Por nuestro abismo hacia el alba       

                  (1975-84)

 

 

     Lejanía:

Largo trecho en que apeno

de tu herida arrogancia.

    Ansia mía:

Seco golpe en que quiero

derribar tu constancia.

    Medianía:

Vana lid que no puedo

atraerte ya, Infancia.

 

                      (p. 11)

 

 

 

    Estación grisácea de fantasmas,

confuso el andén.

    En las vías prende un tren desbordando cabelleras,

brazos, risas, voces, llantos.

    Con un brusco toque de sirena

el esplendor esfuma.

    Adherido como un beso torpe

mi corazón al estribo.

    Es un resto negro diminuto,

de la espera el eslabón.

    La ciudad molesta de rumores.

    Me siento inerme.

    Partiste.

 

                    (p. 15)

 

 

 

   Hay épocas homogéneas,

acósmicas,

hieráticas e inefables,

caóticas.

 

   Hay épocas sin providencia,

sin forma,

sin continente ni línea,

sin fin.

 

   Hay un miedo indeclinable

más allá de la cierta muerte

no querida,

más acá de la breve vida

tan amada,

   Miedo ancestral y profético

de ser nada.

 

                       (p. 29)

 

 

 

   Busquemos la flor suspensa en la rama,

las aves blancas del cielo,

las mil luces del agua.

   Que el sentido despierte con el aire,

con la difusa forma,

con el diurno destello.

   Busquemos

la piedra oculta de la tierra.

   Tornemos

al ciclo original del orbe.

   Hallemos

en el silencio, la voz del hombre.

 

                     (p. 47)

 

 

 

Comentario de María C. Arostegui , en la contratapa (frags.)

 

   “El libro se divide en tres partes que responden a tres distintos momentos en la vida de la joven poeta y en la configuración de este primer asombro expresivo.  En la primera de ellas nos convoca como contempladores de su interioridad.  Los poemas adoptan una forma dialogística y el interlocutor ausente se corporiza a través de los diversos llamados emocionales.

    En la segunda parte (…) devuelve la voz al yo y muestra la afanosa búsqueda del sí mismo.  En el presente desde el cual nos habla se alza una imagen nueva que supera los márgenes de la soledad y asume los límites propios como límites esenciales del hombre. (…) Hacia el alba es una propuesta esperanzada.  Después del ahondamiento emocional y de la búsqueda de su razón de ser, la poeta se ubica en la unidad de lo creado y desde allí nos da su mensaje de fe y su palabra abierta hacia el futuro.

   Los versos de este poemario nos pasean por todos los matices emocionales y logran a través de la síntesis y pureza de algunas de sus imágenes la solidaridad espiritual a la que toda auténtica voz poética debe tender”.