EN PRODUCCION
PRINCESA
El poco de m�sica le ca�a en la espalda. Le resbal� hasta las nalgas, h�medas,
contra�das por el esfuerzo de la caminata. Estaba sudada, empapada de sol. Un trozo de
pelo negro se desvanec�a por la cara. Me quiso contar de aquellas tardes por la calle San
Carlos, cuando se met�a en la galer�a de Ugaldes a ver los vitrales de flores y yerbajos
iluminados de colores terrosos o cuando se sentaba frente al Teatro Terry a escuchar a los
trovadores imitando a los Beatles, y ella cantaba Yesterday con los ojos cerrados.
Despu�s nos �bamos a los cayos, dec�a, en medio de la bah�a, y nos desnud�bamos,
metidos en la arena humedad, salada, leyendo poemas de Vallejo o de ese mulato que vivi�
en Madrid, un tal Baquero, que siempre anda por la campi�a insultando a los �angaras -
l�ricamente, desde luego - o le ca�amos al Marti er�tico, el hombre de vigoticos
pequineses que amaba a las adolescentes, a las princesas de sus amigos, el mismo tipo que
fumaba su yerbita y se beb�a los porroncitos de ginebra,antes del almuerzo, cuando le
gustaba poseer a Carmita o a la otra guatemalteca o la tal Mar�a, que se antojaba
cubrirse, desnuda, con una mantilla de florecitas, para que Pepe le viera los pezones
chiquitos y rosados.
Fue la primera vez que sent� la sonrisa implacable, casi tierna, un tanto diab�lica -
sonrisa de la ni�a en espera de un susto, un golpe, una alegr�a - , una sonrisa de
entrega, de rabia, de frustracion.Bes� a todo el mundo. El mundo la bes�, la estruj�.
Se sent� en la punta de la mesa, una mesa cuadrada, con olor a pino macho, que daba justo
a la ventana donde se ve�a la entrada de la universidad miamense, aquel recinto que esa
tarde reun�a a un mont�n de periodistas que se asombraban de que en la isla de Fidel
Castro hab�a un carajal de presos pol�ticos, de hambrientos y moribundos reh�nes,
condenados por pensar, por suponer, por imaginar, que el comunismo era tan anacr�nico
como la locomotora de vapor. All�, en la punta de la mesa, iluminada por las luces y las
c�maras de televisi�n,acomod� la barriga, el globo, la hinchaz�n, la vida que le
crec�a no precisamente por la gracia de Dios. En ese momento me hizo feliz. Habl� de
recaudar palabras, medicinas, apoyo para los que Castro les segu�a pateando el culo en
las prisiones. Mirando su globo encantado, me imagin� su peque�a figura corretear por
aquella ciudad de calles rectas, limpias, soleadas que siempre iban a parar a una iglesia,
a un callej�n con salida al mar, siempre al mar y a la noche. La noche donde aparece la
luna cienfueguera, la de la canci�n de Jorrin, el chachach�, el montuno que endiosa
aquella metr�poli nacida de corsarios, piratas y traficantes de vacas y cueros que
devolvieron a la villa castillos y palacetes donde se fornicaba cerca de los patios , bajo
los aguaceros y los ciclones del verano.
Ella, la Princesa, deambulando con su risa, con su jean gastado, flaca, con aroma a
yerba, a colonia de yerba que va dejando en los cuartuchos de los hoteles, donde
encontr�, con ilusi�n ,el dolor del sexo, la locura del sexo, la libertad de disfrutar -
siempre vigilada y protegida por su padre marinero - el orgasmo del primer amor. Era la
Princesa sacudiendo la sonrisa de una acera a otra de la calle San Carlos, en la noche,en
la penumbra que la vigilaba mientras retozaba en las s�banas y la penumbra penetrando su
cuerpo con olor a jazm�n ,a grajo de sexo, para llorar, gemir, las caricias de su
pr�ncipe azul.
Despu�s me contar�a que fue fel�z en esa bah�a, en ese remanso de mar, en las
calles salpicadas de salitre o en las tiradas que hacia junto a su padre para pescar o
cazar jutias, ballenas, rinocerontes y esas iguanas inocentes que deambulan por los
arrecifes de la isla. Es la misma ciudad donde tosi� su asma en las estaciones de
polic�a, en las fogatas que inventaban junto a los ca�averales y donde le�an al Valery
de las palomas y los ventanales, en esas tertulias que ella imaginaba para escuchar viejos
tangos y pintar sobre papel cartucho letan�as antropom�rficas salidas de aquella Maja
cortaciana. �Me la pude imaginar de otra manera? En realidad era una nena-lul�, una nena
con pistola a la cintura, una mu�eca que sal�a a cantar con m�sicos ambulantes a lo
�ico Saquito, a lo Matamoros , a lo Virulo, eso de " arroz con leche te voy a
casar...", y tiraba piedras a los tejados donde los pajarracos anidaban porquer�as y
guardaban los mensajes que tra�an de cualquier lugar del planeta.
Despu�s de cacarear, se par� de la mesa con olor a pino macho y se acomod� el globo
carnal y se despidi� con otra sonrisa de princesa alocada. Fue en ese instante que le
ped� una "botella",que me diera un avent�n hasta mi casa. "�No tienes
carro en Miami ? !Pues mira mijito, aqu� si no tienes carro mejor te regresas a
Cuba!" Volvi� a sonre�r y me tom� de la mano. No me imagin� que una mujer
embarazada pod�a ser tan hermosa, tan sensual y juguetona. " Eres muy amable ...con
este barrig�n parezco una mona". No la volv� a ver.Su nombre sal�a a cada rato en
las p�ginas ocultas de El Miami Herald o en los noticieros de la radio local que
cotorreaban consignas anticastristas, en los reportajes de Bernadette Pardo del canal 23
que sacud�an la ciudad o en esos videos que mostraban los voluntarios que, cada semana,
navegaban hasta llegar a las costas de Cuba con nuevas proposiciones de acabar con el
comunismo.
