Tercer Congreso de la Internacional Comunista (1921) *
Tesis
sobre la estructura, los métodos
y la acción de los Partidos Comunistas
I. Generalidades
1. La
organización del Partido debe adaptarse a las condiciones y a los objetivos de
su actividad. El Partido Comunista debe ser la vanguardia, el ejército
dirigente del proletariado durante todas las fases de su lucha de clases
revolucionaria y durante el período de transición ulterior hacia la realización
del socialismo, primer grado de la sociedad comunista.
2. No
puede haber una forma de organización inmutable y absolutamente conveniente
para todos los partidos comunistas. Las condiciones de la lucha proletaria se
transforman incesantemente y conforme a esas transformaciones, las
organizaciones de vanguardia del proletariado deben buscar también
constantemente nuevas formas más convenientes. Las particularidades históricas
de cada país determinan a su vez formas especiales de organización para los
diferentes partidos.
Pero
esas diferencias tienen un cierto límite. La similitud de las condiciones de la
lucha proletaria en los diferentes países y en las distintas fases de la
revolución proletaria constituye, pese a todas las particularidades existentes,
un hecho de esencial importancia para el movimiento comunista. Esta similitud
es la que proporciona la base común para la organización de los partidos
comunistas de todos los países.
Sobre
esta base es preciso desarrollar la organización de los partidos comunistas y
no tender a la fundación de algún nuevo partido modelo en el lugar del ya
existente, o buscar una forma de organización absolutamente correcta, o
estatutos ideales.
3. La
mayoría de los Partidos Comunistas así como la Internacional Comunista, en
tanto que conjunto del proletariado revolucionario de todo el mundo, tienen en
común, en las condiciones de su lucha, que deben combatir contra la burguesía
aún reinante. La victoria sobre ésta, la conquista del poder arrebatado a la
burguesía, constituye para esos partidos y para esta Internacional el objetivo
principal y decisivo.
Por lo tanto, lo esencial, para todo
el trabajo de organización de los partidos comunistas en los países
capitalistas, es construir una organización que posibilite la victoria de la
revolución proletaria sobre las clases poseedoras y que la consolide.
4. En
las acciones comunes, es indispensable la existencia de una dirección para
obtener la victoria. Esta es necesaria sobre todo en vista de los grandes
combates de la historia mundial. La organización de los partidos comunistas es
la organización de la dirección comunista en la revolución proletaria.
Para
guiar correctamente a las masas, el Partido también tiene necesidad de una
buena dirección. La tarea esencial de organización que se nos impone es la
siguiente: formación, organización y educación de un Partido Comunista puro y
realmente dirigente para guiar el movimiento revolucionario proletario.
5. La
dirección de la lucha social revolucionaria supone en los partidos comunistas y
en sus órganos dirigentes la combinación orgánica de la mayor potencia de
ataque y de la más perfecta adaptación a las condiciones cambiantes de la
lucha.
Una
buena dirección supone además la vinculación más estrecha con las masas
proletarias. Sin esta vinculación, el Comité dirigente nunca guiará a las
masas. En el mejor de los casos, sólo podrá seguirla.
Esas
relaciones orgánicas deben ser establecidas en las organizaciones del Partido
Comunista mediante la centralización democrática.
II. La centralización democrática
6. La
centralización democrática en la organización del PartidoCcomunista debe ser
una verdadera síntesis, una fusión de la centralización y de la democracia
proletaria. Esta fusión sólo puede ser obtenida mediante una actividad y una
lucha permanente y común del conjunto del partido.
La
centralización en el PartidoCcomunista no debe ser formal y mecánica; debe ser
una centralización de la actividad comunista es decir la formación de una
dirección poderosa, dispuesta al ataque y a la vez capaz de adaptación.
Una
centralización formal o mecánica sólo significaría la centralización del
«poder» en manos de una burocracia tendiente a dominar a los demás miembros del
partido o a las masas del proletariado revolucionario externas al partido. Pero
solamente los enemigos del comunismo pueden pretender que, por medio de esas
funciones de dirección de la lucha proletaria y la centralización de esta
dirección comunista, el Partido Comunista domine al proletariado
revolucionario. Esto es una mentira y, además dentro del partido, la lucha por
la dominación o un antagonismo entre dirigentes es incompatible con los
principios adoptados por la Internacional Comunista relativos a la
centralización democrática.
En
las organizaciones del viejo movimiento obrero no revolucionario se desarrolló
un dualismo de idéntica naturaleza al de la organización del Estado burgués.
Nos referimos al dualismo entre la burocracia y el «pueblo». Bajo la influencia
desalentadora de la atmósfera burguesa, las funciones se aislaron en cierto
modo, la comunidad de trabajo fue remplazada por una democracia puramente
formal, y la propia organización se dividió en funcionarios activos y en una
masa pasiva. El movimiento obrero
revolucionario hereda, hasta cierto punto inevitablemente, del ambiente burgués
esta tendencia al formalismo y al dualismo.
El
Partido Comunista debe superar radicalmente esos antagonismos mediante un trabajo
sistemático, político y de organización que encare sucesivas y mejores
revisiones.
7. Un
gran partido socialista, al transformarse en Partido Comunista, no debe
limitarse a concentrar en su dirección central la función de autoridad dejando
subsistir en el resto el antiguo ordenamiento. Para que la centralización no
sea letra muerta sino que se convierta en un hecho real, es preciso que su
realización se haga de tal manera que signifique para los miembros del Partido
un fortalecimiento y un desarrollo, realmente justificados, de su actividad y
de su combatividad común. De otro modo, aparecería ante las masas como una
simple burocratización del Partido y provocaría una oposición contra toda
centralización, toda dirección y toda disciplina estricta. El anarquismo es la
antípoda del burocratismo.
Una
democracia puramente formal en el Partido no puede alejar ni las tendencias
burocráticas ni las tendencias anárquicas, pues es precisamente sobre la base
de esta democracia que la anarquía y el burocratismo no pudo desarrollarse en
el movimiento obrero. Por esta razón, la centralización, es decir el esfuerzo
por lograr una dirección fuerte, no puede tener éxito si no se trata de
obtenerla en el terreno de la democracia formal. Por lo tanto, es indispensable
ante todo desarrollar y mantener el contacto directo y relaciones mutuas tanto
en el seno del Partido, entre los órganos dirigentes y los afiliados, como
entre el Partido y las masas del proletariado que no pertenecen a él.
III. El deber de trabajar de los comunistas
8. El
Partido Comunista debe ser una escuela de trabajo del marxismo revolucionario.
Es mediante el trabajo cotidiano común en las organizaciones del Partido como
se reafirman los vínculos entre los diferentes grupos y afiliados.
En
los partidoscComunistas legales no existe aún en la actualidad la participación
regular de la mayoría de los miembros en el trabajo político cotidiano. Ese es
su mayor defecto y la causa de una perpetua incertidumbre en su desarrollo.
9. El
peligro que siempre amenaza a un Partido obrero que da sus primeros pasos hacia
la transformación comunista es el de conformarse con la aceptación de un
programa comunista, reemplazar en su propaganda la doctrina anterior por la del
comunismo y sustituir solamente a los funcionarios hostiles a esta doctrina por
comunistas. Pero la adopción de un programa comunista sólo es una manifestación
del deseo de convertirse en comunistas. Si a ello no se agregan acciones
comunistas y si, en la organización del trabajo político, es mantenida la
pasividad de la masa de los miembros, el Partido no realiza la mínima parte de
lo que prometió al proletariado con la aceptación del programa comunista. Pues
la primera condición de una realización consciente de este programa es la
movilización de todos los afiliados en el trabajo cotidiano permanente.
El
arte de la organización comunista consiste en utilizar todo y a todos para la
lucha proletaria de clases, en repartir racionalmente entre todos los miembros
del Partido el trabajo político y en arrastrar por su intermedio a masas más
vastas del proletariado al movimiento revolucionario, a mantener firmemente en
sus manos la dirección del conjunto del movimiento, no por la fuerza del poder
sino por la fuerza de la autoridad, es decir de la energía, la experiencia, la
capacidad y la tolerancia.
10. Por
lo tanto, todo partido comunista debe, en sus esfuerzos por tener solamente
afiliados realmente activos, exigir de todos los que figuran en sus filas que
pongan a disposición del Partido su fuerza y su tiempo en la medida en que
pueda disponer de él en las circunstancias dadas y que siempre consagren al
Partido lo mejor de sí. Para ser miembro del Partido Comunista es preciso de
una manera general, con convicción comunista por supuesto, realizar también las
formalidades de la afiliación, primero eventualmente como candidato, luego como
miembro. Es preciso pagar regularmente las cotizaciones establecidas, el abono
al diario del Partido etc. Pero lo más importante es la participación de cada
miembro en el trabajo político cotidiano.
11. Todo
miembro del Partido debe, de manera general, ser incorporado a un pequeño grupo
de trabajo, en vista del trabajo político cotidiano: en un comité, en una
comisión, una oficina, un colegio, una fracción o una célula. Sólo de esta
manera el trabajo político puede ser repartido, dirigido y realizado
regularmente.
Ni hay que decir que es preciso
también tomar parte en las reuniones generales de los miembros de las
organizaciones locales. En condiciones de legalidad no es conveniente tratar de
reemplazar esas reuniones periódicas por representaciones locales. Por el
contrario, es preciso que todos los miembros tengan la obligación de asistir
regularmente a esas reuniones. Pero esto no es suficiente. La organización
regular de esas reuniones supone un trabajo realizado en pequeños grupos o por
camaradas especialmente encargados, al igual que los preparativos para una
eficaz utilización de las reuniones generales de obreros, manifestaciones y
acciones de masas del proletariado. Las múltiples tareas que impone esta
actividad sólo pueden ser abordadas y realizadas con eficacia y por grupos
reducidos. Sin ese trabajo, constante aunque mediocre, del conjunto de los
afiliados, realizado en gran número de pequeños grupos obreros, los esfuerzos
más afanosos en la lucha de clases del proletariado resultarán vanos en su
intento de gravitar en esas luchas. No podrán lograr la concentración necesaria
de todas las fuerzas vivas revolucionarias en un Partido Comunista unido y
capaz de actuar.
12. Es
preciso crear células comunistas para el trabajo cotidiano en los diferentes
dominios de la actividad política del Partido, para la agitación casa por casa,
para los estudios del Partido, para el servicio de prensa, para la distribución
de la literatura, para el servicio de novedades, para el de los contactos,
etcétera.
Las
células comunistas son grupos destinados al trabajo comunista en las empresas y
en los talleres, en los sindicatos, en las asociaciones proletarias, en las
unidades militares, etc., en todas partes donde haya al menos algunos miembros
o simpatizantes del Partido Comunista. Si hay varios en la misma empresa o en
el mismo sindicato, etc., la célula se convierte en una fracción cuyo trabajo
es dirigido por el grupo de célula.
Si
es necesario formar ante todo una fracción más vasta y de oposición general o
simplemente participar en una organización ya existente, los comunistas deben
esforzarse por obtener la dirección de dicha organización para su célula.
La
creación de una célula comunista, su transformación o su acción pública en
calidad de comunista están subordinadas a la observación escrupulosa y al análisis
de los peligros y de las ventajas que presenta la situación particular
considerada.
13. Una
tarea especialmente difícil para un partido de masas comunista es la de
establecer la obligación general de trabajo en el partido y la organización de
esos pequeños grupos de trabajo. Y por cierto que esa tarea no se puede
realizar en un día, pues exige una perseverancia infatigable, una reflexión
madura y gran energía.
Es
particularmente importante que esta reorganización sea llevada a cabo desde el
comienzo con el mayor cuidado y luego de una madura reflexión. Sería demasiado
fácil repartir dentro de cada organización a todos los miembros según un
esquema formal en pequeñas células e invitar a esas células a actuar en la vida
cotidiana del Partido. Ese comienzo sería peor que la inactividad. Provocaría
inmediatamente la desconfianza y el alejamiento de los miembros del Partido con
respecto a esta importante transformación. Es necesario recomendar que los
dirigentes del Partido elaboren primeramente, luego de una consulta a fondo con
los organizadores asiduos, las primeras líneas directrices de esta
transformación. Los organizadores deben ser a la vez comunistas absolutamente
convencidos y abnegados y estar informados del estado del movimiento en los
diferentes centros principales del país. Después de esto, los organizadores o
los comités de organización que han recibido las instrucciones necesarias deben
dedicarse a preparar regularmente el trabajo en el lugar, deben elegir y
designar a los jefes de grupos y adoptar las primeras medidas inmediatas en
vistas de esta transformación. Luego deben plantear tareas totalmente definidas
y concretas ente las organizaciones, los grupos de obreros, las células y los
diferentes miembros, y hay que formularlo de tal modo que esas tareas parezcan
útiles, deseables y prácticas. Si es necesario, también puede mostrárseles por
medio de ejemplos prácticos como deben realizarlas, haciéndoles comprender también
cuáles son los errores que hay que evitar muy especialmente.
14. Ese
nuevo modo de organización debe ser realizado paso a paso. Por eso no hace
falta crear demasiadas células nuevas o grupos de obreros en las organizaciones
locales. Es preciso ante todo asegurarse, basándose en los resultados de una
corta práctica, que las células formadas en diferentes fábricas y talleres
importantes funcionen regularmente, que se formen grupos obreros indispensables
en los otros dominios de la actividad de partido y que se consoliden hasta un
cierto grado (por ejemplo en el servicio de información, de enlace, en la
agitación casa por casa, el movimiento femenino, la distribución de materiales,
el servicio de prensa, el movimiento de los desocupados, etc.). En ningún caso
debe destruirse ciegamente la estructura de la antigua organización antes de
que la nueva esté, por así decir, estabilizada.
Pero
mientras dure ese trabajo, la tarea fundamental de la organización comunista
debe ser proseguida en todas partes con la mayor energía posible, lo que exige
grandes esfuerzos no solamente por parte de las organizaciones ilegales. Hasta
que exista una amplia red de células, fracciones y grupos obreros en todos los
puntos vitales de la lucha de clases proletaria, hasta que cada miembro del
Partido, decidido y consciente de sus fines, participe en el trabajo cotidiano
revolucionario y este acto de participación se convierta para los afiliados en
un hábito natural, hasta ese momento el partido no puede permitirse ninguna
pausa en sus esfuerzos encaminados a la ejecución de esa tarea.
15. Esta
tarea fundamental de organización obliga a los organismos dirigentes del
Partido a guiar continuamente y a incidir sistemáticamente en el trabajo del
Partido y hacerlo de una manera total y sin intermediarios. De allí se deriva
para los camaradas que están al frente de las organizaciones de partido la
obligación de abordar los más diversos trabajos. El órgano central dirigente
del PartidoCcomunista debe no solamente vigilar que todos los camaradas estén
ocupados sino también de ayudarlos, dirigir su trabajo de acuerdo con un plan
establecido y con conocimiento práctico de causa, orientándolos por el buen camino
a través de todas las condiciones y circunstancias específicas. En su propia
actividad, dicho órgano debe además tratar de localizar los errores cometidos
y, basándose en la experiencia adquirida, mejorar constantemente sus métodos de
trabajo, sin perder de vista al mismo tiempo el objetivo de la lucha.
16. Nuestro
trabajo político general es la lucha práctica o teórica o la preparación de
esta lucha. La especialización de ese trabajo fue muy defectuosa hasta el
momento. Hay dominios muy importantes en los cuales el Partido sólo ha
realizado hasta el momento esfuerzos accidentales. Por ejemplo, los partidos
legales no han hecho casi nada en el campo de la lucha especial contra la
policía política. La instrucción de los camaradas del Partido se realiza en
general de modo accidental y secundario, y esto último tan superficialmente,
que la mayor parte de las decisiones más importantes del Partido, hasta el
programa y las resoluciones de la Internacional Comunista, todavía son
totalmente desconocidas por los grandes sectores de miembros del Partido. El
trabajo de instrucción debe ser ordenado y profundizado incesantemente por
parte de todo el sistema de las organizaciones del Partido, todos los grupos de
trabajo, a fin de obtener Pediante esos esfuerzos sistemáticos, un grado cada
vez más elevado de especialización.
17. La
rendición de cuentas es uno de los deberes más indispensables para las
organizaciones comunistas. Corresponde a todas las organizaciones y a todos los
órganos del Partido como así también a cada afiliado individualmente. La
rendición de cuentas debe ser realizada regularmente. En esa oportunidad, debe
redactarse un informe sobre el cumplimiento de las misiones especiales
confiadas por el Partido. Es importante realizar esas rendiciones de cuentas de
manera tan sistemática que se arraigue en el movimiento comunista como una de
sus mejores tradiciones.
18. El
Partido debe hacer regularmente un informe a la dirección de la Internacional
Comunista. Las diferentes organizaciones del Partido deben presentar su informe
al Comité inmediatamente superior (por ejemplo, informe mensual de la
organización local al Comité de Partido respectivo).
Cada
célula, fracción y grupo obrero debe presentar un informe al órgano del Partido
bajo cuya dirección efectiva se halla. Los afiliados harán uno individualmente,
digamos semanal, a la célula o al grupo de trabajo (y también a su jefe
jerárquico) al que pertenece referido a la realización de misiones especiales
que le han sido encargadas por el órgano del Partido al que dirige el informe.
