|
|
|
Si por algo se caracteriza el trabajo de María Alonso Borso (Valencia, 1972) es su continúo deambular por los senderos más arriesgados de la creación. Un itinerario personal que camina sobre el filo de la navaja para encontrar, que no buscar, resultados sorprendentes en una obra cuya dimensión quiere ser el espejo del universo. A priori, este planteamiento, que puede parecer grandilocuente, es el origen de toda una vida dedicada al arte, un camino no siempre fácil, en el que las bifurcaciones escogidas eran aquellas que más incógnitas planteaban. Non é necessario vivere, é necessario navigare. (No es necesario vivir, es necesario navegar). Esta parece haber sido una de sus premisas fundamentales. Nuestros tiempos, melancólicos y a la vez terribles, son los del nómada, y en su recorrido, María se asemeja a esos grandes viajeros que ansían el conocimiento o simplemente se hastían de la belleza del mundo. Sus cartas están irremediablemente ligadas al viaje, a las ciudades en las que construye y mimetiza sus propios mundos: Valencia, Londres, Venecia, Albacete, Roma, Marsella..., forman parte de su cuaderno de viaje. No pertenece a ningún lugar y pertenece a todos. Su viaje esta lleno de memoria y recuerdo. Pese a ello no hay conoce el sentimiento de extraterritorialidad. No hay espacio para el desasosiego ya que conoce la felicidad en los lugares en los que habita y crea. Es su confrontación y constitución con el mundo. Todos los lugares son pedazos de un mundo que ha terminado perteneciéndole, proyectándolos a través de su trabajo Hasta lo más insignificante puede ser un objeto artístico. María nace de la materia para trabajar en con cualquier tipo de medio, desde los derivados de la propia especificidad de la historia del arte a aquellas tecnologías que tienen muy poco que ver con la praxis clásica. Esta característica, la alternancia en el uso de los medios, es una de las constantes a lo largo de toda su producción. Su trabajo es como un péndulo que oscila entre dos acepciones. Por un lado la tensión con lo clásico. Por otro, la proyección en el futuro, que en su movimiento, a veces se rozan tangencialmente. A este respecto podemos hablar de María como una pintora del espacio que sabe utilizar los diferentes matices que le ofrecen los materiales y se sirve de ellos para construir sus obras material y conceptualmente. Usa la tecnología, no como un fin en sí misma, sino como una materialización de ideas y de formas de expresión que narran, que desean, contar algo. Pintura y dibujo le sirven para volver al origen, para recuperar el hecho gestual, la dimensión humana y divina del arte, una redención mesiánica de la modernidad. Esta divinidad también es capaz de entenderla y proyectarla a través de los medios más sofisticados. Los medios clásicos le ofrecen una redención de la modernidad. También hay una adaptación a los espacios, siempre cambiantes, mutables. No se puede circunscribir a ámbitos determinados, ya que la flexibilidad de su trabajo le lleva a exponer en espacios heterogéneos, incluso que no tengan nada que ver con el estatuto artístico. Desde el ámbito de la galería al espacio público, de lo privado a lo general. Ya que la obra de arte, desde la perspectiva totalizadora desde la que la contempla María, es la visión del mundo del artista, su forma de entenderlo, de manifestarse en él. “Para los místicos y los artistas desnudos, todos los tiempos coexisten en este mismo momento” Iyalo fue un proyecto desarrollado en 2001-02 sobre arquetipos universales de religiones no occidentales, un trabajo en el que se mezclan lenguajes religiosos que arrancan del pasado remoto, pero se proyectan en nuestros tiempo de confusión y derrota. Las imágenes de María, así como los modelos que estudia y en los que se basa, llevan en si todos los significados. En el fondo manifiestan lo divino y el poder de las imágenes para modificar, para hacer mejorable la vida. Paradójicamente, los resultados plásticos de este proyecto se dividen en dos series de trabajo bien diferenciadas: las acuarelas y las fotografías digitales. A este respecto, María utiliza la fotografía digital, de campo expandido, como si se tratara de una pintura de píxeles en un proceso sensible que quiere servir como ejemplificación del universo. Revierte el carácter frío y tanático de la fotografía, para evocar un mundo sensible enormemente