LA BARRANCA DE SAN QUINTIN

Lugar de ensue�o perteneciente a uno de los microclimas que posee el municipio de Nombre de Dios, donde los basaltos est�n cortados verticalmente para permitir el paso de las corrientes cristalinas de las aguas que brotan de abundantes manantiales que originan al r�o de nombre de Dios, como si fuera una tajada hecha con intenci�n, donde ni los mas altos milenarios sabinos sobresalen con sus frondosas copas. La barranca se extiende de 2 a 3 kil�metro entre los basaltos y lavas volc�nicas pertenecientes a la edad temprana del cuaternario en la que se catalogan las erupciones de los conos volc�nicos de Bre�a del Malpa�s.

En la prehistoria fue asentamiento de los primeros pobladores de la regi�n que eran semin�madas, dedicados a la caza, pesca y recolecci�n de frutos silvestres, posiblemente iniciadores de una rudimentaria agricultura en las hermosas vegas de la orilla del r�o (prechalchihuitas y posteriormente Zacatecos), como lo muestran los petroglifos tallados a golpe de basalto en los pe�ascos de las m�rgenes de la barranca de San Quint�n, representando figuras ceremoniales que hicieron los �Chamanes� de los grupos ind�genas.

Este nombre se le otorgo Fray Jer�nimo de Mendoza  a su paso por esa bella region en su travesia por llegar al ojo de agua de Los Berros, donde oficiaria la primera misa cristiana de la parte norte de nuestro continente en la region de Aridoamerica, el 30 de septiembre de 1555.

Esta primorosa barranca esta poblada de frondosos sabinos tan altos que sirven para que diversas  clases de halcones aniden en sus mas altas ramas, de los que cuelgan caudales de heno como elegantes velos o cortinajes de un hermoso sue�o de hadas.

Lugar con potencial tur�stico por excelencia, raramente visitado por lo que lo hace mas interesante el conocerlo y disfrutar de las hermosas y frescas ma�anas de cualesquier d�a del a�o. Recorrer sus veredas  y cavernas formadas entre los basaltos volc�nicos acompa�ados por el sonido armonioso de las gotas al caer de la cascada o de la corriente cantarina del r�o que corre entre las piedras  y pe�ascos, apreciar la exhuberancia de la vegetaci�n y la abundancia de los animales silvestres.
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