El juego en Bogotá pintaba para fiesta y terminó
desencadenando una bronca de graves proporciones. Lástima, porque
hasta los 18 minutos del segundo tiempo era el mejor partido que
se había visto en Bogotá en todo el 2005.América ganó porque
tuvo dos factores fundamentales: jerarquía e inteligencia. La
misma que le faltó a Santa Fe, que en vez de desgastar físicamente
a un rival que 24 horas antes recibió un golpe anímico fuerte,
como la eliminación de la Copa Libertadores, se dedicó a darle la
pelota a su rival, que hizo exactamente lo que había que hacer:
dar manejo a la pelota y aprovechar los errores en el medio.
El equipo de Alberto Suárez abrió el marcador rápidamente (un
gol de cabeza de Juan Carlos Quiñónez a los 4 minutos), y se
recuperó bien del rápido empate, marcado por Mario Gómez. La
jugada que cambió el panorama de la noche y desató la ira fue un
supuesto penalti de Jorge Rojas a Giovanny Arrechea. Al árbitro
Fernando Panesso, de pésimo trabajo, le pareció penalti. A la
tribuna, no. De pronto sí lo fue... Julián Viáfara anotó el 2-1 a
los 32.
Luego vino el 3-1, anotado por Arrechea a los 43; el descuento
de Santa Fe de Mario González a los 6 del segundo, que hacían
presagiar el empate, y el empujón final del América, con goles de
Salazar (penalti) y Arrechea. Al final llegó la bronca.