LLEGUÉ A LA POBRE CABAÑA

 

Llegué a la pobre cabaña

en días de primavera.

La niña triste cantaba,

la abuela hilaba en la rueca.

-¡Buena anciana, buena anciana,

bien haya la niña bella,

a quién desde hoy amar juro

con mis ansias de poeta!-

La abuela miró a la niña.

la niña sonrió a la abuela.

Fuera, volaban gorriones

sobre las rosas abiertas.

 

Llegué a la pobre cabaña

cuando el gris otoño empieza.

Oí un ruido de sollozos

y sola estaba la abuela.

-¡Buena anciana, buena anciana!-

Me mira y no me contesta.

Yo sentí frío en el alma

cuando vi sus manos trémulas,

su arrugada y blanca cofia,

sus fúnebres tocas negras.

Fuera, las brisas errantes

llevaban las hojas secas.

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