Norberto Fuentes me dio su tel�fono. Estuve una semana marcando los mismos d�gitos.
La misma extra�a sensaci�n de p�nico cuando se tiene a la mano un poco de felicidad.
Una tarde de mayo, sin aguaceros,su voz ronca, grave , de negra afroamericana, me
respondi�: " I help you...". A�os despu�s, muerto de amor, ech� sus cenizas
en un canal de Bird Road. En realidad muy poco supe de ella. Fueron dos a�os viajando en
los trenes hacia New York. Desplaz�ndonos en una vieja camioneta Toyota por innumerables
carreteras que nos llevaban a California, Texas o New Orleans. En New Orleans nos
qued�bamos muy cerca de Storyville, la ciudad hecha de sue�os y de m�sica. Las casitas
de madera roja y tejados franceses nos albergaban con un calor intenso. Hac�amos el amor
cerca de las estufas, leyendo a Lorca, sobre todo la Yerma que ella representaba, desnuda,
enredada en una toalla morada que le ocultaba las heridas de la prisi�n. En aquella
camioneta descascaradamente blanca, fum�bamos mariguana,aspirabamos crac y nos
masturbamos como si fu�ramos unos adolescentes. La camioneta jam�s se quej�. N�nca
supo de dolores a pesar de que la cag�bamos, la vomitamos y la llen�bamos de n�ctares y
l�quenes aberrantes. Pero de esto hablaremos en otro momento. Un poco despu�s que
naciera Margarita, la visit� en su apartamento de Miami Beach. Era un piso de espaldas a
la avenida Lincoln. Aquellas dos piezas me llenaron de angustia. " No te preocupes, a
mi tambi�n me da asco este bajareque" . La falta de a�re acondicionado, la humedad
y el poco sol que entraba por las rendijas del balc�n, daban una sensaci�n de despojo,
de castigo, de infierno ambulante.
--- ! Si agarras la baby te hago caf�... !...-- y me dej� entre las manos la
criatura, su olor a jazm�n, ese tufo divino a cigarro y la certeza de que estaba
locamente enamorado de aquella muchacha sin rostro, salida al azar de un discurso, de una
botella de cerveza o de una mesa con olor a pino macho. El cafe sab�a a remolacha, a
huevo frito, a sobra de pastel. Camin� sobre el reguero de peri�dicos, revistas,
anuncios que pululaban en la salita del apartamento. Se sent� a mi lado en el �nico
sof� de aquella habitaci�n con olor a cigarro de Virginia. Su bata color crema le
apretaba los senos, le abrazaba las caderas y le daba un toque de desnudez totalmente
agresivo.
...--- Dicen que ya tienes un programa de radio ....--- comenz� a fumar y a mirarse
las u�as de los pies, unos pies peque�os, gorditos,que esperaban a alguien para que los
besara desafiantemente.
...-- Nada del otro mundo.... hablar mierda de Miami ...--- ...--- No otra cosa quieren
escuchar ...--- ....--- Miami es una ciudad totalmente loca ....--- ....--- Yo no me
quejo... Al fin y al cabo aqu� vivo, aqu� esta mi pedacito del mundo...�No cr�es ?
....--- En Miami todo el mundo se desprecia, todos se odian, se autodestruyen ....--
...--- El �nico que se est� autodestruyendo eres t�... Tienes que aprender a disfrutar
lo que tienes,lo que Dios te da o te quita...-- ...--- � Tu crees en Dios Princesa...?
...--- � Me est�s entrevistando para tu programa? ...-- Sac� de la bata una cajetilla
de Capri y comenz� a chupar alocadamente el cigarrillo apestoso. ...--- �No te hace
da�o tanto humo...? ...-- ...--- Eso no importa... Adem�s, t� no eres un puritano de
mierda, � no ? ...-- Sentirla a mi lado me excitaba.De la bata, del pelo, de su piel,
sal�a un maldito aroma a salitre, a miel de abeja, a tierra prometida. Su rostro redondo,
despojado de polvos, mostraban sus ojos color espuma,color sexo, color a mujer lista para
el amor.Su mirada era una invitaci�n a besarla suavemente. Rozar con mis labios aquel
cutis tan besado, tan amado y prostituido por hombres y mujeres. Pens� c�mo acariciar�a
sus hombros, elevarla sobre mis rodillas y sentarla en mi sexo , sin prisa, para respirar
ese aliento a nicotina tan sensual, tan machorro que,definitivamente,anuncia la muerte.
...--- � Tu crees que Fidel Castro sea maric�n ...--- Con la mano izquierda - la otra
sujetaba el cigarro- dibuj� en el a�re un culo enorme, una especie de palangana carnal,
un s�mbolo afrodis�aco que solo se da en el Caribe ...--- Ese hijo de puta tiene que ser
maric�n. Es lo �nico que puede explicar el odio que siente por todos los cubanos, � no
crees ? ...--- Puede que tenga su complejito... aunque afirman que tiene mas de doce hijos
y que le gusta templar con las botas puestas. ...-- Debe ser un palo mal�simo....
