Documentos para la Militancia
IIIer Congreso de la Unión de Militantes por el Socialismo
Resolución sobre
la situación nacional (*)
Introducción
I- Para comprender la realidad nacional en el período
transcurrido desde el 2º Congreso de la UMS (setiembre 1999) hasta la fecha,
hay dos elementos centrales a considerar: la evolución negativa de la economía
en este período, y el persistente retraso de la lucha de clases. Elementos que
condicionan a todos los demás aspectos de la vida política del país, entre
ellos el proceso de construcción del partido revolucionario.
II- Para seguir el desarrollo de la economía - aún en grandes
líneas- partimos de la caracterización que contenía, en su punto VI, el
Documento Nacional de nuestro 2º Congreso. Se concluía que:
«Este
último intento de desarrollo burgués del país conduce nuevamente, como en los
reiterados intentos del último medio
siglo, a una situación de deterioro de la estructura productiva argentina entre
cuyos rasgos salientes podemos destacar:
1- Descapitalización
neta del país
2- Crecimiento
exponencial de la deuda externa, pública y privada.
3- Predominio
creciente del capital financiero sobre el industrial
4- Creciente
centralización del capital y ruina de los pequeños y medianos productores
5- Encarecimiento del
crédito disponible, aún existiendo masa de capital disponible.
6- Aumento de la
explotación absoluta y relativa y el ejército de reserva de desocupados.
7- Fase recesiva del
ciclo económico que tiende a prolongarse.
A esta situación la denominamos, en estricto alineamiento con
la teoría marxista, de crisis. Una crisis capitalista de sobreproducción
de valores de cambio».
Un año después esta caracterización puede suscribirse en
todos sus términos. Pero un análisis cuantitativo demuestra que muchos de estos
aspectos, se han agravado.
III- El primer aspecto - Descapitalización neta del país- fue
más discutido durante el período peronista, generó controversias, porque hubo
años en los cuales existió ingreso de capitales con saldo neto favorable,
aunque globalmente el signo fue negativo para el período. El endeudamiento del
sector privado y las formas tramposas de autopréstamos han sido los mecanismos
utilizados para saquear al país. Esto se acentuó después de la crisis del 97.
En cuanto al año 99 (últimos datos) nos remitiremos a fuentes gubernamentales.
Hubo una salida de capitales argentinos al exterior, en ese sólo año, de 10.000
millones de dólares. Se estima que los capitales argentinos particulares, en el
exterior, ascienden globalmente a 97.000 millones de dólares. En términos
comparativos esto equivale a un tercio del PBI anual, o casi cuatro años de
exportaciones argentinas.
Aún sin estudiar las cifras sobre entradas de capitales al
país, la magnitud de la salida, da una idea acabada del proceso de
descapitalización que sufre la economía argentina. Cuando se analiza, según la
misma fuente, cómo está compuesto ese flujo de capitales argentinos al exterior
queda al desnudo que no se trata de una salida hormiga de capital. Del total,
el 15 % fue directamente remesado en divisas, nada menos que 14.500 millones de
dólares. Sólo un sector capitalista tiene capacidad para atesorar semejante
masa de divisas: el sector más poderoso de la burguesía argentina es el que
descapitaliza al país.
IV- El lastre que significa para el país la deuda externa ya
no es negado por nadie, y ha pasado a formar parte de la conciencia política de
amplios sectores de la población. Deuda externa, déficit fiscal y necesidades
de financiamiento del país, son tres variables interrelacionadas en el marco
del sistema de convertibilidad, donde cada una depende de la otra, en una
especie de círculo vicioso.
Así, en este año se aumentó la presión impositiva a
principios de la gestión del actual gobierno (impuestazo), se recortaron
salarios a los estatales en mayo, se anunciaron medidas para que haya más
inversión en octubre y no mejoraron las cuentas públicas, porque los intereses
de la deuda crecieron a mayor velocidad que los ingresos fiscales, en una
economía recesiva. Expresado de otra forma significa que cada vez se requiere
una mayor parte del trabajo nacional para el pago de intereses de la deuda.
La deuda del estado (nacional y provincial) superará este año
los 170.000 millones de dólares, el déficit del presupuesto ya superó lo
acordado con el FMI (que aceptó flexibilizar el acuerdo previo) y nuevamente
entre el déficit de la nación y las provincias se acercará a los 9.000
millones, después de los sucesivos ajustes. Esto exige un creciente financiamiento
público que se cubre con nueva deuda. Para el 2001 esas necesidades de
financiación se acercarán a los 30.000 millones de dólares
La deflación general que se observa es consecuencia directa
de todos estos factores, pero a la vez potencia los mismos. La aridez de las
cifras ponen al descubierto la dimensión del tembladeral sobre el cual se apoya
la estructura del capitalismo argentino. Y también los macaneos ideológicos de
los profetas del «mercado».
V- Los comunistas no somos analistas económicos. Tratamos de
entender las tendencias objetivas del movimiento del capitalismo, para orientar
la acción política de clase. La UMS ha caracterizado desde el inicio de la
gestión de Cavallo que con el camino impuesto por el capital financiero para
superar los dos picos de hiperinflación
del 89-90, la economía del país entraba en un curso regresivo, y que esa determinación preparaba una crisis más amplia y profunda.
Pero también señalábamos que la lógica de acumulación de la
burguesía, defendiendo su tasa de ganancia, implicaba la necesidad de ingresar
a un mercado más amplio, adecuando la tecnología, las formas de
comercialización y las fuentes de financiamiento, y eso la obligaba a asociarse
al capital imperialista. No se trataba de una opción entre varias, ni de una
desviación enfermiza del capitalismo («el modelo»), era la consecuencia normal
y previsible de la existencia de un mercado mundial creciente. Por eso, en un
primer momento, la casi totalidad de las fracciones burguesas adhirieron a esta
perspectiva, que fue un programa que unificó temporalmente a la burguesía. En
todo caso lo que se aprestaba a discutir eran las condiciones concretas de esa
asociación con el imperialismo, punto por punto, como se hace en los contratos
comerciales.
En términos marxistas, el quiebre de las antiguas estructuras
productivas era también una consecuencia inevitable de la irrupción masiva del
capital imperialista en el país. Los ideólogos del capital financiero lo
llaman engañosamente «efectos no
deseados» del plan, y son estos «efectos» los que, dialécticamente, trastocaron
el punto de unidad de la burguesía, en una mayor fragmentación, en nuevas confrontaciones
interburguesas, y deja al capitalismo argentino sin estrategia.
Entender esta dinámica del movimiento del capital en la
última década, es requisito esencial para separar la política de los comunistas
de cualquier variante pequeñoburguesa.
VI- Cuando aún el
gobierno De la Rúa conservaba cierta iniciativa política, la UMS decía en una
Declaración,
«En un cuadro
internacional de la economía capitalista crítico, del cual la expresión más
notoria es la inestabilidad financiera, la presión imperialista no dejará de
ejercerse sobre el país, y una y otra vez la burguesía volverá a intentar
nuevos ajustes para tributar al capital financiero, al cual está cada vez más
asociado, más dependiente y más imposibilitada de resistirse. (Mayo 30 - 2000)»
Es notorio el agravamiento de las últimas semanas y encuentra
en esta relación de clases, su explicación más profunda.
