Un gol de Francisco Nájera, que no iba a jugar el
clásico 72 horas antes, le dio a Santa Fe su primera victoria en
siete fechas.Santa Fe, como en el boxeo, pegó primero y aguantó
después para ganarle a Millonarios el clásico 240, en un partido
en el que la expectativa se fue diluyendo con la lluvia y luego el
fútbol siguió los pasos. Fue un juego de pelotazos, roces y
fricciones, en el que Santa Fe, el único que puso un poco de
fútbol, se llevó la victoria.
El primer tiempo fue fiesta roja, y si el marcador no fue más
largo es porque los delanteros hace rato andan peleados con la
red. Santa Fe, literalmente, lo pasó por arriba: cada vez que la
pelota tomó altura en las cercanías del área azul, los defensas de
Millos parecían pagar por todos los pecados que han cometido en la
vida (de los futbolísticos y de los otros).
El peligro se hacía cada vez más evidente y la cadena de
errores azules se convirtió en un gol en contra. A los 33 minutos,
una falta de Rafael Robayo se volvió un tiro libre para Santa Fe.
El uruguayo Daniel Gamarra, que la tocaba poco, pero bien, levantó
la pelota. Robayo dejó pasar a Francisco Nájera y el defensor
central, que hace 72 horas estaba afuera del clásico, estiró la
pierna derecha para pasarle el balón entre las piernas de Juan
Francisco Irigoyen y anotar el 1-0.
‘Pecoso’ Castro, que tiene sangre caliente a toda hora, les
cobró la derrota parcial a Sebastián Hernández y a Robayo, que
salieron del campo antes del final del primer tiempo. Pero el
desorden opacó las ganas de Millos, una epidemia que se propagó
durante toda la segunda mitad, cuando Millonarios apostó por el
empuje. Y perdió.
El fútbol de Gamarra en los 75 minutos que jugó, el oportunismo
de Nájera y el buen trabajo (por fin) de la defensa roja, que
borró al único que podía marcar diferencia, Gabriel Fernández,
hicieron que Santa Fe se fuera feliz de El Campín y que a Millos,
al lado del escudo, le aparezcan numerosos signos de
interrogación.