LA DAMA DE NEGRO
Cinco d�as despu�s de visitar a Princesa en Miami Beach coincidimos en la
presentaci�n de una novela de Zoe Vald�s en la Feria del Libro.Me acompa�aba Victoria
del Carmen . El personaje que deambular�a por el puerto, por el barrio de los negros, en
los clubes de Ocean Drive,buscando puntos, papelillos que ella fumaba y vendia,la mujer
que robaba,sin ning�n pudor,los carros lujosos que circulaban por la ciudad y que luego
mandaba a alg�n lugar del Caribe.La destartalada mujer, llena de rabia, que trataba de
encontrar el amor.El amor perdido.Como si en el exilio los hombres y las mujeres no se
amaran, no intimaran y planificaran los ratos de lujuria : la entrega de una flor, la
serenata bajo la ventana, el paseo en una g�ndola por alguno de los canales de la ciudad.
Victoria, vestida de negro( siempre vest�a de negro) parec�a el cisne apocal�ptico y
perverso de ese ballet musicalizado por Chaykosvky y que Alicia Alonso devolvi� al mundo
con sangre antillana. Y digo parec�a, porque Victoria del Carmen �nicamente sabia
mentir. Su cara de ni�a buena, su sonrisa apacible y sus ojos tremendamente alocados,
anunciaban a esa mujer nacida en un pueblo llamado Cienfuegos, en el centro de una isla,
donde persegu�a tomeguines,armaba mu�ecas con tuzas de ma�z y se ba�aba en los arroyos
que rodeaban la casa de su abuela materna. A Victoria del Carmen le gustan los cuentos de
hadas. En una librer�a de Coral Way la encontr� una tarde que llov�a como carajo.
Entr� empapado al recinto y lo primero que sent� fueron los ojos vanpirescos de Victoria
del Carmen y su sonrisa alocada. Le devolv� la sonrisa y me sent� a su lado. En menos de
diez minutos supe que hab�a encontrado al personaje de mi pr�xima novela. Mi relaci�n
con Victoria del Carmen no pas� de un par de noches acurrucados en la humedad de un motel
de Biscayne Bulevard. Era tan hermosa a sus treinta a�os que apenas la toque, la acaricie
o le hice el amor con locura de principiante, de iniciado. Le gustaba el vino chileno, el
rojo, el que dice ella sirve para las carnes,las borracheras de vino tinto que terminan en
la lectura de poemas, sobre todo de Rilke, su gey preferido. Nunca me oculto que era una
lesbiana frustrada. Su admiraci�n por Demy Moore la llevaba a masturbarse en los mas
ins�litos lugares donde encontraba un affiche, una revista o una postal de la millonaria
y hermosa actriz norteamericana.
...--- ! No sabes c�mo me gusta esa mujer ...! ...--- me dec�a Victoria del Carmen
mirando una postal donde la Moore besaba tiernamente a su Willis y estrujaba entre sus
tetas a un gato siam�s. Victoria del Carmen era la sensibilidad,el ser humano dedicado a
satisfacer un mundo entristecido de miedo y de mala voluntad. Se cas� a los veinte a�os
en New York con un m�sico cubano, un timbalero dedicado al jazz y al country. Lleg� de
Cuba huyendo del comunismo. Los padres la mandaron al norte revuelto y brutal, donde se
sinti� sola, miedosa, en un pa�s que la ignoraba, le tend�a las manos, la asustaba y la
obligaba a descubrir una cultura, un idioma, que no le pertenec�a. Victoria del Carmen,
con sus quince a�os, dej� en la isla roja a su abuela, sus padres y tres hermanas que le
hac�an so�ar todas las noches, mientras sent�a caer la nieve de New York. Aquella tarde
de lluvia - � ser�a el mes de abril ? - la libreria Barnes Nobles en Coral Way mostraba
una colecci�n de dibujos goyescos. Delante de un fantasma, una aparici�n dantesca,
degollada por un soldado franc�s, Victoria del Carmen se tomaba un caf� americano
aromatizado con nueces. Me sent� a su lado mientras le�a el titular del ABC madrileno:
"Aumentan las prostitutas en Madrid". ...--- � Le gustan esos fantasmas de Goya
? ...--- la voz de soprano l�rica me indicaba que me estaban hablando , simplemente a
m�, en medio de aquel sal�n atestado de textos anacr�nicos, hermosas encuadernaciones,
donde uno pod�a ponerse al d�a en floricultura, aeron�utica, siquiatr�a, reposter�a
y, desde luego, asomarse a la narrativa de fantasmas, prostitutas, killers y pandilleros
que pululan en la literatura contempor�nea norteamericana. ...--- ! Para asombrarse , no!