Esta
suerte de rendición de cuentas debe llevarse a cabo, en la primera ocasión que
se presente, oralmente si el Partido o su representante no exige un informe
escrito. Los informes deben ser concisos y estar referidos a hechos. El órgano
que lo recibe es responsable de la conservación de esas comunicaciones cuya publicación
sería muy peligrosa. También es responsable de la comunicación inmediata de los
informes importantes al órgano dirigente del Partido.
19. Es
evidente que esos informes del Partido no deben limitarse a dar a conocer lo
que el informante ha hecho sino también contener comunicaciones respecto a
circunstancias observadas durante su actividad y que puedan interesar para
nuestra lucha. Deben mencionarse específicamente las observaciones capaces de
producir un cambio o una mejora de nuestra táctica futura. También es necesario
proponer los cambios cuya necesidad se hace sentir en el curso de la actividad.
En
todas las células, fracciones y grupos de trabajo comunistas, los informes
recibidos por esas organizaciones o que ellas deben hacer tienen que
convertirse en un hábito.
En
las células y grupos de trabajo, debe vigilarse que los miembros
individualmente o en grupos reciban regularmente la misión especial de observar
e informar sobre lo que sucede en las organizaciones del adversario y
particularmente en las organizaciones obreras pequeño-burguesas y de los
partidos «socialistas».
IV. Propaganda y agitación
20. Nuestra tarea más importante antes
de la sublevación revolucionaria declarada es la propaganda de agitación
revolucionaria. En su mayor parte, esta actividad y/u organización aún es
llevada con frecuencia a la antigua usanza formalista, mediante manifestaciones
ocasionales, mediante reuniones de masas y sin preocuparse del contenido
revolucionario concreto de los discursos y de los escritos.
La
propaganda y la agitación comunistas debe, ante todo, arraigarse en los medios
más profundos del proletariado. Debe ser engendrada por la vía concreta de los
obreros, por sus intereses comunes, particularmente por sus luchas y esfuerzos.
Lo
que imprime más fuerza a la propaganda comunista es su contenido
revolucionador. Desde ese punto de vista, es preciso considerar lo más
atentamente posible las consignas y la actitud a adoptar con respecto a los
problemas concretos en las diversas situaciones. A fin de que el partido
siempre pueda adoptar una posición justa, debe impartirse un curso de
instrucción prolongado y completo no solamente a los propagandistas y agitadores
profesionales sino también a los demás afiliados.
21. Las
formas principales de propaganda y de agitación comunistas son: entrevistas
personales verbales, participación en los combates de los movimientos obreros
sindicales y políticos, acción ejercida por la prensa y la literatura del
Partido. Cada miembro de un partido legal o ilegal debe, de una forma u otra
participar regularmente en esta actividad.
La
propaganda personal verbal debe ser llevada a cabo en primer lugar a modo de
agitación casa por casa, organizada sistemáticamente y confiada a grupos
constituidos especialmente con ese objeto. Ni una sola casa, situada en la
esfera de influencia de la organización local del Partido, debe quedar al
margen de esta agitación. En las ciudades más importantes, aun una agitación
callejera, especialmente organizada mediante carteles y volantes, puede lograr
buenos resultados. Además, en las fábricas y los talleres es necesario
organizar una agitación personal regular, llevada a cabo por las células o
fracciones de partido y acompañada de distribución de literatura.
En
los países en cuya población existen minorías nacionales, el deber del Partido
consiste en conceder toda la atención necesaria a la propaganda y la agitación
en los sectores proletarios de esas minorías. La agitación y la propaganda
deberán naturalmente ser realizadas en la lengua de las minorías nacionales
respectivas. Para ese objeto, el partido creará organismos apropiados.
22. Cuando
la propaganda comunista se realiza en los países capitalistas donde la mayoría
del proletariado no tiene ninguna inclinación revolucionaria consciente, es
preciso buscar métodos de acción cada vez más perfectos para ir al encuentro de
la comprensión del obrero que aún no es revolucionario pero que comienza a
serlo y para facilitarle la entrada al movimiento revolucionario. La propaganda
comunista debe servirse de sus principios en las diferentes situaciones para
sostener en el espíritu del obrero durante su lucha interior contra las
tradiciones y las inclinaciones burguesas, las tendencias que en él recién
comienzan a surgir inconscientes aún, incompletas, vacilantes y semiburguesas,
pero que constituyen para él un elemento de progreso revolucionario.
A
la vez, la propaganda comunista no debe limitarse a las demandas o esperanzas
de las masas proletarias tales como son en la actualidad, es decir restringidas
y vacilantes. Los gérmenes revolucionarios de esas demandas y esperanzas sólo
constituyen el punto de partida necesario para influir sobre ellas. Pues
solamente mediante esta combinación es posible explicar al proletariado de una
manera más comprensible lo que es el comunismo.
23. Es
preciso realizar la agitación comunista entre las masas proletarias de modo tal
que los proletarios militantes reconozcan a nuestra organización comunista como
la que debe dirigir leal y valerosamente, con previsión y energía, su propio
movimiento hacia un objetivo común.
Con
este fin, los comunistas deben participar en todos los combates espontáneos y
en todos los movimientos de la clase obrera y tomar a su cargo la defensa de
los intereses de los obreros todos sus conflictos con los capitalistas con
respecto a la jornada de trabajo etc., al hacerlo los comunistas se ocuparán
enérgicamente de los problemas concretos de la vida de los obreros,
ayudándolos a desenvolverse en esas
cuestiones, a atraer su atención sobre las irregularidades más evidentes, a
formular exactamente y en forma práctica sus reivindicaciones ante los
capitalistas y a la vez a desarrollar en ellos el espíritu de solidaridad y la
conciencia de la comunidad de sus intereses y los de los obreros de todos los
países, como una clase unida y que constituye una parte del ejército mundial
del proletariado.
Sólo
si se participa constantemente en ese menudo pero absolutamente necesario
trabajo cotidiano, si se aplica el mayor espíritu de sacrificio en todos los combates
del proletariado, el «Partido Comunista» podrá convertirse en un verdadero
Partido Comunista. Sólo por ese trabajo los comunistas se distinguirán de esos
partidos socialistas dedicados puramente a la propaganda y a la afiliación que
ya pasaron a la historia y cuya actividad sólo consiste en reuniones de
afiliados, en discursos sobre las reformas y en la explotación de las
imposibilidades parlamentarias. La participación consciente y sacrificada de
toda la masa de los afiliados de un partido en la escuela de los combates y
diferendos cotidianos entre los explotados y los explotadores es la premisa
indispensable no solamente de conquista sino también, en una medida aún más
amplia, de la realización de la dictadura del proletariado. Solamente colocándose
al frente de las masas obreras en sus constantes escaramuzas contra los ataques
del capital, el Partido Comunista puede ser capaz de convertirse en esa
vanguardia de la clase obrera, de aprender sistemáticamente a dirigir en los hechos al proletariado y de
adquirir los medios de preparar conscien-temente la derrota de la burguesía.
24. Los
comunistas deben ser movilizados en gran número para tomar parte en el
movimiento de los obreros, sobre todo durante las huelgas, los lock-outs y
demás despidos en masa.
Los
comunistas cometen una falta muy grave si se amparan en el programa comunista y
en la batalla revolucionaria final para adoptar una actividad pasiva y
negligente, o hasta hostil, en relación con los combates cotidianos que los
obreros libran actualmente para obtener mejoras aunque pequeñas, en sus
condiciones de trabajo. Por mínimas y modestas que sean las reivindicaciones
por cuya satisfacción el obrero ya en la actualidad está dispuesto a
enfrentarse con los capitalistas, los comunistas nunca deben usarlo como
pretexto para mantenerse al margen del combate. Nuestra actividad agitativa no
debe hacer pensar que los comunistas son ciegos instigadores de huelgas
estúpidas y otras acciones insensatas, pero en todas partes debemos merecer
entre los obreros militantes el reconocimiento de ser los mejores camaradas de
combate.
25. La
práctica del movimiento sindical ha demostrado que las células y fracciones
comunistas tienen con frecuencia una conducta bastante confusa y no saben cómo
proceder cuando se enfrentan con los más simples problemas diarios. Es difícil,
aunque estéril, no hacer otra cosa que predicar los principios generales del
comunismo para caer en la variante totalmente negativa de un sindicalismo
vulgar, ante los primeros problemas concretos que se presentan. Con ese tipo de
comportamiento, se facilita el juego de los dirigentes de la Internacional
amarilla de Amsterdam. Por el contrario, los comunistas deben determinar su actitud según los datos
concretos de cada problema que se plantea. Por ejemplo, en lugar de oponerse
por principio a todo contrato de trabajo, deberían primeramente luchar por la
obtención de modificaciones materiales en el texto de esos contratos,
recomendados por los jefes de Amsterdam. Es preciso condenar y combatir
resueltamente todos los obstáculos tendientes a impedir que los obreros estén
dispuestos para el combate. No debemos olvidar que justamente el objetivo de
los capitalistas y de sus cómplices de Amsterdam es maniatar a los obreros
mediante cada contrato. Por eso el deber del comunista consiste en exponer ese
objetivo a los obreros. Pero la regla general, el mejor medio de que disponen
los comunistas para lograr contrarrestarlo es proponer una tarifa que no
comprometa a los obreros.
Esta
misma actitud, por ejemplo, es muy útil en relación a los servicios
asistenciales y a las instituciones de ayuda de los sindicatos obreros. La
colecta de fondos para el combate y la distribución de subsidios en época de
huelga por parte de las cajas mutuales no son acciones perjudiciales en sí, y
oponerse en principio a ese tipo de actividad sería mal visto. Solamente
diremos que esas colectas de dinero y esa forma de gastarlo, recomendadas por
los jefes de Amsterdam, están en contradicción con los intereses de las clases
revolucionarias. En relación con las cajas mutuales de los sindicatos, etc., es
correcto que los comunistas reclamen la supresión de las cotizaciones
especiales como así también de todas
las medidas restrictivas en las cajas voluntarias. Pero si prohibiésemos a los
afiliados, sin ningún tipo de explicación, el aporte de su dinero para ayudar a
las organizaciones de auxilio a los enfermos, los afiliados que quieren
continuar asegurando mediante estos aportes la ayuda prestada por esas
instituciones no nos comprenderían. Primeramente es preciso liberar a estos
afiliados, por medio de una propaganda personal intensiva, de su tendencia
pequeñoburguesa.
26. Nada
se puede esperar de ningún tipo de entrevistas con los jefes sindicales, así
como con los dirigentes de los diferentes partidos obreros socialdemócratas y
pequeñoburgueses. Contra aquéllos debe organizarse la lucha con toda energía
pero el único medio seguro y victorioso de combatirlos consiste en apartarlos
de sus adeptos y demostrar a los obreros el ciego servicio de esclavos que sus
jefes socialtraidores prestan al capitalismo. Por lo tanto, debemos, en la
medida de lo posible, colocar ante todo a esos jefes en una situación en que se
vean obligados a desenmascararse y atacarlos, luego de esos preparativos, del
modo más enérgico.
No
basta con arrojar simplemente a la cara de los jefes de Amsterdam la injuria de
«amarillos». Su carácter de «amarillos» debe ser demostrado detalladamente y
con ejemplos prácticos. Su actividad en las uniones obreras, en la Oficina
Internacional del Trabajo de la Liga de las Naciones, en los ministerios y las
administraciones burguesas, sus falsedades en los discursos pronunciados en las
conferencias y en los parlamentos, los pasajes esenciales en sus numerosos
artículos pacifistas en centenares de diarios y revistas, pero sobre todo su
forma imprecisa y oscilante de conducirse cuando se trata de preparar y de
llevar a cabo las más mínimas movilizaciones por salarios y los combates
obreros, todos esto ofrece diariamente la ocasión de exponer la conducta
desleal y traidora de los jefes de Amsterdam y asignarles el nombre
«amarillos». Se puede hacerlo presentando proposiciones, mociones y mediante
discursos formulados de manera simple.
Es
preciso que las células y fracciones del partido lancen sistemáticamente
acciones prácticas. Los comunistas no deben dejarse detener por las
explicaciones de los sectores subalternos de la burocracia sindical, que trata
de defenderse de su debilidad –la que a pesar de toda su buena voluntad a veces
se pone en evidencia– censurando sus
estatutos, las decisiones de las conferencias y las órdenes recibidas de sus
comités centrales. Los comunistas deben reclamar constantemente a esta
burocracia subalterna respuestas claras y exigirle explicaciones sobre lo que
ha hecho para salvar los obstáculos que aduce y si está dispuesta a combatir
con los obreros para lograr su superación.
27. Las
fracciones y los grupos de obreros deben preparar cuidadosamente la
participación de los comunistas en las asambleas y en las conferencias de las
organizaciones sindicales. Deben, por ejemplo, elaborar sus proposiciones,
elegir sus informantes y los oradores que hagan su defensa, proponer como
candidatos a camaradas capaces, experimentados y enérgicos, etc.
Las
organizaciones comunistas deben igualmente, mediante sus grupos obreros, preparar
con cuidado su participación en todas las asambleas generales, en las asambleas
electorales, en las demostraciones, en las fiestas políticas obreras, etc.,
organizadas por los partidos enemigos. Cuando se trate de asambleas obreras
generales preparadas por los propios comunistas, los grupos obreros comunistas
deberán actuar en el mayor número posible, tanto antes como durante las
asambleas, de acuerdo con un plan único, a fin de estar seguros de aprovechar
ampliamente esas asambleas desde el punto de vista de la organización.
28. Los
comunistas deben aprender cada vez más a atraer definitivamente a la órbita de
influencia de su partido a los obreros no organizados e indiferentes. Nuestras
células y fracciones deben hacer todo lo que esté a su alcance para
incorporarlos a los sindicatos e inducirlos a leer nuestro diario. También es
posible servirse de otras asociaciones obreras en calidad de intermediarias
para propagar nuestra influencia, como por ejemplo las sociedades de
instrucción y los círculos de estudios, las sociedades deportivas, teatrales,
las uniones de consumidores, las organizaciones de víctimas de la guerra, etc.
En los lugares donde el
PartidoCcomunista está obligado a trabajar en la ilegalidad, dichas uniones
obreras pueden, con la aprobación y bajo el control del órgano del partido
dirigente, ser formadas fuera del partido a iniciativa de sus miembros
(asociaciones de simpatizantes). Las organizaciones comunistas juveniles y
femeninas también pueden, mediante sus cursos, conferencias, excursiones,
fiestas, picnics dominicales, etc., despertar en muchos proletarios
indiferentes hasta ese momento a los problemas políticos, el interés por una
vía de organización común y luego atraerlos para siempre y hacerlos participar
de este modo en un trabajo útil para nuestro Partido (por ejemplo la
distribución de volantes, proclamas, la distribución de los diarios del
partido, de folletos, etc.). Mediante una participación activa en los
movimientos comunes esos obreros podrán liberarse más rápidamente de sus
tendencias pequeñoburguesas.
29. Para
conquistar a los sectores semi-proletarios de la masa obrera y convertirlos en
simpatizantes del proletariado revolucionario, los comunistas deben utilizar
sobre todo la contradicción de sus intereses, socialmente opuestos a los
grandes propietarios de bienes fundiarios, a los capitalistas y al Estado
capitalista. Deben, por medio de permanentes conversaciones, hacer perder a
esos sectores intermedios su desconfianza con respecto a la revolución
proletaria. Para obtener este resultado, muchas veces será necesario hacer
propaganda durante un tiempo bastante largo. Es preciso dar pruebas de interés
y sensibilidad por sus necesidades vitales, organizar oficinas de información
gratuitas para ellos y ayudarlos a superar pequeñas dificultades cuando no lo
pueden lograr por sí mismos. Es necesario atraerlos a instituciones especiales
que servirán para instruirlos gratuitamente, etc. Todas esas medidas podrán
aumentar la confianza en el movimiento comunista. Hay que ser, a la vez, muy
prudente y actuar infatigablemente contra las organizaciones y las personas
hostiles que tienen autoridad en un lugar dado o que poseen una influencia
considerable sobre los pequeños campesinos trabajadores, sobre los artesanos a
domicilio y otros elementos semi-proletarios. Es preciso caracterizar a los
enemigos más cercanos, a aquellos a los que los explotados conocen como a sus
opresores por su propia experiencia, hay que caracterizarlos como los
representantes del crimen de todo el capitalismo. Los propagandistas y
agitadores comunistas deben utilizar al extremo y de manera comprensible para
todos, los elementos y hechos cotidianos que colocan a la burocracia estatal en
conflicto directo con el ideal de la democracia pequeñoburguesa y del «Estado
de derecho»
Todas
las organizaciones locales establecidas en el campo deben compartir
equitativamente entre sus miembros las tareas de agitación casa por casa que
deben desarrollar, en la esfera de su actividad, en todos los pueblos, en todos
los cascos de haciendas y en todas las granjas y casas apartadas.
