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MEMORIAS DE LA MUSICA CUBANA


 Un pedazo de calle, el olor de una vela, el sonido del mar... todo deja una huella. La m�sica, en particular, es un experiencia que trae a la memoria la sensaci�n vital de algo que ocurri� y que, sin ninguna raz�n, te marca definitivamente.

Hace apenas unos d�as acudimos a un concierto de la Florida  Chamber Orchestra, aqu� en Miami, en un recinto de la Universidad Internacional de la Florida  donde jam�s debi� pisar su sal�n una orquesta que desea verdaderamente ser escuchada. Pero fue. Y se hizo la m�sica. Y la joven Marlene Urbay  festej� a Lecuona, a Roig, a S�nchez de Fuente y a tanta luminaria que en el pasado siglo llevaron al universo la m�sica cubana.

No voy a comentar el concierto, lleno de hermosos pasajes,  fabulosos arreglos y , sobre todo, la imaginer�a sonera de un joven que hizo del   Son de la Loma  el encore perfecto para echar un pi�.

Desde las Danzas de la obertura de la zarzela Cecilia Vald�s, de Gonzalo Roig, hasta el festejo sonero de Matamoros, sentimos esa huella, esa an�cdota que, de alguna manera, me llev� a La Habana de los a�os sesenta y setenta, en que los danzones de Barbarito Diez o las romanzas de Lecuona cantadas por Esther Borja, susurraban otro �ngula de la vida musical cubana politizada por la llamada Nueva Trova que, en definitiva, no era tan nueva, porque beb�a de los juglares que,  como Sindo Gray, Manuel Corona o Miguel Matmoros hab�an hecho pauta en la m�sica popular cubana.

En medio del concierto - como el ca�onazo de Stendal -  record�  aquel domingo de 1967 en que la figura medio encorbada de Gonzalo Roig se par� en el atril del Parque Central de La Habana, ante su banda municipal, y la batuta apunt� al cielo y el disparo de m�sica indicaba que se iniciaba la retreta. Y nada menos que con la Danza , la Salida y las contradanzas de la universal zarzuela: Cecilia  Vald�s.

La obra de Gonzalo Roig es una aut�ntica muestra de la cultura nacional cubana. Un joven modesto, hijo de panaderos, estudia en una de las cientos de escuelas particulares que exist�an en la capital de la isla a principios del siglo veinte. No fue a New York o Paris o Madrid - como s� pas� con Amadeo Rold�n o Caturla - a recibir clases de famosos profesores. Pero s� hab�a una pian�stica, muy italiana, muy alemana, que de alguna manera dej� su huella en las principales figuras de la que ser�a despu�s la Escuela Cubana de Piano, que ha dado nombres tan gloriosos como Jorge Luis Prat o Victor Rodr�guez que se presentan en la actualidad en las principales capitales del mundo.

Gonzalo Roig dese ni�o fue un compositor lleno de cuban�a. Acompa�ante del cinemat�grafo de la Calle Monte, particip� como pianista y violinista en las presentaciones teatrales de la �poca. Ya en 1927 ten�a autorado mas de cien obras, entre canciones, romanzas, boleros y obras de sal�n. Pero es en 1932, cuando inicia la famosa temporada del bufo cubano en el teatro Mart�. A�o en que su nombre trasciende a todo el pa�s y el universo. Con el estreno del drama novelesco de Cirilo Villaverde, Roig arm� una obra que musicalmente, no ha tenido hasta la fecha comparaci�n en el teatro l�rico de la isla � Qu� cubano no sabe tararear la salida de Cecilia Vald�s ?

 Unas  semanas antes de fallecer el maestro Roig, fui a su casa de calle Industria, casi detr�s del Capitolio Nacional. Ten�a ochenta a�os, encorbado, dicharach�n, fumador de tabaco y gran tomador de cef�. Me brind� un vaso de vino chileno y, sentado en un sill�n de mimbre blanco, me dijo: “ � Para qu� quieres saber mi elecci�n por Cecilia Vald�s?”, y me habl� de la novela, de Cirilo Villaverde, de las mulatas en la cultura nacional, de la mujer negra y de que toda la m�sica   de la zarzuela la hab�a escrito a pedazos,a poco a poco  le fue agregando partitura a la obra... Quiso convertir la zarzuela en una �pera, pero le falt� tiempo. Creo que no le hizo falta. En esa casa de la calle Industria qued� su obra, sus partituras, su piano, las fotos de sus giras y el recuerdo de decenas de artistas que le brindaron amistad a este m�sico cubano que acabo de recordar en un concierto memorable, aqu�, en la ciudad de Miami.  

 

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