El país entró en una espiral ascendente, en la que cada
determinación adoptada- o su postergación- eleva esta crisis a un punto más
alto, cualitativamente distinta. La embestida del capital financiero para
retomar el control político del país, subordinando a las otras fracciones de la
burguesía a sus intereses, le da un nuevo impulso a la crisis. Esta situación
coloca el país al borde de la cesación de pagos («default»), y a la vez acentúa
la fase recesiva por encarecimiento del crédito.
En términos de la relación entre los sectores burgueses
locales y el imperialismo, se corrobora, en forma contundente, que no sólo la
burguesía media y pequeña carece de relativa autonomía., sino que hasta el gran capital está totalmente
constreñido a un papel secundario frente al socio imperialista. Por ejemplo, en
menos de dos semanas, el tan mentado plan de infraestructura, sobre el cual el
llamado Grupo Productivo asentaba parte de su estrategia para enfrentar la
recesión, ha quedado archivado de hecho. La otra vía para salir de la recesión
que propugna este grupo - coincidente con la
Carta a los argentinos, el
programa aliancista redactado por Machinea- es el aumento sustancial de las exportaciones y exige la
devaluación, imposible de asumir por el conjunto de la burguesía.
VII- La decisión del FMI, el Banco Mundial, y el propio gobierno
yanqui de realizar un salvataje, aportando a un fondo de emergencia, está
relacionada directamente con la precaria situación internacional. El
imperialismo no puede correr riesgos que la crisis argentina se extienda a la
economía mundial, por la vía de Brasil. Pero si el gobierno logra un respiro económico, éste es altamente
precario, las decisiones básicas dependen cada vez más del capital financiero,
y - no menor- exige cambios en la superestructura política, que trataremos en
otro punto.
Situación de la lucha de clases
VIII- El curso general de la lucha de clases no ha sufrido
cambios sustanciales desde 1999. Es notorio el retraso de los trabajadores en
cuanto a organización y programas propios. Debemos constatar que, en este largo
año, no ha habido intentos significativos de reagrupamiento de masas que
indiquen un cambio de dirección. Los conflictos fabriles, escasos con relación
a la pérdida de empleos y horas de suspensión, han sido netamente defensivos y
focalizados.
Sin duda se conjugan varias causas para que esto ocurra, pero
el desempleo es el elemento estructural más grave que atenta contra un salto en
la organización de los explotados. En segundo lugar debe incluirse el desprestigio
de dirigentes y organizaciones sindicales, que por sus políticas, han sido
devorados por la crisis.
Tampoco es menor, la incorporación al mercado de trabajo de
nuevas generaciones, sin ninguna experiencia política y con la carga
ideológica individualista que cruza a
toda la sociedad, y que en ciertos aspectos, está por detrás de la elemental
tendencia solidaria que se prolongó desde el surgimiento del movimiento obrero hasta
el sindicalismo peronista de los años 70. Potencialmente, esta nueva
generación, - sometida a condiciones humillantes de empleo- ,y que está llamada
a cerrar este largo ciclo de dispersión, confusión y desorganización, posee
mayores elementos culturales y técnicos, lo que facilitará su contacto con las
ideas de clase y revolucionarias.
Para los comunistas la tarea de organizar política y
sindicalmente a los trabajadores, en forma independiente de los partidos
burgueses, es su tarea central.
IX- Pero la situación económica empuja hacia el estallido
social a masas desesperadas, que carecen de salida inmediata. Los recientes
cortes de ruta por piqueteros, en lo que tienen de espontáneos, expresan esa
situación de miles de mujeres, hombres y jóvenes sin futuro. Los recientes cortes en Tartagal - que
cualitativamente no se diferencian de los del 97 en Cutral-Có, excepto por la
expectativa de la gente con el Frepaso-, muestran que estas movilizaciones
pueden derivar en puebladas, que alcancen incluso altos niveles de violencia,
pero sin orientación política definida.
Al respecto, para la UMS, no hay confusión posible. Sabiendo
dónde está el centro de gravedad de la organización del proletariado, y
sabiendo que si no se logra la organización de masas de los trabajadores las
luchas de los sectores explotados más marginales serán capitalizadas por algún
sector de la burguesía, que aparece ocasionalmente como opositor, o incluso por
algunas organizaciones de izquierda que, en acuerdo con partidos burgueses,
actúan frente a las masas igual que los punteros políticos o las manzaneras de
Ruckauf-Duhalde.
Ya en una caracterización
sobre la situación en Corrientes, puede leerse en la Declaración del CEN
(17-12-99), publicada en Eslabón N° 15:
«El gobierno trata de minimizar la situación de desesperación
de las masas arrojadas al hambre y la desprotección con el fácil recurso de
buscar un culpable en «activistas radicalizados e irresponsables». La UMS
rechaza de plano esta hipócrita explicación. Reivindicamos el derecho
irrestricto de los trabajadores y el pueblo a manifestar su protesta genuina en
las calles, se corten las rutas que se corten. No admitimos la democracia únicamente
en los domingos de elecciones»
Casi un año después conserva mayor significación.
Con mayores precisiones, por el agravamiento de un proceso que empezaba a eclosionar, en el
informe del Secretario General al CC,
del 28-05-00 se planteó ( y se tomaron resoluciones en consonancia):
«¿Que quiere decir precisamente que hay una nueva situación
política? Debemos evitar generalidades abstractas, tratando de precisar un poco
más, porque de estas precisiones surgirán las tareas que debemos afrontar, las
adecuaciones tácticas necesarias de la UMS para este período.
En primer lugar -aunque en este CC es una obviedad aclararlo-
no estamos pensando en posibles argentinazos, esto es, acciones de masas que
cuestionen mínimamente el poder de la burguesía. Pero sí es previsible un
notable incremento de lo que llamamos luchas espontáneas, que pueden tomar
diversa direccionalidad; luchas que en general tienen exigencias
reivindicativas mínimas, que en un sentido no son tan espontáneas porque
siempre hay en sus inicios algún nivel de militancia, social o política, y cuyo
destino tiende a ser capitalizado por un sector u otro de fuerzas burguesas
tras sus intereses, más o menos inmediatos. Es previsible que este tipo de
luchas aumenten en cantidad y calidad, en medio de una situación económica mucho más deteriorada que en el 97, de la
toma de conciencia de millones de personas de esa situación, y sin la
expectativa generada por una fuerza electoral opositora en crecimiento, como
era entonces el Frepaso.
La primera conclusión de esto es que estas luchas serán el
primer paso en la educación y experiencia política de miles de personas:
desocupados, jóvenes, trabajadores. Esto replantea en un nuevo nivel la
necesidad y la posibilidad del surgimiento de una organización política de
masas.
La segunda conclusión inmediata es que la única posibilidad
para una organización revolucionaria de contactar con esa experiencia en curso
consiste en estar en la calle, en la agitación política.»