...--- En realidad me estaba refiriendo a sus ojos, a ese rostro tostado por el sol, que
hac�an temblar los diablitos de Goya y atra�an las miradas asustadizas de un grupo de
estudiantes aplicados en entender qu� carajo quiso mostrar el pintor espa�ol en aqu�l
revoltijo de sensaciones brutales y pintorescas. Pero no fue meses despu�s que conoc� el
verdadero inter�s de Victoria del Carmen por aquella librer�a de Coral Way: en los
ejemplares de las novelas de Garc�a M�rquez se colocaban direcciones y fechas de las
operaciones de entrega de los paquetes de drogas, la mercanc�a que despu�s el cisne
negro revend�a en los barrios del noroeste de Miami. De all� para ac�, Victoria del
Carmen me hac�a sus cuentos, sus historias, la vida de una mujer aburrida, enga�ada,
tratando de pasar la frontera de la soledad. Nos hicimos amigos, amantes de media noche,
paseantes en los bosques de los Everglades.Una de esas tardes, mientras par�bamos la
tienda de campa�a, Victoria del Carmen me confes� el miedo, la frustraci�n , el terror
que sent�a de ser asesinada , secuestrada, devuelta a Cuba."Si la DEA me agarra...me
deportan a Cuba",me dec�a con las manos temblorosas. ...--- Aqu� en la ci�naga me
siento segura ...--- me dijo mientras se sacud�a el fango y los mosquitos de las piernas
...---� Piensas que te pueden matar ?...--- ...--- Me llaman todos los dias... Es un
chantaje. Y todo porque fui testigo de lo de Kennedy... ...--- � Tu mataste a Kennedy ?
...-- ...--- ! No jodas! Yo era la amante de Oswald... --- ...--- ! Tu templabas con el
que se la bail� a Kennedy !...--- ...--- Bueno, en realidad no �ramos amantes.
Est�bamos en una c�lula, estudi�bamos marxismo, hac�amos pr�cticas de tiro,
so��bamos en cambiar al mundo, joder al capitalismo... Oswald, es decir, Os, era un
chico introvertido, le�a como carajo. Me confes� que viv�a enamorado de Fidel. Tenia
una foto firmada por el comandante...--- ...--- � Autografiada de Fidel ? ...--- ...---
Uj� ...--- ...--- � Estabas al tanto del atentado ? ...--- ...--- Sab�a muy poco... Os
me dec�a que la invasi�n de Bah�a de Cochino le hab�a dolido mucho a Fidel, que Fidel
se iba a vengar de Kennedy, que los Kennedy eran un c�ncer para la naci�n... Le ten�a
un odio enfermizo a los Kennedy. ...--- �Tu fu�ste con Oswald a Cuba ? ...--- ...--- En
dos ocasiones.... Barba Roja nos atendi�, nos llevo a una casa en la playa Santa Mar�a,
una playa preciosa, donde Os ley� por primera vez El Quijote...-- ...--- ! El Quijote
...! ...--- Si, El Quijote.... le gustaba leer en espa�ol...A Clinton tambien le gusta El
Quijote...--- ...--- �Y que carajo hac�an all�...? ...--- ...--- En realidad nada...Yo
apenas ten�a diez y ocho a�os. Nos emborrach�bamos todas las noches. Barba Roja se
beb�a unos vasos de wiskey as� de grande... Era un vicioso del carajo. El muy cabr�n me
vigilaba cuando entraba al ba�o a mear, quer�a verme el culo. Os me dijo que le echara
un palo para quit�rmelo de arriba. Pero el tipo era impotente, no se le paraba ni con una
gr�a... Un d�a le trajeron unos pitillos de mariguana y me dijo: ahora nos vamos a dar
un ba�ito,y me meti� en la sauna de la casa y aspiraba los cigarrillos amarillos y se le
pon�an los ojos roj�cimos y comenz� a besarme todo el cuerpo... pero nada, la cosa no
se le paraba y yo, imag�nate, con la boca abierta. Mientras me masturbaba entr� en el
cuarto Violeta, la sirvienta, una oficial del G2 que atend�a la casa. Era una mujer
hermos�sima. Me dijo que hab�a nacido en el monte, en la Sierra Maestra. Por Manzanillo,
en una zona que le llaman Bomb�n. All� conoci� a Ramiro Vald�s, el jefe de la
inteligencia cubana, � sabes qui�n es ?, el que tiene un chivito, con ojos de hijo de
puta, ese viol� a Violeta y la trajo a vivir a La Habana, y la puso a estudiar y a ser
informante del G2. Su mision era sencilla: atender las visitas de Barba Roja, atenderlas
con todos los hierros, � entiendes? Ella me vio masturb�ndome, y se desnud�, se
estruj� contra mi cuerpo y por privera vez sent� aquella sensaci�n de satisfacci�n, de
cari�o, de asombro, un fuego divino que me indicaba el vac�o inmenso que ten� a por
dentro. Nos hicimos amigas. Durante algunos meses le mand� postales y caramelos. Nunca se
las dieron, tenia miedo, estaba aterrada. La obligaban a las cosas mas absurdas,
aberrantes que te puedes imaginar... ...--- . No me imagino nada... ...--- Esa gente est�
loca....--- ...---� Y no hiciste nada por alejarte de eso ...?...--- ...--- Todo fue muy
complicado. Yo no pod�a dar explicaci�n a aquel mundo real, din�mico, excitante, en el
que pens�bamos que ten�amos un papel para cambiar la historia...--- ...--- � Qu�
historia ? !Siempre el mismo cuento ! ! Cambiar la historia! ! Lo �nico que han hecho es
joder la historia de Cuba para atr�s, la han llevado a la edad de piedra! ...--- Bueno, a
eso se ha dedicado el hombre desde que andaba en taparrabos. No me puedes negar que para
transformar la vida hay que hacer sacrificios... ...--- Si, pero Fidel n�nca ha tenido
libreta de abastecimiento, ni monta en bicicleta o se muere de calor en los apagones...!
No jodas ! ...--- ...--- Os no era un pol�tico, era un so�ador, un hombre que se
entreten�a jugando a la conspiraci�n. Disfrutaba much�simo con la idea de matar a
Kennedy. " Ese hijo de puta es un inmoral, no puede ser un ejemplo para la juventud
norteamericana, tiene fama de mamal�n, de cobarde, los dem�cratas se equivocaron con
�l... Necesitamos un presidente socialista, que defienda a los obreros, que cuide a los
viejos, a los negros"... me dec�a Os mientras nos ba�a bamos en la playa de Santa
Mar�a del Mar.