30. Para
la propaganda en el ejército y en la flota del Estado capitalista, habrá que
buscar en cada país los métodos más apropiados. La agitación antimilitarista en
un sentido pacifista es muy perjudicial, pues sólo logra alentar a la burguesía
en su deseo de desarmar al proletariado. El proletariado rechaza en principio y
combate del modo más enérgico a todas las instituciones militaristas del Estado
burgués y de la clase burguesa en general. Por otra parte, el proletariado
aprovecha esas instituciones (ejército, sociedades de preparación militar,
milicia por la defensa de los ciudadanos, etc.) para ejercitar militarmente a
los obreros con vistas a las luchas revolucionarias. La agitación intensiva no
debe, por lo tanto, estar dirigida contra la formación militar de la juventud y
de los obreros sino contra el orden militarista y contra la arbitrariedad de
los oficiales. El proletariado debe utilizar del modo más enérgico toda
posibilidad de apropiarse de armas.
La
antítesis de clases que se pone de manifiesto en los privilegios materiales de
los oficiales y en los malos tratos infligidos a los soldados debe ser
comprendida por estos últimos. Además, en las campañas agitativas destinadas a
los soldados, es preciso destacar claramente hasta qué punto todo su futuro
está estrechamente ligado a la suerte de la clase explotada. En un período
avanzado de fermentación revolucionaria, la agitación en favor de la elección
democrática de los mandos por parte de los soldados y marineros y en favor de
la formación de soviets de soldados puede ser muy eficaz para sabotear las
bases del poder de la clase capitalista.
En
la agitación contra tropas especiales que la burguesía organiza para la guerra
de clases y en particular contra sus grupos de voluntarios armados, es
necesario concentrar constantemente el máximo de atención y energía. En los
lugares donde la estructura social y el medio corrompido lo permitan, la
descomposición social debe ser introducida sistemáticamente y en el momento
oportuno en sus filas. Cuando estos grupos o tropa posean un carácter de clase
uniformemente burgués, como por ejemplo en las tropas compuestas exclusivamente
de oficiales, es preciso desenmascararlas ante el conjunto de la población,
tornarlas despreciables y odiosas de modo de provocar su disolución interna a
consecuencia del aislamiento que la acción de propaganda provocará.
V. Organización de las luchas políticas
31. Para un Partido Comunista, en
ninguna circunstancia su organización puede permanecer políticamente inactiva.
La utilización orgánica de toda situación política y económica y de toda
modificación de esta situación debe ser elevada al nivel de una estrategia y de
una táctica organizadas.
Aunque
el partido aún sea débil, se halla sin embargo en condiciones de aprovechar los
acontecimientos políticos o las grandes huelgas que conmueven toda la vida económica
para llevar a cabo una acción de propaganda radical, sistemática y
metódicamente organizada. Apenas el Partido tome una decisión ante cualquier
situación de este tipo, debe movilizar enérgicamente en su campaña a todos sus
afiliados y a todos los sectores de su organización.
En
primer lugar utilizará las vinculaciones que el Partido ha conseguido mediante
el trabajo de sus células y de sus grupos de propaganda para organizar
reuniones en los principales centros políticos o huelguísticos, reuniones en
las que los oradores del Partido deberán demostrar a los asistentes que los
principios comunistas son el medio de sortear las dificultades de la lucha.
Grupos de trabajo especiales deberán preparar hasta en sus mínimos detalles
todas esas reuniones. Si el Partido no puede organizarlas por sí mismo, deberá
enviar camaradas elegidos adecuadamente a las reuniones generales de los
huelguistas o de los proletarios que participen en cualquier tipo de combate.
Si
hay esperanzas de ganar para nuestras ideas a la mayoría o al menos a una gran
parte de los asistentes a la reunión, dichas ideas deberán ser formuladas en
forma de propuestas y resoluciones bien redactadas y hábilmente motivadas. Una
vez que estén listas esas propuestas o resoluciones, habrá que lograr que, en
forma idéntica o análoga, sean admitidas al menos por fuertes minorías en todas
las reuniones mantenidas con el mismo objeto o en otras. De ese modo,
obtendremos la concentración de las capas proletarias en movimiento que por
ahora sólo sufren nuestra influencia moral, y les haremos admitir la nueva
dirección.
Luego
de todas esas reuniones, los grupos de trabajo que hayan participado en su
preparación y en su desarrollo deberán volver a reunirse no sólo para redactar
un informe al Comité Dirigente del Partido sino también para extraer de las
experiencias realizadas o de los errores eventualmente cometidos las enseñanzas
necesarias para la actividad posterior.
Según
la situación, las consignas prácticas deberán ser puestas en conocimiento de
las masas obreras interesadas por medio de afiches y volantes, o también
mediante panfletos detallados remitidos directamente a los combatientes y en
los cuales la doctrina comunista será claramente explicada mediante consignas
de actualidad adaptadas a la situación. Para distribuir hábilmente los
panfletos, son necesarios grupos especialmente organizados. Esos grupos
determinarán los lugares donde deberán ser colocados los afiches y elegir el
momento oportuno para realizar dicha operación. La distribución de los volantes
dentro y en la puerta de los lugares de trabajo, en los establecimientos
públicos, en los alojamientos de los obreros que participan en el movimiento,
en las esquinas, en las agencias de colocaciones y en las estaciones, deberá
ser acompañada, en la medida de lo posible, de discusiones en términos
convincentes, susceptibles de ser difundidas entre la masa movilizada. Los
panfletos detallados serán distribuidos, si es viable, solamente en los lugares
cubiertos, en los talleres, en las casas y en general en todas aquellas partes
donde pueda lograrse una atención sostenida.
Es
necesario que esta intensa propaganda sea apoyada por una acción paralela en
todas las asambleas de sindicatos o de empresas implicadas en el movimiento
donde hayan sido invitados nuestros camaradas o en asambleas organizadas por
ellos mismos, a las que enviarán informantes y oradores apropiados. Los diarios
del Partido pondrán permanentemente a disposición de ese movimiento la mayor
parte de sus columnas y sus mejores
argumentos. Durante todo el tiempo que dure el movimiento, el conjunto del
aparato del Partido deberá estar entregado en forma total y sin tregua al
servicio de la idea general que lo anima.
32. Las
manifestaciones y las acciones demostrativas exigen una dirección muy abnegada
y flexible, que considere constantemente el objetivo de esas acciones y esté en
todo momento en condiciones de apreciar si la manifestación tuvo el mayor éxito
posible o si en la situación dada es posible intensificarla aún más ampliándola
para convertirla en una acción de masas bajo la forma primeramente de huelgas
demostrativas y luego de huelgas de masas. Las manifestaciones pacifistas
llevadas a cabo durante la guerra nos enseñaron que, aún después del
aplastamiento de este tipo de manifestación, un verdadero partido proletario de
lucha, aun si actúa en la ilegalidad, no debe vacilar ni detenerse cuando se
trata de un gran objetivo actual que
necesariamente despierta en las masas un creciente interés.
Las
manifestaciones callejeras encuentran su mejor apoyo en las grandes empresas.
Cuando se ha logrado crear un cierto estado de ánimo general mediante el
trabajo preparatorio metódico de nuestras células y nuestras fracciones, luego
de una propaganda oral o por medio de panfletos, los hombres de confianza de
nuestro partido en las empresas, los responsables de las células y de las
fracciones, deberán ser convocados por el Comité Dirigente a una conferencia en
donde serán discutidas las operaciones convenientes para el día siguiente, el
momento exacto de la concentración, el carácter de las consignas, las
perspectivas de la acción, su intensificación y el momento de su terminación y
desconcentración. Un grupo de funcionarios provistos de instrucciones correctas
y expertos en problemas de organización deberá constituir el eje de la
manifestación desde la partida en el lugar de trabajo hasta su dispersión. A
fin de que esos funcionarios mantengan un contacto directo entre sí y puedan
recibir permanentemente las directivas políticas necesarias en todo momento,
los trabajadores responsables del Partido deberán participar metódicamente,
confundidos entre la masa, en la manifestación. Esta dirección móvil política y
organizada de la manifestación constituye la condición más favorable para la
reanudación y eventualmente para la intensificación de la acción y su
transformación en grandes acciones de masas.
33. Los
cartidos comunistas que gozan ya de cierta solidez interna, que disponen de un grupo
de funcionarios experimentados y de un número de partidarios considerable en el
seno de las masas, deben hacer todo lo posible por destruir, mediante grandes
campañas, la influencia de los dirigentes socialistas-traidores y por conducir
bajo la dirección comunista a la mayoría de los obreros. Las campañas deben ser
organizadas de modo diferente si las luchas actuales permiten al Partido
Comunista actuar como guía del proletariado y colocarse al frente del
movimiento o si se produce un estancamiento momentáneo. La composición del
Partido será también un elemento determinante para los métodos organizativos de
las acciones.
Así
fue cómo, para ganar a las capas socialmente decisivas del proletariado, ya que
esto no era posible en las diferentes circunscripciones, del Partido Comunista
Unificado de Alemania, en cuanto que joven partido de masas, recurrió al método
llamado de la «carta abierta». Con el objeto de desenmascarar a los jefes
socialistas-traidores, el Partido Comunista se dirigió, en un momento en que la
miseria y los antagonismos de clase se agudizaban, a las otras organizaciones
del proletariado para exigir de ellas una respuesta clara ante las masas a la
pregunta de saber si estaban dispuestas, con sus organizaciones aparentemente
tan poderosas, a emprender la lucha común, de acuerdo con el Partido Comunista,
en pro de las reivindicaciones mínimas, de un miserable pedazo de pan y contra
la evidente indigencia del proletariado.
Cuando
el Partido Comunista inicia una campaña similar, debe adoptar todas las medidas
tendientes a provocar un eco ante su acción en los sectores más amplios de la
clase obrera. Todas las fracciones profesionales y todos los funcionarios
sindicales del Partido deben considerar, en todas las reuniones de obreros de
empresas o de sindicatos y en todas las reuniones públicas en general, las
reivindicaciones vitales del proletariado.
En
aquellos lugares donde nuestras fracciones y células deseen que nuestras
reivindicaciones sean aprobadas por las masas, deberán ser hábilmente
distribuidos volantes, panfletos y afiches a fin de conmover la opinión
pública. La prensa de nuestro Partido, durante las semanas que dure esta
campaña, debe informar al movimiento ya sea sucinta o detalladamente, pero
siempre desde nuevos enfoques. Las organizaciones suministrarán a la prensa
informaciones corrientes relativas al movimiento y vigilarán enérgicamente que
los redactores permanezcan activos durante esta campaña del Partido. Las
fracciones del Partido en el Parlamento y en las instituciones municipales
también deberán ponerse sistemáticamente al servicio de estas luchas.
Provocarán la discusión mediante propuestas convenientes en las asambleas
deliberantes, de acuerdo con las directivas del Partido. Los diputados deberán
actuar y sentirse como miembros conscientes de las masas combatientes, como sus
portavoces en el campo de sus enemigos de clase, como funcionarios responsables
y como trabajadores del Partido.
Cuando
la acción concentrada, organizada y coherente de todos los miembros del Partido
provoque una cantidad de órdenes del día a ser aprobadas cada vez mayor y que
aumente incesantemente en el curso de algunas semanas, el Partido se enfrentará
con este grave problema: organizar, concentrar orgánicamente a las masas que
adhieren a nuestras consignas.
Si
el movimiento ha adquirido sobre todo un carácter sindical, es preciso tratar
de acrecentar nuestra influencia en los sindicatos ordenando a las fracciones
comunistas que se dediquen, luego de una buena preparación, directamente a la
dirección sindical local para, o bien destruirla u obligarla a llevar a cabo
una lucha organizada sobre la base de las consignas de nuestro Partido.
En
los lugares donde haya comités de fábricas, consejos de industrias u otras
instituciones análogas, es necesario que nuestras fracciones actúen de manera
tal que esas instituciones participen en la lucha. Una vez que una cierta
cantidad de organizaciones locales hayan sido ganadas para esta lucha bajo la
dirección comunista, en pro de los intereses vitales más elementales del
proletariado, se deberá convocar a esas organizaciones a reuniones donde
enviarán sus delegados. La nueva dirección así consolidada bajo la influencia
comunista gana, mediante esta concentración de los grupos activos del proletariado
organizado, una nueva fuerza de ataque que a su vez debe ser utilizada para
impulsar hacia delante a la dirección de los partidos socialistas y de los
sindicatos o, al menos, para derrotarlos en lo sucesivo también orgánicamente.
En
las regiones económicas donde nuestro Partido dispone de sus mejores
organizaciones y donde halló una mayor aprobación de sus consignas, es
necesario, por medio de una presión organizada sobre los sindicatos y los
soviets de empresas locales, concentrar todas las luchas económicas aisladas
que estallan en esa región y también los movimientos desarrollados por otros
grupos y transformarlos en una gran lucha única, que desborde en adelante el
marco de los intereses profesionales particulares y persiga algunas
reivindicaciones elementales comunes, a fin de obtenerlas con ayuda de las
fuerzas unificadas de todas las organizaciones de la zona.
En
ese movimiento, el Partido Comunista será el verdadero guía del proletariado
dispuesto a la lucha, mientras que la burocracia sindical y los partidos
socialistas que se opongan a un movimiento organizado sobre la base de ese tipo
de acuerdo serán aniquilados no solamente por la pérdida de toda autoridad
política y moral sino también por la destrucción efectiva de su organización.
34. Si
el Partido Comunista se ve obligado a
tratar de apoderarse de la dirección de las masas en un momento en que los
antagonismos políticos y económicos se agudizan y provocan nuevos movimientos y
nuevas luchas, se puede renunciar al planteo de reivindicaciones particulares y
dirigir llamamientos simples y concisos directamente a los miembros de los
partidos socialistas y de los sindicatos, invitándolos a no eludir las luchas
imprescindibles contra los empresarios, aún a pesar de los consejos de sus
dirigentes burócratas, dada la gran miseria y la creciente opresión, y a fin de
no ser impulsados a la pérdida y la ruina totales. Los órganos del Partido y
sobre todo los diarios deben demostrar y destacar, mientras dure el movimiento,
que los comunistas están dispuestos a participar al frente en las luchas
actuales o futuras de los proletariados reducidos a la miseria, y que acudirán
en ayuda de todos los oprimidos en la medida de lo posible, dada la tensión del
momento actual. Se deberá probar diariamente que el proletariado ya no podrá
subsistir sin esas luchas y que, pese a ello, las antiguas organizaciones
tratan de evitarlas e impedirlas.
Las
fracciones sindicales y profesionales deben apelar incesantemente en las
reuniones al espíritu de combate de sus camaradas comunistas haciéndoles
comprender claramente que ya no es posible vacilar más. Pero durante una
campaña de ese tipo lo esencial es la concentración y la unificación orgánica
de las luchas y de los movimientos provocados por la situación. No solamente
las células y las fracciones comunistas de las empresas y de los sindicatos
movilizados en la lucha deben conservar permanentemente un contacto muy
estrecho sino que también en las direcciones deben poner inmediatamente a
disposición de los movimientos que se produzcan a funcionarios y militantes
activos del partido encargados, de acuerdo con los combatientes, de
generalizar, ampliar e intensificar, y a la vez de dirigir, todos esos
movimientos. La tarea principal y a la vez de dirigir, todos esos movimientos.
La tarea principal de la organización consiste en destacar en todas partes lo
que hay de común entre el todo y esas diversas luchas para poder de ese modo
llegar, en caso de necesidad, a una lucha general por medios políticos.
Durante la generalización y la
intensificación de las luchas, será necesario crear órganos únicos de
dirección. En el caso de que en ciertos sindicatos el comité de huelga burocrático
no cumpla esa tarea, los comunistas deberán lograr con tiempo, ejerciendo la
presión necesaria, el reemplazo de esos burócratas por comunistas que
asegurarán la dirección firme y decidida de la lucha. Cuando se logre combinar
varios combates, habrá que constituir una dirección común para el conjunto de
la acción, y allí los comunistas deberán hacer todo lo posible para obtener el
predominio de esa dirección. Esta unidad de dirección puede ser obtenida
fácilmente si la fracción comunista realiza una preparación adecuada en los
sindicatos o en las empresas, por medio de los soviets de fábricas, las
asambleas plenarias de esos soviets, pero más particularmente mediante las
asambleas generales de los huelguistas.
Si
el movimiento, a raíz de su generalización y de la entrada en acción de las
organizaciones patronales y de las autoridades públicas, adquiere un carácter
político, es preciso comenzar inmediatamente la propaganda y la preparación
administrativa tendiente a la elección verosímilmente posible y necesaria de
soviets obreros. En el curso de ese trabajo, todas las organizaciones del
Partido deben destacar con la mayor intensidad la idea de que sólo mediante
esos organismos de la clase obrera, surgidos directamente de las luchas
proletarias, puede ser lograda la verdadera liberación del proletariado,
menospreciando como es debido a la burocracia sindical y a sus ayudantes del
Partido Socialista.
