¿QUE NO HAY ALMA? ¡INSENSATOS!

 

¿Que no hay alma? ¡Insensatos!

Yo la he visto: es de luz...

(Se asoma a tus pupilas

cuando me miras tú).

 

¿Que no hay cielo? ¡Mentira!

¿Queréis verle? Aquí está.

(Muestra, niña gentil,

ese rostro sin par,

y que de oro lo bañe

el sol primaveral).

 

¿Que no hay Dios? ¡Qué blasfemia!

Yo he contemplado a Dios...

(En aquel casto y puro

primer beso de amor,

cuando de nuestras almas

las nupcias consagró).

 

¿Que no hay infierno? Sí, hay...

(Cállate, corazón,

que esto bien, por desgracia,

lo sabemos tú y yo).

1