VINO...

 

Vino. Dejó las armas,

las garras, la maleza.

 

La suavidad que sube,

la suavidad que reina

sobre la voz, el paso,

sobre la piel, la pierna,

arrebató su cuerpo

y estremeció sus cuerdas.

 

Se consumó la fiera.

 

La noche sobrehumana

su sangre ungió de estrellas,

relámpagos, caricias,

silencios, besos, penas.

 

Memoria de la fiera.

 

Pero al venir el alba

se abalanzó sobre ella

y recobró las armas,

las garras, la maleza.

 

Salió. Se fue dejando

locas de amor las puertas.

 

Se reanimó la fiera.

 

Y espera desde entonces

hasta que el hombre vuelva.

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