LLUEVE

 

Llueve. Los ojos se ahondan

buscando tus ojos, esos

dos ojos que se alejaron

a la sombra cuenca adentro.

Mirada con horizontes

cálidos y fondos tiernos,

íntimamente alentada

por un sol de íntimo fuego

que era en las pestañas negra

coronación de los sueños.

 

Mirada negra y dorada,

hecha de dardos directos,

signo de un alma en lo alto

de todo lo verdadero.

 

Llueve como si llorara

raudales un ojo inmenso,

un ojo gris desangrado,

pisoteado en el cielo.

Llueve sobre tus dos ojos

negros, negros, negros, negros.

Y llueve como si el agua

verdes quisiera volverlos.

 

¿Volverán a florecer?

Si a través de tantos cuerpos

que ya combaten la flor

renovaran su ascua... Pero

seguirán bajo la lluvia

para siempre, mustios, secos.

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