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inversores intentan aprovechar las oportunidades que dejó la devaluación Después de atravesar por una de las peores crisis de su historia, la economía argentina ha salido de la UVI y empieza a disfrutar de una buena salud, impulsada precisamente por la que fue su peor pesadilla, la devaluación de la moneda. Escribe Alejandro Rebossio en El País que, después de estar atado 11 años al dólar, el peso se devaluó un 190% y puso al país en situación de emergencia. Poco más de un año después, esa devaluación ha situado los precios en un nivel lo suficientemente atractivo como para atraer la inversión exterior, que se hace patente, especialmente, en el sector inmobiliario y en turismo. La inversión local ha aumentado fuertemente en agricultura, mientras la industria tiene que afrontar un aumento en la capacidad de producción. No es extraño ver estos días españoles visitando las inmobiliarias de Buenos Aires. El metro cuadrado en las mejores zonas de esta ciudad de 12 millones de habitantes se cotiza a precios que suenan irrisorios para un europeo: de 950 a 2.380 euros. Algunos extranjeros aprovechan para comprar pisos, pero no siempre hacen un buen negocio. Los precios en los barrios más ricos de la capital argentina se han recuperado tras la crisis y la devaluación del 64% del peso en 2002. Sólo quedan algunas oportunidades para aprovechar. La depreciación de la moneda local, después de haber estado 11 años atada al dólar, profundizó la depresión que ya sufría la tercera economía latinoamericana y deterioró los bolsillos y los activos de los ciudadanos. Entre febrero y agosto de 2002, el mercado inmobiliario casi desapareció y los precios, medidos en dólares, bajaron a la mitad. La reactivación de Argentina y la falta de opciones de inversión ante el corralito financiero despertaron la demanda de los más afortunados y las mejores propiedades de la capital ya cotizan igual que en 2001. Jason Mitchell, director internacional de la inmobiliaria Izrastzoff, considera que los precios aún pueden elevarse un 15% más en los próximos tres años si la economía continúa creciendo. Un colega suyo, Alejandro Ginevra, de la firma Aranalfe, opina que existen precios accesibles para el extranjero en los distinguidos barrios Norte, Palermo y Belgrano, pero el negocio se ha mudado a Puerto Madero, que en los últimos diez años se ha reconvertido en una zona de oficinas y restaurantes. La
crisis de 2001 y 2002 alejó a las compañías de Puerto
Madero y los alquileres de oficinas bajaron a la mitad. Los nuevos proyectos
se concentran en el más atractivo negocio de la vivienda. Se pueden
comprar pisos nuevos por 950 euros y venderlos por 1430 cuatro años
después. La zona se encuentra al lado del río de la Plata
y vecina al centro financiero de la ciudad, cuenta con dos clubes náuticos
y ofrece seguridad, un activo muy valorado. El Porteño Building,
un proyecto de Phillippe Starck y el argentino Alan Faena, es tal vez
el más lujoso edificio en construcción de Puerto Madero.
Ya se ha vendido el 70% de los pisos a 2.380 euros el metro cuadrado.
