¡VENGO DE GODOS!
El Cid venía de Godos. Lo mismo se puede decir de Hernan Cortes, Pedro de Alvarado, o la inmensa mayoria de los conquistaodres españoles y de los grandes capitanes de la Reconquista. Sobrevalorada, quizas, en los tiempos dorados de España, despreciada por el contrario en sus momentos de decadencia la herencia gótica española es uaa de las grandes coformadoras del caracter nacional de nuestro país. Ni esas sobrevaloraciuón ni ese olvido son casuales. La monarquía toledano visigoda fue el primer intento nacional autenticamente español, la primera monarquía nacional no infeudada al extranjero. Antes del reino de Toledo España había sido bien una provincia romana, bien una serie de pequeñas tribus carentes de coherencia. Después, con el reino visigotico de Toledo se transformó en un estado nacional. Incluso hoy, después de la invasión musulmana y de de la Reconquista los límites de la España actual se ajustan a los de los territorios Godos -Portugal por su parte se ajusta bastante a los territorios conquistados originalmente por los Suevos.
A través dela Reconquista fue el recuerdo de la monarquía visigotica, de la que descendían de forma bastante directa los primeros reyes de la reconquista asturiano leonesa, el elemento ideológico que junto a la pasión religiosa condujo a las tropas del norte cristiano contra las del sur musulman. Fue José Antonio Primo de Rivera quien en uno de sus últimos ensayos -GERMANOS Y BEREBERES-, en el que abordó por primera y única vez el tema racial en la historia de España, el que nos recuerda que Pelayo después de su victoria sobre los musulmanes en Covadonga fue alzado en triufo sobre un pavès, a la manera de los antiguos jefes de las mannerbunde germánicas de las que descendía tanto él como sus tropas, sino en sangre sí en espíritu.
Con esta previa delimitación de conceptos cabe resumir la cuestión inicial: ¿qué fue la Reconquista? Ya se sabe: desde el punto de vista infantil, el lento recobro de la tierra española por los españoles contra los moros que la habían invadido. Pero la cosa no fue así. En priomer lugar los moros, (es más exacto llamarles los moros que los arabes; la mayor parte de los invasores fueron berberiscos del Norte de Africa; los árabes, raza muy superior, formaban solamnete la minoría directora) ocuparon la casi totalidad de la Península en poco tiempo más del necesario para una toma de poswesión material, sin lucha. Desde Guadalete (año 711) hasta Covadonga (718) no habla la historia de ninguna batalla entre extranjeros e indígenas. Hasta el reino de Todomir, en Murcia, se constituyó por buenas componendas con los moros, toda la inmensa España fue ocupada en paz; España, naturalmente, con los españoles que habitaron en ella. Los que se replegaron hacia Asturias fueron los supervivientes de entre los dignatarios y militares godos; es decir, de los que tres siglos antes habían sido, a su vez, considerados como invasores.
La Reconquista no es, pues, una empresa popular español contra una invasión extranjera; es, en realidad, una nueva conquista germánica; una pugna multisecular pore el poder militar y político entre una minoria semítica de gran zara -los árabes- y una minoría aria de gran raza -los godos-. En esa pugna toman parte bereberes y aborígnes en calidad de gente de tropa unas veces y, otras veces, en actitud de subditos resignados de unos u otros dominadores, quizá con marcada preferencia, al menos en gran parte del territorio, por los sarracenos.
Hasta tal punto es la Reconquista una guerra entre partidos y no una guerra de la independencia que a nadie se le ha ocurrido nunca llamar españoles a los que combatían contra los agarenos, sino los cristianos por oposición a los moros. La Reconquista fue una disputa bélica por el poder político y militar entre los pueblos dominadores, polarizada en torno a una pugna religiosa.
Del lado cristiano, los jefes preminentes son todos de sangre goda. A Pelayo se le alza en Covadonga sobre el pavés como continuador de la Monarquía sepultada junto al Guadalete. Los capitanes de los primeros núcleos cristianos tiene un aire inequívoco de príncipes de sangre y mentalidad germánica. Más: se sienten ligados desde el principio a la gran catolicogermánica europea. Cuando Alfonso el Sabio aspira al trono imperial no adopta una actiutud extravagante: pleitea, con el alegato de la madures política de su reino, por lo que podía alentar desde siglos antes en la onciencia de principe cristianogermánico de cada jefe de los citados reconquistadores. La Reconquista es una empresa europea, es decir, en aquella razón germánica. Muchas veces acuden de hecho, para guerrear contra los moros, señores libres de Francia y de Alemania. Los reinos que se forman trienen una planta germánica innegable. Acaso no haya estados en Europa que tengan mejor impreso el sello europeo de la germanidad que el condado de Barcelona y el reino de León.
JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA
La herencia goda no vino sólo por la herencia física sino por el espíritu que dejaron en nuestras instituciones a través de la Reconquista. Que los godos no formaban sino una minoria en la Hispania postromana no es un secreto. Que una minoria rectora es la que a veces responde por todo un país y hace de el un Estado no debería tener que ser recordado, al menos no en una página nacionalista.
Los Godos españoles eran los Visigodos, o Godos Nobles, que habían conquistado España en el Siglo V para perderla en el Siglo VIII, antes de recuperarla a través de esa larga guerra civil que llamamos Reconquista. Los valores Góticos fueron también los que acabada la Reconquista conformaron nuestros Siglos de Oro. Los Godos conformaron dentro de la mitología nacional y social de esos tiempos el mismo papel que la Roma de Augusto tomó para los renacentistas italianos. Para los escritores del tiempo de la Inquisición y la creación del nuevo mundo proveían una continuidad cultural a partir de la que se rediseño España. Eran los descendientes míticos de los Cristianos viejos a partir de los que se había reconquistado la hegemonía de la cultura occidental y cristiana sobre la península.
El empleo que se hizo de los antepasados góticos en la genealogía de los reyes cristianos no fue una casualidad ni una fantasia sin sentido. Cuando Alonso de Cartagena, Obispo de Burgos e hijo del Obispo de Burgos, Pablo de Santa María, invocó la ascendencia germánica de la Monarquía Castellana en Juan II de Castilla tal vez no se ajustaba a la documentación, desaparecida o ilegible desde siglos atrás, sino a la leyenda que es una forma superior de legitimidad histórica.

