Érase una vez
La
ciudad de Sullana, capital de la provincia del mismo nombre en el
departamento de Piura, es hogar de casi 200 mil personas (la décima
primera más poblada a nivel nacional) viviendo en una veintena de
asentamientos humanos, media docena de urbanizaciones, y un par de
nuevas ‘invasiones’ no planificadas. Muchos de ellas son migrantes.
Sullana fue durante la primera mitad del siglo XX, una comunidad de
hacendados de origen español y agricultores de origen tallán, dedicada a
la agricultura y al comercio. La construcción de carreteras y la
apertura de oportunidades, provocó una fuerte migración desde la sierra,
que creó los pueblos jóvenes que circundan al casco urbano tradicional
(como Buenos Aires, El Obrero o Santa Teresita).
Hubo
otra corriente migratoria, la de los trabajadores petroleros jubilados o
cesantes, quienes se asentaron en un sitio en particular, que llamaron
Santa Rosa, con lo que se inició la expansión urbana hacia el oeste, que
aún continúa. A diferencia de sus pares en los asentamientos humanos,
ellos intentaron construir una urbanización mejor organizada y con
buenos servicios públicos (aunque años después descubrieran que era una
zona inundable), que floreció durante la década de los 60s.
El
gobierno de Alan García y la crisis económica que produjo removió la
economía de muchos sullaneros. Varios vecinos de Santa Rosa migraron a
la ciudad de Piura, vendiendo sus casas, mientras que se emprendían
otros proyectos urbanizadores como Jardín, básicamente para docentes y
empleados públicos, o Mariano Santos para la Policía.
El
fenómeno de El Niño (1982-83) golpeó fuertemente a la primera generación
de migrantes andinos quienes se asentaron en la zona baja de la ciudad,
siendo víctimas de grandes inundaciones y de la fractura de la ciudad,
debido a la reaparición de la quebrada de Cieneguillo, que partió a la
ciudad en dos y destruyó el mercado de abastos.
Los
damnificados se reubicaron fuera del perímetro urbano, en una zona no al
oeste, justo en el declive de la Loma de Teodomiro, una de las tres
sobre la que se edificó la ciudad original. Llamaron a su asentamiento
Villa Primavera.
La
segunda generación de migrantes corrió la misma suerte cuando El Niño
volvió a provocar lluvias torrenciales e inundaciones. Entonces, la
municipalidad local, los ubicó mucho más al oeste, creando dos nuevos
pueblos jóvenes, cerca de la antigua villa de Jebito, que llamaron Nuevo
Sullana y Villa Perú-Canadá (edificada con la colaboración de la ONG
Adra-Ofasa).
Las
familias tradicionales de Sullana se apiñaron en el casco urbano
original, que se conoce como El Centro o El Cercado (y que concentra el
30% de la actividad comercial y la totalidad de la actividad financiera
local) y sus descendientes eligieron vivir (y estudiar) en las
urbanizaciones: Santa Rosa, la de los trabajadores del Banco de la
Nación, Sullana, Salaverry o Jardín.
Los
migrantes andinos de segunda generación, o de otros lugares, como
Chiclayo, Loreto y aún Lima, pudieron conseguir casas mediante el
sistema estatal de vivienda en las inmediaciones de la bifurcación de la
Carretera Panamericana, conocida como Enrique López Albújar, cerca de la
Zona Industrial.
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