...--- Tu Os era un terrorista. Un tipo listo a matar inocentes para beneficio
propio...-- ...--- � Beneficio propio ...? ...--- ...--- S�,belleza... Los terroristas
como Oswald violan las leyes, las leyes mas elementales.... � Que otra cosa hac�an los
hermanos La Guardia? Sal�an de Cuba con pasaportes falsos, miles de d�lares, y
fomentaban grupos, liquidaban pol�ticos, robaban bancos, secuestraban hijos de
diplom�ticos y se emborrachaban con los secuaces de Escobar ... � Esos eran los
amiguitos de tu Os, no ? ...-
Nos importaba muy poco aquella historia tan repetida de la muerte de Kennedy. Tengo la
impresi�n que nadie sabr� jam�s qui�nes o qui�n dio la orden de apretar el gatillo.
Siempre habr� tiempo para matar a un presidente, a una princesa (a Diana le echan en cara
una gran conspiraci�n que va desde la disputa con su suegra hasta la venganza de su
suegro porque no lo dejaban entrar en el castillo de Windsord ), o a un aspirante del PRI
de apellido Coloso o eliminar de la faz de la tierra a un poeta o a un dise�ador de moda
italiano refugiado en Miami Beach nadie sabe porque.
Despu�s que salimos del serm�n de Zoe nos fuimos a bailar a Ocean Drive. Era una
noche de luna amarillosa,como si la luna apestara.En Mango's la gente mov�a las caderas
con la salsa de Jhonnny Ventura. Compr� un habano, un Montecristo numero dos, de esos que
llegan a Miami traficados, enlatados y con el olor de los almacenes de yagua que all� en
Vuelta Abajo se cosechan para el disfrute de todo el que pueda pagar veinte d�lares por
chupadas, sin importar ideolog�a, raza o sexo. Mangos's era mi lugar preferido.Se
respiraba ese �cido a ron caribe�o, a miel de abeja, a mulata de solar, y , sobre todo,
te pon�an una m�sica que, mas all� de la nostalgia, te hac�a engullir la poes�a de un
recuerdo no lejano. Era como saborear danzones, merengue, cumbia y son, esta vez bajo la
mirada feroz de Princesa o la risa desconcertante y endrogada de Victoria del Carmen.
Bailamos hasta descojonarnos los ri�ones. Victoria del Carmen lig� a un dominicano, un
chulito jugueton que a cada rato la llevaba al ba�o a aspirar los papelillos que tanto
asustaban a Princesa. La m�sica era un enlace entre el cerebro y el sexo. Nada excita
como esa cadencia ancestral de pegar, empujar, arremeter el cuerpo contra el espacio que
separa, en dos o tres compases, a un hombre y una mujer. Casi al final de la tanda, sent�
los labios de Princesa aferrados a mi boca. Era un bolero. Un bolero viejo, de anta�o, un
lloriqueo de sensaciones, de premoniciones y de burla. " V�monos, tengo ganas de
hacer el amor", me dijo la peque�a mujer, empapada de sudor. Dejamos a Victoria del
Carmen en Mango's. Sab�a que lo �nico que le interesaba en ese momento era no dejar
escapar al suministrador de ' talco', ese polvo m�gico, cabr�n y letal que ya se le
hab�a inoculado a Victoria del Carmen en su cuerpo de mu�equita de biscu�.
Antes de llegar al puente de la I 95, Princesa llev� el Van hasta la playa, a la
salida de Key Biscayne.La luna enfermiza apestaba las olas an�micas que acud�an a
descanzar en la arena. Mientras terminaba de fumarme mi Montecristo numero dos, Princesa
se desnud�, se acurruc� entre mis piernas, tratando de sacarme ese l�quido ins�pido,
pastoso, que tanto disfrutaba." Eres una Diosa del amor", le dije mientras
sent�a su olor a colonia de yerba y las mordidas irrespetuosas que la hacian gemir
sonidos de hembra complacida. Hicimos el amor mirando la luna. Tardamos intensionadamente
el orgasmo.Un orgasmo que nos hizo temblar, casi en el instante en que sentimos el flash
cegador. Aquel flash que revelaba un momento de intimidad, y, porqu� no,de paranoica
locura sensual.Tres hombres corpulentos nos levantaron, desnudos, de la arena. Dos horas
despu�s, me despert� en la cama de mi apartamento en Miami Spring. Ten�a la cabeza
adolorida, sangrante. Princesa no estaba a mi lado, pero su olor a colonia de yerba lo
ten�a incrustado en la piel. Marqu� su numero telefonico. " Dime...", me
dijo." � Est�s bien...? ", pregunte. " Olv�date de mi, amor....olv�date
". Y colg�. Me dej� con el dolor de la cabeza, el sabor de sus labios en mis
test�culos y la impotencia de no saber qui�n carajo era esa mujer perseguida por un
pasado, una memoria, una bola negra que me iba a guardar en el bolsillo.
VICTORIA DEL CARMEN
Llegu� a Miami con siete varas de miedo en el est�mago. Me esper� en el aeropuerto
un primo de mi primo que, esa noche de abril, me viol� en un motel de la Calle Ocho.