X- La UMS debe afrontar el próximo período con la orientación
general que viene desarrollando, contra toda forma de espontaneísmo, contra
toda visión de « agitativismo y luchismo», pero con la clara decisión de
intervenir políticamente en las luchas espontáneas, por las mismas razones que
exponíamos en el CC de mayo, aunque todavía no se puede afirmar que el incremento
de esas movilizaciones sea significativo. Pero fundamentalmente, porque el
agravamiento del cuadro general, nacional y latinoamericano, puede traducirse
en un cambio de signo en el movimiento de masas, y entrar en otra etapa de la
lucha de clases.
XI- En el movimiento estudiantil, particularmente
universitario, después de las movilizaciones del 99 - anteriores a las elecciones
nacionales- se acrecentó el reflujo. Esta situación era previsible por las esperanzas que alentó el
triunfo aliancista, en un sector social donde tiene una influencia mayoritaria
y de larga data. Sin embargo esta situación puede revertirse en cualquier
momento por la situación de ruptura y desencanto de los sectores medios con el
gobierno, y particularmente porque el recorte al presupuesto de las
Universidades y el arancelamiento de las mismas es una exigencia de la crisis.
Sin duda que si se retoma la movilización, lo hará en un nivel de conciencia
más alto que la última experiencia, que tuvo un claro sesgo antiimperialista y
superó las anquilosadas estructuras de los centros estudiantiles. La UMS debe
prestar máxima atención a este proceso, e invertir esfuerzos máximos en este
sector. No es de descartar que una radicalización del movimiento estudiantil lo
coloque a la cabeza de la lucha social por todo un período.
Crisis del gobierno y las fuerzas políticas burguesas
XII- En los documentos de la UMS del 2º Congreso se
caracterizaba la potencial
debilidad del gobierno de De la Rúa. Los hechos han permitido comprobar esa
previsión rápidamente. La crítica situación económica impidió la convivencia
pacífica, dentro de un mismo equipo de gobierno, de sectores que expresan
directamente al capital financiero, la gran burguesía industrial y la pequeño
burguesía progresista. La prolongada disputa se transformó en alta
inestabilidad con la salida de Alvarez del gobierno. Período que aún no está
cerrado. En rigor lo que está en discusión, es con que equipo gobernante el
imperialismo yanqui garantiza su preeminencia para alinear al gobierno tras sus
intereses inmediatos.
XII bis- La debilidad del gobierno se expresa también en la
relación ambivalente que mantiene con el imperialismo yanqui: por un lado la
supeditación económica y política a Washington no reconoce antecedentes en
nuestro pasado reciente; por el otro es parte del proyecto estratégico de la
burguesía argentina mantener la asociación con la burguesía brasileña en el
Mercosur, que a la vez proyecta ampliar éste como un bloque burgués de
resistencia antiyanqui. Esta situación contradictoria e inestable exige una
definición en el próximo período.
XIII- Está claro que la jugada de Alvarez contó con la
asistencia del capital financiero, porque de hecho apuntaba a limitar a las
corruptas burguesías provinciales, esclerosadas y subsidiarias del estado,
abroqueladas en esa institución semifeudal que es el Senado. El quiebre de
estas estructuras políticas permitirá cumplir con más eficiencia el recorte de
fondos provinciales, sin necesidad de negociar concesiones permanentes.
La renuncia de Alvarez rompe de hecho la Alianza, arrincona
al sector socialdemócrata, y facilita la mayor presión del capital financiero
sobre el ya debilitado gobierno. La concordancia entre Alvarez y Cavallo no es
fortuita.
XIV- Con la misma amenaza del 89-90, retirar fondos y hacer
entrar al país en cesación de pago (golpe de mercado), el imperialismo se
apresta a tomar el control del gobierno. Temporalmente se acordó una tregua,
negociada entre el grupo Productivo y el poderoso CEA, se acordó sostener a
Machinea, pero se cerró definitivamente todo atisbo de política keynesiana o
proteccionismo, y habrá sucesivos ajustes. De hecho la banca internacional
impuso su política. La asistencia financiera del FMI y el Banco Mundial, está
por definirse en términos concretos, siempre supeditada al cumplimiento de las
pautas impuestas por esos organismos del imperialismo. La presencia de Cavallo,
como alternativa de última instancia, es un hecho admitido sin rodeos por
hombres del gobierno.
XV- Esta crisis termina de arrasar con el escaso apoyo social que le restaba al gobierno. Alejados
tempranamente los sectores más bajos de la burguesía, profesionales y clase
media de cuello duro, por el «impuestazo»; inmediatamente el recorte de sueldos
estatales le enajenó el apoyo de ese sector, y obligó a la dirigencia de la CTA
(que fiel a su historia de conciliación de clase, estos años apostó a ser la
columna vertebral del Frepaso) a pasar a la oposición, y colocarse a la cola de
la Moyano; y la aprobación de la ley de flexibilización lo malquistó con esa CGT 2 que también
aportó a su caudal electoral el año pasado. Además las recientes movilizaciones
del sector agropecuario mediano y chico representan un punto de ruptura con un
sector traadicionalmente aliado del radicalismo. Si a eso se suma la previsible
rebeldía del sector universitario por los anunciados recortes al presupuesto,
la distancia histórica con los sectores más empobrecidos de la sociedad, se
concluye que en término de apoyo social este gobierno flota en el aire.
XVI- El Frepaso es un
ejemplo patético de la impotencia de la
clase media para dirigir una sociedad en crisis. Tendencialmente es una
fuerza en disolución. Sólo razones de aparato, ligadas a los cargos estatales
(como ocurrió en su momento con el PI) le darán cierto tiempo de supervivencia.
Es posible que cierta militancia nucleada en su entorno, proveniente de la
izquierda, vuelva a desplazarse a la izquierda, pero con altísimo nivel de
corrupción ideológico y político. A los efectos prácticos, es posible pensar
que deben diferenciarse sectores
juveniles, para los cuales esta experiencia fue su entrada a la acción política
y puedan tener una evolución positiva.
Sin duda que la crisis de un partido histórico, como el
radicalismo, es correlativa a la clase que representa. Alfonsín, en su persona,
sintetiza la miseria de esa clase: en su lucidez intenta mantener cierta
postura, o tono, antiimperialista, haciendo devaneos con el no pago de la
deuda; dos días después ante la presión financiera debe desdecirse endilgándole
al FMI una actitud más comprensiva hacia lo social. Es probable que este
proceso acelere un grave cisma en el radicalismo. La salida del sector
socialdemócrata del gobierno es casi inevitable. El problema es que ningún de
estos sectores puede presentar una alternativa económica confiable para la
burguesía, sino la fractura ya se hubiera concretado. La UMS debe prestar
especial atención a la evolución política de algunos sectores juveniles de
Franja.
XVII- El peronismo no tiene ninguna posibilidad de superar la
crisis interna que vive a partir del gobierno Menem. Esto no quiere decir que
no sobreviva como aparato. Funciona por acuerdo de distintos señores feudales -
los gobernadores- por necesidades inmediatas de supervivencia, para negociar
con el gobierno central; está balcanizado y sin ninguna posibilidad seria de
recomposición. El extendido aparato del duhaldismo es absolutamente dependiente
del estado, y en tanto esto funcione seguirá actuando como un populismo
conservador de derecha, un obstáculo para el desarrollo de una organización de
masas de los trabajadores en la situación actual de esporádicas movilizaciones,
pero que será superado rápidamente en otro contexto de lucha de clases. En
rigor, es un sobreviviente de una larga agonía, que aún no pudo ser enterrado por
el movimiento de masas.