35. Los
partidos comunistas suficientemente fuertes y en particular los grandes
partidos de masas deben, por medio de medidas tomadas de antemano, estar
siempre listos para las grandes acciones políticas. Durante las acciones
demostrativas y los movimientos económicos así como también durante las
acciones parciales, es necesario pensar siempre en la utilización más enérgica
de las experiencias organizativas proporcionadas por esos movimientos con
vistas a un contacto cada vez más firme con las grandes masas. (Las lecciones
de todos los nuevos grandes movimientos deben ser discutidas y estudiadas
cuidadosamente en conferencias ampliadas de funcionarios, dirigentes y
militantes responsables del partido con los delegados de fábricas grandes y
medias, a fin de establecer relaciones cada vez más estrechas y seguras por
intermedio de esos delegados). La mejor prueba de que las acciones políticas de
masas no serán emprendidas prematuramente y sólo lo serán en la medida
permitida por las circunstancias y por la influencia actual del Partido, radica
en las relaciones de confianza establecidas entre funcionarios y militantes
responsables del partido y los delegados de fábrica.
Sin
ese contacto lo más estrecho posible entre el Partido y las masas proletarias
que trabajan en las grandes y medianas empresas, el Partido Comunista no podrá
realizar amplias acciones de masas y movimientos verdaderamente
revolucionarios. Si en Italia la sublevación incuestionablemente revolucionaria
del año pasado, que halló su mayor expresión en la ocupación de fábricas
fracasó antes de tiempo, se debió por una parte a la traición de la burocracia sindical
y a la insuficiencia de la dirección política del Partido, pero también a que
entre el Partido y las fábricas no existía una vinculación íntimamente
organizada por medio de delegados de fábrica políticamente informados y que se
interesaran por la vida del Partido. El movimiento de los mineros ingleses de
este año sin lugar a dudas también ha sufrido extraordinariamente de este
defecto, que lo ha privado de su validez política.
VI. La prensa del partido
36. La prensa comunista debe ser
desarrollada y mejorada por el Partido con infatigable energía.
Ningún
diario será reconocido como órgano comunista si no se somete a las directivas
del Partido. Ese principio también debe ser aplicado para las producciones
literarias tales como libros, folletos, escritos periodísticos, etc; teniendo
en cuenta su carácter científico, propagandístico, etc.
Además,
el partido se esforzará por tener buenos periódicos, en lugar de muchos. Todo
partido comunista debe antes que nada poseer un órgano central, en lo posible
cotidiano.
37. Un
periódico comunista nunca debe convertirse en una empresa capitalista como lo
son los diarios burgueses y con frecuencia también los diarios llamados
«socialistas». Nuestro periódico debe ser independiente de las instituciones
crediticias capitalistas. Una hábil organización publicitaria basada en
anuncios, que puede mejorar considerablemente los medios de existencia de
nuestro diario, nunca debe ponerlo bajo la dependencia de alguna de las grandes
empresas de publicidad. Antes bien, una actitud inflexible en todos los
problemas sociales proletarios procurará a los diarios de nuestros Partidos de
masas una fuerza y una consideración absolutas. Nuestros diarios no deben
servir para satisfacer el gusto sensacionalista ni la necesidad de diversión de
un público variado. No debe transigir con la crítica de los literatos
pequeñoburgueses o de los virtuosos del periodismo para crearse una clientela
de salón.
38. Un
diario comunista debe defender ante todo los intereses de los obreros oprimidos
que combaten. Debe ser nuestro mejor propagandista y agitador, el propagandista
que dirija la revolución proletaria.
Nuestro
diario tiene por tarea reunir las experiencias adquiridas en el curso de la
actividad de todos los miembros del Partido y de hacer con ellas una especie de
guía política útil para la revisión y el perfeccionamiento de los métodos de
acción comunista. Esas experiencias deber ser intercambiadas en reuniones de
redactores de todo el país, reuniones tendientes a crear la mayor unidad de
tono y de tendencia en el conjunto de la prensa partidaria. De ese modo, esta
prensa, así como cada diario en particular, será el mejor organizador de nuestro
trabajo revolucionario.
Sin
ese trabajo consciente de organización y de coordinación de los periódicos
comunistas y en particular del órgano central, es imposible la aplicación de la
centralización democrática y de una prudente división del trabajo en el seno
del Partido Comunista, y en consecuencia también la realización de su misión
histórica.
39. El
diario comunista debe tender a convertirse en una empresa comunista, es decir
en una organización proletaria de combate, una asociación de obreros
revolucionarios, de todos aquellos que escriben regularmente para el diario,
que lo componen, lo imprimen, lo administran, lo distribuyen, los que reúnen el
material informativo, lo discuten y elaboran en las células, en fin, de todos
los que trabajan diariamente para difundirlo, etc. ….
Para
hacer verdaderamente del diario una organización de combate, una poderosa y
viva asociación de trabajadores comunistas, es preciso adoptar una serie de
medidas.
Todo comunista se vincula
estrechamente a su diario trabajando y sacrificándose por él. Es su arma
cotidiana que, para ser útil, debe ser fortalecida y afilada diariamente. El
diario podrá mantenerse sólo gracias a los mayores sacrificios financieros y
materiales. Los miembros del Partido deben proporcionar constantemente los
medios necesarios para su organización y para su perfeccionamiento hasta que
esté bastante extendido en los grandes partidos legales y sea lo
suficientemente sólido para constituir por sí mismo un apoyo material para el
Partido Comunista.
No
basta con ser un agitador y un distribuidor celoso del periódico, sino que es
necesario también convertirse en un colaborador útil. Debe suministrársele
rápidamente información de todo lo que merezca ser destacado, desde el punto de
vista social y económico, en la fracción sindical y en la célula, desde un
accidente de trabajo hasta una reunión profesional, desde los malos tratos a
los jóvenes aprendices hasta las relaciones comerciales de la empresa. Las
fracciones sindicales deben informarle sobre todas las reuniones, las
decisiones y las medidas más importantes adoptadas en esas reuniones por los
secretariados de las Uniones, así como también sobre la actividad de nuestros
adversarios. La vida pública de las reuniones y de la calle ofrece
frecuentemente a los militantes atentos del Partido la ocasión de observar con
sentido crítico detalles cuya utilización en los diarios esclarecerá ante los
ojos de los más indiferentes nuestra actitud en relación con las exigencias de
la vida.
La
comisión de redacción debe tratar con el mayor cariño y celo esas informaciones
sobre la vida de los obreros y de las organizaciones obreras y utilizarlas o
bien como breves comunicaciones que impriman a nuestro diario el carácter de
una verdadera comunidad de trabajo, viviente y poderosa, o bien para tornar
comprensibles, a la luz de esos ejemplos prácticos de la vida cotidiana de los
obreros, las enseñanzas del comunismo, lo que constituye la vía más rápida para
llegar a hacer real e íntima la idea del comunismo a las grandes masas obreras.
En la medida de lo posible, la comisión de redacción debe estar presente en las
horas de recepción, es decir en las horas más óptimas del día, a disposición de
los obreros que visten nuestro diario, para recibir sus pedidos y sus quejas
relativas a las miserias de su existencia, para anotarlas con cuidado y
servirse de ellas para imprimir más vida al diario. Es cierto que en la
sociedad capitalista ninguno de nuestros diarios puede convertirse en una
verdadera asociación de trabajo comunista. Sin embargo, se puede, aun en las
condiciones más difíciles, organizar un diario revolucionario obrero partiendo
de ese punto de vista. Esta afirmación quedó demostrada con el ejemplo de la Pravda
de nuestros camaradas rusos durante los años 1912-1913. Este diario constituyó
en verdad una organización permanentemente activa de los obreros
revolucionarios conscientes con los centros más importantes del Imperio ruso.
Esos camaradas redactaban, editaban y distribuían a la vez y en forma conjunta
el diario. La mayoría de ellos economizaban el dinero necesario para los gastos
con su trabajo y con el salario de su trabajo. Por su parte, el diario les dio
lo que ellos deseaban, lo que necesitaba en ese momento el movimiento y lo que
les sirve aún hoy para el trabajo y la lucha. Un diario así pudo convertirse
para los miembros del Partido, al igual que para todos los miembros los obreros
revolucionarios, en lo que ellos llamaban «nuestro diario».
40. El
elemento esencial de la actividad de la empresa combativa comunista es la
participación directa en las campañas llevadas a cabo por el Partido. Si en un
cierto momento la actividad del Partido está concentrada en una determinada
campaña, el diario del Partido debe poner a su servicio todas sus columnas, todas
sus firmas y no solamente los artículos políticos de fondo.
La
redacción debe extraer de todas partes material para apoyar esa campaña y para
llenar con ella todo el diario en la forma más conveniente.
41. La
divulgación de nuestro diario debe ser realizada según un sistema establecido.
Ante todo, es preciso utilizar todas aquellas situaciones en las que los
obreros son más vivamente arrastrados al movimiento y en las que la vida
política y social es más agitada a consecuencia de algún acontecimiento
político y económico. Así después de cada huelga o lock-out, durante los cuales
el diario defendió franca y enérgicamente los intereses de los obreros
combatientes, debe organizarse inmediatamente después del fin de la huelga, un
trabajo de divulgación de hombre a hombre con los obreros que hicieron la
huelga. No solamente las fracciones comunistas de los sindicatos y de las
profesiones movilizadas por la huelga deben realizar la propaganda del diario
en su lugar de trabajo por medio de listas y de formularios de suscripción sino
también, en la medida de lo posible, debe conseguirse las listas de los obreros
que hicieron huelga así como sus direcciones para que los grupos especiales
encargados de los intereses del diario puedan realizar una enérgica agitación
casa por casa.
También
después de toda campaña política electoral que ha despertado el interés de las
masas, debe ser realizada una agitación sistemática casa por casa por los
grupos de trabajadores encargados especialmente de esta tarea en los diferentes
barrios obreros.
Durante
las épocas de crisis política o económicas latentes, cuyos efectos se hacen
sentir en las masas obreras bajo la forma de un encarecimiento de la vida, de
la desocupación y otras miserias, hay que tratar de obtener, si es posible,
luego de una hábil propaganda contra esas miserias, y por intermedio de las
fracciones sindicales, listas de obreros organizados en los sindicatos a fin de
que el grupo especial encargado de los intereses del diario pueda continuar una
sistemática agitación casa por casa. La última semana del mes es la más
conveniente para este trabajo permanente de divulgación. Toda organización
local que deje pasar esta última semana del mes, aunque sea una vez por año,
sin proseguir su propaganda a favor de la prensa provoca un gran retraso en el
conjunto del movimiento comunista. El grupo especial encargado de los intereses
del diario no debe dejar pasar ninguna reunión pública de obreros, ninguna gran
manifestación sin actuar del modo más activo, desde el comienzo, durante los
intervalos y hasta el final, para obtener suscripciones para nuestro diario.
Las fracciones sindicales deben realizar esta misma tarea en todas las
reuniones de sus sindicatos, así como también las células y las fracciones
sindicales en las reuniones profesionales.
42. Nuestro
diario debe ser constantemente defendido por los miembros del Partido contra
sus enemigos. Todos los afiliados deben llevar a cabo una lucha despiadada
contra la prensa capitalista, revelar a todos y fustigar enérgicamente su
venalidad, sus mentiras, sus viles reticencias y todas sus intrigas.
La
prensa socialdemócrata y socialista independiente debe ser vencida
desenmascarando su actitud traidora mediante ejemplos de la vida cotidiana,
mediante ataques contiguos, pero sin perderse en pequeñas polémicas de
fracción. Las fracciones sindicales y otras deben dedicarse, por medio de
medidas organizativas, a sustraer de la influencia perturbadora y paralizante
de los diarios socialdemócratas a los miembros de los sindicatos y de las otras
asociaciones obreras. El trabajo de reclutamiento de abonados para nuestro diario,
al igual que la agitación casa por casa o en las empresas, también debe estar
hábilmente dirigido contra la prensa de los socialistas traidores.
VII. La estructura de conjunto del Partido
43. Para
la extensión y la consolidación del Partido, no se deberá establecer divisiones
de acuerdo con un esquema formal geográfico sino que sobre todo habrá de
tenerse en cuenta la estructura real económica y política de las regiones y los
medios técnicos de comunicación. La base de ese trabajo debe ser realizada
sobre todo en las capitales y en los centros proletarios de la gran industria.
En
momentos de la organización de un nuevo partido, aparecen a menudo desde un
comienzo esfuerzos tendientes a ampliar la red de las organizaciones del
partido a todo el país. Pese a las fuerzas muy limitadas de que disponen los
organizadores, muchas veces, sin embargo, son dispersadas a los cuatro vientos.
De ese modo se debilita la fuerza de atracción y el crecimiento del Partido. Es
cierto que al cabo de algunos años se llega a tener todo un sistema de
secretariados muy vasto, pero con mucha frecuencia el Partido no consigue
afianzarse firmemente en ninguna de las ciudades industriales más importantes
del país.
44. Para
lograr en el Partido la mayor centralización posible, no se debe descomponer su
dirección en toda una jerarquía que incluya numerosos grados totalmente
subordinados entre sí. Es necesario dedicarse a construir en todo centro
económico, político o de comunicaciones una red que se extienda sobre los
amplios suburbios de esa ciudad y sobre la región económica o política que
depende de ella. El Comité del Partido que desde esta ciudad, como desde la
cabeza de un cuerpo, dirige el trabajo del Partido en la región y que ejerce su
dirección política, debe mantenerse en el contacto más estrecho posible con las
masas comunistas del centro de la región.
Los
organizadores nombrados por las asambleas de las regiones o por el Congreso
Regional del Partido y confirmados por la dirección central deben participar
regularmente en la vida del Partido en la cabecera de la región. El Comité
Central Regional del Partido debe ser reforzado constantemente por trabajadores
elegidos entre los miembros de la cabecera de región, de manera que se
establezca un contacto vivo y directo entre el ComitéPolítico del Partido que
dirige la región y las masas comunistas de una cabecera de región. Cuando se ha
llegado a un cierto estado organizativo, es necesario que el Comité de la
región sea al mismo tiempo la dirección política de la cabecera de esa región.
Así, los comités dirigentes del Partido en las organizaciones regionales, de
acuerdo con el Comité Central, desempeñarán el papel de órganos verdaderamente
dirigentes en las organizaciones del Partido. La dimensión de una
circunscripción política del Partido no debe estar determinada por la extensión
material de la región. Lo que se debe considerar ante todo es la posibilidad de
los Comités regionales del Partido de dirigir concéntricamente todas las
organizaciones locales de la región. Cuando esto no es posible, hay que dividir
la región y crear un nuevo Comité regional del Partido.
Naturalmente,
en los grandes países, el Partido tiene necesidad de ciertos órganos de
vinculación tanto entre la dirección central y las diferentes direcciones
regionales (dirección provincial, dirección departamental, etc.) como entre la
dirección regional y las diferentes organizaciones locales (dirección de
seccional y de cantón). En ciertas circunstancias, hasta puede ser útil dar a
uno u otro de esos organismos intermedios un papel dirigente, por ejemplo en
una gran ciudad que cuenta con un número bastante considerable de afiliados. En
general, ese tipo de descentralización debe ser evitada.
45. Las
grandes unidades del Partido (circunscripciones) están constituidas por las
organizaciones locales del Partido: los «grupos locales» del campo y de las
pequeñas ciudades y los «distritos» o «secciones» de los diferentes barrios de
las grandes ciudades.
Una organización local del Partido
que, en condiciones legales, ya no puede celebrar reuniones generales de sus
afiliados, debe ser disuelto o dividido.
En las organizaciones locales del
Partido, los miembros serán distribuidos, de acuerdo al trabajo cotidiano del
Partido, en los diferentes grupos de trabajo. En las organizaciones más
grandes, puede ser conveniente reunir a los grupos de trabajo en diferentes
grupos colectivos. En un mismo grupo colectivo, por regla general se debe
incluir a todos los afiliados que en su lugar de trabajo o en su existencia
cotidiana mantienen contacto entre sí. El grupo colectivo tiene por tarea
distribuir el trabajo general del Partido entre los diferentes grupos de
trabajo, recibir los informes de los responsables, formar candidatos para el
Partido en su medio, etc.
46. El
Partido en su conjunto se halla bajo la dirección de la Internacional
Comunista. Las directivas y resoluciones de la dirección internacional en los
problemas que interesan a los partidos adheridos son dirigidas: 1) o bien a la
dirección central general del Partido, o 2) por intermedio de la dirección
central al comité que dirige una determinada acción especial o, finalmente, 3)
a todas las organizaciones del Partido.
Las directivas y las decisiones de la
Internacional son obligatorias para el Partido y también evidentemente, para
cada uno de sus afiliados.
47. El
Comité Central del Partido (consejo central o comisión) es responsable ante el
Congreso del Partido y ante la dirección de la Internacional Comunista. El
Comité Central restringido así como el Comité completo, o ampliado, el consejo
o la comisión son elegidos, en general, por el Congreso del Partido. Si el
Congreso del Partido lo juzga necesario, puede encargar a la dirección central
la elección en su seno de una dirección restringida compuesta del Secretariado
Político y del Secretariado de Organización. La política y los asuntos
corrientes del Partido son dirigidos, bajo la responsabilidad de la dirección
restringida, por esos dos Secretariados. La dirección restringida convoca
regularmente a reuniones generales del Comité Central para adoptar decisiones
de gran importancia y alcance. A fin de tomar conocimiento de la situación
política general con la seriedad necesaria, conocer exactamente la capacidad de
acción del Partido y tener una imagen suya exacta y clara, es indispensable, en
las elecciones para la dirección central del Partido, considerar las
proposiciones aportadas por las diferentes regionales del país. Por la misma
razón, las opiniones tácticas divergentes de carácter importante no deben ser
reprimidas en las elecciones para la dirección central. Por el contrario, es
preciso hacer de manera tal que esas opiniones divergentes estén representadas
en el Comité Central por sus mejores defensores. La dirección restringida debe,
sin embargo, ser coherente en cuanto a esas concepciones y, para mantenerse
firme y segura, no se apoyará solamente en su propia autoridad sino también en
una sólida mayoría, evidente y numerosa, en el conjunto del Comité Central.