Todav�a recuerdo el jeam azul que me regal� mam� y los mocasines blancos de mi hermana
Pupy. La blusita no s� qui�n carajo me la dio, ni tampoco la colonia Alicia Alonso y la
bolsa de piel de cocodrilo o la pulsera de caracoles y los espejuelos calobares. Jorge me
sac� del aeropuerto, me mont� en un carro descapotado y comence a deslumbrarme con una
ciudad llena de luces, de anuncitos, habitada �nicamente por miles y miles de autos,
incapaces de sonar el claxon.Yo sab�a que al alejarme de Cuba la cosa cambiar�a. Sin
familia, solana, lo que me esperaba era de anj�.Y de anj� fue desde que Jorge, el primo
de mi primo, me dijo que no sab�a que en Cuba hab�a muchachas tan lindas y me puso la
manota peluda en el muslo izquierdo, mientras entraba a setenta millas en el Palmetto. En
realidad no me importo mucho aquella caricia automovil�stica. All� en la villa estaba
acostumbrada a dejarme tocar por tipos mas viejos, turistas que por cincuenta d�lares me
hac�an el amor mientras lloraba de lo lindo. Jorge era un muchach�n jacarandoso. Me
encantaban los tipos as� de altos, con el pelo grisoso, aunque siempre suspir� por los
rubios de ojos azules, esos que salen en las pel�culas americanas, y que parecen mu�ecos
de porcelana. Fr�os como la porcelana. Ins�pidos como el profe Mario, el baby que todas
quer�amos manosear en el preuniversitario. Pero el muy cabr�n se encarn� en Lidia, una
negra etiope que, de no hablar espanol, se convirti� en la mosquita muerta mas puta de
todo el pre.Lidia se hizo farmac�utica y escrib�a todos los meses de Africa y nos
contaba lo que disfrut� en los brazos del profe Mario, sobre todo cuando el baby la
met�a en el laboratorio de fisica y le le�a en ruso poes�as de Dostoyevsky . Sal�an
colorados, masturbados, felices, cantando coplas que Mario aprendi� de su abuelo
gallego..
...---Ahora vamos a comer algo y despu�s te llevo a un hotel para que te ba�es y te
pongas mas bonita ...--- me dijo el primo de mi primo y paro delante de un Motel de la
calle Ocho cuyo nombre no me dec�a nada: Ilusiones. ...---� No vamos a casa de mi primo
Ra�l? ...-- pregunt� imagin�ndome que el tal primo de mi primo estaba trat�ndome como
una asquerosa cubana, llena de par�sitos, hongos y fetideses inimaginables. ...--- Tu
primo Ra�l est� en los Cayos, no llega hasta ma�ana. Yo me encargo de t�, soy
responsable de cuidarte... � O key ? ...--- ...---O key... Y me cuido. Nos bajamos de su
Chevy descapotado y entramos en un parqueo lleno de flores. El me dijo," quedate
aqu�", y se meti� en la oficina a buscar la llave. En fin, me dije, salgo de Cuba
para hacerme una ni�a buena, conseguir un trabajo, estudiar y engrampar un marido que me
regale vestidos de esos que salen en la revista Hola y me de hijos rubios, rosados,
saludables, que no tengan que ponerse la pa�oleta roja de los pioneros cubanos, y lo
prmero que me encuentro es a un primo de mi primo, un chulito, que me quiere meter mano en
un dos por tres. En Cienfuegos me hice puta para poder vivir. Con la puter�a mantuve a mi
f�sico nuclear, a Tomas Angel, y a mis padres, que, desde luego, no sab�an que daba el
culo, que me iba al hotel Jagua a buscar puntos, casi todos viejos, apestosos, que apenas
pod�an mantener en pie el bicho. Asi son las cosas. Despu�s que me divorcie de Ricardo -
mi �nico marido legal - no queria pasar por una de esas que se pudren en la inercia, que
se pierden en la aburridera del tiempo ( como en esa novela que me leia Tomas Angel, de un
franc�s medio loco que se templo a medio Paris en el siglo pasado), y que al final
envejecen, llenas de hijos que no pueden alimentar con la libreta de abastecimiento. De
eso nada. Prefer�a abrir las piernas y olerle las entra�as a esos viejitos campesinos
que ven�an de Vizcaya, de M�rida o de Toronto. Y quiero decir que no todos eran unos
hijo de puta. Michael fue una maravilla. Lo conoc� en Rancho Luna, el hotel donde se
hospedaban los canadienses. Yo estaba en la d�rsena, comi�ndome un helado - � de fresa,
de mango, de melocot�n ? - y �l baj� del hotel. Ven�a fatigado. Le sonre� y le
invit� a darle una chupadita a la barquilla. Me devolvi� la sonrisa y se sec� la frente
con una pa�uelo rojo, de esos que usan los vaqueros en las pel�culas del oeste. ...--- !
Gracias, soy diab�tico ! ...--- y se sent� a mi lado. ...--- Acaba de llegar, �no ?
...--- le pregunt� imaginando que ya lo hab�a ligado. ...--- S�, llegamos esta tarde de
La Habana.... El calor me tiene mariado. Salimos con diez grados bajo cero de Toronto y
... ! esto es un infierno de treinta grados !...--- ...--- Bueno, a calentarse bienen
ustedes, � no ? ...--- el viejo apenas entendi� lo del " calentamiento".