XVIII- La reciente crisis ha demostrado que no es el Congreso
el centro de negociación de los acuerdos entre las fracciones burguesas. En todo caso es donde se
legalizan los acuerdos cerrados por fuera.
El manejo de la crisis exige una creciente centralización del poder. La debilidad de este equipo
presidencial, el fraccionamiento de los partidos de la alianza y del peronismo,
que controla catorce provincias, en medio de la constante presión
imperialista, y el propio
fraccionamiento de los capitalistas, conspiran contra esa necesidad impuesta
por la crisis. Aunque el gobierno amenaza con adoptar las medidas más conflictivas por fuera del Congreso, como decretos, es de
prever que la crisis se exprese como conflictos institucionales (entre el
ejecutivo y el congreso, entre la nación y las provincias, interposición de
recursos judiciales, etc). Producto de la crisis misma, este será un nuevo
elemento que contribuirá a realimentar la crisis.
Esta situación abre la posibilidad de cambios en la
superestructura del estado, bajo la presión del imperialismo, para adecuarla a
la crisis estructural del capitalismo argentino.
XIX- La fuerza más importante de la burguesía argentina es la
Iglesia. Siendo plenamente consciente de la dimensión de la crisis, ha decidido
dar un paso infrecuente en la reciente historia nacional: pasar de su papel de
sostén ideológico del sistema capitalista, y elemento de presión constante en
las estructuras políticas burguesas, a encabezar abiertamente una opción
política, ante la crisis de los partidos y la imposibilidad de un gobierno
militar. Ya ha dado pasos concretos en esa dirección: la intervención de un
hombre del más alto nivel en una tribuna pública, junto a sindicalistas y lo
más connotado del populismo de derecha y el fascismo; el reciente simulacro de
autocrítica sobre el papel de la iglesia en la dictadura, y los últimos
pronunciamientos públicos, abiertamente críticos a la política del gobierno y
los grupos financieros. Por la vía de su histórico vínculo con la burocracia
sindical y el peronismo intenta completar el entramado necesario para armar una
fuerza de masas que sirva de contención social, e impida el surgimiento de una
fuerza de masas anticapitalista. Hombres como Moyano y su CGT 2 son el mascarón
de proa de este proyecto. Esta CGT 2 no tiene ninguna posibilidad (ni
intención) de fortalecerse como organización sindical; su futuro está
determinado por su capacidad de proveer
una sustentación de masas hambreadas, mayormente marginales, a una
conjunción de grandes industriales, iglesia y elementos derechistas escindidos
de los bloques burgueses actuales.
El programa con el que se busca unificar a este bloque
heterogéneo, y de intereses contrapuestos, es una reivindicación abstracta de
lo « nacional «, que implica tanto protección arancelaria y compromiso del
estado de priorizar el «compre nacional» exigido por un sector de la burguesía,
como un difuso ataque al FMI, que entronca con el creciente sentimiento
antiimperialista en amplios sectores del país. El límite de la maniobra - sin
desconocer su posibilidad de éxito- está dado por la gravedad de la situación
que exige medidas antiimperialistas reales.
XIX bis- Este paso de la iglesia católica es la respuesta
efectiva a una caracterización precisa que formuló el presidente del
Episcopado, el obispo Karlic, al señalar el «descreimiento grave en las
instituciones» de la población.
La reciente formación del «Polo Social», cuya cara visible es
el cura Farinello, es la puesta en práctica de esa decisión eclesiástica.
Contribuyen a este proyecto varias vertientes que la UMS debe desenmascarar
ante la vanguardia, el proletariado y los sectores explotados.
Por un lado, la rápida incorporación de la Democracia
Cristiana - escindida del bloque oficialista del Frepaso- una fuerza sin peso
numérico, pero con cuadros y poder económico aportados por el Vaticano.
Recuérdese que un hombre de esta fuerza, Auyero, tuvo un papel central en la
conformación del Frepaso. A esto se debe sumar la incorporación de sectores del
Opus Dei: los principales operadores del País que armaron la candidatura
presidencial de Bordón en el 95 y de Nueva Dirigencia de Béliz.
La reciente solicitada de la Unión Obrera Molinera,
integrante de la CGT 2 de Moyano, llamando al Frente Nacional, expone sin
artilugios tanto el proyecto político que se está gestando alrededor de este
«Polo Social», como sus protagonistas.
También desde la izquierda se alienta este proyecto
reaccionario: en particular Patria Libre y otros sectores nacional-populistas
contribuyen con su grano de confusión. Como era previsible, en tiempos de
crisis, las concepciones frentepopulistas conducen directamente atrás de un
frente contrarre-volucionario de derecha. Otros «izquierdistas» también de raíz
frentepopulista, que aún no han adherido, porque vacilan entre esta fuerza en
gestación, y la perspectiva de sumarse a
un bloque ideológicamente menos reaccionario, cuya cabeza sería la
actual Izquierda Unida, que ve ensancharse su panorama electoral por la crisis
frepasista.
XX-
La acción de sustituir la denuncia política del imperialismo por la de los
condicionamientos económicos que exige el FMI no es ingenua. En lo político
abre puertas a todo tipo de transacciones aceptables para el capital
imperialista, y evita pronunciarse
sobre los planes estratégicos de este, como por ejemplo la intervención militar
yanqui en América Latina En lo ideológico, y por ende de más largo alcance,
dificulta el desarrollo de la conciencia de clase porque sitúa el FMI (y en general al capital financiero) por
fuera de la cadena lógica de explotación del sistema capitalista.
Frente Unico Antimperialista
XXI- El agravamiento de la situación de sometimiento del país al capital imperialista, está en el
centro de la lucha política. La percepción política en amplios sectores, tanto
de explotados como de explotadores, que esa subordinación es el epicentro de la
crisis, aporta bases sociales para la aparición de un fuerte movimiento de rechazo
al capital financiero y su política. Pero este movimiento aún no está
estructurado, y no tiene signo político, ni direccionalidad. La fuerza social
que pueda resolver el problema de estructurar este movimiento tendrá la llave
maestra para la dirección del país en el próximo período.
XXII- Toda política revolucionaria que no parta de esta
caracterización está condenada al fracaso. La novedad política no es la
necesidad de la lucha antiimperialista, sino que esta necesidad, ahora aparece
como absolutamente necesaria para amplias masas, por lo tanto están dadas las
condiciones para que se concrete en acción política de masas.
En teoría, para los marxistas, la concepción de la necesidad
del frente único antiimperialista en los países dependientes y atrasados es
parte de su arsenal conceptual, y no
debería ser una dificultad. La práctica política enseña que ha sido el camino
para todo tipo de desviaciones del marxismo, políticas e ideológicas.
El análisis de las condiciones concretas existentes para el
desarrollo de esa lucha es la única prevención posible.