Gracias
a una constitución tan amplia de su dirección central, el gran partido legal
pronto tendrá a su Comité Central asentado sobre la mejor de las bases: una
firme disciplina y la confianza absoluta de los afiliados. Además, será capaz
de combatir y curar las enfermedades y las debilidades que puedan aparecer
entre los funcionarios. También estará en condiciones de evitar la acumulación
de esas especies de infecciones que se producen en el Partido y la necesidad de
una operación quizás catastrófica que se plantearía luego en el Congreso.
48. Cada Comité del Partido debe
establecer en su seno una división del trabajo eficaz a fin de poder llevar a
cabo positivamente el trabajo político en los diferentes sectores. En este
sentido, puede surgir la necesidad de crear direcciones especiales para ciertos
sectores (por ejemplo para la propaganda, la distribución de la prensa, la
lucha sindical, la agitación en el campo, la agitación entre las mujeres, los
enlaces, la asistencia revolucionaria, etc.).
Las
diversas direcciones especiales están sometidas, o bien a la dirección central
o al Comité Regional del Partido. El control de la actividad así como la buena
composición de todos los comités subordinados corresponde al Comité Regional
del Partido. El control de la actividad así como la buena composición de todos
los comités subordinados corresponde al Comité Regional del Partido y en última
instancia a la dirección central. Los miembros afectados al trabajo político
del Partido así como los parlamentarios están directamente sometidos al Comité
Central. Puede ser útil rotar cada tanto las ocupaciones y el trabajo de los
camaradas funcionarios del Partido (por ejemplo de los redactores, de los
propagandistas, de los organizadores, etc.) sin perturbar demasiado el
funcionamiento. Los redactores y propagandistas deben participar durante un
período prolongado en la acción política regular del Partido, en uno de los
grupos especiales de trabajo.
49. La dirección central del Partido
así como la de la Internacional Comunista tienen el derecho de exigir en todo
momento informaciones completas de todas las organizaciones comunistas, de sus
comités y de sus diferentes afiliados. Los representantes y los delegados de la
dirección central deben ser admitidos en todas las reuniones y sesiones con
voto consultivo y con derecho de veto. La dirección central del Partido debe
tener a su disposición constantemente a delegados (comisarios) a fin de poder
instruir o informar a las diferentes direcciones regionales o departamentales
no sólo mediante circulares sobre la política y sobre la organización o por correspondencia,
sino también personalmente.
Una
comisión de revisión, compuesta por camaradas de confianza e instruidos, debe
funcionar junto a la dirección central y a cada dirección regional. Esta
comisión debe ejercer el control sobre los fondos y la contabilidad y elevar
informes regulares al gran comité (consejos o comisiones).
Toda
organización o todo órgano del Partido, así como cada uno de sus afiliados,
tiene el derecho de comunicar en cualquier momento y directamente a la
Dirección Central del Partido o a la Internacional sus deseos, iniciativas,
observaciones o quejas.
50. Las directivas y las decisiones de
los órganos dirigentes del Partido son obligatorias para las organizaciones
subordinadas y para los diferentes
miembros.
La
responsabilidad de los organismos dirigentes y su deber de protegerse contra
los retrasos y los abusos provenientes de las organizaciones dirigentes sólo
pueden ser determinados formalmente y en parte. Cuanto más pequeña es su
responsabilidad formal, por ejemplo en los partidos ilegales, en mayor medida
deben tratar de conocer la opinión del resto de los afiliados del Partido, de
conseguir informaciones seguras y periódicas y no tomar decisiones propias sin
una previa reflexión, madura y seria.
51. En su acción pública, los miembros
del Partido siempre deben actuar como miembros disciplinados de una
organización combatiente. Cuando se produzcan divergencias de opinión sobre el
modo más correcto de actuar, hay que dirimir esas divergencias en lo posible
antes de encarar la acción en el seno de las organizaciones del Partido y
actuar únicamente después de haber adoptado una decisión. A fin de que toda
directiva del partido sea aplicada con energía por todas las organizaciones y
por todos los miembros, es necesario llamar en la medida de lo posible, a las
masas del Partido a la discusión y a la resolución de los diversos problemas.
Las organizaciones y las instancias del Partido tienen el deber de decidir en
qué forma y en qué medida una determinada cuestión puede ser discutida por los
diferentes camaradas ante la opinión pública del Partido (en la prensa en
folletos). Pero aun si esta decisión de la organización o de la dirección del
Partido es errónea según el criterio de algunos miembros, éstos nunca deben
olvidar en su acción pública que la peor infracción disciplinaria y la falta
más grave que se puede cometer durante la lucha es la de romper la unidad de
frente común o debilitarla.
El
deber supremo de todo miembro del Partido consiste en defender contra todos a
la Internacional Comunista. El que olvida esto y, por el contrario, ataca
públicamente al Partido o a la Internacional Comunista debe ser tratado como un
adversario del partido.
Las decisiones de la Internacional
Comunista deben ser aplicadas sin demora por los partidos adherentes aún en el
caso de que haya que hacer modificaciones en los estatutos y en las decisiones
del partido, de acuerdo con los estatutos.
VIII. El nexo entre el trabajo legal y el trabajo ilegal
53. En la vida diaria de un partido
comunista pueden producirse, según las diferentes fases de la revolución,
variaciones funcionales. Pero, en el fondo, no existe diferencia esencial en la
estructura que deben esforzarse por lograr un partido legal y un partido
ilegal.
El
Partido debe estar organizado de tal modo que pueda adaptarse rápidamente a las
modificaciones de las condiciones de la lucha.
El
Partido Comunista debe convertirse en una organización de combate capaz, por
una parte, de evitar un campo abierto a un enemigo con fuerzas superiores
concentradas en un punto y, por otra, de utilizar las dificultades con que
tropieza ese enemigo para atacarlo donde menos se lo espera. Constituiría un
error muy grande el prepararse exclusivamente para las sublevaciones y los
combates callejeros o para los períodos de mayor opresión. Los comunistas deben
realizar su trabajo revolucionario preparatorio en todas las situaciones y
estar siempre dispuestos a la lucha, pues con frecuencia es casi imposible
prever la alternancia de los períodos de despertar y de letargo. No se puede
aprovechar esta previsión para reorganizar el Partido, porque el cambio
habitualmente es demasiado rápido y se produce sorpresivamente.
54. Los Partidos Comunistas legales de
los países capitalistas en general aún no han tomado suficientemente como tarea
esta preparación para los levantamientos revolucionarios, los combates armados
y en general la lucha ilegal. Con demasiada frecuencia se construye la
organización del Partido con vista a una acción legal prolongada y de acuerdo
con las exigencias de las tareas legales cotidianas.
En
los partidos ilegales, por el contrario a menudo tampoco se comprende lo suficiente que es preciso utilizar las
posibilidades de la acción legal y organizar el Partido de tal modo que esté en
contacto directo con las masas revolucionarias. Los esfuerzos del partido
tienden a convertirse en un trabajo de Sísifo o en una conspiración impotente.
Esos dos errores, tanto el del partido
ilegal como el del partido legal, son graves. Un partido comunista legal debe
saber prepararse, del modo más enérgico, para las exigencias de una actividad
clandestina y en particular estar armado en espera de levantamientos
revolucionarios. Y por otra parte, un partido comunista ilegal debe saber
utilizar todas las posibilidades del movimiento obrero legal para convertirse,
mediante un trabajo político intensivo, en el organizador y el verdadero guía
de las grandes masas revolucionarias. La dirección del trabajo legal y del
trabajo ilegal debe estar permanentemente unida en manos de la misma Dirección
Central del Partido.
55. En los partidos legales, al igual
que en los partidos ilegales, el trabajo ilegal es con frecuencia concebido
como la formación y el mantenimiento de una organización cerrada, exclusivamente
militar y aislada del resto de la política y de la organización del Partido.
Esta concepción es totalmente errónea. En el período revolucionario, la
formación de nuestra organización de combate debe, por el contrario, ser el
resultado del conjunto de la acción comunista del partido. El Partido en su
conjunto debe convertirse en una organización de combate para la revolución.
Las
organizaciones revolucionarias aisladas de carácter militar surgidas
prematuramente antes de la revolución, tienden demasiado fácilmente a la
disolución y a la desmoralización porque carecen en el Partido de un trabajo
inmediatamente útil.
56. Para un partido ilegal, es muy
importante evitar permanentemente que sus afiliados y sus organismos sean
descubiertos. Por lo tanto, es preciso cuidar que sean entregados por medio de
listas, por imprudencias en la distribución de los materiales o el pago de las
cotizaciones. Un partido ilegal no debe utilizar en la misma medida que un
partido legal las formas abiertas de organización para objetivos conspirativos,
aunque sin embargo, debe tratar de poder hacerlo cada vez en mayor medida.
Serán
adoptadas todo tipo de medidas para impedir que elementos dudosos y poco
seguros entren al Partido. Los medios a emplear para hacerlo dependen en gran
parte del carácter del Partido, legal o ilegal, perseguido o tolerado, en vías
de crecimiento o de estancamiento. Un medio que en ciertas circunstancias
sirvió con eficacia es el sistema de candidatura. Las personas que desean ser
admitidas al Partido lo son ante todo como candidatos, previa presentación de
dos miembros del Partido, y según cómo realicen las tareas que les son
confiadas, son admitidos o no como miembros del Partido.
La
burguesía enviará inevitablemente provocadores y agentes a las organizaciones
ilegales. Es preciso llevar a cabo contra ellos una lucha constante y
minuciosa. Uno de los mejores métodos consiste en combinar hábilmente la acción
legal con la ilegal. Un trabajo revolucionario legal de cierta duración es el
mejor modo de darse cuenta del grado de confianza que cada uno merece, de su
conciencia, de su coraje, de su energía, de su puntualidad. Así se podrá
determinar si es posible encargar un trabajo ilegal que corresponda más a su
capacidad.
Un
partido ilegal debe prepararse cada vez más contra toda sorpresa (por ejemplo
guardando a buen recaudo las direcciones de contactos, destruyendo por regla
general las cartas, conservando cuidadosamente los documentos necesarios,
instruyendo conspirativamente a los agentes de enlace, etc.).
57. Nuestro trabajo político general
debe estar distribuido de tal modo que ya antes del levantamiento
revolucionario abierto se desarrollen y se afirmen las raíces de una
organización de combate que corresponda a las exigencias de esta fase. Es
particularmente importante que en su acción la dirección del Partido Comunista
tenga en cuenta permanentemente esas exigencias, que trate en la medida de lo
posible de planteárselas anticipadamente. No puede, por cierto, tener de ellas
una idea exacta y clara, pero esa no es una razón para descuidar el punto de
vista esencial de la dirección de la organización comunista.
Si
se produce un cambio funcional en el Partido Comunista en momentos del
levantamiento revolucionario declarado, el partido mejor organizado puede
enfrentarse con problemas extremadamente difíciles y complejos. Puede suceder
que se vea obligado en un intervalo de algunos días a movilizar al Partido para
una lucha armada, a movilizar no sólo al Partido sino también a sus reservas, a
organizar a los simpatizantes y toda la retaguardia, es decir a las masas
revolucionarias y no organizadas. En ese momento, no se tratará de formar un
ejército rojo regular. Debemos vencer sin ejército construido de antemano,
solamente con las masas colocadas bajo la dirección del Partido. Si nuestro
partido no está preparado por su dirección organizativa para esta eventualidad,
la lucha más heroica será inútil.
58. En algunas situaciones
revolucionarias se ha observado varias veces que las direcciones centrales
revolucionarias no han actuado a la altura de sumisión. En la organización a
nivel inferior, el proletariado demostró magníficas cualidades durante la
revolución, pero en su Estado Mayor imperaron con frecuencia el desorden, el
caos y la impotencia. Algunas veces falta hasta la más elemental división del
trabajo, el servicio de información es tan malo que plantea más inconvenientes
que utilidad, o el servicio de enlace no es merecedor de ninguna confianza.
Cuando se necesita un correo secreto, un transporte, un refugio, una imprenta
clandestina, comúnmente sólo se los obtiene a raíz de una fortuita casualidad.
Toda provocación por parte del enemigo organizado tiene posibilidad de
triunfar.
Y
no puede ocurrir de otro modo si el partido revolucionario que detenta la
dirección no se organizó previamente. Así por ejemplo, la vigilancia y el
descubrimiento de la policía política exigen una experiencia especial, un
aparato secreto para el enlace, sólo puede funcionar con prontitud y seguridad
luego de un largo entrenamiento, etc. En esos campos de la actividad
revolucionaria especial, todo partido comunista legal debe realizar preparativos secretos, por mínimos que sean.
También
en este sentido puede ser desarrollado en gran medida el aparato necesario por
medio de una acción totalmente legal, si se toman los debidos recaudos durante
su funcionamiento para que inmediatamente pueda ser transformado en aparato
ilegal. Así, por ejemplo, la organización encargada de la distribución,
exactamente regulada, de panfletos legales de publicaciones y de cartas puede
ser transformada en aparato secreto de enlace (servicio de correos, puestos
secretos, alojamientos secretos, transportes conspirativos, etc.).
59. El organizador comunista debe
considerar anticipadamente a todo miembro del Partido y a todo militante
revolucionario en su futuro papel histórico de soldado de nuestra organización
de combate, durante la época de la revolución. Así puede destinarlo de
antemano, en la célula a que pertenece, al trabajo que mejor corresponda con su
puesto y su servicio futuros. Su acción actual debe, sin embargo, constituir un
servicio útil en sí y necesario para la lucha actual, y no solamente un
ejercicio que el obrero práctico no comprendería inmediatamente, pues esta
actividad es también en parte un ejercicio tendiente a cubrir las exigencias
más esenciales de la futura lucha final.
***
La Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja
(La lucha contra la internacional
amarilla de Amsterdam)
La
burguesía mantiene en la esclavitud a la clase obrera no solamente por la
fuerza bruta sino también por medio de la mentira refinada. La escuela, la
iglesia, el parlamento, las artes, la literatura, la prensa cotidiana, son
otros tantos poderosos instrumentos de que se vale la burguesía para embrutecer
a las masas obreras y lograr que penetren las ideas burguesas en el
proletariado.
Entre
esas ideas que la clase dominante ha
logrado infiltrar en las masas trabajadoras, se halla la de la neutralidad de los sindicatos, de su
carácter apolítico, ajeno a todo partido.
Desde
las últimas décadas de la historia contemporánea y en particular desde el fin
de la historia imperialista, en toda Europa y América los sindicatos son las
organizaciones más numerosas del proletariado. En ciertos estados abarcan a
toda la clase obrera sin excepción. La burguesía comprende perfectamente que el
destino del régimen capitalista depende actualmente de la postura de esos sindicatos
con respecto a la influencia burguesa universal y de la actitud de sus lacayos
socialdemócratas para mantener a cualquier precio a los sindicatos cautivos de
las ideas burguesas.
La
burguesía no puede invitar abiertamente a los sindicatos obreros a apoyar a los
partidos burgueses. Por eso los invita a no sostener ningún partido, sin
exceptuar al partido del comunismo revolucionario.
La
divisa de la «neutralidad» o del «apoliticismo» de los sindicatos tiene ya tras
suyo un largo pasado. En el curso de una decena de años esta idea burguesa fue
inoculada a los sindicatos de Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y otros
países, tanto a los jefes de los sindicatos burgueses en la Hirsch-Dunker como
a los dirigentes de los sindicatos clericales y cristianos, tanto a los
representantes de los llamados sindicatos libres de Alemania como a los líderes
de las viejas y pacíficas tradeuniones inglesas, y a muchos otros partidarios
del sindicalismo. Leguien, Gompers, Jouhaux, Sidney Webb predicaron durante
años a los sindicatos la neutralidad.
En
realidad, los sindicatos nunca fueron neutrales y no habrían podido serlo, aun
si lo hubiesen querido. La neutralidad de los sindicatos sólo podría causar
daño a la clase obrera, pero además es irrealizable. En el duelo entre el
trabajo y el capital, ninguna gran organización obrera puede permanecer
neutral. En consecuencia, los sindicatos no pueden quedar al margen en la pugna
entre los partidos burgueses y el partido del proletariado. Los partidos
burgueses se dan cuenta perfectamente de ello. Pero así como la burguesía tiene necesidad de que las
masas crean en la vida eterna, también necesita que se crea que los sindicatos
pueden ser apolíticos y pueden conservar la neutralidad respecto al partido comunista obrero. Para
que la burguesía pueda continuar dominando y oprimiendo a los obreros y obtener
la plusvalía, no necesita sólo del sacerdote, del policía, del general, sino
también del burócrata sindical, el «líder obrero» que predica a los sindicatos
obreros la neutralidad y la indiferencia ante la lucha política.
