| LEYENDA DEL CERRO DE CONTALPA Por: Mar�a del Refugio L�pez Garc�a Antes de los ind�genas y sus tribus n�madas, era la lluvia como hilos celestiales: el Dios de las alturas devolv�a a la tierra los d�as arteriales, las grandes cordilleras cubiertas de pinares, encinos, madro�os, �rboles y plantas, flores y animales. En la fertilidad crec�a el tiempo, las aves m�s fuertes; dominio e humedad y espesura como el trueno sin nombre todav�a. El hombre de tierra fue. Sus iniciales estaban escritas, de su mano sali� la primera vasija de arcilla; su primer arma de pedernal, l�grima de Luna, defensa imperial como el ser m�s fuerte. Sus vidas eran sangrientas pero en el cuerpo estaba la fuerza y en su brazo la empu�adura de aquella generaci�n. El viento borr� sus iniciales, el agua las enter� bajo tierra y con ella las claves se hundieron en el cielo. Pero el hombre sobrevivi� como rosa salvaje: Yo estoy aqu� para contar esta leyenda. Cerro de Contalpa: Lugar encantado. Al frente de sus picachos, cerros ricos en minerales, crec�an los dioses vegetales; en su roca las vetas, extensi�n diseminada como pepita sobre la piedra de la cordillera, esparc�an su brillo, germen de pezones que la implacable latitud lluviosa descubr�a bajo un fresco pueblo de estrellas; A un lado Tesorachi, el cerro sagrado de cuarzo y pedernal que fue descubierto por Tepos que investigaba esos lugares; y pens� �Aqu� ha dejado caer una l�grima la Luna�. Fueron limpiando el peque�o mont�culo y qued� al descubierto el pedernal en toda su blancura y brillantez. La tribu que no era muy numerosa decidi� sentar all� su peregrinaje y sigui� buscando un sitio donde guarnecerse de las inclemencias del tiempo y los animales; Despu�s de recorrer un poco, encontraron un cerro donde hab�a una estrecha cueva que los ind�genas fueron ampliando poco a poco, le pusieron por nombre Contalpa, estaba formada de cantera de consistencia porosa, f�cil de trabajar. Ah� se instalaron y fueron llevando todo lo que la naturaleza les daba: frutas, pieles, plantas que secaban y plumas de ave que les sirvieron de vestido y de cobija � C�mo descubrieron el fuego, al que le tem�an?. Cuando un rayo ca�a matando seres como animales e incluso a alguno de ellos, cre�an que el Dios de la lluvia estaba furioso; m�s luego buscaron divertirse frotando dos pedernales en medio de un trozo de madera, suave como par�sito de �rbol: descubrieron el fuego. Llenos de alegr�a dieron gracias al dios del rayo por haberles concedido una chispa de su poder; grandiosas fiestas celebraron en la cueva, haciendo fogatas que sal�an como espirales por las aberturas del cerro; danzaron d�a y noche adornando las paredes con ramas de pino que al abrir sus manos dejaban caer su fruto, que ellos no conoc�an pero les pareci� bello y agradable. As� pues se instalaron, las mujeres, los ni�os y los ancianos; Los j�venes y fuertes sal�an a recolectar todo aquello que les serv�a de alimento, abrigo y adorno, mientras que las doncellas hilaban con fibras de algunas plantas, tejiendo telas y con las plumas recolectadas hac�an penachos simulando el animal que las hab�a llevado y al cual hab�an dado muerte. Cuando el campo despu�s de llover se pon�a color de oro como el amanecer y algunos �rboles se vest�an de rojo como �l atardecer, las doncellas comenzaban sus fiestas, se vest�an con trajes de ceremonia, se pintaban el cabello con hierbas hasta quedar dorado y su cuerpo lo friccionaban con plantas perfumadas, quedando al descubierto sus bellas formas las cuales eran ofrendadas a su diosa la luna; -le ofrec�an tambi�n guirnaldas de flores blancas en forma de luna nueva y danzaban hasta quedar exhaustas y la niebla las envolv�a en su blanco manto. Aquel mont�culo lleno de plantas, coronado por bellas v�rgenes tendidas, como diosas envueltas en la luna y sus rayos, daban un espect�culo �nico. Al t�rmino de las fiestas, las doncellas eran desposadas con los Guerreros de. la tribu. As� corr�a el tiempo y sus estaciones, que comenzaban con el nacimiento y terminaban con la muerte, muy