Léider Preciado y Carlos Ortiz anotaron los goles
rojos. Ahora, con la victoria de Envigado sobre Huila, hay que
asegurar la clasificación en Neiva.Tal vez a los hinchas de
Santa Fe siempre les gusta que el fútbol sea así: que la angustia
se apodere de ellos durante mucho tiempo para luego festejar con
mucha más alegría. Ni siquiera con un gol tempranero hay calma.
Siempre es vértigo. Pero las alegrías se volvieron comunes: el
equipo, en su hogar de paso, el estadio La Independencia de Tunja,
venció 2-0 al Once Caldas. La final está muy cerca…
Santa Fe tiene una característica extraña: cuando todo parece
fácil, favorable y controlado, el equipo se relaja y el visitante
le toma la medida. Después del gol de penalti de Léider Preciado a
los nueve minutos, tras una falta de Diego Amaya sobre Luis Yánez,
los de rojo no volvieron a ver la pelota y los de blanco se
adueñaron de ella.
Fueron minutos de una angustia santafereña característica en la
cancha y en la tribuna, aunque esta vez los hinchas no lanzaron
insultos hacia el banco. La falta de manejo se trató de suplir con
ganas, como lo hizo Nelson Olveira para estirarse hasta el alma y
sacar un remate de Efraín Viáfara, que mucha gente en el estadio
vio con la razón como gol; pero con el corazón, en la raya: eso le
costó al uruguayo un corte en la rodilla derecha que lo sacó del
partido.
Dos regaños de ‘Basílico’ desde el banco tranquilizaron a Santa
Fe y le bajaron el ritmo al juego. La presión bajó muchísimo
después de la expulsión de Alexis Henríquez, a los 9 minutos:
primero le dio un codazo a Aldo Ramírez y luego le protestó al
árbitro Wílmer Barahona: las dos amarillas le cayeron como si se
vendieran por docenas.
Las alegrías del segundo tiempo llegaban más de los radios que
de la cancha, especialmente cuando Atlético Huila conseguía el
empate parcial en Envigado y aseguraba la clasificación. El
partido era más frío que la noche, y eso que la temperatura
difícilmente llegaba a los cinco grados. El único que inquietaba
era el veloz Efraín Viáfara, y el técnico ‘Panelo’ Valencia lo
sacó.
Cuando Santa Fe ya comenzaba a pensar en el cambio de clima,
llegó ‘Ganiza’ Ortiz para asegurar el partido con un remate de
zurda, luego de un pase genial de Léider Preciado. 2-0 a los 40
minutos. Se acabó la angustia. Se prendió la fiesta caliente en
tierra fría. Los gritos de alegría, represados durante, qué se yo,
78 minutos, tres horas de viaje, 30 años de espera, comenzaron a
salir a flote. La ilusión roja está viva, está cerca, a 90 minutos
de una final que hay que asegurar en Neiva el próximo domingo.