"Los costes están históricamente bajos", destaca el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Eduardo Baglietto. La actividad de su sector creció el 30% en enero pasado por la reactivación de las obras públicas y por la inversión privada en las provincias beneficiadas por el auge de la agricultura. Baglietto se sorprende de la cantidad de proyectos nuevos en las dos ciudades que siguen a Buenos Aires en importancia, Córdoba y Rosario. En la capital también mejora la actividad, aunque resulta difícil encontrar terrenos libres en las zonas caras. Algunos extranjeros prefieren comprar tierras en la pampa húmeda o en la Patagonia, pero no como negocio inmobiliario porque los precios están más caros que antes de la crisis. El sur argentino ha sido elegido, en cambio, como sitio de descanso, ideal para cazar o pescar, por millonarios como el empresario Ted Turner, el actor Christopher Lambert o el futbolista Roberto Baggio. Periodistadigital.com, 1 de marzo de 2004 Recuperación y crecimiento Luego de la intensa crisis iniciada de hecho a fines del año 2000, -recuérdese el efímero “blindaje”-, en la segunda mitad de 2002 la economía argentina inició un proceso de recuperación que cobró intensidad y permanencia en 2003. Estimaciones oficiales provisorias del tercer trimestre muestran un crecimiento desestacionalizado por 6º. trimestre consecutivo y obligan a revisar en forma ascendente el crecimiento del PIB de ese año a más de 8 % y, dada la aceleración de la recuperación y el mayor arrastre estadístico, también las de 2004, año en el que no es improbable un crecimiento solo algo menor a 8 %. Esta recuperación genera varios interrogantes. En primer término, si su intensidad es comparable a la de otros países con crisis recientes de envergadura semejante. Si se incluyen en ese conjunto Méjico, los países asiáticos –Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia- y Rusia y Brasil, se observa que la caída del PIB en la crisis fue superior en Argentina a la de cualquier otro país, en tanto que la recuperación solo fue superior a las de Tailandia e Indonesia. La recuperación argentina, en consecuencia, es valiosa pero no es brillante. Un segundo interrogante es si Argentina asiste a una recuperación de la recesión iniciada en el tercer trimestre de 1998 o, de momento, solo a una recuperación de la caída verificada en los años de crisis 2000-2002. El nivel de PBI alcanzado en 2003 ha recuperado 47 % de la caída ocurrida entre 2000 y 2002, pero se encuentra aún 10,4 % por debajo del tercer trimestre de 1998. Las cifras per cápita –bienestar- son, por supuesto, mas ácidas: 11,1 por debajo del año 2000 y 16,3 % debajo del año 1998. La respuesta es obvia. Y un tercer interrogante es si la actual recuperación presenta ya indicios de crecimiento, actual o potencial. Un indicador clave es la tasa de inversión. De un promedio de 19,6 % del PIB en 1996-2000, se desplomó a 11,3% en 2002, y se recuperó a 14 % en 2003, nivel en el que es dudoso que exista inversión neta. La experiencia de los otros países mencionados es variable. México y Brasil volvieron rápidamente a sus niveles precrisis , en tanto que los países asiáticos no, y Rusia sí pero luego de 4 años. Pero en los países asiáticos las tasas de inversión precrisis eran entre 50% y 100 % superiores a las de Argentina, con lo que retomaron más rápidamente inversión neta positiva. No obstante, la inversión se encuentra en proceso de recomposición -alcanzará 16 % del PIB en 2004- y es necesario que este proceso se acelere, se generalice a un amplio espectro de sectores e incluya en mayor medida, a diferencia del presente, las grandes inversiones de mediano y largo plazo. Pero más relevante aún que los interrogantes precedentes es cómo asegurar que efectivamente la recuperación argentina se mantenga, que se superen los niveles de actividad pico de 1998, que el desenlace de la recuperación sea un proceso de crecimiento sustentable y que se ataquen las vulnerabilidades de la economía. En el corto plazo los principales frentes de riesgo son eventuales fricciones en los acuerdos vigentes con el FMI y otros organismos y que no se modifique la inflexibilidad oficial en la negociación de la deuda. Ambos riesgos afectarían la confianza y ambos son evitables. En el mediano y largo plazo el principal frente de riesgo es el efecto que tendrá la necesaria disminución progresiva del tipo de cambio real –el Gobierno mismo proyecta un promedio de $ 1,51 (a precios de diciembre de 2001) para 2005-2009 y $ 1,39 para 2010 en adelante- sobre la competitividad de la industria en que se ha basado una parte importante de la recuperación. El “megadólar”real actual cubre bajos niveles de productividad real en diversos sectores –que solo pueden superarse con inversión-, y deficiencias generales tales como insuficiente seguridad jurídica, incertidumbre impositiva, dificultades para obtener financiamiento de largo plazo – que solo pueden resolverse con políticas públicas adecuadas-. Y finalmente, una menor vulnerabilidad de la economía exige que, en particular frente a las favorables circunstancias externas, el Gobierno utilice parte de las mejoras en la recaudación para reducir impuestos distorsivos y formar un Fondo de Reserva. Revista Fortuna, 9 de febrero de 2004 |
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