| En
España, se ha echado del
Gobierno al Partido Popular
Por
Luis Foix
BARCELONA,
15 MAR (AIBA-La Vanguardia). Los españoles han echado al Partido
Popular del gobierno. Es insólito en nuestra democracia que un
partido con mayoría absoluta en el Congreso pase a la oposición
en unas solas elecciones. Felipe González perdió la mayoría
en 1993 y el poder en 1996. José María Aznar consiguió
gobernar en minoría a partir de entonces y alcanzó la mayoría
en el 2000. Ni la izquierda más entusiasta se habría atrevido
a vaticinar los resultados del domingo. Tampoco las encuestas señalaban
que se produciría el vuelco socialista.
Era
Karl Popper quien decía que la grandeza de las democracias no consiste
sólo en elegir gobiernos sino también en echarlos. Y los
españoles decidieron echar al Partido Popular porque consideraron
que era perjudicial para la mayoría que siguiera en el poder. Perdieron
la confianza en un partido que pensaba que podía hacer lo que considerara
oportuno al margen de lo que opinaba la ciudadanía. Se atrincheraban
en la mayoría absoluta y se atrevieron a retener información
en una cuestión tan seria como la autoría de la horrible
matanza de Madrid.
La
victoria de Rodríguez Zapatero hay que entenderla principalmente
como una pérdida de confianza en el Partido Popular. Una desconfianza
que hacía difícil encarar los próximos cuatro años
con tantos frentes abiertos. Aznar hizo de la lucha contra el terrorismo
uno de sus ejes centrales.
No
reparó en medidas políticas y legislativas. Denostó
al nacionalismo vasco y a todos los nacionalismos periféricos.
No se dignó ni siquiera hablar dos minutos con el lehendakari Ibarretxe
después de que su famoso plan se pusiera en marcha. Cuando el gobierno
tripartito catalán se puso en marcha el inefable Eduardo Zaplana
se convirtió en presidente del Tribunal Constitucional y dijo que
el pacto no estaba de acuerdo con la Constitución.
Cuando
Carod Rovira cometió el grave error de entrevistarse por su cuenta
con la cúpula de ETA en el sur de Francia, el tripartito catalán
pasó a engrosar la lista del mal político. Las relaciones
entre el presidente socialista de la Generalitat, Pascual Maragall, y
el gobierno popular eran muy tensas por no decir hostiles. Desde los medios
afines al gobierno se llegó a relacionar al tripartito con el terrorismo
etarra.
El
caso es que tres días antes de abandonar el poder el presidente
Aznar se encontró con doscientos muertos en Madrid, con los puentes
rotos con el gobierno vasco. Y con unas relaciones difíciles con
los gobiernos de Cataluña y Andalucía. Paradójicamente,
ha sido el terrorismo el que ha echado del poder al gobierno popular.
Y no porque la sociedad española no esté radicalmente en
contra de todo tipo de terrorismos, sino porque entiende que hay otras
formas más eficaces para combatirlo.
Todavía
recuerdo aquella indecente imagen en el Congreso cuando todos los diputados
del PP aplaudían frenéticamente porque se había aprobado
la decisión del gobierno para ponerse al lado de Bush en la guerra
de Iraq. Muchos protestamos por aquella decisión innecesaria. Muchos
votantes del Partido Popular tampoco compartían la decisión
de ir a la guerra.
Y
se ignoró olímpicamente el sentimiento de la gran mayoría
de españoles. Cuando las elecciones municipales y autonómicas
de mayo del año pasado no pasaron factura al Partido Popular el
gobierno entendió que tenía carta blanca. Y no era así.
La
política exterior española ha de tener unas relaciones prioritarias
con Estados Unidos. Pero no a costa de perjudicar la política europea
española. Aznar se sometió a Bush y se distanció
de Francia y Alemania, que son los dos países que nos acogieron
en Europa en 1986. Jugó la carta americana para dividir a Europa.
También esto ha tenido importancia en el vuelco electoral del domingo.
Cuando
los españoles llegaron a la conclusión de que el atentado
de Madrid podía tener relación con nuestra implicación
en la guerra de Iraq, la urgencia del cambio era imparable. En setenta
y dos horas los españoles decidieron echar al Partido Popular del
poder.
Los
problemas de Rodríguez Zapatero serán muchos. Y de difícil
solución. Pero con nuevas maneras, con diálogo sincero,
con humildad, como ha dicho el líder socialista, se puede devolver
la tranquilidad a la sociedad española que estaba tensada más
allá de lo necesario. (AIBA) |