ADIÓS, AMOR...

 

Yo sé que ver y oír a un triste enfada,

cuando se viene y va de la alegría

como un mar meridiano a una bahía

esquiva, cejijunta y desolada.

 

Lo que he sufrido y nada, todo es nada,

para lo que me queda todavía

que sufrir el rigor de esta agonía

de abocarme y ver piedra en tu mirada.

 

Me callaré, me apartaré (si puedo),

con mi pena constante, instante, plena,

a donde no has de oírme ni he de verte.

 

Me voy, amor, me voy, pero me quedo,

pero me voy, desierto y sin arena.

Adiós, amor; adiós hasta la muerte.

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