Según
la Biblia
La operación militar de Israel en Gaza recuerda a algunos versículos
del Antiguo Testamento
"Cuando
Yahvé, tu Dios, te haya introducido en la tierra que vas a poseer,
pueblos numerosos caerán ante ti: (...) siete pueblos más
poderosos y más potentes que tú. Cuando te los haya entregado
y tú los hayas derrotado, los entregarás al exterminio;
no harás pactos ni tendrás compasión con ellos".
Deuteronomio 7, 1.
A
rajatabla está cumpliendo el Gobierno del pueblo "elegido"
esas palabras que Moisés dirigió a Israel cuando aún
estaba al otro lado del Jordán, en los umbrales de la tierra
prometida. El Ejecutivo de Ariel Sharon escenificó esos versículos
en su operación en Rafah la semana pasada durante la operación
militar Arco Iris en las Nubes. Invernaderos arrasados, plantaciones
arrancadas, edificios de viviendas derribados- Más de un centenar
de heridos y 43 muertos.
Subraya
Patricia Salas en El Periódico que, todo destruido por la estela
de los tanques y los helicópteros --que en la Biblia tenían
forma de "espada" y eliminaban a los pueblos de la Tierra
Prometida-- con absoluta precisión y con la prepotencia de uno
de los ejércitos más poderosos del mundo. También
en la Biblia lo fue el pueblo elegido de Yahvé, a quien éste
preparó el camino de grandes y sonoras batallas, haciendo del
pueblo israelita uno de los más temidos.
Uno
de los grandes profetas de las Antiguas Escrituras, Isaías, recuerda
el temor de las grandes naciones que habitaron lo que hoy es Israel
y los territorios palestinos ante la llegada de ese feroz pueblo.
"Porque
los campos de Jesbón están marchitos; de las viñas
de Sibmá, los señores de las naciones han arrancado los
mejores racimos (...), te inundo con mis lágrimas, oh, Jesbón,
Elalé, porque sobre tu siega y tu vendimia caerá un grito
de guerra". Isaías 16, 8.
En
Rafah 600 personas se quedaron sin vivienda desde el inicio de la operación.
Sus campos y sus casas son ahora desde el aire pequeños montículos
de escombros. Los campos y los invernaderos también perecieron
bajo el metal de las excavadoras. Sólo faltó el azufre
y la sal para hacerlos estériles.