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El burro de los
huevos de oro

Les voy
a contar porqué un tubería entra por la ventana de mi salón, atraviesa
el recibidor, llega a la cocina y sale por el mismo lugar donde
antes estaba el frigorífico.
Hay en
mi pueblo un amo, en Aragón hay pueblos tan pequeños que solamente
tienen un único amo, que tenía un burro con dos grandes huevos
de oro. El amo tenía al burro atado en corto en una era y allí
acudían algunos de los esbirros del amo a darle de comer, uno
de ellos dicen que es subsecretario de nosequé en Madrí. Hasta
el herrero, que es del ppartido, subía a la era a herrar al burro,
eso sí, cobrando con cargo los dineros del ayuntamiento que para
eso el amo es el alcalde de mi pueblo también, pero eso es solamente
casualidad. O eso dice mi abuela que de casualidades sabe mucho.
Yo vivo
en una pequeña casa en la parte baja del pueblo y por la parte
de atrás al pie del muro discurre una acequia. La acequia suele
llevar poca agua, de color gris triste como la mirada de la mayoría
de la gente mayor de aquí. El cauce de la acequia esta lleno de
tarquín y allí campan las ratas por sus fueros, que los nuestros
tiempo ha nos los quitaron. Jamás nadie se preocupó por adecentar
el cauce o por mejorar la calidad de las aguas de la acequia que
discurre al pie de mi casa.
Estaba
el buen amo una tarde pensando cómo seguir llenándose los bolsillos
a costa del trabajo de mis convecinos cuando se dio cuenta de
que al burro de los huevos de oro le hacia falta agua. -Coño,-
se dijo displicentemete -si el pollino bebe agua por un tubo se
le van a poner los huevos que no veas.- Aunque parezca mentira
los amos piensan de la misma manera en casi todos los pueblos
que yo conozco.
Aquella
misma tarde estaba yo en el salón de mi casa leyendo, atisbando
de reojo entre línea y línea a través del mirador el paisaje agreste
de cabezos salinos llenos de tomillo y de yeso, de almendros secos,
de olivos centenarios y de vides arrancandas.
Aquella
misma tarde, pues, se reunieron, a instancia de la autoridad,
los más acreditados especialistas en materia de obras hidráulicas
de mi pueblo, el subsecretario de nosequé, el cura, el herrero,
un albañil al que habían reestructurado de FCC y, por supuesto,
la mujer del alcalde. Tras deliberar largamente sobre el tema,
después de un par de horas de anís y bizcochos dieron el visto
bueno al nuevo Plan Hidrológico Natural. De la acequia a la era
en línea recta.
Por eso
ahora una tubería entra por la ventana de mi salón, atraviesa
el recibidor, llega a la cocina y sale por el mismo lugar donde
antes estaba el frigorífico. Por eso y, claro, por los cojones
del burro. Claro que peor es lo de mi vecino que tiene que cagar
con la tubería entre las piernas, harto incómodo supongo yo. Cualquier
día me cabreo, le doy un mallazo a la tubería y que se joda el
burro. El burro y el amo.
Faustino
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