En un mal partido en Neiva, el equipo 'cardenal'
cayó 1-0 ante el Huila con gol de Nelson Gómez a los 24 minutos
del segundo tiempo.Todas las sensaciones, la alegría y la
tristeza, se vivieron en menos de 30 segundos. Porque primero hubo
lágrimas, luego susto y finalmente, sonrisas. El gramado del
estadio Guillermo Plazas Alcid se llenó de alegría: ¡Santa Fe es
finalista!
Los 11 jugadores que terminaron el partido, concentrados en
saber cómo diablos le iban a empatar al Atlético Huila, que
también festejó (ganó 1-0), no sabían nada de lo que pasaba en
Manizales. Pero apenas el árbitro Jorge Hernán Hoyos pitó el final
del partido, todos corrieron hacia el banco, donde los suplentes,
radio en mano, les daban la buena nueva: Envigado apenas empataba
1-1 con el Once Caldas.
Parecía que el Huila era el que podía clasificar a la final. El
partido fue todo de ellos: tuvo la iniciativa, atacó y hasta ganó
bien, cuando se apagó el horno de grama en el que comenzó el
partido, con una temperatura de 38 grados. Un gol del suplente
Nelson Gómez, a los 24 minutos, tras un tiro libre de Bréiner
Belalcázar que no pudo retener el arquero Luis Enrique Martínez,
fue el desequilibro en un dato para la estadística.
Pero casi inmediatamente, la velita de la esperanza roja se
prendió en Manizales, donde Julián Díaz puso a ganar al Once
Caldas. Los 6.000 hinchas de Santa Fe que llegaron a Neiva estaban
pasmados, en una mezcla de raras sensaciones.
Los hinchas locales, que ayer fueron minoría en Neiva, hacían
su fiesta y cantaban el 'ole', mientras la curva sur y buena parte
de la tribuna occidental pensaban en atacar. Al final no se pudo.
El gol de Sergio Guzmán, a los 46 minutos del segundo tiempo,
trajo la confusión. Algunas emisoras locales daban como
clasificado a Envigado y los hinchas del Huila comenzaron a gritar
‘se murió, rojo se murió”.
El que hubiera tenido radios para vender dentro del Guillermo
Plazas Alcid se llenaba de plata… Pero Santa Fe hizo uso de todos
los ahorros de las cinco fechas anteriores para obtener la mayor
alegría de los últimos 25 años.
Nunca es fácil. Para ser hincha de Santa Fe hay que tener el
corazón en la mano, retumbando tanto o más que los bombos de la
tribuna, hay que ver el fútbol con la respiración cortada, con la
certeza de que el sufrimiento también hace parte de la felicidad,
en una especie de masoquismo futbolístico. Porque hasta el último
segundo no se puede gritar victoria, incluso perdiendo. ¡Cómo se
sufre, pero cómo se goza!