Aún
antes de la guerra imperialista, la falsedad de esta idea de neutralidad fue
cada vez más evidente para los proletarios conscientes de Europa y América. A
medida que los antagonismos sociales se agudizan, la mentira es más innegable.
Cuando comenzó la carnicería imperialista, los antiguos jefes sindicales se
vieron obligados a arrojar la máscara de la neutralidad y a marchar francamente
cada uno con «su» burguesía.
Durante
la guerra imperialista, todos los socialdemócratas y los sindicalistas, que
habían pasado años predicando la indiferencia política en los sindicatos,
lanzaron a esos mismos sindicatos al servicio de las más sangrienta y vil
política de los partidos burgueses. Ellos, ayer campeones de la neutralidad,
actúan ahora como los agentes declarados de un determinado partido político,
exceptuando uno solo, el partido de la clase obrera.
Luego
de la finalización de la guerra imperialista, esos mismos dirigentes
socialdemócratas y sindicalistas tratan nuevamente de imponer a los sindicatos
la máscara de la neutralidad y el apoliticismo. Habiendo pasado el peligro
militar, los agentes de la burguesía se adaptan a las nuevas circunstancias y
tratan de desviar a los obreros del camino revolucionario y conducirlos por el
de la burguesía.
La
economía y la política siempre han estado indisolublemente ligadas entre sí.
Ese nexo es particularmente fuerte en épocas como las actuales. No hay un solo
problema importante de la vida política que no interese a la vez al partido
obrero y al sindicato obrero.
Cuando
en Francia el gobierno imperialista decreta la movilización de ciertas clases
para ocupar la cuenca del Ruhr o para oprimir a Alemania en general, ¿un
sindicato francés realmente proletario puede afirmar que ese es un problema
estrictamente político que no debe interesar a los sindicatos? ¿Un sindicato
francés verdaderamente revolucionario puede declararse «neutral» o «apolítico»
respecto a ese problema?
O
bien, si inversamente en Inglaterra se produce un movimiento puramente
económico como la última huelga de mineros ¿el Partido Comunista tiene el
derecho de decir que este problema no le concierne e interesa solamente a los
sindicatos? Cuando se inicia la lucha contra la miseria y la pobreza agudizadas
por millones de desocupados, cuando se está obligado a plantear prácticamente
el problema del embargo de las viviendas burguesas para subvenir a las
necesidades del proletariado, cuando masas cada vez más numerosas de obreros
están obligadas por la vida misma a considerar la posibilidad de una lucha
armada, cuando en uno u otro país los obreros organizan la ocupación de las
fábricas, decir que los sindicatos no deben mezclarse en la lucha política o
deben permanecer «neutrales» con respecto a los partidos es, en realidad,
ponerse al servicio de la burguesía.
Pese
a toda la diversidad de sus denominaciones, los partidos políticos de Europa y
de América pueden ser divididos en tres grandes grupos: 1) los partidos de la
burguesía, 2) los partidos de la pequeña burguesía (sobre todo el
socialdemócrata), 3) el partido del proletariado (los comunistas). Los
sindicatos que se proclaman «apolíticos» y «neutrales» con respecto a esos tres
grupos no hacen sino ayudar, en realidad, a los partidos de la pequeñaburguesía
y de la burguesía.
II
La
Asociación Sindical de Amsterdam es una organización en la que se reúnen y
fraternizan las Internacionales dos y dos y media. Esta organización es
considerada por toda la burguesía con esperanza y solicitud. La gran idea de la
Internacional Sindical de Amsterdam es, en este momento, la neutralidad de los
sindicatos. No es casual que esta
divisa sirva a la burguesía y a sus lacayos socialdemócratas o sindicalistas de
derecha como medio para tratar de reunir nuevamente a las masas obreras de Occidente
y América. Mientras que la Segunda Internacional política, al colocarse
abiertamente de parte de la burguesía, fracasó lamentablemente, la
Internacional de Amsterdam, que intenta nuevamente encubrirse tras la idea de
neutralidad, aún tiene cierto éxito.
Con
la consigna de la «neutralidad», la Internacional Sindical de Amsterdam se
encarga de las operaciones más difíciles y sucias de la burguesía: sofocar la
huelga de mineros en Inglaterra (como aceptó hacerlo el famoso J. H. Thomas,
que es a la vez el presidente de la Segunda Internacional y uno de los líderes
más conocidos de la Internacional Sindical amarilla de Amsterdam), disminuir
los salarios, organizar el saqueo sistemático a los obreros alemanes debido a
los pecados de Guillermo y de la burguesía imperialista alemana. Leipart y
Grassmann, Wissel y Bauer, Robert Schmidt y J. H. Thomas, Albert Thomas y
Jouhaux, Daszynski y Zulavski, todos ellos se han distribuido los papeles:
unos, viejos dirigentes sindicales, participan actualmente en los gobiernos
burgueses en calidad de ministros, de comisarios gubernamentales o de
funcionarios en general, mientras que otros, totalmente solidarios de los
primeros, siguen al frente de la Internacional Sindical de Amsterdam para
predicar a los obreros sindicados la neutralidad política.
La
Internacional Sindical de Amsterdam constituye actualmente el principal apoyo
del capital mundial. Es imposible combatir victoriosamente esta fortaleza del
capitalismo si antes no se comprende la necesidad de combatir la falsa idea del
apoliticismo y de la neutralidad de los sindicatos. A fin de poseer un arma
conveniente para derrotar a la Internacional amarilla de Amsterdam, es preciso
ante todo establecer relaciones mutuas, claras y precisas, entre el partido y
los sindicatos en cada país.
III
El Partido Comunista es la vanguardia
del proletariado, la vanguardia que reconoció perfectamente las vías y medios
para liberar al proletariado del yugo capitalista y que por esa razón aceptó
conscientemente el problema comunista.
Los
sindicatos son la organización más masiva del proletariado, que tiende cada vez
más a abarcar sin excepción a todos los obreros de cada sector de la industria
y a ingresar en sus filas no solamente a los comunistas conscientes sino
también a las categorías intermedias y hasta totalmente atrasadas de
trabajadores, que van conociendo paulatinamente el comunismo a través de las
experiencias de la vida.
El
papel de los sindicatos en el período que precede al combate del proletariado
por la conquista del poder, durante ese combate y luego, después de la
conquista, difiere en muchos aspectos pero siempre, antes, durante y después,
los sindicatos siguen siendo una organización más vasta, más masiva, más
general que el partido, y en relación con este último desempeñan hasta cierto
punto el papel de la circunferencia con relación al centro.
Antes de la conquista del poder, los
sindicatos verdaderamente proletarios organizan a los obreros principalmente en
el orden económico para la conquista de posibles mejoras, para el total
derrocamiento del capitalismo, pero en un primer plano de toda su actividad
figura la organización de la lucha de las masas proletarias contra el
capitalismo en vistas a la revolución proletaria.
Durante
la revolución proletaria, los sindicatos realmente revolucionarios organizan,
junto con el Partido, a las masas para el asalto a las fortalezas del capital y
se encargan de los primeros trabajos de organización de la producción
socialista.
Luego
de la conquista y el afianzamiento del poder proletario, la acción de los
sindicatos se traslada sobre todo al
campo de la organización económica y consagra casi todas sus fuerzas a la
construcción del edificio económico sobre bases socialistas, convirtiéndose así
en una verdadera escuela práctica del comunismo.
Durante
esas tres fases de la lucha del proletariado, los sindicatos deben apoyar a su
vanguardia, el Partido Comunista, que dirige la lucha proletaria en todas sus
etapas. Al efecto, los comunistas y los elementos simpatizantes deben
constituir en el seno de los sindicatos agrupaciones comunistas totalmente
subordinados al partido comunista en su conjunto.
La
táctica consistente en formar agrupaciones comunistas en cada sindicato,
formulada por el 2° Congreso Universal de la Internacional Comunista, fue
verificada totalmente durante el año transcurrido y dio resultados
considerables en Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y en muchos otros
países. Si por ejemplo grupos importantes de obreros, poco fogueados e
insuficientemente experimentados en política, salen de los sindicatos
socialdemócratas libres de Alemania porque perdieron toda esperanza de obtener
una ventaja inmediata con su participación en esos sindicatos libres, ese hecho
no debe en ningún caso modificar la actitud de principio de la Internacional
Comunista con respecto a la participación comunista en el movimiento
profesional. El deber de los comunistas consiste en explicar a todos los
proletarios que la salvación no reside en salir de los antiguos sindicatos para
crear otros nuevos o para dispersarse en una multitud de hombres
desorganizados, sino en hacer la revolución en los sindicatos, en acabar con el
espíritu reformista y la traición de los líderes oportunistas para hacer de
esas organizaciones un arma activa del proletariado revolucionario.
IV
Durante
el próximo período, la tarea capital de todos los comunistas es la de trabajar
con energía, perseverancia, encarnizamiento para conquistar a la mayoría de los
sindicatos. En ningún caso los comunistas deben dejarse desanimar por las
tendencias reaccionarias que se manifiestan actualmente en el movimiento
sindical y tienen que dedicarse, mediante la más activa participación en todos
los combates cotidianos, a conquistar a los sindicatos para el comunismo pese a
todos los obstáculos y las oposiciones.
El
mejor indicio de la fuerza de un Partido Comunista es la influencia real que
ejerce sobre las masas de obreros sindicados. El Partido debe saber ejercer la
influencia más decisiva sobre los sindicatos sin someterlos a la menor tutela.
El Partido tiene células comunistas en determinados sindicatos, pero el
sindicato no está sometido a él. Sólo mediante un trabajo continuo, sostenido y
abnegado de las células comunistas de los sindicatos, el Partido puede llegar a
provocar una situación en la que todos los sindicatos sigan voluntariamente y
con fervor los consejos del Partido.
En
los sindicatos franceses se observa un excelente proceso de fermentación. Los
obreros se reponen finalmente de la crisis del movimiento obrero y comienzan en
la actualidad a condenar la traición de los socialistas y de los sindicalistas
reformistas.
Los
sindicalistas revolucionarios aún están imbuidos, en cierta medida, de
prejuicios contra la acción política y contra la idea del partido político
proletario. Profesan la neutralidad política tal como fue expresada en 1906 en
la Carta de Amiens. La posición confusa y falsa de esos elementos
sindicalistas-revolucionarios implica el mayor peligro para el movimiento. Si
obtuviese la mayoría, esta tendencia no sabría qué hacer y se encontraría
impotente frente a los agentes del capital, a los Jouhaux y Dumoulin.
Los
sindicalistas-revolucionarios franceses no tendrán una firme línea de conducta
mientras el Partido Comunista tampoco la tenga. El Partido Comunista francés
debe dedicarse a mantener una colaboración amical con los mejores elementos del
sindicalismo-revolucionario. Sin embargo, sólo debe contar en primer término
con sus propios militantes y debe formar células en todos los lugares donde
haya tres o más comunistas. El Partido habrá de emprender una campaña contra la
neutralidad. Del modo más amable pero también más resuelto, el Partido debe
destacar los defectos de la actitud del sindicalismo-revolucionario. Sólo de
este modo se podrá radicalizar el movimiento sindical en Francia y establecer
una estrecha colaboración con el Partido.
En
Italia se da una situación similar: la masa de obreros sindicados está animada
por un espíritu revolucionario, pero la dirección de la Confederación del
Trabajo se halla en manos de reformistas y centristas declarados que están
totalmente con los dirigentes de Amsterdam. La primera tarea de los comunistas
italianos consiste en organizar una acción cotidiana encarnizada y perseverante
en el seno de los sindicatos y dedicarse sistemática y pacientemente a
denunciar el carácter equívoco e irresoluto de los dirigentes, a fin de
quitarles los sindicatos.
Las
tareas que incumben a los comunistas italianos con respecto a los elementos
revolucionarios sindicalistas de Italia son, en general, las mismas que las de
los comunistas franceses.
En
España existe un movimiento sindical poderoso, revolucionario, pero aún no
totalmente consciente de sus objetivos, y nosotros tenemos un partido comunista
jóven y relativamente débil. Dada esta situación, el Partido debe tender a
afianzarse en los sindicatos, ayudarlos con sus consejos y su acción,
esclarecer al movimiento sindical y vincularse a él mediante lazos amicales
para encarar la organización común de todos los combates.
Muy
importantes acontecimientos se producen en el movimiento sindical inglés, que
se radicaliza rápidamente, desarrollando el movimiento de masas. Los viejos
dirigentes sindicales pierden rápidamente sus posiciones. El Partido debe
realizar los mayores esfuerzos para afianzarse en los grandes sindicatos tales
como la Federación de Mineros, etc. Todo miembro del Partido debe militar en
algún sindicato tratando de orientarlo hacia el comunismo mediante un trabajo
orgánico, perseverante y activo. Nada debe ser descuidado en la tarea de
establecer una vinculación más estrecha con las masas.
En
Estados Unidos, observamos el mismo desarrollo pero un poco más lento. En
ningún caso los comunistas deben limitarse a abandonar la Federación del
Trabajo, organismo reaccionario, sino que por el contrario deben hacer todo lo
posible por penetrar en las antiguas uniones y radicalizarlas. Es importante
colaborar necesariamente con los mejores elementos de los I.W.W., pero esta
colaboración no excluye la lucha contra sus prejuicios.
En
Japón se ha desarrollado espontáneamente un poderoso movimiento sindical, pero
aún carece de una dirección definida. La tarea principal de los elementos
comunistas del Japón consiste en apoyar ese movimiento y ejercer sobre él una
influencia marxista.
En
Checoslovaquia, nuestro Partido cuenta con la mayoría de la clase obrera,
mientras que el movimiento sindical sigue aún en gran parte en manos de los
socialpatriotas y de los centristas y, además, está escindido según las
distintas nacionalidades de sus miembros. Ese es el resultado de la falta de
organización y de claridad de los sindicatos, aun cuando muchos de ellos estén
animados por el espíritu revolucionario. El Partido debe hacer todo lo posible
para poner fin a esa situación y conquistar
al movimiento sindical para el comunismo. Para alcanzar ese objetivo, es
absolutamente indispensable crear células comunistas, así como un organismo
sindical comunista central y común para todos los países. Para ello hay que
trabajar enérgicamente en la fusión en un todo único a las diferentes uniones
escindidas por naciones.
En
Austria y en Bélgica, los socialpatriotas supieron tomar conhabilidad y firmeza
la dirección del movimiento sindical que es, en esos dos países, el principal
objetivo del combate. Los comunistas deben, por lo tanto, centrar toda su
atención en ese sentido.
En
Noruega, el Partido, que cuenta con la mayoría de los obreros, encarará con
mayor firmeza el movimiento sindical y aislará a los elementos dirigentes
centristas.
En
Suecia, el Partido debe combatir con la mayor energía no solamente al
reformismo sino también a la corriente pequeñoburguesa existente en el
socialismo.
En
Alemania, el Partido es una excelente vía para conquistar gradualmente a los
sindicatos. Ningún tipo de concesión puede ser hecha a los que preconizan el
abandono de los sindicatos, pues esta actitud haría el juego a los
socialpatriotas. Ante las tentativas por excluir a los comunistas hay que
oponer una resistencia vigorosa y obstinada. Deben ser realizados los más
grandes esfuerzos para conquistar la mayoría de los sindicatos.
V
Todas
esas consideraciones determinan las relaciones que deben existir entre la
Internacional Comunista por una parte y la Internacional Sindical Roja por la
otra.
La
Internacional Comunista no debe dirigir solamente la lucha política del
proletariado en el sentido estricto del término sino también toda su campaña
liberadora, cualquiera que sea la forma que adopte. La Internacional Comunista
no puede ser solamente la suma aritmética de los Comités Centrales de los
Partidos Comunistas de los diferentes países. La Internacional Comunista debe
inspirar y coordinar la acción y los combates de todas las organizaciones
proletarias tanto profesionales, cooperativas, sovietistas, educativas, etc.,
como estrictamente políticas.
La
Internacional Sindical Roja, que difiere en este punto de la Internacional
amarilla de Amsterdam, no puede en ningún caso aceptar el criterio de la
neutralidad. Una organización que quisiera ser neutral frente a las
Internacionales dos, dos y media y tres, sería inevitablemente un juguete en
manos de la burguesía. El programa de acción de la Internacional Sindical roja,
que es transcripto más adelante y que el tercer congreso Internacional pone a
consideración del primer Congreso mundial de los sindicatos rojos, será
defendido, en realidad, únicamente por los partidos comunistas, únicamente por
la Internacional Comunista. Para insuflar el espíritu revolucionario en el
movimiento profesional de cada país, para ejecutar lealmente su nueva tarea
revolucionaria, los sindicatos rojos estarán obligados a trabajar en contacto
estrecho con el Partido Comunista de su país, y la Internacional sindical roja
deberá coordinar su acción con la de la Internacional Comunista.
Los
prejuicios de neutralidad, de independencia, de apoliticismo, de indiferencia
hacia los partidos, que constituyen el pecado de muchos sindicalistas
revolucionarios leales de Francia, España, Italia y otros países, objetivamente
no son sino un tributo pagado a las ideas burguesas. Los sindicatos rojos no
pueden triunfar sobre Amsterdam, y en consecuencia sobre el capitalismo, sin
romper de una vez por todas con esta idea burguesa de independencia y
neutralidad.