natural entre ellos. Un d�a lleg� una noti, salido a recorrer el territorio que descansaban en los gua: sus ropas indescriptibles, su animales desconocidos. cia:' Cuitialtipoe, que hab�a observ� a unos extranjeros zapares; eran gente extra�a, piel blanca y sub�an a unos El jefe Supichochi, en silencio escuch� el relato y de inmediato orden� vigilar sin ser vistos; mientras que la hermosa hija del jefe hab�a escuchado el relato escondida detr�s de unas rocas, fue a comprobar lo escuchado; acerc�ndose lo mas que pudo, desde un �rbol vio a un joven de tez blanca y rosada como un pi��n, ojos como su cielo, tan claros que cambiaban, de color, si contemplaban la sierra se volv�an verdes y profundos como el abismo El joven paseaba nervioso, como sintiendo la presencia de alguien que lo llamaba y lo segu�a. La hermosa Tecuixpo se enamor� de �l. Su padre al ser informado la mand� traer y la amonest� severamente, encerr�ndola en el lugar mas obscuro de la cueva; ah� llor� la jovencita en su noche sin fin. Despu�s se le inform� que si se casaba con el jefe segundo de su padre, ser�a libre; pero prefiri� morir antes de casarse con Teuntilli, hombre cruel y duro como la roca. Pas� el tiempo, las guerras con los extranjeros se suced�an; siendo derrotados los guerreros de la tribu ' quedaron vivos el jefe, unos cuantos guerreros y sus familias; el anciano que conoc�a los secretos de sus antepasados, sab�a de plantas da�inas y curativas, de metales secretos y conjuros. Orden� todos los preparativos para celebrar la �ltima fiesta del dios rayo. Cuando estaba todo listo se visti� con su traje ceremonial, utilizando su capa en forma de lagarto; reuni� a todos los que hab�an quedado vivos, hombres, mujeres y ni�os tambi�n vestidos con traje de ceremonia, a su hija que se encontraba muy d�bil, le hizo levantar un t�mulo en forma de luna de pedernal tra�das del cerro sagrado. Cuando sus doncellas le informaron ,lo que estaba pasando dentro y fuera de la cueva, ella que tambi�n sab�a los secretos de su padre, con toda sabidur�a antes de ser llevada a la ceremonia, se tendi� en tierra e hizo un conjuro y sus venas se volvieron de agua, de sus ojos corrieron l�grimas que la tierra retuvo e hizo brotar un manantial en donde se reflejara su bello rostro y as� el joven amado pudiera conocerla y ella volver a, mirar esos ojos azules como el cielo y verdes como su sierra tan querida. Fue llevada al sal�n principal para la �ltima ceremonia de la tribu; estaba tan blanca-como el trono donde fue colocada, era la princesa mas hermosa que hab�a dado la naturaleza; su padre le ofreci� el brebaje, despu�s lo tomaron todos menos el anciano jefe que acerc�ndose a su hija la acarici� y cerrando sus ojos, le dijo: "duerme... duerme entre pieles y flores que ya despertar�s cuando se cumpla mi maldici�n". Muri� de noche, cuando la luna se hab�a enlutado y s�lo una l�grima llor� ese rostro. El anciano jefe y brujo de la tribu, una vez que hubo concluido su obra, empuja la piedra que tapa la entrada, la sella con lodo y plantas y subiendo a lo alto del cerro, a la hora del amanecer, hace el conjuro, se tiende sobre el cerro y grita. Aqu� quedar� vigilando en forma de lagarto a mi tribu y para desencantar este lugar, tendr�n que revivir mi cuerpo y transformarlo en agua que subir� al cielo, inundando los guazapares y acabando con los intrusos que han invadido nuestros dominios. La doncella qued� en el patio de la luna y por las noches su cara se refleja en el manantial que sus l�grimas formaron y que brota en las faldas del cerro de Contalpa, buscando al ser amado, pero como siempre es de noche, no volver� a verlo. Lo llama a trav�s del viento y la lluvia; su amor lo guarda la tierra, pero ella sigue esperando. Mientras en la cueva sigue la fiesta, todos tocan sus instrumentos, hechos de plantas, maderas y cuernos; el tambor suena muy adentro con cadencia anunciando el triunfo, no la derrota. As� vive la leyenda en espera del suceso que devuelva la vida a esa cueva que ahoga el grito de Tecuixpo llamando al ser amado. |