complejo ligado con el principio mismo del ser humano. No hay un deseo de construcción, sino de evocación. Simplemente señalar. Escribir con sus fotografías el final del proceso. El discurso mediático su uso. Los ámbitos tradicionales están condicionados por la potencialidad de aquellos. Por ello, María los sublima, utiliza la tecnología para producir una experiencia estética, lejos del uso cotidiano y trivializado de los medios, convirtiéndolo en originales, como si tratara de transformarlos en paleta y pinceles para observar el mundo y describirlo a partir de estos procesos. El último trabajo de María está basado en el Juicio Final de Miguel Ángel. Durante su estancia en Roma, ha estudiado minuciosamente la Capilla Sixtina, fundamentalmente su perspectiva y composición. En cierto modo vuelve a la práctica de iyalo, es decir, sobre el conocimiento de la propia historia de la pintura para plantearse nuevos desafíos, adoptando el posicionamiento de algunos pintores contemporáneos, a la vez, estudiosos de la historia del arte. A partir de este estudio pormenorizado, María comienza sus reinterpretaciones de la obra miguelangelesca. Se centra en las expresiones de los personajes, su manera de ocupar el espacio, la posición del cuerpo y sus gestos. Utiliza fundamentalmente el blanco y negro, como si tratara de reivindicar el lenguaje fotográfico clásico. En esta serie de pinturas aparecen los condenados, los ángeles caídos, la oscuridad de los desterrados del Paraíso. Suplicantes y retorcidos por el dolor y la condena. María habla de ellas como figuras que no sólo tienen que ver con Miguel Angel. Subraya la relación con las figuras negras, desencajadas y obscenas de Goya, otro modelo estudiado en su complejo mundo referencial También -y en este sentido hay que reivindicar su carácter poético cercano al romanticismo decimonónico- hay un sentido de búsqueda a través de las fuentes literarias. Así, el infierno dantesco está presente en sus últimos cuadros. Imágenes y palabra. En este caso, María establece un proceso contrario al de Dante, que se inspiró en los mosaicos del Baptisterio de Florencia, para imaginar los tormentos del infierno. María utiliza el mundo dantesco para construir su obra. Imagen, palabra e imagen. Círculos abiertos y cerrados: Infierno, Juicio, Muerte y Reencarnación. Pese a todo, también ha tenido oportunidad de plantear lago tan radicalmente distinto como una video-instalación, Torno subito, de nuevo con el tema de los arquetipos artísticos, en las que utiliza las pinturas de Pompeya descontextualizándolas para encontrar otros significados que han discurrido a lo largo de la historia. Caracteres antiguos que entroncan con la pintura y tecnología, que contribuyen a crear un ambiente único y diferenciado. Asume su posición de dominio. Escoge las imágenes y crea un nuevo contexto enunciativo. En el fondo hala sobre la pervivencia de las ideas más allá de las imágenes, que mueren y desaparecen, pero su idea, su potencia como significado pervive a través de los siglos. El video penetra en el campo destinado a observar todo los que va a desaparecer, recordando la famosa premisa de Cezanne, que invitaba a mirarlo todo rápidamente ya que todo desaparecía irremediablemente. Finalmente Venecia, la ultima de sus stanze y espacio en que ha desarrollado sus últimas obras. Evidentemente no escapa del influjo de la ciudad de las lagunas. El agua, la luz, la decadencia de la ciudad más crepuscular del mundo, se filtran como un palimpsesto que acumula siglos de melancolía y ocaso. Una experiencia que envuelve y supera todo lo que se conoce. De nuevo el Juicio, la experiencia con la que concluye ideológicamente, toda una civilización: “y que en tu universo, donde los exiliados en la tierra conocieron tantos delitos y temores, no queda ya una lágrima en los ojos, un remordimiento en los corazones, un aguijón en las carnes, ningún temblor, ningún dolor en ninguna criatura nacida de tu voluntad; sino que en todas partes, en todo punto del ser, en todo espíritu, resplandezca para siempre la irradiación del éxtasis eterno” escribe Giovanni Papini en su Giudizio Universale. Por eso su obra se configura clásica y contemporánea, porque es capaz de percibe esa tensión entre tradición y modernidad, entre clásico y contemporáneo, esa línea argumental que es la del arte y la vida. La meta es el origen. |