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SE VENDE LATIFUNDIO EN ARGENTINA
Por Gustavo Duch
Director de Veterinarios sin Fronteras
El
otro día vi publicado un sugestivo anuncio: se vende finca rural
en Argentina de 133.000 hectáreas que, "sin trabajarlas",
rinden el 6% de la inversión inicial. Pues nada, llamé --con
voz y lenguaje de especulador-- para conocer detalles sobre mi futura
parcela: exactamente 133.000 hectáreas, que con las montañas
aumentan en un 20%. Te pertenecen dos ríos de buen caudal y dos
pistas de aterrizaje. Dispones de 42 pozos petrolíferos que gestiona
Repsol-YPF, embolsándote la correspondiente comisión. Más
de 75.000 cabezas de ganado. También se incluye en el lote a 44
familias arrendatarias que te rinden el 10% de sus ganancias. Pero si
tienes disgustos con ellas no hay que desesperarse porque a fin de año
se les puede rescindir el contrato. Un, dos, tres, salvado.
Dos condiciones --me decían-- son innegociables: el precio de 45
dólares por hectárea, que si mis cuentas no fallan, sale
a 1.000 millones de pesetas, lo cual no es nada caro para una extensión
como Guipúzcoa. O si no, que le pregunten a un donostiarra si vendería
a ese o cualquier otro precio. Y la segunda, que el pago se debe de efectuar
en una cuenta del exterior.
Dice el anuncio "sin trabajarlas". Caso similar al de Colombia,
donde hoy un alto porcentaje de los grandes latifundios están sin
cultivar a la espera de un lucro mayor que saben va a llegar: la especulación
ante los megaproyectos de comunicación del continente americano,
que permitirán con más facilidad la exportación (¿o
expoliación?) de las riquezas naturales suramericanas (petróleo,
gas, minería). El monopolio de la tierra genera pobreza, exclusión
social y violencia. En lo que llevamos de año, sólo en Brasil,
se han registrado 44 asesinatos vinculados a la lucha por la tierra.
Sabiendo entonces de la dramática lucha por la tierra en tantos
países (en definitiva lucha por la vida) no podemos aceptar una
gestión de los bienes productivos sólo bajo el modelo compra-venta.
Este modelo es útil para poseer tostadoras o peluches, pero debería
cuestionarse en los llamados bienes comunes de la humanidad: aquellos
--como dice José Vidal-Beneyto-- capaces de responder a la satisfacción
de las necesidades humanas básicas.
Noticia
publicada en la página 6 de la edición de Lunes 29 de diciembre
de 2003 en El Periódico de Andorra
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