¿Vuelven
las nacionalizaciones?
Por
Andres Oppenheimer
Shafik
Handal, el ex comandante guerrillero y candidato presidencial para las
elecciones del 21 de marzo en El Salvador, parece convencido de que la
historia está de su lado: en toda América latina, los países que han experimentado
con privatizaciones están dando marcha atrás a toda máquina, y volviendo
a un mayor control del estado sobre la economía, dice.
''El
péndulo se está moviendo nuevamente hacia la izquierda'', me dijo Handal,
de 73 años, en una entrevista telefónica de 40 minutos pocos días atrás.
``Los resultados de las privatizaciones han sido desastrosos''.
A
primera vista, Handal parece tener razón. Hay varios ejemplos de países
latinoamericanos que se han rebelado recientemente contra las privatizaciones
de empresas estatales de los años noventa, o que están revisando esos
contratos.
Entre
los ejemplos mas recientes:
• En
Argentina, el presidente Néstor Kirchner anunció el 26 de enero su decisión
de suspender un contrato de radio-electricidad del grupo francés Thales.
En noviembre, el gobierno de Kirchner había suspendido una concesión del
correo argentino al grupo privado Macri. En ambos casos, el gobierno acusó
a las compañías de no cumplir con sus contratos de prestación de servicios.
• En
Uruguay, el gobierno perdió abrumadoramente un plebiscito el 7 de Noviembre
que hubiera permitido al monopolio petrolero estatal Ancap realizar algunos
proyectos conjuntos con el sector privado, en aras hacer la empresa más
eficiente, y lograr que los uruguayos dejen de pagar la gasolina a precios
entre los más altos del mundo.
• En
Bolivia, una violenta revuelta de grupos indígenas y sindicatos obreros
contra un plan del gobierno de firmar un contrato con una empresa privada
para la explotación del gas y su exportación a Estados Unidos --que hubiera
cuadruplicado el total de las exportaciones anuales del país-- derrocó
al ex presidente constitucional Gonzalo Sánchez de Losada en octubre pasado.
• En
Perú, violentas protestas en la ciudad de Arequipa en junio del 2002 forzaron
al gobierno del presidente Alejandro Toledo a archivar sus planes de vender
dos compañías estatatales, Egasa y Egesur, a una compañía belga.
Una
reciente encuesta de la firma Latinobarómetro en 17 países de la región
muestra que sólo un 22 por ciento de los latinoamericanos piensan que
las privatizaciones fueron beneficiosas, una caída notable de 46 por ciento
que pensaba así en 1998. En algunos países, como Argentina, sólo 12 por
ciento de la gente piensa que las privatizaciones fueron positivas.
¿Pero
significa eso que veremos una ola de renacionalizaciones, o de regulación
extrema?
Lo
dudo mucho. Aunque algunos políticos izquierdistas de vieja guardia tengan
prejuicios ideológicos contra las privatizaciones, la mayoría de los presidentes
de la región son conscientes de que las privatizaciones en general han
ayudado a reducir el gasto público, y a hacer que muchas empresas sean
más eficientes. Lo que también dicen --con razón-- es que muchos de estos
contratos fueron transacciones poco transparentes, que lo único que hicieron
fue convertir a monopolios estatales en monopolios privados.
Pero
el motivo principal por el que dudo que habrá una ola nacionalizadora
es el factor China. El gigante asiático, que ya es de lejos el principal
receptor de inversión extranjera del mundo en desarrollo, está considerando
silenciosamente privatizar algunas de sus principales corporaciones, lo
que convertiría a China en un lugar aun más atractivo para las inversiones
extranjeras.
Según
informa la revista Fortune esta semana, el gobierno chino acaba
de permitir que la propiedad estatal de la gigantesca empresa de electrodomésticos
TLC --el principal fabricante de televisores del mundo, que además produce
teléfonos celulares y refigeradoras-- caiga por primera vez debajo del
50 por ciento.
La
medida podría tener enormes implicaciones: si TLC prueba que la menor
participación estatal se traduce en una mayor eficiencia, y la compañía
se convierte en la primera gran empresa multinacional china --que, además,
de producir bienes los distribuya y comercialice en todo el mundo-- los
reguladores chinos podrían permitir la privatización de otras empresas
estatales.
Eso
haría que América Latina enfrente una competencia china aun más formidable
que la actual para atraer las inversiones internacionales. Y la región
no puede darse el lujo de ignorar su creciente dificultad en atraer capitales.
Según el último Informe de la Inversión Mundial de las Naciones Unidas,
la inversión extranjera en América Latina cayó por tercer año consecutivo
en el 2002, mientras que China registró cifras récord.
O
sea, es probable que los países de América Latina tengan cuidado en no
tomar medidas que ahuyenten a los pocos capitales que están logrando atraer.
Al contrario de la opinión generalizada entre mis colegas y muchos políticos
latinoamericanos, creo que así como la ola privatizadora de los años noventa
pasó a la historia, la ola anti-privatizadora de los últimos dos años
podría estar llegando a su punto más alto, para comenzar a retroceder
muy pronto.
El
Nuevo Herald, 8 de febrero de 2004
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