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Un
profesor italiano descubre al responsable de la conjura contra los Medici La historia del Renacimiento italiano, y tal vez de Europa, estuvo a punto de dar un vuelco el 26 de abril de 1478, Sábado Santo, junto al altar de Santa María del Fiore. La catedral de Florencia acogía a la brillante y turbulenta nobleza local, encabezada por el indiscutible hombre fuerte de la pequeña y poderosa República, Lorenzo de Medici, llamado El Magnífico, y su hermano menor, Giuliano. En el momento culminante de la misa, cuando el sacerdote elevaba el cáliz con el pan consagrado, los hermanos Pazzi, el arzobispo Salviati y otros conjurados sacaron los puñales que ocultaban y se arrojaron sobre los Medici.
El
detective que desentrañó el misterio se llama Marcello Simonetta
y trabaja como profesor de Historia y Literatura del Renacimiento en la
Universidad Wesleyan de Connecticut, Estados Unidos. Todo comenzó con
el descubrimiento de un pequeño manual firmado por Cecco Simonetta, lejano
antepasado del profesor y canciller de la familia Sforza en Milán. El
libro, editado en el siglo XV, enseñaba a los diplomáticos a descifrar
el código utilizado en los mensajes internacionales secretos. Con ese
manual, el profesor Simonetta se aplicó a descifrar una carta que había
hallado en el archivo privado Ubaldini, en Urbino. Era un mensaje enviado
por el duque de Urbino a sus embajadores en Roma, dos meses antes de la
conjura de los Pazzi. A Federico da Montefeltro, duque de Urbino, valiente, astuto y refinadísimo, patrón de pintores como Berruguete y Piero della Francesca, se le consideraba modélico como estadista. Su corte era una de las más lujosas y cultas de la península. Y su diplomacia se complementaba a la perfección con la desarrollada por los Medici. Nadie sabía, hasta que el profesor Simonetta descifró la carta, que el duque de Urbino fue quien decidió acabar con los Medici para elevar a Urbino al nivel de los grandes poderes peninsulares, y que fue él quien atrajo hacia la conjura al Papa y al rey de Nápoles, Fernando de Aragón. La supervivencia de Lorenzo El Magnífico frustró sus planes. El jefe de los Medici viajó a Nápoles y convenció al rey Fernando de que a nadie convenía que el Papa acumulara más poder. Sin el apoyo napolitano, Sixto IV desistió y tuvo que hacer las paces con Lorenzo. Pero nadie denunció al duque de Urbino. El máximo responsable de la conjura, y gran perdedor, calló y guardó su secreto. Hasta ahora. Periodistadigital.com, Domingo, 22 de febrero de 2004 >> Documental sobre los Medici |
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