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El
novio de Susana Giménez está al frente de las negociaciones
para la liberación de Ernesto
Por unos segundos, el hombre de infinitas estrategias y argumentos, quedó
sin palabras. Su cara se convirtió en un sólo rictus. A
media mañana del martes 23, en su chacra de Punta del Este, Jorge
Rodríguez (42) recibió un llamado en su celular. Una voz
desconocida para él le informó que su padre Ernesto (74)
había sido secuestrado y que debía reunir lo más
rápido posible el rescate. Esta cifra, aseguran, sería de
300 mil dólares. Cortaron la comunicación sin dar tiempo
a una sóla pregunta.
El
novio de Susana Giménez no perdió el tiempo en consternaciones.
A las 14:50, en un avión de la empresa Taxi Sur, desembarcó
en el aeroparque de Buenos Aires. En pista lo aguardaba un auto BMW 540
que, escoltado por un móvil de la Policía Aeronaútica
Nacional (PAN) , lo condujo hasta la Terminal Sur. Allí realizó
los trámites de migración. Con la ayuda de una camioneta
de la PAN, que lo custodió varias cuadras, pudo abandonar el lugar
a toda velocidad, sorteando a la prensa. Su siguiente destino fue Rolón
109, en San Isidro, donde funciona desde hace un mes la Unidad Funcional
Coadyudante de Investigación de Secuestros Extorsivos en la provincia
de Buenos Aires. Allí conversó a solas durante más
de una hora con el fiscal federal Jorge Sica. El empresario le contó
que su padre había sido operado del corazón en 1998 y que
debía tomar cinco remedios por día, incluyendo sedantes
y diuréticos. Le preocupaba la manera de hacerle llegar esta información
a los raptores, sin tener que recurrir a la prensa. Casi no hizo comentarios
mientras le informaban sobre detalles del rapto. Al retirarse, saludó
a cada uno de los asistentes con un fuerte apretón de manos.
Susana
Giménez se enteró de lo sucedido por un allegado a su novio.
Aunque su primer impulso fue ir a esperar a su novio al aeroparque, el
sentido común se impuso a sus sentimientos. Decidió continuar
con su rutina y liberar a su novio de los medios de prensa. Todas las
cámaras se concentraron en la puerta de la casa de Barrio Parque,
de donde salió la conductora para ir a la peluquería de
Miguel Romano. Allí permaneció durante seis horas, compartiendo
su angustia con su coiffeur y amigo. Al salir, expresó: Ustedes
imaginan lo que estamos viviendo. No me pregunten nada; aunque supiera
algo, no lo diría. Ya saben cómo se trabaja en estos casos
porque pasó lo mismo con el padre de Pablo Echarri y con los de
algunos familiares de jugadores de fútbol.
Revista
Caras, Edición del 30 de Diciembre de 2003
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