XXIII- En su mejor momento la III Internacional concibió las
tácticas de frente único, entre ellos el antiimperialista, como un acuerdo
entre organizaciones de masas. La primera dificultad que afrontamos en
Argentina es que el proletariado no tiene organizaciones de masas (buenas o
malas) que lo contengan. Por eso toda convocatoria a una acción
antiimperialista amplia (que es inexcusable no hacer) , implica para los
comunistas, a la vez, una permanente batalla al interior del proletariado
contra el histórico policlasismo y un trabajo por la organización política
independiente de los trabajadores.
La convocatoria que hizo en agosto la UMS a conformar un
bloque antiimperialista sigue siendo absolutamente necesaria porque contempla
tanto la realidad de la inexistencia de organizaciones reales de masas, como la
urgencia de forjar acciones en común que puedan tener eco en un sector de la
sociedad.
La posibilidad de construcción del partido de los comunistas
está férreamente ligada al éxito de estas dos tareas políticas enunciadas y en
el interior de esas luchas - a todos los niveles: en la base del proletariado y
en las superestructuras residuales de las organizaciones sindicales o sociales
-, si realmente se pretende construir un partido revolucionario de clase y no
una secta. Para los comunistas estas no son opciones. La compleja combinación
de tareas deviene, ante todo, del notable retraso histórico del proletariado
argentino: cuando la situación concreta exige para satisfacer las necesidades
mínimas adoptar medidas anticapitalistas, aún no pudo constituirse como clase.
XXIV- La lucha antiimperialista no puede ir separada de la
lucha anticapitalista. Esta afirmación genéricamente correcta es desvirtuada
por algunas sectas. Cuando se subsume el antiimperialismo tras un genérico
anticapitalismo se escapa al problema político central: cómo caminar junto a
poderosas fuerzas sociales - obligadas en este momento, para sobrevivir, a
confrontar con el capital financiero- que de ninguna manera son
anticapitalistas, pero que de hecho están más organizadas que el propio
proletariado. Dificultad particularmente significativa para un proletariado que
no ha conformado su identidad de clase y aún está lejos de asumir su papel
histórico. El proletariado sólo puede consolidar esa identidad de clase en la
lucha política por un programa propio.
Aquí aparece la necesidad de un programa correcto levantado
por los comunistas, que exprese y pueda ser entendido por sectores de masas. En
un sentido, el programa es el partido, y este un producto histórico de la
evolución de la conciencia.
Sin embargo, con el cómodo expediente de redactar un programa
y propagandizarlo, no se puede soslayar la responsabilidad política de proponer
un plan preciso de acciones comunes, que desnuden - educando- ante el conjunto
de los trabajadores, la estrechez de mira de los ocasionales amigos
antiimperialistas del proletariado. Los comunistas deben evitar presentar su
lucha por un programa correcto, como un ultimátum para negarse a la acción
común.
En cuanto a su contenido, el programa, no puede quedar
limitado al no pago de la deuda externa. Intimamente asociada a esta reivindicación hay que imponer no sólo el control de cambio, sino la nacionalización
de la banca - para frenar los mecanismos mediante los cuales la burguesía
descapitaliza al país-, y la renacionalización de las empresas claves de la
economía nacional, fundamentalmente de energía
y transporte.
XXIV bis- La circunstancia que amplias masas perciban
que la supeditación del país al imperialismo está en la raíz de la crisis que
padecemos, obliga a los marxistas no sólo a redoblar los esfuerzos prácticos
por impulsar la lucha antiimperialista , sino reforzar la lucha ideológica
contra todas las corrientes de conciliación de clase que niegan o minimizan la
necesidad de esa lucha, en particular en relación con el punto crucial del no
pago de la deuda externa.
Expresado brutalmente como en reciente encuentro de la CTA
por el «progresista» Verbitsky de Página 12, o en la forma más
sutil que, ya desde hace años utilizan los mentores intelectuales del centro de
estudios (IDEF) que mantiene esa central, la intención política es la misma:
evitar la confrontación de las masas con el imperialismo y abrir cauces para la
negociación con el capital imperialista.
Ya desde 1994 en la CTA se planteaba «En relación con los
acreedores externos es indispensable mantener los pagos, recuperando
progresivamente cuotas de autonomía en materia de política pública». Como
antes desde la Lista Agustín Tosco, la UMS pone la batalla contra estas
concepciones en el centro de su pensamiento y su acción.
Igualmente deben ser desnudados las posturas de conciliación
que sustenta la iglesia y sus fuerzas que piden una «reconsideración» o «alivio
sustancial» de la deuda externa, o la estéril propuesta de la CGT 2 de
esclarecer la «parte ilegítima» de la deuda.
XXV- La última experiencia de movilización estudiantil que
tuvo un contenido claramente antiimperialista puede repetirse, incorporando jóvenes sin partido o de izquierda
reformista a la lucha política, y alentar procesos de ruptura en la juventud
captada estos años para los proyectos aliancistas. La UMS debe prestar
particular atención a este proceso en general y, en particular, a la aparición
de una fractura en la juventud radical, aunque a la fecha no hay indicios de
vitalidad en esas corrientes, pero no debe descartarse que ocurra a medida que
aceleradamente se deterioran las ilusiones democratistas de los sectores
medios.
Sin la incorporación de una nueva generación a la lucha
política, capaz de superar el espíritu de escepticismo y resignación, que la
burguesía impuso socialmente, no habrá alternativa a la crisis.
Organización política de los trabajadores
XXVI- El último año no existió ningún intento significativo
en dirección a superar el fraccionamiento del movimiento obrero, ni en lo
sindical, ni mucho menos en lo político. En este sentido hubo un retroceso en
relación con 1999, donde se llegó a hacer una convocatoria el 9 de julio con un
número importante de militantes y activistas, que, por sus notorias debilidades
- señaladas en su momento por la UMS-, no podía trascender el impulso inicial.
La burguesía siguió ganando tiempo con la llegada del
gobierno aliancista. Sirvió para diluir, aunque fuera por unos meses, todo
atisbo de nuevo nucleamiento. Pareció necesario transitar, aunque en breve
lapso, una nueva experiencia de gobierno burgués, para que algunos cuadros
sindicales comiencen a retomar la idea de la necesidad de una construcción
política de los trabajadores, que por el momento no ha pasado de las
intenciones.
XXVII- en relación con esta línea de construcción,
estratégica para la UMS, se deben reafirmar las apreciaciones más generales de
nuestro 2º Congreso, en cuanto no han variado las condiciones básicas que le
dieron origen. Los militantes de la UMS deben atender particularmente cualquier
circunstancia de agitación para plantear en las bases del movimiento obrero y
social, la necesidad, la urgencia y el retraso en el surgimiento de esta
organización, y muy claramente la orientación antiimperialista y
anticapitalista que debe tener su lucha.
Especial atención debemos prestar al tema de la desocupación
y a la respuesta de clase que se le debe dar. Es necesario seguir impulsando la
lucha por las 8hs, por el reparto de las horas de trabajo, tal como se definió
en el II Encuentro de los Comunistas. Debe estar encabezando cualquier programa
que impulse la organización política de masas, y unirlo a la necesidad de esa
construcción política, y buscar acuerdos prácticos, de acción, para realizar
campañas políticas sobre este punto. Frente a la tendencia asistencialista a
pedir planes trabajar, que desorganiza, fragmenta y corrompe al movimiento de
masas, y en última instancia es capitalizado por punteros de los partidos
burgueses, debemos transformar esta respuesta de clase en un eje organizativo.