Michael era jardinero, vend�a flores colombianas en Toronto. Ten�a sesenta a�os y casi
todos los pas� en esa ciudad donde apenas el invierno se acuesta a dormir ( esta imagen
es de Michael), y donde tiene un perro labrador y una jaula con cotorras de Costa Rica,
que no hablan, ni cantan y se pasan el dia tratando de volver a alguna parte. ...--- �No
le gusta el calor ? ...--- volvi a la carga. ...--- ! Pero no tanto ! ...--- ...--- Lo que
tiene que hacer es ba�arse en la piscina ... si quiero lo acompa�o ...--- el disparo fue
un ca�onazo al pulm�n, es decir, al bolsillo del jardinero. ...--- No, joven, en la
piscina todo el mundo se mea y escupen y, bueno, dejan toda cosa que... mejor prefiero una
ducha o darme una nadadita en el mar, � en esta playa hay tiburones ? ...--- ...--- Aqu�
los �nicos tiburones son ustedes ...--- ...--- �C�mo dice ...? ...--- ...--- Que aqu�
los tiburones les tienen miedo a ustedes, los turistas ...--- pens� que el viejo se
hab�a asustado. ...--- !Ah, ya le entiendo ...! ...--- S�, s� que la mayor�a de
nosotros vienen a buscar putas a Cuba, � no es lo que piensan ? ! Que barbaridad ! Bueno,
putas hay en todo el mundo. Hasta los esquimales tienen sus puticas, feas y malolientes,
pero las tienen...--- ...--- � Usted se ha acostado con una esquimal ? ...--- ...--- En
realidad ellas se han acostado conmigo... Son unas salvajes, no hacen el amor, te agarran
y te chupan el cuerpo como si fueras un spaguetti, � te imaginas?, no hay disfrute, ni
placer, ni sentimientos...--- ...--- �Sentimientos ? � Cree usted que una puta se
acuesta con usted por sentimiento ? ...--- ...--- Cuando hago el amor con una mujer no
estoy pensando que es una puta, que me va a cobrar ese momento de de gozo, y me entrego y
trato de pensar que ella tambi�n lo disfruta y es feliz y al final quedamos como dos
amigos, como dos personas que han compartido lo mas �ntimo del ser humano: el sexo.
...--- ! Pero le pagas ! ...--- ...--- Comparto con ella lo que tengo, le doy sus
d�lares, pero no como pag�ndole, sino como compartiendo, te digo, aquel momento tan
exclusivo de acariciarnos, besarnos y, bueno...todo lo otro,�comprendes? ...--- ...---
Usted es una buena persona... .� C�mo se llama ? ...---Michael Person ....--- ...--- Ya
ve, hasta su apellido lo muestra como una persona... no como un turista ...--- ...--- � Y
usted ...? ...--- ...--- Me dicen Viky, as� de simple ...--- ...--- Parece el nombre de
una normanda,de una virgen normanda ...--- ...--- !De eso nada, abuelo... hace rato que
deje de ser virgen, apostolica y romana ! ...--- � Usted no cree en Dios ? ...--- ...---
Creo en todo lo lindo de la naturaleza, y si Dios esta ah�, pues tambi�n creo en �l, en
ese Dios que est� en las monta�as, en los mares, en los p�jaros, en los volcanes y en
los hombres que saben llorar, que saben bailar y gozar de la vida sin maltratar a los
dem�s. No creo en el Dios que destruye, que manda ciclones, inundaciones, terremotos,
para que la gente inocente se muera y sufra. ..--- ...--- !Vaya, es usted una fil�sofa
...! ...---me dijo Michael y se par�, me extendi� las manos y comenz� a mirar el mar,
un mar az�l y verde y negro que el viento del sur empujaba contra la costa. ...---
�Vamos a caminar, no le importa ? ...--- ...--- ?Lo �nico que desea es caminar ? ...---
trat� de decirle que le iba a dar una clase de filosofia lengual, que si me daba cien
d�lares le alivar�a los instintos, que esos ojos azules y le�osos me los comer�a de
punta a punta y, por qu� no, le resar�a un padre nuestro mientras le mamaba la tranca
enorme que seguramente ten�a entre las patas de le�ador y cuidador de flores
colombianas. Pero no sucedio nada. Michael estuvo conmigo cinco d�as paseando por la
ciudad, mont�ndonos en coches tirados por caballos flacos, ba�andonos en Cayo Carenas,
un islita, frente a la bahia de Cienfuegos, poblada por la burgues�a que dej� casas de
maderas preciosas y que Castro, el nuevo due�o, alquilaba a los extranjeros. Michael me
ense�� como conversar con las flores, como adivinar la sonrisa de la luna, mirar en el
mar el pasado( me decia : " All�, debajo de esa ola hay un pirata mir�ndonos, tiene
la cara triste, como que le duele una herida, � lo ves?, no importa, te acostumbrar�s a
sentir las cosas, a mirar las cosas, presentir las cosas, a inventar las cosas que te
rodean. Cuando logres sentir lo que no sientes, cuando imagines lo que no existe, ser�s
due�a de un mundo que nadie te podr� quitar " ), husmear en las calles y comprar
entradas en el teatro Terry para ver una versi�n mal�sima de Los Payasos. ...--- Hoy
vamos a la �pera...--- me dijo el viejo mientras me deba el cari�oso beso de la ma�ana.
