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Ernesto
Rodríguez vivió hasta 1997 en Villa Martelli junto a su esposa
Nélida y sus hijos: Adriana (44), Jorge y Viviana (39). Trabajaba doce
horas por día en el taller mecánico que había instalado
en el fondo de su casa, mientras su esposa tejía ropa por encargo de
sus vecinas.
Nada
hacía presagiar que un día su heredero varón lograría
tutearse con el poder. Fue un adolescente inquieto, que incursionó
en el rock, la fotografía y, finalmente, el diseño gráfico.
En 1992, Nélida falleció de cáncer. Ernesto se mudó
a la casa de su hija mayor y allí vivió hasta que hace cinco
años se mudó con su nueva pareja: Irma, a una quinta de General
Rodríguez. Para ese entonces, Jorge ya se había separado de
su esposa: la contadora Ana Vilardebó (41), con quien tuvo a sus hijos
Iara (15) y Juan (13). Ernesto no modificó su actitud campechana ni
siquiera cuando en 1995 su hijo conoció a Rodolfo Galimberti y, en
sociedad con el ex montonero y con Jorge Born fundó la empresa Hard
Communication. Un emprendimiento tan singular como rentable.
Tampoco
se inmutó en 1998, cuando se conoció la noticia del romance
de Jorge con Susana Giménez. Más preocupado por mostrar a los
periodistas los atractivos de Villa Martelli que por su fama súbita,
comentó: Me enteré de esta relación por los medios.
No tengo por qué hacer ninguna objeción. Cuando llega el amor,
no se fija en las diferencias de edad. No conozco personalmente a Susana.
Por televisión, parece ser una mujer agradable y sincera. Espero que
mi hijo me la presente algún día.
Revista
Caras, Edición del 30 de Diciembre de 2003 |
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