XLII (Reflexión)
¿Quién puede afirmar, con una mano en el corazón, que nunca ha pasado tiempo considerable tratando de encontrarle un sentido a la vida?. Y por más que uno lo intente una y otra vez, es imposible encontrar un sentido lógico. Nadie sabe por qué estamos aquí ni para qué. ¿Qué se supone que debemos hacer?. El día que esta pregunta pueda ser contestada todos los problemas de esta humanidad desordenada serán resueltos. Hasta entonces, aquí vamos a seguir dando vueltas, preocupándonos por cosas que en realidad no son tan importantes como nosotros hacemos que sean. Quizá si viviéramos la vida de una forma más simple no tendríamos tantas preocupaciones. Y quiero decir simple en el sentido conductista de la palabra. Si quizá dejáramos de engañarnos unos a otros y hacer las cosas como son y no hacer que parezcan lo que no son. Simplificarse. Simplificar el pensamiento. No complicarse tanto la vida. Lo que no se puede hacer, punto, no se puede hacer. ¿Por qué seguir insistiendo?. Si algo ya pasó ¿qué vamos a lograr quejándonos?. ¿Podremos cambiar el hecho sucedido?. No. ¿Y entonces?. ¿Por qué angustiarse?. Hay que aceptarlo. Hay que aceptar los hechos como son y seguir avanzando. Siempre hay que avanzar, ir hacia adelante. No hay que volver hacia atrás. Sólo hay que volver al pasado para buscar la solución a un mismo problema, o para tratar de no cometer el mismo error dos veces. Y siempre hay que arriesgar. Siempre hay que arriesgar algo para poder ganar algo. No se fracasa si no se intenta, es verdad. Pero tampoco se logra el éxito si no se intenta. Es mucho mejor fracasar, que nunca haberlo intentado. Ya que de esa forma uno se queda sabiendo que lo intentó, que hizo todo lo que estaba al alcance de sus manos para tener éxito, y si no lo logró, es porque no era posible acorde a sus aptitudes. En cambio, si por miedo uno no intenta algo, se va a pasar el resto de su vida con la duda, sin saber qué hubiera pasado. Hay que tratar de que en la vida uno nunca tenga que usar la frase: "Tendría que haber hecho..."; "Me hubiera gustado hacer..."; "¿Qué hubiera pasado si...?". Nunca hay que quedarse con la duda. Siempre hay que intentar todo. Y siempre hay que tratar de hacer lo que a uno le gustaría hacer, siempre que los medios lo permitan.
Y hay que saber vivir el momento. Hay que aprender a saber disfrutar del presente, ya que nada se repite dos veces. Nada. para cada cosa, hasta la más mínima, hay sólo una oportunidad, sólo una vez. No hay que dejar pasar las oportunidades, son únicas. No hay que vivir arrepintiéndose de no haber hecho algo que uno hubiera querido hacer. Hay que disfrutar todo. No hay que dejar pasar el momento. Mientras antes se empiece, antes va a comenzar realmente la vida. No hay que dejar cosas sin decir. Hay que expresar los sentimientos, aunque a veces nos dé vergüenza hacerlo. Siempre hay que hacerle saber a la otra persona lo que sentimos, no hay que guardarse nada. Nunca se sabe cuándo va a ser demasiado tarde, por eso el único, el ÚNICO momento que vale es el AHORA, el PRESENTE. hay que VIVIRLO. Y con todas las letras.
Noelia Soledad Demichelli.
San Justo, Buenos Aires.
Domingo 05 de Noviembre del 2000, 04:00 hs.