Ayer, frente a Envigado, Santa Fe volvió a ser el
equipo errático, inofensivo y enredado de las primeras jornadas.
El 0-0 lo deja con posibilidades mate-máticas de clasificar, pero
la eliminación se ve muy cerca…Las tribunas de los estadios
suelen ser incómodas. Donde hubiera existido la posibilidad de
tener una cobija y una almohada, el primer tiempo era la excusa
perfecta para dormir. Pasaron 22 minutos antes del primer tiro al
arco, y fue del Envigado. Santa Fe no creó una sola opción de gol,
porque los de atrás se dedicaron a lanzar pelotazos y los de
adelante confundieron movilidad con desorden.
Y cuando parecía que el panorama se resolvía con la ingenua
expulsión de Camilo Giraldo (le pegó un puño a Francisco Delgado)
y cuando Daniel Gamarra por fin entendía que el volante de
creación era él y comenzó a llevar a su equipo al arco contrario,
el técnico Germán González sacó del campo al uruguayo.
El final del partido mantuvo a los 4.000 hinchas rojos
despiertos, pero muertos de la angustia, porque Mario González no
fue conductor, porque el equipo terminó con tres delanteros a los
que cada balón que les llegaba era una invitación a la guerra y
porque nunca se notó que Envigado tenía un jugador menos.
Por eso, Santa Fe se volvió a ir de su casa con cara de
frustración. Fue un paso hacia atrás.