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NIGHTWISH
"Wishmaster"
(Nems, 2000)
Lo de Nightwish ya empieza a
asustar. Tres discos al hilo, cada uno m�s perfecto que el anterior, y la irresistible
sensaci�n de que la escalada a�n no ha tocado techo. Encima, yendo directamente a la
m�sica, se trata de un misterio que se resiste a develar su secreto, no est� en la
instrumentaci�n sabiamente compaginada por Tuomas Holopainen, cuyos atractivos
paisajes de power metal poseen la melancol�a del avatar g�tico pero no necesariamente
una originalidad declarada. Ni siquiera en la oper�stica voz de Tarja Turunen
que nunca pierde su compostura de soprano ya sea en medio del vendaval de la
velocidad o durante las meditabundas declamaciones solistas-, aunque ella es un factor
decisivo y Nightwish no ser�a nada sin ella. Tampoco en la enjudia inusitada de
los coros, que engordan en el estudio hasta desafiar la potencia de la base r�tmica, la
misma que sin ninguna contemplaci�n te lleva por delante sin pedir permiso. No, el
secreto no se encuentra en las partes constitutivas, es el todo lo que hace a Nightwish
tan especial, tan efectivo, tan efusivamente �nico que las barreras y las convenciones de
estilo se desploman a su paso por aprobar la calidad desnuda de una propuesta que
ciertamente no merece limitaciones de mercado ni restricciones de p�blico. Regoc�jense
ustedes en la intensidad de los contrapuntos, sum�rjanse en la magnificencia de los
arreglos, emoci�nense conociendo el lenguaje oculto de los compases que unen el ritmo de
la naturaleza y la savia que nutre los planos del universo, y, sobre todo, no repriman el
impulso de caer a los pies de Tarja, de la maravillosa Tarja, cada vez que
entona una melod�a triste que asciende en volutas como el humo de una fogata buscando la
luz de las estrellas sin saber si ha de llegar. Porque eso es precisamente lo que "Wishmaster"
parece: un mensaje de hoy que representa s�lo lo mejor de la humanidad, sus ideales m�s
altos, sus momentos m�s bellos, ...y palpita un mundo distinto, sin bailanta, sin rap y
sin las miserias absurdas de todos los d�as. Acaso a la NASA se le ocurra enviar pronto
otra botella a la inmensidad del espacio, entonces, si hay alguien all� afuera, �ste
ser�a el contenido indicado para causar buena impresi�n.
Cesar Fuentes Rodr�guez
Epopeya
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