Desde
el punto de vista de la economía de las fuerzas y de la mejor concentración de
los golpes, la situación ideal será la constitución de una Internacional
proletaria única, que agrupe a la vez a los partidos políticos y a todas las
otras formas de organización obrera. Es indudable que el porvenir pertenece a
ese tipo de organización. Pero en el momento actual de transición, con la
variedad y diversidad de sindicatos que existen en los diferentes países, es
necesario constituir una unión autónoma de sindicatos rojos que acepte en
general el programa de la Internacional Comunista, pero de un modo más libre de
cómo lo hacen los partidos políticos pertenecientes a esa Internacional.
La
Internacional Sindical Roja organizada sobre esas bases tendrá derecho a todo
el apoyo del 3er. Congreso Universal de la Internacional Comunista. Para
establecer una vinculación más estrecha entre la Internacional Comunista y la
Internacional Roja de los sindicatos, el tercer Congreso Universal de la Internacional
Comunista propone una representación mutua de tres miembros de la Internacional
Comunista en el Comité Ejecutivo de la Internacional Sindical roja y viceversa.
El
programa de acción de los sindicatos rojos, según el criterio de la
Internacional Comunista, es aproximadamente el siguiente:
Programa de Acción
1. La
crisis aguda que devasta la economía del mundo entero, la caída catastrófica de
los precios mayoristas, la superproducción coincidente de hecho con la escasez
de mercancías, la política agresiva de la burguesía respecto a la clase obrera,
la tendencia obstinada a disminuir los salarios y ha hacer retroceder a la
clase obrera varias decenas de años, la irritación de las masas por una parte y
la impotencia de los antiguos sindicatos obreros y de sus métodos por la otra,
todos estos hechos imponen a los sindicatos revolucionarios de los distintos
países nuevas tareas. Son necesarios nuevos métodos de lucha económica en
relación con el período de disgregación capitalista: es preciso que los
sindicatos obreros adopten una política económica agresiva para rechazar la
ofensiva del capital, fortalecer las antiguas posiciones y pasar a la ofensiva.
2. La
acción directa de las masas revolucionarias y de sus organizaciones contra el
capital constituye la base de la táctica sindical. Todas las conquistas obreras
están en relación con la acción directa y la presión revolucionaria de las
masas. Por «acción directa», debe entenderse toda clase de presiones directas
ejercidas por los obreros sobre los patronos y sobre el Estado: boicot,
huelgas, acciones callejeras, demostraciones, ocupación de fábricas, oposición
violenta a la salida de los productos de esas empresas, sublevación armada y
otras acciones revolucionarias, adecuadas para unir a la clase obrera en la
lucha por el socialismo. La tarea de los sindicatos revolucionarios consiste,
por lo tanto, en hacer de la acción directa un medio de educar y de preparar a
las masas obreras para la lucha por la revolución social y la dictadura del
proletariado.
3. Estos
últimos años de lucha demostraron con particular evidencia toda la debilidad de
las uniones estrictamente profesionales. La adhesión simultánea de los obreros
de una empresa a varios sindicatos los debilita durante la lucha. Es necesario
pasar, y ese debe ser el punto inicial de una lucha incesante, de la
organización puramente profesional a la organización por industrias: «Una
empresa, un sindicato» es la consigna en el campo de la estructura sindical. Se
debe tender a la fusión de ese tipo de sindicatos por la vía revolucionaria,
planteando el problema directamente ante los sindicatos de las fábricas y
empresas y elevando luego el debate hasta en las conferencias locales y
regionales y en los congresos nacionales.
4. Cada
fábrica, cada taller debe convertirse en un bastión, una fortaleza de la
revolución. La antigua forma de vinculación entre los afiliados y sus
sindicatos (delegados de talleres que reciben las cotizaciones, representantes,
personas de confianza, etc.) debe ser reemplazada por la creación de comités de
fábricas. Estos serán elegidos por todos los obreros de la empresa, cualquiera
que sea el sindicato a que pertenezcan y las convicciones políticas que
profesen. La tarea de los partidarios de la Internacional Sindical Roja
consiste en lograr que todos los obreros de la empresa participen en la
elección de su organismo representativo. Las tentativas por elegir a los
miembros de los comités de fábricas solamente entre los comunistas dan por
resultado el alejamiento de las masas «sin partido», debido a lo cual esas
tentativas deben ser categóricamente condenadas. Eso sería una célula y no un
comité de fábrica. El sector revolucionario debe reaccionar e influir, por
medio de las células, de los comités de acción y de sus miembros, en la
Asamblea General y en el comité de fábrica elegido.
5. La
primera tarea que es preciso proponer a los obreros y a los comités de fábricas
es la de exigir el mantenimiento, a cuenta de la empresa, de los obreros
despedidos por falta de trabajo. En ningún caso se tolerará que los obreros
sean arrojados a la calle sin que la empresa se ocupe de ellos. El patrón debe
pagar a sus desocupados su salario completo. He aquí la exigencia alrededor de
la cual hay que organizar no solamente a los desocupados sino también a los
obreros que trabajan en la empresa, explicándoles al mismo tiempo que el
problema de la desocupación no puede ser resuelto en el marco capitalista y que
el mejor remedio contra la desocupación es la revolución social y la dictadura
del proletariado.
6. El
cierre de las empresas es actualmente, en la mayoría de los casos, un medio de
depurarlas de sus elementos sospechosos. Por eso se luchará también contra el
cierre de las empresas y los obreros deberán realizar una investigación sobre
las causas de ese cierre. Al efecto, se crearán Comisiones especiales de
control sobre las materias primas, el
combustible, las demandas, se obtendrá una verificación efectiva de la cantidad
disponible de materias primas, de los materiales necesarios para la producción
y de los recursos financieros depositados en los bancos. Las comisiones de
control especialmente elegidas deberán estudiar atentamente las vinculaciones
entre la empresa en cuestión y las otras empresas y la supresión del secreto
comercial debe ser propuesta a los obreros como una tarea práctica.
7. Uno
de los medios de impedir el cierre en masa de las empresas, cuyo objetivo es
disminuir los salarios y agravar las condiciones de trabajo, puede ser la
ocupación de la fábrica y la continuación de la producción contra la voluntad
del patrón.
En presencia de la escasez actual de
mercancías, es particularmente importante impedir toda detención en la
producción. Por lo tanto, los obreros no deben tolerar un cierre premeditado de
las fábricas. Según las condiciones locales, las condiciones de la producción,
la situación política y la intensidad de la lucha social, el embargo de la
empresa debe ir acompañado también de otros métodos de acción sobre el capital.
La gestión de la empresa embargada debe ser confiada al comité de fábrica y al
representante especialmente designado por el sindicato.
8. La
lucha económica debe ser librada bajo la consigna del aumento de salarios y del
mejoramiento de las condiciones de trabajo, los que deben ser elevados a un
nivel sensiblemente superior al de antes de la guerra. Las tentativas por
retrotraer a los obreros a las condiciones de trabajo de la preguerra deben ser
rechazadas del modo más categórico y revolucionario. La guerra tiene por
resultado el agotamiento de la clase obrera, y el mejoramiento de las
condiciones de trabajo es una condición indispensable para reparar esa pérdida
de fuerzas. Los alegados de los capitalistas que ponen como pretexto la
competencia extranjera no pueden de ningún modo ser tomados en cuenta. Los
sindicatos revolucionarios no deben abordar los problemas de salarios y de las
condiciones de trabajo desde el ángulo de la competencia entre los explotadores
de diversas naciones sino que deben tener en cuenta la conservación y la
protección de la fuerza de trabajo.
9. Si
la táctica restrictiva de los capitalistas coincide con una crisis económica
del país, el deber de los sindicatos revolucionarios consiste en no dejarse
aislar. Desde un comienzo es preciso arrastrar a la lucha a los obreros de las
empresas de servicios públicos (mineros, ferroviarios, electricistas, obreros
del gas, etc.) para que la lucha contra la ofensiva del capital resienta desde
el comienzo los centros nerviosos del organismo económico. Aquí son necesarias
todas las formas de resistencias útiles para ese fin, desde la huelga parcial,
intermitente, hasta una huelga general que se extienda a alguna gran industria
en el plano nacional.
10. Los
sindicatos deben proponerse como una tarea práctica del momento la preparación
y organización de acciones internacionales por industrias. El paro de los
transportes o de la extracción de la hulla, realizado en un plano
internacional, es un poderoso medio de lucha contra las tentativas
reaccionarias de la burguesía de todos los países.
Los
sindicatos deben seguir con atención la coyuntura mundial para elegir el
momento más propicio para su ofensiva económica. No deben olvidar ni un solo
instante que una acción internacional sólo será posible si son creados los
sindicatos revolucionarios, sindicatos que no deben tener nada en común con la
Internacional amarilla de Amsterdam.
11. La
fe en el valor absoluto de los contratos colectivos, propagada por los
oportunistas de todos los países, debe enfrentarse con la resistencia áspera y
decidida del movimiento sindical revolucionario. El contrato colectivo es sólo
un armisticio. Los patrones violan esos contratos apenas tienen la menor
posibilidad. Un respeto religioso ante los contratos colectivos evidencia la
profunda penetración de la ideología burguesa en las mentes de los dirigentes
de la clase obrera. Los sindicatos revolucionarios no tienen que renunciar a
los contratos colectivos pero deben ser conscientes de su valor relativo y
estudiar el método a seguir para violar esos contratos toda vez que sea
ventajoso para la clase obrera.
12. La
lucha de las organizaciones obreras contra el patrón individual y colectivo
debe ser adaptada a las condiciones nacionales y locales, debe utilizar toda la
experiencia de la lucha liberadora de la clase obrera. De ese modo, toda huelga
importante no solamente tendrá que estar bien organizada sino que los obreros,
desde un comienzo, organizarán cuadros especiales para combatir a los
rompehuelgas y oponerse a la ofensiva provocadora de las organizaciones blancas
de todo tipo sostenidas por los Estados burgueses. Los fascistas en Italia, la
ayuda técnica en Alemania, los guardias cívicos formados por antiguos oficiales
y suboficiales en Francia y en Inglaterra, todas esas organizaciones tienen
como objetivo la desmoralización, el fracaso de toda acción obrera, un fracaso
que se reduciría no a un simple reemplazo de los huelguistas sino al
aniquilamiento material de su organización y a la masacre de los dirigentes del
movimiento en esas condiciones, la organización de batallones de huelga
especiales, de destacamentos de defensa obrera es una cuestión de vida o muerte
para la clase obrera.
13. Las
organizaciones de combate así creadas no deben limitarse a combatir a las
organizaciones de los patronos y de los rompehuelgas sino que deben encargarse
de detener todos los paquetes y mercancías expedidas con destino a la fábrica
en huelga por otras empresas y oponerse a la transferencia de los pedidos a
otras fábricas. Los sindicatos de los obreros del transporte están llamados a
desempeñar, en este aspecto, un papel particularmente importante: a ellos les
corresponde la tarea de obstaculizar el transporte de mercancías, lo que no
podría realizarse sin la ayuda unánime de todos los obreros de la región.
Toda
la lucha económica de la clase obrera en el curso del período que se inicia se
concentrará alrededor de la consigna del control obrero de la producción, debiendo
dicho control ser efectivizado sin esperar que el gobierno o las clases
dominantes inventen algún sucedáneo. Es preciso combatir violentamente todas
las tentativas de las clases dominantes y de los reformistas por crear
asociaciones o comisiones paritarias, realizándose en cambio un estricto
control sobre la producción, el cual solamente así dará resultados concretos.
Los sindicatos revolucionarios deben combatir resueltamente el chantaje y la
estafa ejercidas en nombre de la socialización por los dirigentes de los
antiguos sindicatos con el apoyo de las clases dominantes. Toda la verborragia
de esos señores a propósito de la socialización pacífica persigue el único
objetivo de desviar a los obreros de la acción revolucionaria y de la
revolución social.
14. Para
distraer la atención de los obreros de sus tareas inmediatas y despertar en
ellos ambiciones pequeñoburguesas, se plantea la idea de la participación de
los obreros en los beneficios, es decir de la restitución a los obreros de una
muy pequeña parte de la plusvalía creada por ellos. Esta consigna de perversión
obrera debe ser objeto de la crítica más severa e implacable. «ninguna
participación en los beneficios, destrucción de los beneficios capitalistas»,
esa es la consigna de los sindicatos revolucionarios.
15. Para
obstaculizar o romper la fuerza combativa de la clase obrera, los Estados
burgueses aprovecharon la posibilidad de militarizar provisoriamente ciertas
fábricas o sectores de la industria con el pretexto de proteger a las
industrias de importancia vital. Pretextando la necesidad de preservarse lo más
posible contra perturbaciones económicas los Estados burgueses introdujeron,
para proteger el capital, cursos de arbitraje y comisiones de conciliación
obligatorias. También en defensa del capital, y para hacer recaer totalmente
sobre los obreros el peso de las cargas de guerra, se introdujo un nuevo
sistema de percepción de impuestos. Estos son retenidos del salario del obrero
por el patrón, que desempeña así el papel de recaudador. Los sindicatos deben
realizar una lucha obstinada contra esas medidas gubernamentales que sólo
sirven a los intereses de la clase capitalista.
16. Los
sindicatos revolucionarios que luchan por mejorar las condiciones de trabajo,
elevar el nivel de subsistencia de las masas, establecer el control obrero,
deben permanentemente tomar conciencia de que en el marco del capitalismo todos
esos problemas no podrán ser resueltos. Así, mientras arrancan paso a paso
concesiones a las clases dominantes, mientras las obligan a aplicar la
legislación social, deben enfrentar claramente a las masas con la evidencia de
que sólo la derrota del capitalismo y la instauración de la dictadura del
proletariado son capaces de resolver el problema social. Ni una acción parcial,
ni una huelga parcial, ni el menor conflicto deben pasar sin dejar huellas
desde ese punto de vista. Los sindicatos revolucionarios generalizarán esos
conflictos elevando constantemente la mentalidad de las masas obreras hasta la
necesidad y la ineluctabilidad de la revolución social y de la dictadura del
proletariado.
17. Toda
la lucha económica es una lucha política, es decir una lucha llevada a cabo por
toda una clase. En esas condiciones, por más considerables que sean los
sectores obreros movilizados por la lucha, ésta sólo puede ser revolucionaria
sólo puede ser realizada con el máximo de utilidad para la clase obrera en su
conjunto, si los sindicatos revolucionarios marchan en unión y estrecha
colaboración con el partido comunista de ese país. La teoría y la práctica de
la división de la acción de la clase obrera en dos mitades autónomas es muy
perniciosa sobre todo en el momento revolucionario actual. Cada acción exige un
máximo de concentración de fuerzas que sólo es posible a condición de una mayor
tensión de la energía revolucionaria de la clase obrera, es decir de todos sus
elementos comunistas y revolucionarios. Las acciones aisladas del Partido
Comunista y de los sindicatos revolucionarios de clase están de antemano
destinadas al fracaso y a la destrucción. Por eso la unidad de acción, la
vinculación orgánica entre los partidos comunistas y los sindicatos obreros
constituye la condición previa del éxito en la lucha contra el capitalismo.
***
Manifiesto del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista
Hacia un nuevo trabajo, hacia nuevas luchas
¡A los hombres y mujeres proletarios de todos los países!
El
3er Congreso de la Internacional Comunista terminó, la gran revista del
proletariado comunista de todos los países llegó a su fin. Ha quedado
demostrado que durante el año transcurrido, el comunismo se ha convertido, en
muchos países donde no estaba sino en sus comienzos, en un gran movimiento que
estimula a las masas y amenaza el poder del capital. La Internacional
Comunista, que en su Congreso de constitución sólo representaba fuera de Rusia
a pequeños grupos de camaradas, esa Internacional que en el 2º Congreso del año
pasado buscaba aún su camino, dispone en la actualidad no solamente en Rusia
sino también en Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Italia, Francia, Noruega,
Yugoslavia, Bulgaria, de partidos alrededor de cuyas banderas se concentran
incesantemente masas cada vez más grandes. El 3er Congreso se dirige a los comunistas
de todos los países para invitarlos a seguir el camino que han emprendido y a
hacer todo lo posible para reunir en las filas de la Internacional Comunista
nuevos millones de obreros y obreras. Pues el poder del capital sólo podrá ser
destruido si la idea del comunismo se convierte en una fuerza que estimule a la
gran mayoría del proletariado guiado por los partidos de masas comunistas,
quienes deben constituir como un círculo de hierro de la clase proletaria
combatiente. «¡A las masas!», ese es el primer grito de combate lanzado por el
3er Congreso a los comunistas de todos los países.