XXVIII- Es del caso analizar brevemente algunas posiciones
que se observan en relación a la necesidad de construir una organización
política de masas, o como se la denomina HPT.
La primera, y más difundida entre organizaciones marxistas,
es la que ni siquiera se lo plantea, porque se ven a sí mismos como el partido
revolucionario, que sólo debe crecer (particularmente en las etapas de
movilizaciones), y ganar influencia entre las masas en sindicatos,
organizaciones barriales, etc, dirigiéndolos a través de sus cuadros, y
transformando esas organizaciones en correa de transmisión de la política del
partido. En el mejor de los casos - quienes se lo plantean- ven la organización
política de las masas limitada a formas consejistas en momentos excepcionales
de crecimiento de la lucha de clases. En general estas corrientes plantean como
forma de accionar en los movimientos de masas, las denominadas agrupaciones
clasistas.
XXIX- Pero la experiencia de las agrupaciones
clasistas del 70, que representó un altísimo punto de unidad de clase, aunque
de alcance limitado, no pudo resolver
(entre otras cosas por la pronta represión) la relación entre lo
sindical y la unidad política de la clase. Que es justamente el punto en
discusión, la dificultad a superar.
Haciendo una crítica, no a ese clasismo de los 70, sino a quienes
actualmente centran su acción en el movimiento de masas en crear ese tipo de
agrupaciones, decíamos en nuestro 2º Congreso : «- En esta ya
prolongada lucha por el surgimiento de una HPT, en el plano de las ideas, el
combate no es sólo contra las
arraigadas concepciones de conciliación de clases.
También muestran incomprensión en relación con una
construcción política de masas, militantes combativos para quienes la tarea
necesaria consiste en estructurar corrientes sindicales clasistas (lo cual en
sí no es equivocado), y remiten la acción política a quienes estén dispuestos a
sumarse a la estructuración de un partido revolucionario y a los vínculos e
influencia –mediante los militantes- de ese partido con esas agrupaciones
clasistas. En esta línea de pensamiento, dejan sin resolver el hecho que la
inmensa mayoría de los trabajadores no pueden sumarse a ese partido, y que la
única posibilidad de estructurarse como clase
es en el plano de la acción
política, libremente decidida y de la cual se sientan parte, y no
“influenciados”.
Cabría agregar que en los últimos meses la forma de
«influenciar» que han adoptado algunos «clasistas», se asemeja mucho a la
coerción que ejercen los punteros de los partidos burgueses sobre los
habitantes de las villas.
XXX- Actualmente hay un creciente número de militantes
de izquierda, sin organización, que adoptan la posición de impulsar la creación
de una HPT. En algunos representa una real evolución de sus concepciones. En
muchos una forma meramente oportunista de encontrar un espacio político después
que han visto hacerse trizas a organizaciones a las cuales pertenecían. En muy
pocos es una real comprensión del significado que tiene para el proceso revolucionario la aparición
de una organización política de masas. Desde el ángulo teórico, por detrás de
estas posiciones está siempre una minusvalía o comprensión limitada de la
concepción marxista del frente único proletario.
XXXI- El entendimiento de la necesaria unidad de clase, que
es inmediato cuando se limita a luchas económicas, trátese de una empresa o
una rama de producción, genera
resistencia o rechazo cuando se trata de
la lucha por la organización política de masas.
Tras esa descalificación - explícita o no - de la táctica del
frente único, subyace la idea que el desarrollo de la conciencia de clase queda
limitada a los sectores de vanguardia de la lucha social, que después, por su
prestigio, van a «arrastrar» al conjunto. Esta postura se expresa políticamente
como vanguardismo en relación a la construcción del partido revolucionario, y
como espontaneísmo en relación con el proceso de la constitución del
proletariado como clase.
En los últimos años, en forma caricaturesca, gran parte de la
izquierda, transmutó la lucha por la unidad de clase, por la alquimia de
acuerdos electorales entre pequeños grupos políticos (frentismo)
XXXII- La experiencia histórica de la lucha de clases,
particularmente del último siglo, enseña que sólo en circunstancias
excepcionales el proletariado logra unificarse políticamente atrás de un
partido revolucionario que la representa. La situación habitual es la
existencia del fraccionamiento y la actuación de más de un partido en el seno
del proletariado. El proceso hacia la unidad es esencialmente el proceso de
desarrollo de la conciencia de clase. Y este proceso tiene que superar dos
dificultades centrales: la primera es que la clase no es homogénea, por lo que
cada sector avanza hacia esa conciencia conforme a su experiencia política; y
la segunda proviene de la acción de la propia burguesía - ideológica, política
y organizativamente- en el seno del
proletariado.
Sin embargo circunstancias de extrema gravedad le exigen al
proletariado acción política unificada para garantizar la defensa de
condiciones elementales de su supervivencia, aún antes que esté en condiciones
históricas de superar el fraccionamiento. En épocas de crisis capitalista, la
táctica del frente único proletario aparece como la única posibilidad
que tienen los trabajadores para dar una contundente respuesta política de
clase, frente al retraso en el proceso desarrollo de su conciencia.
Esta situación, en
Argentina, lleva largamente más de una década, en el cual el
proletariado se degradó como clase, tanto como se degradó el país.
La UMS entiende está táctica del frente único
indisolublemente unida al proceso de construcción del Partido de los
Comunistas. Aunque aparezcan formalmente como dos movimientos de construcción
distintos, se trata de un mismo y único proceso de la estructuración del
proletariado como clase revolucionaria.
No es posible precisar la forma que adoptará una organización
política de masas - condicionada por el curso de la lucha de clases- , pero si
se puede afirmar con certeza que es su ausencia lo que ha permitido el avance
sin precedentes del capital. Y también es posible afirmar que para que esa
organización se concrete, ahora, debe diferenciarse claramente de las fracciones burguesas ocasionalmente
opositoras, lo que implica un programa y una acción mucho más radicalizada que
hace una década.
XXXIII- En falsas opciones, se desvía el debate
político a la contraposición entre organización sindical y una organización
política de masas. El problema es sencillo: el curso reaccionario no se puede
revertir por acción sindical, por más
que adquiera un carácter generalizado. Se requiere la intervención de los
trabajadores en la arena política, con organización propia y programa
diferenciado de la burguesía para darle otra orientación a la economía del
país, aún para satisfacer reivindicaciones mínimas como trabajo para todos. Y
eso no se consigue sin unidad de los trabajadores sindicalizados con los no
organizados (que son amplia mayoría), y requiere instancias de organización
distintas a los cuerpos de delegados y comisiones de fábrica, amén de un
programa que contemple también las exigencias de clases no proletarias. Y eso
ya es una organización política de masas.
