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Dos jugadas de contragolpe
definieron el partido a favor de los tolimenses. Gonzalo Martínez
(de penal) y John Charria anotaron los goles. En una sola palabra
se resume el triunfo del Tolima 2-0 sobre Santa Fe ayer en El
Campín: efectividad. Eso fue lo que tuvo el cuadro de Ibagué, que
llegó con peligro al arco rival en cuatro ocasiones, marcó dos
goles y consiguió su primer triunfo en este torneo, mientras el
local se arrimó nueve veces y no concretó.
Un festival del desperdicio fue
lo que se vivió en el estadio de Bogotá. Santa Fe se cansó de
llegar con peligro a la portería de Agustín Julio, pero no fue el
día de Léider Preciado, Víctor Cortés, Juan Carlos Ramírez y
Carlos Ortiz, quienes fallaron en el instante definitivo.
Claro, hubo otro culpable del
triunfo tolimense: Agustín Julio. El arquero ahogó el grito de gol
de los santafereños cinco veces, en una actuación destacada. El
adagio popular dice que las cosas se parecen a los dueños y esa
frase le viene bien al Tolima de ayer. Su técnico Miguel Prince,
que en su época fue un defensa vivo y fuerte, paró a su equipo
así, esperando al rival, regalándole el balón y buscando un
contragolpe con Víctor Bonilla y Héctor Núñez.
El segundo tiempo fue muy
parecido al primero. Santa Fe buscó el gol, pero otra vez Julio y
la falta de efectividad impidieron su merecido triunfo. Tolima,
que se agrupó atrás y enredó en la mitad del campo, se encontró en
una jugada rápida de César Rivas un penal por mano de Ortiz, que
transformó en el 1-0 Gonzalo Martínez, en el minuto 31. Santa Fe
echó sus restos y en otro contragolpe, en el tiempo de adición,
John Charria dejó el 2-0.
Al término del partido los
jugadores de Santa Fe le reclamaron al árbitro Harold Cardona por
dos jugadas dudosas en el área visitante. Pero, ¿qué culpa tiene
el árbitro si un equipo hace todo para ganar y no puede lograrlo
por falta de efectividad? |