Hacia nuevas grandes luchas
Las
masas vienen, afluyen hacia nosotros, pues el capitalismo mundial les muestra
con una evidencia cada vez mayor que ya no puede prolongar su existencia si no
destruye cada vez más todo el orden social, si no aumenta el caos, la miseria y
la esclavitud de las masas. Ante la crisis económica mundial, que arroja a
millones de obreros a la calle, se derrumban las charlatanerías de los lacayos
socialdemócratas del capital. El llamado que la clase burguesa dirigió durante
años a los obreros: «Trabajad, trabajad incesantemente» se acalla, pues el
grito «al trabajo» se convierte en el grito de combate de la clase obrera y
sólo será satisfecho sobre las ruinas del capitalismo, si el proletariado se
apodera de los medios de producción creados por él. El mundo capitalista se
halla ante el abismo de nuevos peligros de guerra. Los antagonismos
norteamericano-japonés, anglonorteamericano, anglofrancés, francoalemán,
polacoalemán, los antagonismos en el Cercano y Lejano Oriente, impulsan al
capitalismo incesantemente a las armas. Les plantean la angustiante pregunta:
¿Europa está retomando el camino de la guerra mundial? Los capitalismos no
temen la masacre de millones de individuos. Aún después de la guerra, a causa
de su política, el bloqueo a Rusia, libraron a la muerte por hambre a millones
de seres humanos. Lo que temen es que una nueva guerra empuje definitivamente a
las masas hacia las filas del ejército de la revolución mundial, que una nueva
guerra provoque el levantamiento final del proletariado mundial. Por lo tanto,
tratan, como lo hicieron antes de la guerra, de buscar un respiro mediante
intrigas y combinaciones diplomáticas. Pero el respiro en un punto significa la
tensión en otros. Las negociaciones entre Inglaterra y EE.UU. respecto a la
limitación de los armamentos navales de los dos estados crean necesariamente un
frente contra el Japón. El acercamiento franco-inglés deja a Alemania en manos
de Francia y a Turquía en las de Inglaterra. El resultado de los esfuerzos del
capital mundial tendientes a poner un poco de orden en el caos mundial no
significa la paz sino la perturbación creciente y la esclavitud cada vez más
estricta de los pueblos vencidos en manos del capital de los triunfadores. La
prensa del capital mundial habla ahora
de calma y de distensión en la política mundial porque la burguesía de Alemania
se somete a las condiciones exigidas por los aliados y porque para salvar su
poder entregó el pueblo alemán a los chacales de la Bolsa de París y de
Londres. Pero al mismo tiempo la prensa de la Bolsa está llena de noticias
sobre la agudización de la ruina económica de Alemania, sobre los grandes
impuestos que se abatirán como granizo en otoño, sobre las masas condenadas a
la desocupación, sobre los impuestos que encarecerán cada vez más a todos los
artículos alimenticios y vestimentarios. La Internacional Comunista que, para
la elaboración de su política, parte del estudio imparcial y objetivo de la
situación mundial –pues el proletariado sólo podrá lograr la victoria mediante
la observación clara y objetiva del campo de batalla–, la Internacional
Comunista dice al proletariado de todos los países: el capitalismo se mostró
hasta ahora incapaz de asegurar el orden en el mundo aún en la escasa medida en
que logró de la guerra. El camino que emprende en este momento no puede
conducir a una consolidación, a un nuevo orden, sino solamente a la
prolongación de vuestros sufrimientos y a la agonía del capitalismo. La
revolución mundial avanza. En todas partes son conmovidas las bases del capital
mundial. La segunda consigna que el Congreso mundial de la Internacional
Comunista lanza a los proletarios de todos los países es la siguiente:
¡Avancemos hacia las grandes luchas, armémonos para nuevos combates!
Formad el Frente Común del Proletariado
La
burguesía mundial es incapaz de asegurar a los obreros el trabajo, el pan, la
vivienda, y el vestido, pero da muestra de gran capacidad para organizar la
guerra contra el proletariado mundial. Después de su primera gran
desorientación, luego que logró superar su miedo a los obreros que volvieron de
la guerra, cuando logró reintegrarlos a las fábricas, aplastar sus primeros
levantamientos, renovar su alianza de guerra con los socialdemócratas y los
traidores socialistas contra el proletariado y de eso modo dividir a este
último, desde ese momento empleó todas sus fuerzas en organizar a los guardias
blancos contra el proletariado y en desarmar a este último. Pertrechada hasta
los dientes, la burguesía mundial está dispuesta no solamente a oponerse con
las armas a toda sublevación del proletariado sino también a provocar, si es
necesario, levantamientos prematuros del proletariado que se prepara a luchar,
para de ese modo aplastarlo antes de que haya formado su frente común
invencible. La Internacional Comunista debe oponer su estrategia a la
estrategia de la burguesía mundial. Contra los fondos del capital mundial que
oponen bandas armadas al proletariado organizado, la Internacional Comunista
cuenta con una arma fiel: las masas de proletariado, el frente unido y firme
del proletariado. Las astucias y la violencia de la burguesía no tendrán éxito
si millones de obreros avanzan en filas cerradas al combate. Entonces los
ferrocarriles en los cuales la burguesía transporta a sus tropas blancas para
la lucha contra el proletariado se detendrán, el terror blanco se apoderará de
una parte de los propios guardias blancos y el proletariado les arrancará las
armas para luchar contra las demás formaciones de guardias blancos. Si se logra
llevar en un frente unido el proletariado a la lucha, el capital, la burguesía
mundial perderán las posibilidades de victoria, la fe en la victoria que en
este caso sólo les pueden dar la traición de la socialdemocracia y la división
de la clase obrera. La victoria sobre el capital mundial o más bien el camino
hacia esta victoria es la conquista de los corazones de la mayoría de la clase
obrera. El 3er. Congreso mundial de la Internacional Comunista invita a los
partidos comunistas de todos los países, a los comunistas de los sindicatos, a
acrecentar todos sus esfuerzos, todas
sus fuerzas, para sustraer la mayor cantidad de masas de obreros de la
influencia de los partidos socialdemócratas y de la burocracia sindical
traidora. Este objetivo sólo podrá obtenerse si los comunistas de todos los países demuestran ser los
combatientes de vanguardia de la clase obrera durante esta época difícil en la
que cada día trae aparejado a las masas obreras nuevas privaciones y nuevas
miserias, si la llevan a la lucha por un pedazo más de pan, a la lucha por la
liberación de las cargas que el capital impone de manera cada vez más
insoportable a las masas obreras. Es preciso mostrar a la masa obrera que sólo
los comunistas luchan por el mejoramiento de su situación y que la
socialdemocracia, así como la burocracia sindical reaccionaria, están
dispuestas a dejar que el proletariado muera de hambre antes de conducirlo al
combate. No se podrá derrotar a los traidores al proletariado, a los agentes de
la burguesía en el terreno de las discusiones teóricas sobre la democracia y la
dictadura, sino cuando se traten los problemas del pan, de los salarios, del
vestido y del alojamiento. Y el primer campo de batalla, el más importante para
derrotarlos es el del movimiento sindical. Serán vencidos en la lucha que
llevaremos a cabo contra la Internacional Sindical Amarilla de Amsterdam y en
defensa de la Internacional Sindical Roja. Se trata de la lucha por la
conquista de las posiciones enemigas en nuestro propio campo, del problema de
la formación de un frente de combate para oponer al capital mundial. ¡Conservad
vuestras organizaciones puras de toda tendencia centrista, mantened vivo el
espíritu combativo en vuestras filas!
Solamente
en la lucha por los intereses más simples, más elementales de las masas obreras
podremos formar un frente unido del proletariado contra la burguesía. Sólo con
esa lucha lograremos poner fin a las divisiones en el seno del proletariado,
divisiones que constituyen la base sobre la cual la burguesía consigue
prolongar su existencia. Pero ese frente del proletariado se tornará potente y
apto para el combate únicamente si es sostenido por los partidos comunistas
cuyo espíritu debe ser unido, firme y la disciplina sólida y severa. Por eso el
3er Congreso mundial de la Internacional Comunista, a la vez que lanza a los
comunistas de todos los países al grito de «¡A las masas, formad el frente
unido del proletariado!» les recomienda: «Conservad vuestras organizaciones
puras de elementos capaces de destruir la moral y la disciplina de combate de
las tropas de ataque del proletariado mundial, de los partidos comunistas». El
Congreso de la Internacional Comunista aprueba y confirma la exclusión del
Partido Socialista de Italia, exclusión que debe ser mantenida hasta el momento
en que ese Partido rompa con los reformistas y los expulse de sus filas. El
Congreso expresa así su convicción de que si la Internacional Comunista quiere
conducir a millones de obreros al combate, no debe tolerar en sus filas a
reformistas cuyo objetivo no sea la revolución triunfante del proletariado sino
la reconciliación con el capitalismo y su reforma. Los ejércitos que toleran en
su dirección a jefes que tienden a la reconciliación con el enemigo están
destinados a ser traicionados y vendidos al enemigo por esos mismos jefes. La
Internacional Comunista llamó la atención sobre el hecho de que en toda una
serie de partidos de donde los reformistas, sin embrago, han sido excluidos,
existen todavía tendencias que no pudieron superar definitivamente el espíritu
del reformismo. Si bien esas tendencias no trabajan por la reconciliación con
el enemigo, tampoco se dedican con la suficiente energía, en la agitación y en
la propaganda que realizan, a preparar la lucha contra el capitalismo, no
trabajan con la suficiente decisión en la tarea de radicalizar a las masas. Los
partidos que no están en condiciones, por medio de su trabajo revolucionario
diario, de convertirse en el hálito revolucionario, de las masas, que no están
en condiciones de reforzar cotidianamente con pasión e impetuosidad la voluntad
de lucha de las masas, esos partidos necesariamente dejarán escapar situaciones
favorables para la lucha, permitirán que se diluyan las grandes luchas
espontáneas del proletariado, como ocurrió con la ocupación de fábricas en
Italia y con la huelga de diciembre en Checoslovaquia.
Los
partidos comunistas deben forjar su espíritu de combate, deben convertirse en
el estado mayor capaz de captar inmediatamente las situaciones favorables de la
lucha y extraer de ellas todas las ventajas posibles por medio de una decidida
dirección de los movimientos espontáneos del proletariado. «¡Sed la vanguardia
de las masas obreras que se movilizan, sed su corazón y su cerebro!». Esa es la
consigna del 3er Congreso mundial de la Internacional Comunista lanza a los
partidos comunistas. Ser la vanguardia significa marchar al frente de las masas
como su sector más valiente, más prudente, más esclarecido. Únicamente si los
partidos comunistas se convierten en dicha vanguardia estarán en condiciones no
sólo de formar el frente unido del proletariado sino también, al dirigir a
éste, de triunfar sobre el enemigo.
¡Oponed la estrategia del proletariado a la estrategia del capital! ¡Peparad vuestras luchas!
El
enemigo es poderoso porque tiene tras suyo siglos de hábito del poder que
crearon en él la conciencia de su fuerza y la voluntad de mantener ese poder.
El enemigo es fuerte porque aprendió durante siglos a dividir a las masas
proletarias, a oprimirlas y a vencerlas. El enemigo sabe cómo se conduce
victoriosamente la guerra civil y es por eso que el 3er Congreso de la
Internacional Comunista llama la atención de los partidos comunistas de todos
los países sobre el peligro que representa la estrategia meditada de la clase
dominante y los defectos de la estrategia, recién en vías de formación, de la
clase obrera que lucha por el poder. Los acontecimientos del mes de marzo en
Alemania demostraron el gran peligro que significa dejar que el enemigo impulse
a la lucha, por medio de sus astucias, a las primeras filas de la clase obrera,
la vanguardia comunista del proletariado, antes de que las grandes masas se
movilicen. La Internacional Comunista saludó con alegría el hecho de que
centenares de millares de obreros en Alemania acudieran en ayuda de los obreros
de Alemania Central amenazados por todas partes. En ese espíritu de
solidaridad, en el levantamiento del proletariado de todos los países del mundo
para la protección de un sector en peligro del proletariado, la Internacional
Comunista percibe el camino de la victoria. Ella ha saludado el hecho de que el
Partido Comunista Unificado de Alemania se colocara al frente de las masas
obreras que acudían para defender a sus hermanos en peligro. Pero a la vez, la
Internacional Comunista considera como su deber el decir franca y claramente a
los obreros de todos los países que aun cuando la vanguardia no logre evitar
las luchas, aun cuando esas luchas puedan provocar la movilización de toda la
clase obrera, sin embargo esa vanguardia no debe olvidar que no tiene que
dejarse arrastrar sola, aislada, a las luchas decisivas, que si es obligada a
ir sola al combate debe evitar el choque armado con el enemigo, pues la masa es
lo que constituye la causa de la victoria del proletariado sobre los guardias
blancos armados. Si la vanguardia no avanza masivamente dominando al enemigo
debe evitar, como minoría desarmada, entrar en combate armado con él. Los
combates de marzo proporcionaron también una enseñanza sobre la cual la
Internacional Comunista llama la atención de los proletarios de todos los
países. Es preciso preparar a las masas obreras para las luchas inminentes,
mediante una agitación revolucionaria ininterrumpida, cotidiana, intensa y
amplia. Es preciso lanzarse al combate con consignas claras y comprensibles
para las grandes masa proletarias. A la estrategia del enemigo hay que oponer
una estrategia meditada y prudente del
proletariado. La voluntad de combate de las filas de vanguardia, su coraje y su
firmeza no bastan. La lucha debe ser preparada, organizada, de manera tal que
aparezca ante las masas como la lucha por sus intereses más esenciales y las
movilice inmediatamente. Cuanto más en peligro se sienta el capital mundial, en
mayor medida tratará de imposibilitar la victoria futura de la Internacional Comunista
aislando sus primeras filas del resto de las grandes masas y derrotándolas de
ese modo. A este plan, a este peligro hay que oponer una agitación de masas
vasta e intensa llevada a cabo por los partidos comunistas, un trabajo de
organización enérgico mediante el cual esos partidos aseguren su influencia
sobre las masas, una fría apreciación de la situación del combate, una táctica
reflexiva tendiente a evitar la lucha con fuerzas superiores del enemigo y a
saber desencadenar el ataque en momentos en que el enemigo esté dividido y la
masa unida.
El
3er Congreso mundial de la Internacional Comunista sabe que sólo después de la
experiencia adquirida en la lucha, la clase obrera logrará formar partidos
comunistas capaces de hacer como el rayo sobre el enemigo en momentos en que
esté más apremiado y de evitarlo cuando se halle en mejor situación. Por lo
tanto, el deber de los proletarios de todos los países consiste en dedicarse a
comprender y a utilizar todas las enseñanzas, todas las experiencias adquiridas
por la clase obrera de un país al precio de grandes sacrificios.
¡Conservad la disciplina del combate!
Los
partidos comunistas de todos los países y la clase obrera no deben aprestarse
para un período de agitación y de organización sino que por el contrario deben
esperar y prepararse para las grandes luchas que el capital impondrá pronto al
proletariado para aplastarlo y sofocarlo con todo el peso de su política. En
esta lucha, los partidos comunistas guardarán una disciplina de combate severa
y estricta. Los comités centrales de esos partidos deben considerar con
frialdad y prudencia todas las enseñanzas de la lucha, observar el campo de
batalla y concentrar con la mayor reflexión el gran impulso de las masas. Deben
organizar su plan de combate, su línea táctica con todo el espíritu del partido
y teniendo en cuenta las críticas de los camaradas. Pero todas las
organizaciones del Partido seguirán sin vacilación la línea prescripta por el
Partido. Cada palabra, cada decisión de las organizaciones del Partido deben
estar subordinadas a su objetivo. Las fracciones parlamentarias, la prensa del
partido, las organizaciones también seguirán sin vacilar la orden de la
dirección del Partido.
La
revista mundial de las filas de vanguardia comunistas ha terminado. Demostró
que el comunismo es una fuerza mundial, que la Internacional Comunista debe
todavía formar e instruir a los grandes ejércitos del proletariado, demostró la
inminencia de grandes luchas donde participarán esos ejércitos, anunció la
victoria en esas luchas, señaló al proletariado mundial cómo debe preparar y
conquistar esa victoria. Le corresponde a los partidos comunistas de todos los
países hacer de manera tal que las decisiones del Congreso, dictadas por las
experiencias del proletariado mundial, se conviertan en la conciencia general
de los comunistas de todos los países, a fin de que los proletarios comunistas,
hombres y mujeres, puedan actuar en las luchas futuras como los jefes de
millares de proletarios no comunistas.
¡Viva
la Internacional Comunista!
¡Viva
la Revolución mundial!
¡A
trabajar para preparar y organizar nuestra victoria!
El Comité Ejecutivo de la
Internacional Comunista.
Alemania: Heckert, Froehlich - Francia:
Souvarin - Checoslovaquia: Bourian, Kreibich - Italia: Terracini,
Gennari - Rusia: Zinoviev, Bujarin, Radek, Lenin, Trotsky - Ucrania:
Chomsky - Polonia: Warski - Bulgaria: Popov - Yugoslavia: Marcovicz - Noruega:
Schefflo - Inglaterra: Bell - EE.UU.: Baldwin - España:
Merino, Garcia - Finlandia: Sirola -Holanda: Jansen - Bélgica:
Van Overstraeten - Suecia: Tschilbum - Letonia:
Stoutchka - Suiza: Arnold - Austria: Koritschoner - Hungría: Bela Kun - Comité Ejecutivo de la
Internacional de la Juventud: Munzenberg, Lekai
Moscú, 17 de julio de 1921
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