Esto no niega en absoluto la importancia de la organización
sindical, pero teniendo una clara apreciación que su menguado papel no se debe
sólo a la traición de los burócratas y a la desocupación, sino a su
condicionamiento por el aparato estatal burgués. Al respecto conservan validez
las afirmaciones de nuestro 2º Congreso : «La fragmentación
sindical no podrá superarse (antes bien tenderá a agravarse), si previamente el
conjunto del movimiento obrero no cambia su orientación política y encuentra su
punto de unidad en este terreno. La actual organización sindical está en crisis
porque hace más de 25 años que entró en crisis la idea de acuerdos de clase,
que la definió y condicionó».
Todo el andamiaje jurídico-institucional montado
cuidadosamente por la alianza entre la burocracia y la burguesía no podrá ser
trastocado, en primer lugar sin un salto en la conciencia de los propios
trabajadores. La circunstancia que,
eventualmente, alguna tendencia clasista pueda acceder a una dirección
sindical, no invalida lo anterior.
La táctica de intervención de los militantes de la UMS en las
estructuras sindicales debe estar presidida por estas consideraciones, y por la
necesidad de mantener vínculos con el conjunto de los trabajadores, aunque
estos cada vez menos se expresan por esas estructuras. Pese a su extrema
debilidad, en situaciones de movilización o conflicto, son estos aparatos los
que utilizan – hasta ahora- los trabajadores para las confrontaciones.
De ninguna manera deberemos sumarnos a los intentos de crear
sindicatos paralelos, si estos no parten de una real situación de movilización
de los trabajadores (caso de la Fiat Córdoba) y de superación del marco
político que los estimula, oponiéndonos a todo intento de sindicalismo
amarillo».
Recomposición de fuerzas marxistas
XXXIV- Desde sus orígenes la UMS planteó como línea
estratégica de construcción del Partido de los Comunistas la RFM. Una primera
experiencia en 1995, con el proceso de formación de la Mesa de Enlace, tuvo un
alcance limitado, por varias razones, entre otras porque los compañeros que
participaron de esa experiencia, aunque provenían de un tronco común, no
conformaban un equipo político en actividad con una línea política definida,
sino que intentaban reinsertarse en la militancia con el ingreso a la UMS. El
sector estructuralmente más ligado al proletariado, sin tendencia a la
concepción de aparato, pasó a ser parte vital de la UMS, pese a dificultades
coyunturales significativas (desocupación de compañeros, etc). Sin embargo el
proceso quedó limitado y no pudo extenderse, por razones generales del cuadro
de la lucha de clases, pero también porque en muchos compañeros seguía primando
la natural tendencia a reconstituir las fuerzas políticas de la cual provenían.
La reciente experiencia, no concluida, del I y II Encuentro
de los Comunistas representan una experiencia cualitativamente superior por
varias razones: participaron compañeros
que provenían de distintas vertientes marxistas; parte importante de los
participantes provenían de una práctica militante en común de varios años, con
líneas más definidas; hubo convocatoria a un significativo número de cros
independientes y de varias zonas del país; se comprobó la posibilidad de
funcionamiento de las mesas, un mecanismo apto para asegurar el debate
democrático y permitir la incorporación de cros, tanto individuales como en
representación de equipos militantes, sobre la base de las resoluciones en
plenario de acuerdo al criterio que cada cro interviene por sí. Se pudo llegar
así a definiciones de principios que conforman una base sólida para la unidad
de los comunistas.
La primera conclusión es que en un sentido, concluida la
diáspora de los grandes troncos de la izquierda, se ha liberado energía
militante que están buscando un cauce, y que la tendencia a la recomposición
tiene mayor base de sustentación humana, y esa tendencia se acelerará con el curso
de desarrollo de la crisis. En ese sentido la experiencia acumulada es
invalorable para que en el próximo período se pueda dar un salto hacia la
fundación de un Partido de los Comunistas.
XXXV- Sin embargo a partir del IIº Encuentro no se pudo
avanzar, al menos de conjunto, ni poner en práctica las resoluciones de ese
encuentro, y el proceso de
recomposición permanece detenido. Dentro de la misma valoración positiva que en
su momento hizo la UMS, se alertaba sobre posibles visiones distintas, que era
necesario definir, para poder desarrollar este proceso.
Estimamos que las dificultades centrales - más allá de
ocasionales problemas secundarios inherentes a la confluencia de compañeros con
distintas prácticas- radican en el problema de las relaciones de los comunistas
con el movimiento de masas y las tareas que de ahí derivan. No es un problema
menor, y en verdad esclarecer la relación entre la vanguardia y la clase, y
actuar en consonancia, será un desafío para los comunistas en las próximas
movilizaciones de masas. Así como el debate debe despejar el camino para la
acción, confiamos que las próximas luchas contribuyan a saldar estos debates.
La excepcional gravedad de la situación nacional que
caracterizamos en puntos anteriores, exige la presencia de los comunistas en el
escenario nacional. La UMS, que aún desarrollándose como organización, se asume
como un destacamento - debe comprometer
toda su energía militante para avanzar hacia un IIIer Encuentro que de un paso
decisivo en la concreción de un Partido de los Comunistas.
XXXVI- La UMS debe seguir oponiéndose tenazmente a
cualquier intento de frentismo de izquierda. Pero la gravedad de la crisis
exige a la vez tener la capacidad de concertar acuerdos prácticos concretos,
para iniciativas específicas, con fuerzas del arco de la izquierda, sin
comprometer nuestra identidad política ni desviarnos de nuestros ejes
estratégicos de construcción, sin concesiones políticas o ideológicas, pero sin
ceder a tentaciones de denuncias altisonantes (salvo cuando se trate de una
clara traición al proletariado).
Tareas de la UMS
XXXVII- De los anteriores elementos de análisis surgen los
ejes estratégicos sobre los cuales la UMS debe centrar su esfuerzo militante: Bloque
antiimperialista, Organización política de los trabajadores, Recomposición de
fuerzas marxistas, son la tríada sobre la que se asienta el proceso de
construcción del partido revolucionario. La UMS debe invertir sus fuerzas en
esta dirección, en una combinación de tareas e inversión de capital humano, que
no puede ser esquemático y cuyo contenido concreto será función del próximo CC
determinar en cada momento de la lucha de clases.
XXXVIII- Si estos son ejes definidos de construcción, el
material para darle concreción son los trabajadores y los jóvenes.
La UMS debe apuntar decididamente no sólo a incorporar a estos sectores a su
seno, sino a convocarlos a trabajar en forma conjunta, aún cuando no ingresen a
la UMS, para estos tres grandes objetivos.
Aunque sea reiterativo, la UMS reafirma como orientación de
su accionar no sólo los trabajadores en general, sino el proletariado
industrial en particular.
La UMS debe plantearse como objetivo prioritario crear una
fracción estudiantil, en los secundarios y en la universidad.
XXXIX- En el nivel de la propaganda debe conformarse un
equipo estable de redacción para el Eslabón, a los efectos de garantizar
su salida mensual.
Superar la limitada capacidad de agitación de la UMS, está en
directa relación con la incorporación de juventud militante.
