| Delincuentes
con pesados antecedentes y muy violentos Estuvieron en prisión por delitos graves Están sospechados de participar en varios secuestros Los dos ladrones abatidos tenían prontuarios extensos Manejaban fusiles FAL, escopetas y pistolas LA PLATA.- Cuatro de de los seis detenidos que secuestraron a Ernesto Rodríguez tenían antecedentes por delitos graves y están sospechados de participar en varios secuestros cometidos en los últimos tiempos, informaron a LA NACION fuentes de los ministerios de Seguridad y de Justicia bonaerenses. Por ejemplo, Horacio Abel López, alias Lala, había estado preso por robo calificado entre 1998 y 2002. Además, estaba prófugo por el secuestro de Pablo Belluscio, el joven al que sus captores le cortaron dos falanges del dedo índice derecho. La pista que condujo a "Lala" también les llegó a los investigadores por la familia Cafiero. Esa vez, fue el ex ministro de Seguridad Juan Pablo el que recibió el dato y lo aportó a la Justicia. . Ayer, altas fuentes de dicha cartera dijeron a LA NACION que si bien "Lala" forma parte de la banda que raptó a Rodríguez, no habría participado en este caso. "Creemos que estaba en el campo porque parecía un lugar seguro, porque toda la policía lo buscaba. Que era algo así como un refugiado", dijo un investigador. Otro de los maleantes, Walter Alberto Silva, también había estado preso. Cayó en 1998, por homicidio en ocasión de robo, y obtuvo la libertad el 19 de octubre de 2002. El de Rodríguez, dijeron los informantes, no sería el único secuestro en el que participó. Uno de los delincuentes con prontuario más frondoso era Juan José Villegas, conocido como "Potrillo", que murió en el enfrentamiento. . Condenados y liberados El 17 de octubre de 1996, Villegas fue encarcelado condenado a 12 años de prisión por robo calificado. Según fuentes del Ministerio de Seguridad, obtuvo la libertad condicional, pero volvió a ser detenido por homicidio simple y robo de automotor calificado. Fue liberado el 6 de octubre de 2002 bajo caución juratoria. El otro muerto es Jorge Luis Medina, alias "El Jeta". El 10 del octubre de 2002, este sujeto fue liberado de la Unidad Penal 31, de Florencio Varela, donde había estado preso por homicidio en ocasión de robo. ""El Jeta" era compañero de andanzas del Negro Sombra (cabecilla de la banda)", dijo una fuente del Ministerio de Seguridad. . Los dos delincuentes abatidos eran sujetos duros: fueron los que protagonizaron el enfrentamiento con el grupo Halcón de la fuerza de seguridad bonaerense. Uno usó un FAL; el otro, disparó con una pistola Pietro Beretta 9mm en una mano y un revólver calibre 38 en la otra, ambas consideradas armas de guerra. Anoche, el Ejecutivo bonaerense no contaba con el prontuario de los otros dos arrestados: Daniel Fabra Señorans y Juan Carlos Casciano. El primero era el cuidador del campo donde estaba secuestrada la víctima. El otro vivía al lado de la casa donde se realizó el procedimiento, dijeron las fuentes y se había desvinculado como suboficial de la Prefectura Naval en 2001. Ramiro Sagasti, La Nacion, 5 de febrero de 2004 |
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Rodríguez recriminó a Solá El gobernador se sintió "muy dolido" Luego de agradecer a los funcionario judiciales, policiales, a sus amistades y gente que lo apoyó durante el cautiverio de su padre, Jorge Rodríguez recriminó duramente al gobernador bonaerense, Felipe Solá, y disintió con él en la forma de proceder en los casos de secuestros. Horas después, el mandatario provincial, sorprendido, expresó que "me dolió mucho lo que dijo (Rodríguez)". Durante la conferencia brindada en la Unidad Fiscal Coadyuvante para la Investigación del Delito de Secuestro Extorsivo, en San Isidro, Rodríguez desplegó una extensa lista de agradecimientos tras la liberación de su padre, en los que incluyó hasta al presidente Néstor Kirchner. . "No quiero agradecer -dijo Rodríguez- al gobernador Felipe Solá, que hasta el día de hoy no se comunicó conmigo, ni con mi familia. Tampoco sentimos que se tome seriamente este problema y disentimos con la forma que propone el gobernador en estos casos: sospechar de la fuerza policial y pagar el rescate." Ante la presencia del fiscal de la Cámara Federal de San Isidro, Pablo Quiroga, y el fiscal federal Jorge Sica, a cargo de la pesquisa, Rodríguez hizo hincapié en la necesidad de confiar en las instituciones y la Justicia. "Hoy ha quedado demostrado lo que significa confiar en las fuerzas policiales." Al retirarse del Complejo Médico-Policial Churruca-Visca, tras visitar a uno de los policías heridos ayer, Solá replicó a Rodríguez: "Puede haber existido una influencia negativa para que se molestara conmigo. Estoy muy dolido por sus dichos, pero no tengo inconvenientes en reunirme con él", dijo a LA NACION. El encono de Rodríguez se adjudica a un amigo de éste, Hugo Franco, "que era secretario de Seguridad cuando explotó la AMIA y que en la última elección provincial fue candidato a intendente de Aldo Rico", confió anoche un colaborador de Solá. La Nacion, 5 de febrero de 2004 |
