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"CORCHO" QUIERE PRUEBA DE VIDA El empresario Jorge Corcho Rodríguez ya tiene en su poder el dinero para pagar el rescate por la vida de su padre, de 74 años, quien permanece secuestrado en poder de una peligrosa gavilla de malvivientes, desde el 23 de diciembre pasado. La pareja de Susana Giménez espera ahora que los maleantes le aporten una nueva prueba de vida de su progenitor, quien padece severos problemas coronarios. Los marginales resolvieron cortar todos los contactos con el hijo del anciano, como consecuencia de los recientes procedimientos, efectuados por las diversas fuerzas de seguridad contra las distintas bandas de captores que obran en el ámbito de la provincia de Buenos Aires. Los especialistas consideran que la tensa odisea se dilata porque los autores del bestial ilícito -a quienes la justicia cree tener perfectamente identificados- todavía no han definido el lugar exacto para que se efectúe la entrega de esos billetes. Sin embargo se comenta que habrá un rápido desenlace del espantoso suceso. En el marco de la investigación, anoche hubo allanamientos (ver aparte) y de acuerdo con datos aportados por algunos pesquisas, estaría muy cerca la liberación del padre de Corcho. Rodríguez confesó en su círculo íntimo que tiene la suma reclamada por los feroces malvivientes, pero que aguarda una prueba de vida por parte de los captores, ya que teme seriamente por la vida de su padre Ernesto. A finales de enero pasado, los delincuentes la ofrecieron a la familia de Corcho una última prueba de vida, que consistió en un casete con la voz grabada del septuagenario, que sospechosamente apareció en el interior de un móvil policial, abandonado a pocos metros de la seccional de Garín (3ª de Escobar). En esa grabación los miembros de la bestial organización reclaman el pago de 300 mil dólares por el rehén. La infortunada víctima fue privada de la libertad por 4 sujetos armados en la jornada del 23 de diciembre en inmediaciones del Acceso Oeste y en jurisdicción de la comisaría 1ª de General Rodríguez. El 22 de enero, los agentes de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) capturaron, en la localidad bonaerense de Don Torcuato, a un famoso maleante llamado Sergio Orlando Leiva, conocido con el apodo de El Negro Sombra. Este individuo ahora está detenido a disposición de la justicia y fue acusado por el doctor Jorge Sica -fiscal que tiene a su cargo parte de las investigaciones de los sucuestros extorsivos en la provincia de Buenos Aires- como uno de los autores del episodio sufrido por el suegro de Susana Giménez. Pero los analistas opinan que Leiva en realidad cumplía una función periférica en la banda que consumó el rapto del anciano y que no es uno de los principales integrantes de la organización, la cual contaría con cobertura de diversos miembros de una fuerza de seguridad. Existe un detalle que no deja de llamar poderosamente la atención: se comenta, cada vez con más intensidad, que El Negro Sombra oficiaba como informante de un comisario mayor de la Policía Bonaerense, quien, a mediados del año pasado, debió ser colocado en situación de disponibilidad preventiva, porque se lo imputó de enriquecimiento ilícito. El último fin de semana y durante la madrugada del lunes pasado, los funcionarios de la División Antisecuestros de la Policía Federal llevaron a cabo diferentes allanamientos y entonces lograron detener a 6 hombres y 4 mujeres vinculados al rapto extorsivo de la profesora Cristina Taborda. Los arrestos ocurrieron por casualidad porque los uniformados en realidad se hallaban abocados al esclarecimiento del episodio de Ernesto Rodríguez. De esta manera, quedó determinado que los autores del hecho de la docente también son parte de la gavilla que secuestró al padre de Corcho. También se dice que, gracias a las recientes labores investigativas cumplidas por los federales, los componentes de la banda ya estarían plenamente identificados. Los temibles delincuentes conocen perfectamente dicha situación (merced a los contactos que poseen en las fuerzas de seguridad) y por esa causa resolvieron cortar las comunicaciones telefónicas, que mantenían con los atemorizados familiares del suegro de Susana. Los uniformados, mientras tanto, esperan que las divisiones internas de la organización les permita obtener algún dato, aportado simplemente por venganza, que les posibilite localizar el sitio donde el progenitor del empresario permanece recluido a manos de los forajidos. Además los investigadores creen que la organización que llevó adelante el secuestro cuenta con conexiones en Paraguay, las cuales surgieron a raíz de otras actividades paralelas de los marginales, como por ejemplo el tráfico de drogas y la comercialización en ese país de vehículos que son robados en Buenos Aires. Por esta simple razón, se sospecha que los maleantes exigirían cobrar el rescate fuera de territorio argentino, tal como sucedió con el caso del secuestro del joven correntino Cristian Eduardo Schaerer, que fue entregado a principios de noviembre de 2003, en el área paraguaya de Ciudad del Este. Cronica, 04/02/2004 |
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