En el plano de la educación la UMS ha hecho notorios
esfuerzos, dentro de sus limitaciones, en particular colaborando con la UT,
invirtiendo tiempo militante de sus cuadros. Es importante sistematizar estos
esfuerzos para que fructifiquen, no sólo en influencia, sino en mayor capacidad
de militancia de la UMS. Otra tarea prioritaria es educar a cada militante, en
especial jóvenes, para intervenir en la lucha política, no sólo a través de la
propaganda, porque es la única forma de elevar el nivel político y acceder a
las preocupaciones teóricas. La superación organizativa es un requisito
fundamental para garantizar el éxito de estas tareas.
Programa
XL- El agravamiento de la situación nacional e internacional
exige adecuaciones en el Programa de
Emergencia Nacional que levanta la
UMS. Debe cumplir con dos requisitos: por un lado debe ser una contundente
respuesta a la situación de crisis a la que llevaron al país los sucesivos
gobiernos burgueses. Por el otro debe estar formulado de una manera
absolutamente accesible para las masas, para que estas puedan asumirlo como
línea de acción política.
En tanto algunas consignas que de ese programa son sumamente
precisas, otras, por el contrario, carecen de ese atributo, por lo cual debe
ser función del IIIer Congreso, revisarlas.
En relación a las tareas antiimperialistas:
La exigencia del no pago de la deuda externa - que es un
punto nodal para cualquier iniciativa política que pretenda mejorar las
condiciones de vida de millones- debe mantenerse con la acertada formulación de
los últimos materiales de la UMS
Ni un peso para la deuda externa mientras exista un solo
desocupado
Unidad de los pueblos latinoamericanos para no seguir pagando
Por el contrario es difusa la consigna
Fuera de Argentina los imperialistas que roban nuestro
patrimonio y humillan nuestra soberanía
¿Qué significa fuera los imperialistas? ¿Expropiar las
empresas extranjeras? Si es así debemos decirlo. Pero como consigna transicional es mejor imponer el control a la fuga
de capitales, como forma de frenar el
saqueo que ejecuta el capital financiero, imperialista o nativo.
Las formas concretas de acciones contra el capital financiero
exigen introducir
Nacionalización de los bancos y control cambiario.
Debe mantenerse Renacionalización de las empresas públicas de energía y
transportes
Además deben señalarse acciones de control de las empresas
industriales y de servicios de capital
extranjero, sea yanqui, europeo o
japonés, por ejemplo.
Control del giro de las ganancias de las empresas de capital
extranjero al exterior
En relación a la soberanía en general,y territorial en
particular, deben introducirse formulaciones específicas
Fuera ingleses de las Malvinas
No a la exigencia de cielos abiertos
Fuera las bases militares yanquis del país
No a las misiones militares argentinas en el exterior
Al no plantearse expropiación de las empresas imperialistas
aparecerá como incongruete la consigna:
Cárcel y expropiación a sus agentes locales ( del imperialismo).
En sustitución, debe actualizarse - conservando su contenido- la consigna del
programa del 94:
Comisión Popular de Control e investigación de los negociados
de las privatizaciones.
Esta consigna tiene vigencia por varias razones: sitúa el
tema de la corrupción sobre relaciones económicas determinadas, en tanto que la
burguesía lo limita a la esfera de lo individual - o a lo sumo de las
superestructuras políticas-; sienta elementos concretos para desconocer la
obligación de asumir la continuidad jurídica de contratos viciados de nulidad
por sus orígenes; y cuestiona al parlamento burgués como supuesto elemento de
control del estado.
En relación al trabajo y la desocupación:
Son consignas centrales tanto para la propaganda como para la
agitación. Expresan un claro punto de vista anticapitalista y de unidad de
clase
Hay
trabajo para todos si todos trabajamos 8 horas.
Disminuir las horas de trabajo sin disminución del salario de
bolsillo
En relación a la flexibilización laboral ya aprobada debe plantearse
No
a la flexibilización laboral. Derogación de la ley
Frente al creciente intento de la burguesía de rebajar los
salarios se impone levantar como punto central
Salario mínimo de $ 1000
Jubilación mínima de $ 450
En relación a la organización de la producción del país:
Se debe incorporar un punto que explique como poner en marcha
el engranaje productivo
Plan productivo de reactivación económica y pleno empleo, con
los fondos ahorrados por el no pago de la deuda, invirtiendo en viviendas e infrestructura ferroviaria para abaratar
el transporte.
En relación a demandas sociales y a los sectores no proletarios:
La consigna de Reforma agraria y urbana. Tierra y
vivienda para todos se debe complementar
con
Moratoria para créditos hipotecarios o con fines productivos
hasta $ 50.000
Además es necesario retomar el contenido del programa del 94
en relación a las cargas impositivas, que contenía elementos punitivos para los
sectores capitalistas
Eliminación del IVA, impuesto progresivo a las ganancias,
impuestos especiales a bienes suntuarios, impuesto a la renta potencial de la
tierra y reembolso a las exportaciones agropecuarias para los pequeños y
medianos productores.
Siguen teniendo vigencia, y por tanto deben mantenerse sin
cambios las consignas que levanta desde sus orígenes la UMS, en relación con la
mujer
Contra la superexplotación de las mujeres. Anticonceptivos y
aborto gratuito y legal, en hospitales y centros de salud
También es de actualidad, y debe permanecer en el programa
las demandas educacionales:
Rechazo a los planes del FMI y Banco Mundial, a la ley
Federal de Educación, Ley de Enseñanza Superior, que buscan reorganizar la
educación en función del capital financiero internacional
El tema de salud pasa a estar en el centro de la escena de la
lucha política por la reciente desregulación de las obras sociales, que
permiten la entrada de los capitales financieros al llamado «mercado de la
salud». En este terreno el programa de la UMS debe ratificar el criterio de la
demanda de un sistema público y gratuito de salud, con libre acceso para todos,
empleados y desocupados. En segundo lugar debe rechazar el manejo de los fondos
de obras sociales tanto por los
burócratas como la entrega de las mismas a las empresas privadas. Sobre
esta base conceptual, será tarea del Congreso estudiar una formulación precisa
que ponga distancia tanto del negocio de la medicina, como de la utilización de
los fondos sociales por la burocracia y alerte sobre las inevitables tendencias
conciliadoras que genera -aún en honestos compañeros- transformarse en
administradores de esos fondos.
Conclusión
La línea central que debe presidir todo análisis de la realidad nacional es la extrema gravedad de la situación, que - como se está viendo en estos días- lo hace prácticamente ingobernable porque los proyectos burgueses muestran su impotencia para lograr un desarrollo sostenido del país. Esto, después de una década en la cual las relaciones de fuerza nacionales e internacionales han sido totalmente favorables al capital. Este período ha concluido. Lo que se ha agotado no es un gobierno o un partido, o una forma de estructura política. La crisis del país es la crisis de la clase que lo gobernó, en todas sus fracciones, hasta hoy. Hondas convulsiones sociales se avecinan, no por decisión de las víctimas o de conjurados, sino por impotencia de los victimarios. Una nueva clase tiene el horizonte despejado para ponerse al comando del país. Los comunistas tenemos una enorme tarea por cumplir. La UMS está conceptualmente preparada. Es decisión de cada uno de sus integrantes adecuarse a las exigencias militantes del período que se anuncia. El 3er Congreso debe asumir colectivamente la responsabilidad de colocar a la UMS en la primera línea de los próximos combates de clase.
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