Pens� que se refer�a a la tienda la Opera, que estaba en la calle Mart�, pero no, era
al teatro Terry, frente al parque central, donde estaba la Catedral y donde conoc� a
Tom�s Angel vestido de monaguillo. ...--- � Has ido a la �pera ...? ...--- ...--- S�,
como no ....-- y record� aquel librote de la RCA de pap� donde le� la historia de todas
las �peras compuestas desde hac�a mas de cinco siglos. ...-- Los Payasos es una obra de
Verdi, un italiano rom�ntico y tr�gico. Te va a gustar. ...--- ...--- Bueno, si es de
payasos... a mi siempre me llamaron la atenci�n los payasos. Aqu� a Cienfuegos ven�an
Gabi, Fof� y Miliki, unos espa�oles que parec�an la novena maravilla del mundo. Y
Trompoloco, ese sal�a en la televisi�n, pero era un payaso triste. ! Sabe usted que los
payasos son las personas mas tristes del mundo! ...--- De eso trata la obra. Es una
tragedia de amor, un relato - dicen que fue tomado de la realidad - tr�gico. Un payaso
mata a su mujer por celos, por sentirse traicionado .... A Mussolini le encantaba la obra.
...--- Bueno, ese no solo le pasa a los payasos... Los cuernos bienen caminando desde los
tiempos de Adan y Eva, � no cree? ...--- ...--- Claro que lo creo... pero nadie tiene
derecho a traicionar a su pareja. Cuando se acaba el amor la infidelidad no es necesaria:
con dos palabras se termina el asunto:"me voy ", y se acab�. Y Michael me
cont� que al regresar de la guerra de Corea, su mujer Francis se hab�a ido con el due�o
de una gasolinera. Desde entonces esta solo, y piensa estar as� hasta el final. ...--- �
No tiene miedo estar solo ?...--- ...--- � Qu� es la soledad ? ...---
ADRIANA
La conoc� en el restaurant Bahamas de la Calle Ocho. El parqueo estaba agotado. La
reconstrucci�n de la famosa calle hab�a tardado demasiado. Adriana lleg� impetuosa.
Casi choca, empuja, mi Chevi Spectrum. Sali� a disculparse y me encontr� con unos ojos
verdes, una cara refrescante, unos labios carnosos y sobre todo un pelo rubio peinado a la
francesa, es decir, con las puntas entorchadas. Todo un cuerpo de apenas cuarenta a�os
donde las l�neas comenzaban a agrandarse y a juguetear entre el polvo de la carretera.
...--- ! Disculpe ...! ...-- ...--- No se preocupe... este coche no vale un disgusto
...--- ...--- ! Es que ven�a con un hambre ...! ...--- ...--- Me lo imagino...--- � Nos
almorzamos una cherna a la parrilla ? ...--- ...--- ! Ni se lo imagine ! ! La que invito
soy yo ...! ...---
Bahamas es una cadena de restaurantes donde se puede comer el mejor pescado de Miami.
Me recordaban las fondas de mariscos de los chinos en La Habana de los a�os cincuenta. El
Mercado de Cuatro Caminos, la Plaza de Carlos Tercero o el propio Floridita, aquel
bar-restaurant donde Papa Hemingway se invent� el dayquiri sin azucar. La tarde calurosa
ped�a una buena cerveza fr�a, una Hatuey, de las que fabrica Bacardi en Puerto Rico o
una Presidente dominicana.Nos sentamos en un rinc�n de frente a la avenida. ...--- Yo voy
a empezar por unas frituras de bacalao ...y una cervecita...� y usted ? ...--- Adriana
estaba nerviosa.Se mord�a los labios y miraba constantemente la carretera y el canal
paralelo a la avenida. ...--- �Le pido algo ...? ...-- ...--- !Oh... si...digamos que un
vaso de ostiones,�que le parece ? ...--- ...--- Me parece que esta usted muy tensa, como
si alguien la persiguiera...-- ...--- ! Disculpe ! ...--- Se quito nuevamente los
espejuelos calobares y saco de su bolso una targeta de presentacion...-- Adriana Pina,
fot�grafo de interiores...--- ...--- Mucho gusto,me llaman Jos� Melgar y me dedico a
vivir del cuento ...--- ...--- �Del cuento ...? ...--- La camarera nos trajo el men� y
una canasta de pan cubano con ajo . El olor a marisco me ilusionaba el estomago. Adriana,
sin dejar de mirar a la avenida, me ense�� una sonrisa de incredulidad y me dijo: "
...asi que eres escritor ". ...--- S�, tengo la profesi�n mas imb�cil que el
hombre se invent�: chismear en blanco y negro las miserias humanas de los dem�s. Y
conste, que a todo el mundo le encanta enterarse de esos chismes y pagan, compran los
libros...y nosotros vivimos del cuento...-- ...--- No sabe cuanto le envidio...--- ...---
Ni se lo imagine, soy un escritor de medio pelo....--- ...--- Bueno, no todos los d�as me
puedo dar el lujo de charlar con un cuentero... A lo mejor le chismeo mi vida y se gana un
premio...--- ...--- Me conformo con su mirada, con la posibilidad de marcar su numero
telef�nico e... invitarla a comer unos mariscos y unas copas de vino,� qu� le parece
?...--- ...--- !Me parece que esta usted un poco agresivo...!
Adriana mir� de reojo a la camarera y le pidi� una vaso de ostiones y una pi�a
colada.Sus ojos casi verdes los incrust� nuevamente en el cristal del amplio ventanal,
desde donde se pod�a ver a los obreros machacando las entra�as de la Calle Ocho.
...---Tengo la impresion que usted no ven�a al Bahamas,�no es as�...? ...--- ...--- Y
para donde piensa usted que iba cuando le choque su peque�o cacharrito ...--- ...--- Me
da la impresi�n que huye de algo o de alguien, que es lo mismo...---