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La
mansión infinita
(selección) Poema 9
Mi ciudad arbolada,
te llevo como una ensoñación huidiza
entre mis manos.
Calles de epifanía
y muros que arden memoria en pena.
Te llevo como una brújula naciente
al compás de este y otro barrio…
que
me acusa dónde ir a empaparme de tango,
dónde entonar letras de conventillo
y lagrimear nostalgia bajo un aguacero. (p. 31) Poema 14
Antes la plaza era una hamaca
de algarrobo,
un arbusto de pulpas limonadas,
un bebedero blanco, solitario,
y un apenas senderito de piedras.
Antes la
plaza era un simple asiento de madera,
alguna rosa, algún lacito en la ermita,
la infaltable paloma de las siestas,
el trinar oculto en los ramajes.
Pasan las horas, las bandadas y los ecos.
Fulgores de luna cruzan la plaza,
la alucinan,
la transforman en un vasto cuadro verdinegro
ya sin fuente ni estatuas,
sin arbusto, bebedero ni bancos;
sin embargo, aquel frescor que vuelve
estremece la hamaca,
la eleva hasta la fronda,
se acuna en la rosa
y permanece. (p. 42) Poema 20
Suburbios.
Desolación nocturna.
Un motor lejano ruge.
Aisladas sombras y contornos.
Distantes ladridos.
Azote de un tres remoto.
Pisadas en bocacalles
y una persiana que cae. (p. 51) Poema 21
Reina del sur, mi casa
grande.
Yo que estuve en varia arquitectura
hallándote en paisajes muy diversos,
distingo en cada puerta que se abre
un puñado, un fragmento, una fracción del mundo. (p. 55) Poema 33 (…)
Me alegra tener un centro
para barruntar el mundo,
un centro que es la casa de mis memorias,
un centro como un prisma develado
de puentes oceánicos y llanos verdes,
un centro etéreo que es ciudad.
Me alegra plateada por la luna
de mi sur intacto y majestuoso,
que sea su corazón
y que palpite a ritmo de orbe
con distinta llama.
Te espero, mansión infinita, eras de oro
para abrir siguiendo puertas a los días.
¡Cuánta locura aún que atrás no deja
que me olvide de vos sin apenarme!
El canto nada más que aporteñado y solo
vuelve frase la vida.
Te pierdo en el más lejano de los desarraigos,
te siento en mis pasiones más intensas
y te adivino a la par de las estrellas, ciudad
mía
Buenos
Aires
(p. 85-6)
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