El equipo cardenal perdió una oportunidad única de
asumir el liderato del grupo B, no pudo definir y casi el Medellín
logra la revancha en El Campín. Cuando el argentino Rodrigo Riep
empató el partido y salió a celebrar su gol con los brazos arriba,
a la altura de su rostro, se acabó la fiesta que los hinchas de
Santa Fe vivían ayer en el estadio El Campín para ver a su equipo
ganador y clasificado a la Copa Libertadores del 2006.Entonces
la imagen que se metió en la memoria fue la de Nelson Olveira
caído, boca abajo, Luis Enrique Martínez vencido con la pelota
detrás suyo y al menos 25 mil caras alargadas y otras tantas voces
enmudecidas. Iban 34 minutos de juego entre Santa Fe y Medellín.
Eran 34 minutos de fiesta roja y blanca, en la que el gol de
Yánez, 21 minutos antes, aseguraba parcialmente el anhelado
objetivo de volver a la Copa después de 25 años.
Una fiesta que tuvo la gigantesca bandera roja como motivo de
comunión estirándose a lo largo de medio estadio antes de empezar
el partido, hinchas con la camiseta pegada al cuerpo y al alma,
rostros pintados con los colores del equipo, niños brincando en
las gradas y los integrantes de la Guardia Albirroja Sur entonando
el canto “Vamos, vamos Santa Fe, hoy te vinimos a alentar, para
ser campeones hoy hay que ganar”.
Los abrazos y los besos parecieron eternos cuando Yánez, de
cabeza, rompió el celofán y el tercer piso del estadio temblaba
por el regocijo cardenal. Pero Riep acabó con el momento sublime y
después, en vez de fiesta, lo que hubo fue ansiedad y sufrimiento.
Los minutos pasaron a mil por hora para el presidente de Santa
Fe, Eduardo Méndez, que se paró junto a la puerta central de
entrada a la cancha, en el costado occidental del estadio, para
los niños de la barra Bellavista Albirroja, que dejaron de saltar
allá en el lateral sur y para una pareja de enamorados que dejó de
besarse para gritar con rabia por el montón de opciones de gol que
se perdió el equipo en el segundo tiempo.
Los hinchas salieron en silencio, entre conformes y aburridos,
porque vieron a su Santa Fe jugar bien, pero se quedaron con ganas
de seguir de fiesta al menos hasta que llegara el alba.