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El
análisis de la noticia
Nombres y escenarios que se repiten Por Fernando Rodríguez De la Redacción de LA NACION La liberación del padre del empresario Jorge Rodríguez, que siguió al rescate de la pergaminense Cristina Taborda, ocurrido el lunes, dejó expuesta una cuestión más que sugestiva detrás del problema de los secuestros: la reiteración de nombres de sospechosos en los distintos casos ocurridos en un período bastante prolongado y en zonas bastante bien delimitadas. Hace tiempo ya que funcionarios judiciales y policiales repiten que no serían más de media decena las bandas que están detrás de la mayoría de los hechos. En los últimos tiempos, y ante cada nueva detención, funcionarios judiciales y policiales se animaron a dar por "probada" la participación de los sospechosos en más de un hecho. Pero en muchos de los casos más resonantes esos "culpables" terminaron de nuevo en las calles, liberados por insuficiencia de pruebas de cargo. El de los secuestros no es un fenómeno nuevo: se mantiene en un nivel alto desde 2000, pero fue moneda corriente en los años setenta y ochenta. . De ahí que aquella reiteración de nombres y los bajos índices de resolución de casos -manifestados en condenas judiciales efectivas- sugieren que, al margen de las dificultades propias que supone la investigación de delitos complejos cometidos por bandas altamente organizadas, podrían existir extraños vínculos entre perseguidos y perseguidores. El caso de Jorge Luis Medina es uno de ellos: su foto apareció en octubre en los legajos de investigación del secuestro de Pablo Belluscio, pero sobrevivió hasta ayer, cuando murió al tirotearse con los policías que rescataron al padre de Jorge Rodríguez. Hasta ayer, nadie pareció haberlo buscado a conciencia. De Horacio "Lala" López, apresado ayer en San Andrés de Giles y prófugo por el caso Belluscio, se dijo meses atrás que era informante de policías de la zona norte del conurbano, precisamente el lugar en el que ocurre la mayoría de los secuestros. Detrás de esas sospechas, y de las dificultades que se derivan de esta modalidad delictiva, también parecen anidar falencias en los códigos de procedimientos penales, deficiencias de distinto grado en la preparación de funcionarios judiciales y policiales, y desinteligencias entre las distintas fuerzas que intervienen en las pesquisas. . Ayer se aseguró que a la liberación de Rodríguez se llegó, en parte, gracias a un nexo causal entre detenciones producidas en los últimos diez días, relacionadas con éste y otros casos. Pero esas aprehensiones, a su vez, no estuvieron exentas de rispideces entre fiscales, entre policías e incluso entre funcionarios de Estado que fogonearon en pasillos gubernamentales disputas por la paternidad de uno u otro golpe contra los delincuentes como parte de sus propias disputas por áreas de poder. Así ocurrió el lunes, cuando desde la Casa Rosada se intentó desautorizar un presunto éxito de la Policía Federal haciéndolo pasar como un resultado obtenido, en realidad, por agentes de la SIDE. . Son demasiados cortocircuitos como para que un éxito como el conseguido por la policía bonaerense ayer, ligado indiscutiblemente a trabajos previos de la SIDE y de la Policía Federal, pueda ser capitalizado para forjar, de aquí en más, una efectiva respuesta del Estado ante el flagelo de los secuestros. . Mientras tanto, los inconcebibles padecimientos que sufrió Ernesto Rodríguez en más de 40 días de cautiverio dejaron expuesta la brutalidad con la que actúan sádicos delincuentes que, hasta ahora, han encontrado entre aquellas desinteligencias y eventuales omisiones el camino libre. La Nacion, 5 de febrero de 2004 |
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