e internacional exige adecuaciones  en el Programa de Emergencia Nacional que levanta  la UMS. Debe cumplir con dos requisitos: por un lado debe ser una contundente respuesta a la situación de crisis a la que llevaron al país los sucesivos gobiernos burgueses. Por el otro debe estar formulado de una manera absolutamente accesible para las masas, para que estas puedan asumirlo como línea de acción política.

En tanto algunas consignas que de ese programa son sumamente precisas, otras, por el contrario, carecen de ese atributo, por lo cual debe ser función del IIIer Congreso, revisarlas.

En relación a las tareas antiimperialistas:

La exigencia del no pago de la deuda externa - que es un punto nodal para cualquier iniciativa política que pretenda mejorar las condiciones de vida de millones- debe mantenerse con la acertada formulación de los últimos materiales de la UMS

Ni un peso para la deuda externa mientras exista un solo desocupado

Unidad de los pueblos latinoamericanos para no seguir  pagando

Por el contrario es difusa la consigna

Fuera de Argentina los imperialistas que roban nuestro patrimonio y humillan nuestra soberanía

¿Qué significa fuera los imperialistas? ¿Expropiar las empresas extranjeras? Si es así debemos decirlo. Pero   como consigna transicional es mejor imponer el control a la fuga de capitales,  como forma de frenar el saqueo que ejecuta el capital financiero, imperialista o nativo.     

Las formas concretas de acciones contra el capital financiero exigen introducir

Nacionalización de los bancos y control cambiario.

Debe mantenerse  Renacionalización de las empresas públicas de energía y transportes

Además deben señalarse acciones de control de las empresas industriales  y de servicios de capital extranjero,  sea yanqui, europeo o japonés, por ejemplo.

Control del giro de las ganancias de las empresas de capital extranjero al  exterior

En relación a la soberanía en general,y territorial en particular, deben introducirse formulaciones específicas

Fuera ingleses de las Malvinas

No a la exigencia de cielos abiertos            

Fuera las bases militares yanquis del país

No a las misiones militares argentinas en el exterior

Al no plantearse expropiación de las empresas imperialistas aparecerá como incongruete la consigna:  Cárcel y expropiación a sus agentes locales ( del imperialismo). En sustitución, debe actualizarse - conservando su contenido- la consigna del programa del 94:  

Comisión Popular de Control e investigación de los negociados de las privatizaciones.

Esta consigna tiene vigencia por varias razones: sitúa el tema de la corrupción sobre relaciones económicas determinadas, en tanto que la burguesía lo limita a la esfera de lo individual - o a lo sumo de las superestructuras políticas-; sienta elementos concretos para desconocer la obligación de asumir la continuidad jurídica de contratos viciados de nulidad por sus orígenes; y cuestiona al parlamento burgués como supuesto elemento de control del estado.   

En relación al trabajo y la desocupación:

Son consignas centrales tanto para la propaganda como para la agitación. Expresan un claro punto de vista anticapitalista y de unidad de clase

Hay trabajo para todos si todos trabajamos 8 horas.

Disminuir las horas de trabajo sin disminución del salario de bolsillo

En relación a la flexibilización laboral ya aprobada debe plantearse                        

  No a la flexibilización laboral. Derogación de la ley

Frente al creciente intento de la burguesía de rebajar los salarios se impone levantar como punto central 

Salario mínimo de $ 1000

Jubilación mínima de $ 450

En relación a la organización de la producción del país:

Se debe incorporar un punto que explique como poner en marcha el engranaje productivo             

Plan productivo de reactivación económica y pleno empleo, con los fondos ahorrados por el no pago de la deuda, invirtiendo en viviendas  e infrestructura ferroviaria para abaratar el transporte.    

En relación a demandas sociales y a los sectores no proletarios:

La consigna de Reforma agraria y urbana. Tierra y vivienda para todos  se debe complementar con

Moratoria para créditos hipotecarios o con fines productivos hasta $ 50.000

Además es necesario retomar el contenido del programa del 94 en relación a las cargas impositivas, que contenía elementos punitivos para los sectores capitalistas

Eliminación del IVA, impuesto progresivo a las ganancias, impuestos especiales a bienes suntuarios, impuesto a la renta potencial de la tierra y reembolso a las exportaciones agropecuarias para los pequeños y medianos productores.

Siguen teniendo vigencia, y por tanto deben mantenerse sin cambios las consignas que levanta desde sus orígenes la UMS, en relación con la mujer

Contra la superexplotación de las mujeres. Anticonceptivos y aborto gratuito y legal, en hospitales y centros de salud

También es de actualidad, y debe permanecer en el programa las demandas educacionales:

Rechazo a los planes del FMI y Banco Mundial, a la ley Federal de Educación, Ley de Enseñanza Superior, que buscan reorganizar la educación en función del capital financiero internacional

El tema de salud pasa a estar en el centro de la escena de la lucha política por la reciente desregulación de las obras sociales, que permiten la entrada de los capitales financieros al llamado «mercado de la salud». En este terreno el programa de la UMS debe ratificar el criterio de la demanda de un sistema público y gratuito de salud, con libre acceso para todos, empleados y desocupados. En segundo lugar debe rechazar el manejo de los fondos de obras sociales tanto por los  burócratas como la entrega de las mismas a las empresas privadas. Sobre esta base conceptual, será tarea del Congreso estudiar una formulación precisa que ponga distancia tanto del negocio de la medicina, como de la utilización de los fondos sociales por la burocracia y alerte sobre las inevitables tendencias conciliadoras que genera -aún en honestos compañeros- transformarse en administradores de esos fondos.

Conclusión

La línea central que debe presidir todo análisis de la realidad nacional es la extrema gravedad de la situación,  que - como se está viendo en estos días- lo hace prácticamente ingobernable porque los proyectos burgueses muestran su impotencia para lograr un desarrollo sostenido del país. Esto, después de una década en la cual las relaciones de fuerza nacionales e internacionales han sido totalmente favorables al capital. Este período ha concluido. Lo que se ha agotado no es un gobierno o un partido, o una forma de estructura política. La crisis del país es la crisis de la clase que lo gobernó, en todas sus fracciones, hasta hoy. Hondas convulsiones sociales se avecinan, no por decisión de las víctimas o de conjurados, sino por impotencia de los victimarios. Una nueva clase tiene el horizonte despejado para ponerse al comando del país. Los comunistas tenemos una enorme tarea por cumplir. La UMS está conceptualmente preparada. Es decisión de cada uno de sus integrantes adecuarse a las exigencias militantes del período que se anuncia. El 3er Congreso debe asumir colectivamente la responsabilidad de colocar a la UMS en la primera línea de los próximos combates de clase.      


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