Una gigantesca bandera, de unos 350 metros de largo
(según dijeron los que la hicieron) mostraron los hinchas de Santa
Fe ayer en El Campín, después de la salida del equipo a la cancha.
Tenía las estrellas y los años en los que ha sido campeón. Un
lindo gesto y una hermosa obra, que al parecer pondrán a concursar
en los Guinnes Récords.
En las grandes antologías del fútbol mundial se narra que los
clásicos se deben ganar como sea, más allá de jugar bien o mal, y
Millonarios le ganó a Santa Fe la edición 239 del duelo capitalino
no solo con un golazo de tiro libre del argentino Gabriel
Fernández, sino con méritos para dejar a sus hinchas contentos y
ahora ilusionados con la clasificación a los cuadrangulares
semifinales del torneo Apertura.
La anotación de Fernández, a los 31 minutos del primer tiempo,
le puso el sello de calidad a un equipo con pocos intérpretes para
hacer del fútbol un espectáculo y hasta un arte. El argentino vio
salido al arquero Luis Enrique Martínez, cobró de zurda y mandó la
pelota arriba, junto a la bandera que forman el palo izquierdo y
el horizontal.
Hasta entonces el partido era parejo en acciones y emociones
(en verdad muy pocas) y a partir de ahí, con Fernández con el más
alto coeficiente futbolístico de la tarde, compuso los mejores
acordes del clásico y hasta se dio el gusto de darle una ‘tocata’
a su archirrival en los instantes finales de la etapa inicial.
No obstante, más allá de la fantasía de Fernández, que sedujo
hasta a sus compañeros menos virtuosos con la pelota y los hizo
atreverse con ella, Millonarios ganó porque tuvo otros dos
jugadores con un nivel que merece los aplausos: Héctor Búrguez,
quien atajó tres remates que para Santa Fe eran goles cantados, y
el joven Rafael Robayo, un león en la media cancha y sin duda la
revelación del cuadro azul en el 2005.
Si bien Santa Fe intentó voltear el resultado con la garra que
lo caracteriza, desde los 19 minutos del segundo tiempo hasta
cambió de módulo táctico (pasó de jugar con cuatro defensas a
tres, con volantes carrileros) y se encontró a Búrguez gigante, su
fútbol creativo fue muy pequeño, sin ningún jugador que se saliera
del libreto ni tuviera la magia de los que pasan a la historia
como figuras del clásico.
Así se explica la victoria de Millonarios, que llevaba cerca de
dos años sin celebrar una frente al histórico enemigo, y el revés
de un Santa Fe al que esta vez le ayudaron los resultados de la
fecha para mantenerse como el sexto mejor equipo del campeonato.